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martes, 21 de agosto de 2012

Fin, por ahora... (Parte 46)


Así pasó casi una semana entera. Un día tras levantarme, me dirigí a la enfermería, pero cuando llegué la cama de Lavi estaba libre. Me acerqué a la cama lentamente y busqué a la jefa con la mirada. Ella me vio, y se acercó a mí.

-Le he dejado irse. Ya está bien, y no quiero seguir reteniéndolo más. Iba a esperarte, pero Kanda se lo ha llevado hace un rato.

¿Kanda? Miré a la jefa, me despedí con un movimiento de la cabeza y me fui de la enfermería. Empecé a dar vueltas por todo el cuartel, pero ni rastro de ellos. También pregunté a los que iba encontrando por el camino, pero nadie les había visto. Después de un rato dando vueltas me encontré con Raisa, que también deambulaba por los pasillos del cuartel.

-¡Juvia!

-Raisa, ¿qué te pasa? Pareces nerviosa…

-Tú también –dijo mirándome con la cabeza ladeada-. Estaba buscando a Kanda, ¿no le habrás visto?

-Que va, si yo también le estoy buscando. Esta mañana la jefa ha dejado salir a Lavi de la enfermería, pero Kanda se lo ha llevado.

-Bueno, pues habrá que buscar juntas.

-Me parece bien –dije sonriendo.

Comenzamos a buscar, pero no dio frutos. Buscamos en la cafetería, e incluso nos asomamos al departamento científico. Komui iba dando saltitos detrás de Lenalee, pero no vio que Reever se aproximaba, cargando varias cajas que le tapaban la visión completamente. Hubo un choque, una caída, y un montón de papeles volando por los aires.

-¡Supervisor! –dijo Reever desde el suelo-. ¿Qué está haciendo?

Komui se reía desde el suelo, mientras los papeles caían a su alrededor. Lenalee miraba todo desde arriba, con los brazos en jarras. Suspiró y se alejó de ellos. Reever le tiró a Komui una de las cajas que tenía al lado, y le cayó en la cabeza, tapándosela por completo.
Raisa y yo nos miramos y sonreímos. Nos alejamos de allí, escuchando la bronca de Reever y las quejas de Komui. Bajamos de nuevo a la planta principal y nos apoyamos en una de las paredes cercanas a la enfermería. Las dos suspiramos.

-Creo que sólo nos queda un sitio donde mirar –empecé yo.

-¿Te refieres fuera? –dijo Raisa señalando a la puerta principal con el pulgar.

Asentí, y las dos nos separamos de la pared a la vez y comenzamos a andar hacia la puerta. A simple vista no se les veía por allí. Seguimos andando y nos paramos en una de las esquinas del cuartel. Empezamos a rodearlo y llegamos a la parte trasera. Allí les vimos, hablando. Lavi nos daba la espalda, y Kanda, que estaba en frente suya, nos vio aproximarnos. En seguida dejaron de hablar, y se nos quedaron mirando. Llegamos a su lado y fui yo la que empecé a hablar.

-¿Por qué te has ido sin decir nada, y por qué os habéis escondido tanto?

-Bueno, yo soy el culpable de eso –dijo Kanda llevándose la mano a la cabeza.

-¿Y se puede saber de qué hablabais tan escondidos? –preguntó Raisa.

-Cosas sin importancia, no le des vueltas –dijo Kanda mirando a Raisa.

Entonces empezamos a caminar los cuatro hacia la parte delantera del cuartel. Sin darnos cuenta nos dirigimos al árbol, nuestro árbol. Kanda y Raisa se habían quedado hablando apoyados en la pared del edificio, y Lavi y yo habíamos terminado bajo aquel árbol. Nos miramos en silencio.

-¿Qué tal estás?

-Bien, estoy bien –dijo agachando la cabeza.

-¿Seguro? Bueno, ¿y qué quería Kanda? Me extrañé mucho cuando la jefa me dijo que os habíais ido los dos juntos.

No me respondió. Desde mi posición se podía ver la puerta del cuartel y también tenía a Kanda y Raisa a la vista. Por la puerta vi aparecer a Lenalee, que iba con Allen. Me saludaron los dos con la mano. Miré por última vez a Lavi, que seguía en silencio, con la cabeza agachada. Entonces empecé a caminar hacia Lenalee y Allen, que me seguían mirando. Entonces Lavi me cogió de la muñeca, tiró de mí, hasta situarme bajo el árbol, con la espalda apoyada en el tronco.

-¿Qué…? –dije mientras miraba la mano con la que me sujetaba fuertemente la muñeca, pegada al tronco.

Entonces subió la mano que le quedaba libre, la puso en mi barbilla y me obligó a levantar la cabeza. Nos quedamos mirándonos, y fui consciente de que se estaba acercando lentamente a mí. Cada vez más cerca, más cerca… Podía notar su respiración acelerada, al igual que la mía. Empecé a notar el roce de su nariz con la mía, y el de sus labios sobre los míos. Entonces me besó con suavidad, con ternura y dulzura. Poco a poco fui cerrando los ojos y me dejé llevar. Después de un rato nos separamos y nos quedamos mirándonos. Creo que aquel momento fue en el que más roja me puse. Me ardían las orejas, las mejillas, me temblaba el pulso y las rodillas amenazaban con abandonarme y hacerme caer al suelo.

-¡¿DESDE CUANDO…?!

Lavi y yo nos dimos la vuelta y miramos a Allen. Tenía la boca abierta y Lenalee nos miraba sonriente. Entonces se giró a Allen y le soltó un capón.

-Qué torpe eres Allen… Todo el mundo lo sabía –dijo riendo.

Entonces giré la cabeza para mirar a Kanda y a Raisa. Ella tenía también la boca abierta, y cuando vio que la miraba, la cerró y dio un salto de alegría, aferrándose al  cuello de Kanda. Él nos miraba con los brazos cruzados y una media sonrisa que entre dejaba ver sus dientes. Lavi se llevó la mano a la cabeza y yo miré hacia otro lado, intentado evitar todas las miradas que notaba clavadas en mí. Kanda y Raisa empezaron a caminar hacia nosotros. Ella me dio un abrazo, pero de la fuerza a la que iba, casi me tira al suelo. Kanda se acercó a Lavi y le dio un capón.

-¡Yu! ¿Y eso por qué?

-Qué susto me has dado, baka usagi, creía que ibas a desaprovechar esa oportunidad.

-Pero no lo he hecho, así que ¿por qué me das?

-Por habernos hecho esperar tanto.

Lavi no supo qué decir. Se puso rojo y se llevó la mano a la cabeza. Allen y Lenalee se despidieron de nosotros con la mano y entraron en el cuartel. Fue entonces, cuando estaba mirando al edificio, cuando me di cuenta de la cantidad de gente que había acumulada en una de las ventanas. Era la ventana de la enfermería, y varias enfermeras estaban asomadas por ella. Pude reconocer a Garuna entre todas ellas, que me guiñó un ojo mientras me mostraba el pulgar en señal de aprobación. Kanda y Raisa caminaron hacia el cuartel. Ella le pasaba la mano por la cintura, y él llevaba su brazo sobre los hombros de ella. Entonces Lavi y yo comenzamos también a caminar hacia el cuartel. Él dio un par de pasos, pero entonces se paró, me miró y me tendió una mano. Yo se la miré y cuando me di cuenta de sus intenciones me puse roja. Me adelanté un paso y se la tomé. Así llegamos al cuartel. Los cuatro que habían entrados antes que nosotros estaban allí. Cuando entramos, nos miraron.

-¿Os apetece venir a comer algo a la cafetería?

Lavi y yo asentimos, sin poder pronunciar palabra. La comida fue entretenida, llena de bromas, y de piques entre Kanda y Allen. Normalmente Lavi también habría entrado, pero estaba ausente, sentado a mi lado. Después de la comida nos despedimos, y nos fuimos formando grupos de dos, Allen con Lenalee, Kanda con Raisa y yo con Lavi. Lavi me volvió a tomar de la mano y me llevó a nuestro árbol. Una vez allí se sentó y tiró de mí. Me senté a su lado y él empezó a recostarse. Yo opté por hacer lo mismo, y no tardé en dormirme.
Desperté cuando un rayo de sol me dio de lleno en la cara. Molesta, abrí los ojos. El sol empezaba a caer, y empecé a mirar a mi alrededor. Justo a mi lado dormía Lavi, pegado a mí y con una ligera sonrisa. Me quedé ahí, pegada a él, temiendo despertarle si me movía. Pero de repente algo cayó sobre nosotros, y mis intenciones de no despertar a Lavi se fueron al traste. Se despertó sobresaltado y dio un bote, quedándose sentado. Yo me incorporé un poco, apoyando el peso del cuerpo sobre un codo y busqué la causa que le había despertado. Noda, lloroso, se puso delante de mis ojos.

-Vaya susto nos has dado… No te encontrábamos por ningún lado –dijo una voz chillona.

Miré en el hueco que había quedado entre Lavi y yo. Nemu nos miraba desde ahí, y parecía un poco enfadado. Lavi le puso la mano en la cabeza, ocultándola por completo.

-Bueno, tú me has despertado, así que estamos en paz.

-¿Y por qué es contigo con el que estoy en paz? –preguntó Nemu revolviendo la cabeza para intentar zafarse de la mano de Lavi.

-Bueno, porque he sido yo el que os la ha robado –dijo dirigiéndome una sonrisa.

-A bueno, si ha sido así… -repuso Nemu pensativo.

Noda se alejó de mí y se fue hasta Lavi contento.

-Sí, sí, vale, no te pongas así.

Miré sin comprender. Lavi sonrió ante mi cara de desconcierto.

-Bueno, es que él sabe varias cosas que los demás no… Alguna vez he hablado con él sobre cosas mías. Pero era porque sentía que se las tenía que contar a alguien, y como él no replica ni lo va contando… Aunque ahora que lo pienso, me ha ayudado varias veces –dijo pasándole a Noda un dedo cariñoso por la gota de agua dibujada.

-Será posible… ¿Estabais compinchados desde el principio?

-Más o menos –dijo sonriendo-. Es más listo de lo que parece, nunca creía que se acordaría de todo lo que le he contado, y mucho menos que me ayudase.

-¿Y qué le contabas?

-Es secreto –dijo sacando la lengua.

Entonces se acercó a mí rápidamente y me dio un beso, muy rápido. No supe como encajar eso. Me quedé de piedra, con los ojos muy abiertos.

-Será… ¡No me robes los besos!

-Es que son los mejores –dijo mientras se volvía a inclinar sobre mí para darme otro beso, más lento, más tierno y que hizo que el tiempo se parase por completo.

Recuperación (Parte 45)


-Hablaré con la jefa para que te cambien de cama, no creo que ponga ninguna pega –dijo mientras se alejaba con una sonrisa en los labios.

Sin darme cuenta, ya casi había finalizado el día. El sol se había empezado a poner, y pude observarlo desde la cama de al lado de la ventana. Garuna había cumplido, y había hecho que me cambiaran de cama. Ahora tenía a Lavi al lado mía, descansando. Había perdido color debido a toda la sangre que Krory le había sustraído, pero eso no le había hecho perder la sonrisa. Dormía plácidamente, con una ligera sonrisa. Estaba tumbado boca arriba, pero la cabeza la tenía ligeramente ladeada hacia mí, con lo que le podía ver con facilidad.
Pasaron un par de días hasta que la jefa me dejó salir de allí. Kanda y Allen dejaron la enfermería un día antes, y estuvieron explicándole a Komui con pelos y señales todo lo que nos había pasado. Cuando me preparaba para salir de allí, para pasar por mi habitación a arreglarme y luego a la cafetería tomar algo con Raisa, Garuna me asaltó.

-Ya me he enterado de todo… -dijo con la cabeza agachada.

Sonreí, y la levanté la cabeza, tomándola por la barbilla.

-Lo siento… Lo has debido pasar muy mal.

-Bueno, no te preocupes por eso –dije-. ¿Quieres venir luego a tomar algo con Raisa y conmigo?

Garuna asintió, sonriendo. Después de despedirme de ella, me dirigí a la puerta, pero antes de abrirla, me giré y miré a Lavi. Me habría quedado allí con él de no ser porque la jefa me había echado, literalmente. Me había dicho que saliese a tomar el aire. No sé qué le diría Bookman, pero ahora no es tan estricta, claro que depende de la situación también. Me giré, puse la mano en el pomo y abrí la puerta, pero me choqué con algo. Agaché la cabeza, y vi a Bookman, que me miraba desde abajo.

-Juvia, ¿ya te han dejado salir?

Asentí.

-¿Vienes a…? –pregunté, mirando a mi espalda.

-Sí, así que vete tranquila. Despéjate un rato, yo me quedo con él.

Sonreí, y me alejé de la enfermería. Me fui a mi cuarto, entré y cerré la puerta. Dirigí una rápida mirada a la habitación, entonces apoyé la espalda en la puerta, y me dejé caer. Una vez en el suelo, empecé a llorar. Lo necesitaba. Durante esos días había tenido un nudo en la garganta, pero no podía llorar en la enfermería, no delante de él. Nemu se sentó delante de mí, en silencio, y Noda se apoyó en su cabeza. Permanecimos durante un rato así, yo sentada con la espalda apoyada en la puerta, abrazándome las piernas con los brazos y con la cabeza escondida entre ellos, y Noda y Nemu mirándome sin apenas moverse. Después de un rato, cuando el llanto fue apagándose, Nemu se acercó y me dio un lengüetazo cariñoso en las manos. Yo levanté la cabeza y me le quedé mirando. Entonces me sequé las lágrimas, y me levanté.

-Perdón chicos… -dije mirándoles desde arriba con la cabeza agachada.

Noda empezó a volar, se situó delante de mí y me dio un golpe en la nariz. Sonreí, pero esta vez pareció desaparecer, aunque fuese por un segundo, todo rastro de tristeza de mi rostro. Salí decidida de la habitación y me dirigí a la cafetería, donde Raisa me esperaba. Garuna llegó poco después, y entramos. Jerry nos recibió, sonriente como de costumbre. Nos sentamos en una mesa apartada, y estuvimos hablando durante horas, hasta noche cerrada. Fue una conversación que me hizo olvidar todo lo ocurrido. Hablamos de cuando éramos jóvenes, y aun no habíamos entrado en la Orden. En aquel momento, ninguna de nosotras queríamos hablar de nada relacionado con el cuartel. Cuando en la cafetería sólo quedaron un par de personas, y el ruido típico de aquel lugar se fue reduciendo, fuimos conscientes de la hora que era. Nos despedimos de Jerry, y nos dirigimos a las habitaciones. Yo fui la primera en despedirme de ellas, delante de mi puerta. Entré y cerré. Me cambié de ropa y me tendí sobre la cama, con la mirada perdida en el techo. Alargué la mano a la mesa que había al lado de la cama y cogí la foto en la que salían todos ellos, sonrientes. Me perdí en la imagen de Lavi, y fue así cómo me dormí, mirando la foto, y con una lágrima cayendo por mi mejilla.
A la mañana siguiente me desperté aun con la foto aferrada con fuerza, y la lágrima seca, que se había quedado a medias en su caída. Fui al baño y me lavé la cara. Noda y Nemu aun dormían en mi cama. Me arreglé y fui a salir, pero se despertaron, y se vinieron conmigo. Ese día se pareció bastante a los siguientes. Fueron cuatro días de ayuda en la enfermería, rellenando papeleo. Lavi iba mejorando, pero muy lentamente. Casi no necesitaba atención, y Bookman se pasaba casi todo el día sentado a su lado. Tras esos cuatro días, yo bajé como de costumbre a la enfermería, pero la jefa no me dejó hacer nada. Intentó echarme de allí, pero yo no quise irme. Me cogí una silla y me senté al lado de Lavi. Bookman ese día no apareció por allí. Pero porque entre la jefa y yo le convencimos para que saliese un poco de aquel lugar, y se despejase. Yo miraba distraída por la ventana, sumida en mis pensamientos, recordando aquel lugar, aquella batalla… Una lágrima cayó y me giré a mirar a Lavi. Le encontré mirándome, sonriendo… Me quedé mirándole con la boca medio abierta. La lágrima seguía cayendo, pero él levantó el brazo y frenó su caída, quitándomela con sus dedos.

-Hola –dijo ante mi silencio.

-¿C-cuánto llevas despierto? –pude preguntar.

-Un ratito… Es que parecías tan metida en tus pensamientos, que no me apetecía distraerte.

Me lancé a él, dándole un abrazo, fuerte, muy fuerte, como si temiese que me lo fuesen a arrebatar de nuevo.

-Eres idiota…

-Perdón –dijo devolviéndome el abrazo.

A partir de ese día, la jefa empezó a estar más tiempo encima de él. Casi no le dejaba moverse, y durante los días que estuvo allí recibió visitas de todos: Allen, Lenalee, Kanda, Raisa, Krory, Miranda, e incluso Komui, que se escapaba del departamento cuando Reever bajaba la guardia, y sin contar con Bookman y conmigo, que pasábamos la mayor parte del día con él. 

domingo, 19 de agosto de 2012

Regreso (Parte 44)


Las voces llegaban a mi cabeza de manera apagada, y muy lejana. Poco a poco las voces se fueron haciendo más claras, y sonaban en un susurro. Empecé a abrir los ojos lentamente, y fue después de un rato de haberlos abierto cuando empecé a ver con claridad. Me hallaba tumbada boca arriba. Giré un poco la cabeza para ver dónde me encontraba. Era la habitación en la que habíamos pasado la noche. Yo estaba recostada en uno de los sofás. Entonces se escuchó el sonido de una puerta al abrirse.

-Parece que ya podemos salir de aquí, ha desaparecido el efecto ese de círculo cerrado que había –dijo Kanda.

-Sí, hemos conseguido salir a la calle, y no hemos tenido ningún problema –la voz de Allen sonó un poco más alta que la de Kanda.

-¿Y qué creéis que debemos hacer? –dijo Lenalee-. ¿Irnos, o quedarnos hasta que despierten?

Me empecé a mover en el sillón, hasta quedarme de lado. Así pude mirar el sofá que había enfrente de mí. Lavi dormía en él, con Krory sentado en el suelo a su lado. Pero la visión quedó tapada por Raisa, que se levantó del sofá en el que estaba sentada, el mismo en el que yo estaba tumbada, ya que se había hecho un hueco entre mis piernas. Raisa se puso delante de mí, y me miró entre asustada y aliviada.

-¡Juvia! ¿Cómo estás?

-Bien, creo… -dije mientras me incorporaba.

Miré a Lavi, y Raisa negó con la cabeza.

-Aun no ha despertado…

Entonces una mano se puso sobre mi cabeza.

-Pero está bien, y todo gracias a Krory. Ahora sólo está descansando.

Levanté la cabeza y vi a Kanda detrás del sofá en el que estaba sentada, con su mano sobre mi cabeza.

-¿Estás bien? ¿Puedes andar? –me preguntó mientras le miraba.

Asentí. Me acerqué al borde del sofá y bajé las piernas. Luego empecé a levantarme lentamente. Cuando hube apoyado todo mi peso en las piernas, me tambaleé ligeramente, pero Raisa me sujetó, mientras me dirigía una sonrisa.

-Bien, entonces lo mejor será volver al cuartel, para que traten a Lavi allí –dijo Kanda mientras rodeaba el sofá y se dirigía hacia en el que descansaba Lavi. Entre él y Krory le levantaron, lo cargaron sobre sus hombros, y se dirigieron lentamente hacia la puerta.

Lenalee se acercó por mi espalda, me puso la mano en el hombro, y siguió a los chicos. Raisa empezó a caminar lentamente, aun sujetándome. La luz anaranjada del atardecer entraba por las ventanas de las habitaciones, e iluminaba levemente el pasillo por el que avanzábamos de manera lenta pero segura. Finalmente salimos de aquel lugar sin problemas, bajamos por el camino que nos llevaba al bosque, lo atravesamos, y finalmente llegamos al pueblo cuando la noche empezaba a echársenos encima. Fue en ese momento, cuando caminábamos por las calles desiertas de aquel pueblo, cuando Noda empezó a sonar como loco. Alguien nos estaba llamando a través de él. Lenalee contesto a la insistente llamada de Noda.

-¡POR FIN! ¿Me oye alguien?

-¿Hermano, eres tú? –preguntó Lenalee mirando a Noda.

-¡¡¿¿LENALEE??!!

Sonreí al escuchar el sollozo de Komui.

-¿Estáis todos bien? –preguntó. Su voz sonaba nerviosa y un poco histérica.

-Sí, bueno, más o menos… -dijo Lenalee mirando a Lavi.

-¿Más o menos…? Bueno, sabiendo cómo es el Conde… Imagino que era inevitable que salierais ilesos…

-¿El Conde? –Kanda había intervenido en la conversación.

-Sí… Me llegó una carta poco después de que el grupo de Allen saliera del cuartel. Era del Conde, decía que había preparado un juego para vosotros… Todo ha sido cosa suya, lo del fantasma del castillo, lo del carro que perseguían Kanda y las chicas… Aun la tengo por aquí, pero sólo de recordar lo que pone…

-Lo mejor será que volvamos al cuartel y lo hablemos todo allí –intervino Allen.

-Bueno, tened cuidado, no sé si el Conde habrá terminado con sus juegos ya, o si lo volverá a intentar. Estaré esperando vuestra vuelta –dijo Komui antes de cortar la comunicación.

Nos miramos los unos a los otros. El Conde… Todo lo que había pasado había sido obra suya. Lo tenía planeado desde el principio. Juntar al mayor número de exorcistas y terminar con todos en el castillo, utilizando a los Noé… Seguimos avanzando por las calles, hasta llegar a la estación. Nos subimos al tren en cuanto llegó, en absoluto silencio. Kanda y Krory tumbaron a Lavi en uno de los bancos, y Raisa me acompañó hasta el banco de en frente. Nos sentamos las dos, y Nemu se subió a mis rodillas, mientras que Noda revoloteaba alrededor de Lavi. Krory, Kanda, Allen y Lenalee se sentaron en los bancos de al lado, enfrentados dos a dos, Allen y Lenalee en uno y Kanda y Krory en el de enfrente. Cuando el tren empezó a moverse, Noda se alejó de Lavi un poco triste, y se tumbó entre las patas de Nemu, en mis piernas. Poco después me quedé dormida.
Fue Raisa la que me tuvo que despertar cuando llegamos a nuestra parada. En poco tiempo llegamos al cuartel, y Komui, en cuanto nos vio, vino corriendo a recibirnos. Ayudó a Kanda y a Krory a cargar con Lavi, hasta que Garuna llegó tirando de una camilla. Entre los tres le subieron y ella se lo llevó al interior del cuartel. Komui nos acompañó a la enfermería mientras hablaba con Allen y Kanda. Parecía que estaban discutiendo, pero simplemente estaban hablando de lo que nos había ocurrido en el castillo. Todos estaban muy cabreados, y en la conversación pude escuchar que nombraban al Conde y a los Noé. Pero no iba prestando atención. Iba sumida en mis pensamientos, mientras Raisa tiraba de mí. Llegamos a la enfermería. Una maraña de enfermeras se apelotonaba en torno a una cama.

-¡Basta! Fuera todas de aquí –la voz de la jefa había sonado desde el centro de aquel tumulto-. Volved a vuestro trabajo. Garuna, tú quédate aquí.

Entonces las enfermeras empezaron a apartarse, dejando a la jefa a la vista, y a Garuna que se encargaba del paciente que tenían tendido en la cama. La jefa me dirigió una mirada antes de empezar su trabajo. Algunas enfermeras empezaron a acercarse a nosotros y a conducirnos hacia las camas para tratar las heridas. Terminaron pronto con las mías, y en poco tiempo estuve tumbada en la cama, descansando y mirando a la jefa y Garuna, que se encargaban de Lavi. Pudieron pasar casi dos horas hasta que terminaron con él. Entonces Garuna se acercó a mí.

-¿Se puede saber qué os ha pasado?

-Es largo de explicar –dije cansada, y con la cabeza agachada.

-Bueno, está bien, no quieres hablar de ello… Me lo puedo imaginar, ya le preguntaré a la jefa. Pero, ¿y a él? ¿Qué le ha pasado? Ha perdido muchísima sangre…

Miré a Krory, que descansaba en la cama de al lado. Él se dio cuenta y se llevó una mano a la cabeza mientras sonreía, enseñando los colmillos.

-Un momento… No puede ser, aunque eso explicaría las marcas del cuello… -Garuna se rió, parecía que era la primera vez que se reía en mucho tiempo-. Madre mía, si lo que no os pase a vosotros…

Yo sonreí, pero triste. Garuna se agachó, para poder mirarme a los ojos, que se mantenían ocultos entre mi pelo.

-No te preocupes tanto. En pocos días podrás volver a corretear con él por los jardines del cuartel –dijo mientras me sacaba la lengua.

Sonreí, un poco más animada, y un pelín colorada. Entonces Garuna se levantó y me abrazó. Las lágrimas que se habían estado acumulando durante todo aquel tiempo, empezaron a surgir debido a la calidez del abrazo. Fue un abrazo lleno de complicidad, que me hizo sentir mucho mejor.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Cambios (Parte 36)


Cuando llegamos a la cafetería nos la encontramos abarrotada de rastreadores. Se respiraba buen humor en el ambiente. Todos bromeaban con todos, y en uno de los mayores grupos pudimos ver a Allen en el centro, siendo el centro de atención de todos los rastreadores que allí estaban. Nos acercamos a la barra. Un hombre alto, negro de piel y con un extraño peinado rosa nos sonreía al otro lado.

-Hola Jerry –saludó Lavi.

-Hola cariño. Vaya, te veo bien acompañado –dijo, dirigiéndome una amplia sonrisa.

-Es Juvia, exorcista, aunque antes era enfermera de este cuartel. ¿Cómo es posible que no os conocierais?

-Bueno,  no solía pasar mucho por la cafetería, y cuando lo hacía, era otro hombre el que estaba en la barra.

-Es cierto, hasta hace unos meses no he empezado a atender aquí arriba. Antes siempre estaba abajo, en la cocina. Pero ahora prefiero estar aquí arriba, y ver la cara a todo el que pasa por mi cafetería –dijo mirando a Allen con ojitos tiernos.

-Esto… Jerry…

No contestaba. Lavi le pasó las manos rápidamente por delante de los ojos, pero nada. Después de un rato pareció volver en sí. Le pedimos algo de comer y nos sentamos en una de las mesas más alejadas, huyendo del revuelo de la cafetería. Cuando terminamos, nos levantamos y salimos de allí. Por uno de los pasillos cercanos vimos a Bookman paseando. Cuando nos vio, se acercó a nosotros.

-¿Volvéis a las andadas?

-¿Qué? No, calla, Panda, ella misma nos ha dejado salir, no nos hemos escapado.

-Vaya, qué rápido...

-¿Por qué lo dices? –pregunté yo-. ¿Ya has hablado con ella?

-Sí, pero creí que le llevaría unos días pensarlo. No pensaba que se decidiese tan rápido.

-Bueno, creo que él ha influido en su decisión –dije señalando a Lavi.

Bookman se quedó en silencio, mientras Lavi se llevaba la mano a la parte posterior de la cabeza.

-Bueno, es que Lavi nos ha estado ayudando en la enfermería, y nos ha dicho que nos perdonaba si le llevaba más por allí para ayudar –aclaré yo.

-Así que por fin has decidido aprender algo de medicina…

-Sí, es que eras tan pesado, que no me ha quedado más remedio…

-¿Y tú eres el futuro Bookman? Qué cruz me ha caído contigo… Y encima ahora se lo paso a esta pobre señorita.

-No te preocupes. Además lo está haciendo bien, y aprende muy rápido.

-Bueno, eso será porque tiene una buena profesora…

Me puse un poco roja.

-Como lo había supuesto, Juvia, tú eres la que le estás enseñando, ¿verdad?

Asentí.

-Bueno, os dejo, jóvenes, que Komui me ha llamado a su despacho. Ya nos veremos.

Bookman se alejó, ocultándose entre las sombras de los pasillos. La noche se acercaba, y Lavi y yo nos dirigimos rápidamente a la enfermería. Cuando llegamos, la jefa nos tapaba la puerta con los brazos en jarras.

-Casi no llegáis. A dentro los dos. ¡Ya!

Nos colamos los dos por debajo de sus brazos, y fuimos al lado de Kanda y Raisa. Ella dormía plácidamente entre los brazos de Kanda, y él la miraba como si no existiese nada más en el mundo. Sólo ellos dos. Me quedé mirándoles, hasta que Lavi tiró de mí y me llevó hasta nuestras camas, al lado de la ventana. Nos sentamos uno en frente del otro y nos quedamos en silencio. Por detrás de Lavi pude ver cómo la jefa se acercaba a Kanda y le susurraba un par de cosas al oído. Luego le ayudó a levantarse sin despertar a Raisa, la volvieron a tumbar, y la arroparon. Kanda se la quedó mirando, aun de pie. La jefa le puso la mano en el hombro y le señaló la cama de al lado. Él, tras inclinar la cabeza como muestra de agradecimiento, se sentó mirando aun a Raisa. Yo sonreí, y Lavi se dio la vuelta para ver qué era lo que miraba. Entonces me tumbé en la cama, y antes de que la jefa apagase las luces pude ver como Lavi se giraba hacia mí para mirarme antes de quedarse todo a oscuras.
Cuando me levanté a la mañana siguiente, Lavi ya estaba trabajando con la jefa, Garuna y otras enfermeras. Kanda y Raisa habían dejado sus camas, pero la jefa estaba tranquila, e incluso parecía contenta. Me senté en la cama mientras me estiraba. Nadie se había dado cuenta de que me había despertado de lo concentrados que estaban en su trabajo. Me levanté y me acerqué al grupo que Lavi formaba con la jefa y otras enfermeras. Ella les daba instrucciones a todos ellos para que empezasen el trabajo del día. Yo me asomé por detrás de Lavi y me la quedé mirando.

-Y por último, tú, Lavi. Quiero que te encargues de las heridas que necesiten sutura.

A Lavi le cambió la cara por completo.

-Pero aun no puedo hacer eso…

-Tranquilo, lo harás bien –le dije yo desde su espalda.

-Seguro que sí, y Juvia va a estar contigo en todo momento –la jefa le puso la mano en el hombro como muestra de apoyo-. Buenos días Juvia.

-Hola jefa.

Lavi se alejó a coger el material necesario mientras yo me quedaba hablando con la jefa.

-Pareces de buen humor. Por cierto, ¿y Raisa y Kanda? –pregunté.

-Han salido a que les diera el aire. Kanda ha salido llevando a Raisa en la espalda. No tardarán el volver.

Sonreí. Lavi se acercó a mí temeroso, con el material en las manos. La jefa se alejó de nosotros, y se sentó a su mesa para rellenar unos documentos. Garuna aprovechó ese momento para acercarse a nosotros.

-Ha estado un poco rara toda la mañana… Pero para bien, me refiero. Es que ha dejado salir a Kanda y a Raisa sin que ellos se lo pidieran… Es muy extraño.

-A lo mejor es un demonio, que ha tomado su cuerpo. ¡Rápido, avisa a Allen! –dijo Lavi levantando un dedo al cielo.

La jefa escuchó aquel comentario y le miró con un pequeño destello en los ojos.

-No, no hace falta avisar a Allen, sigue siendo la misma de siempre –dijo mientras un escalofrío le recorría el cuerpo.

Garuna y yo nos reímos.

-Bueno, os dejo un momento mientras voy a cambiarme. Ahora mismo vuelvo –dije, despidiéndome de ellos con la mano. 

lunes, 30 de julio de 2012

Lavi rompecorazones (Parte 35)


-Te voy a pedir una sola cosa –dije yo mientras veíamos cómo Garuna abandonaba la habitación-, que delante suya te cortes y no la llames bruja. Podrías llamarla jefa, al fin y al cabo, vas a trabajar para ella, por así decirlo.

-Aún no ha aceptado.

-Ya has oído a Garuna, no creemos que vaya a poner pegas. Bueno, déjame ahora a mí ocuparme de tus heridas.

Le hice a Lavi recostarse en la cama, y le pedí que se quitara la camiseta. Pude oír cómo Raisa se reía desde su cama. Me puse roja. ¿Cómo le he podido preguntar eso tan abiertamente? Madre mía… Aparté la mirada mientras se quitaba la camiseta, y luego, cuando hube considerado el tiempo necesario para ello, me di la vuelta, y empecé a mirarle las heridas del pecho. Las heridas causadas por el hielo estaban casi cicatrizadas, pero a las quemaduras les estaba costando más curarse. Volví a aplicarle un poco de mi agua sobre las heridas. Ya lo había hecho varias veces, pero no terminaban de cicatrizar, y algunas volvían a abrirse. Es probable que en el caso de Lavi el reposo fuese una buena opción, para que no se le abriesen las heridas por el movimiento. Terminé, y me alejé de Lavi, para que se pusiera la camiseta. Yo mientras fui a tirar las vendas usadas, y en mi camino pude ver cómo Raisa me guiñaba un ojo. Garuna apareció en ese momento con la jefa del brazo. Parecía más tranquila que antes. Las dos se acercaron a la cama de Lavi y esperaron a que yo también me uniera a ellos.

-A ver, ¿es cierto que quieres aprender algo de medicina?

-Bueno, necesito unos conocimientos básicos como Bookman Junior.

-Sigo creyendo que va a ser un estorbo.

-Jefa, no sea tan dura. Si no deja que se una gente nueva, nunca seremos más aquí para encargarnos de todos los pacientes que nos van llegando. Además, nos ayudaría cuando pudiera, ¿verdad Lavi?

-Claro –dijo ante la mirada que Garuna le estaba lanzando.

Seguramente esa sería una de las condiciones para que Lavi pudiera estar en la enfermería.

-No sé… Pero está claro que no puede andar por libre, va a necesitar de alguien que le vigile, y no voy a poner a ninguna de mis enfermeras a su cargo, que ya somos pocas como para que encima tengan que estar de niñeras.

-Y ahí es dónde Juvia entra en el juego –Garuna tiró de mí y me puso delante de la jefa.

Tras dudar unos segundos, me preguntó.

-¿Te vas a hacer cargo de él? ¿No le vas a quitar el ojo de encima?

-No, estaré a su cargo. Y me hago responsable de lo que pueda pasar.

La jefa terminó por suspirar y encogerse de hombros.

-Está bien, vosotras ganáis, pero que ni se le ocurra ponerse en medio.

Tras decir esto se alejó de nosotros, dejándonos a los tres solos. Garuna y yo nos giramos a Lavi, que tenía la cabeza gacha.

-Vamos, anima esa cara –dijo Garuna poniéndole una mano en el hombro-. Ha ido bien, ya estás dentro.

-No le des muchas vueltas, ha estado un poco borde, pero ha sido por la discusión de antes con Kanda. Ya verás cómo mañana está de mejor humor –le dije yo, para intentar animarle.

Lavi levantó la cabeza.

-No debería haberme metido en esto, y mucho menos a vosotras, como la lie la culpa será para vosotras.

-No te preocupes por eso. Estamos para apoyarnos los unos a los otros –dijo Garuna sonriente.

-Además yo confío en ti, y sé que lo vas a hacer bien, y no le vas a dar ningún motivo para que se enfade contigo. Es más, cuando te vayas porque ya hayas aprendido lo suficiente, te echará de menos. Créeme.

Lavi animó la cara levemente. Al ver que las dos le mirábamos fijamente, terminó sonriendo con un leve rubor en la cara.

-¿Ves? Eso está mucho mejor. Vamos, ven por aquí –dijo Garuna tirando de Lavi hacia una de las mesas auxiliares en las que estaban los utensilios médicos-. Lo mejor será que sigas cambiando vendajes, como has hecho con Juvia, para que vayas cogiendo confianza. Yo seguiré con los que necesitan otro tipo de cuidados. Te dejo al mando, Juvia.

Asentí, y le di a Lavi un empujón para que se acercara a la mesita y cogiera lo que creyese necesario. En pocos minutos, Lavi pasó por varias camas, cambiando las vendas de los pacientes. A medida que avanzaba, sus movimientos se iban haciendo más hábiles y rápidos. Los pacientes eran casi todos hombres, sólo había un par de mujeres, y Lavi se tuvo que ocupar de una de ellas. Ella no paraba de intentar hablar con él, y le lanzaba miraditas, mientras yo la devoraba con la mirada. Pero Lavi la ignoró por completo, no sé si a posta, o porque estaba tan centrado en su tarea que ni la escuchaba. Terminamos poco después de que Garuna terminase con los suyos. Lavi se sentó con un resoplido en una silla cercana a la ventana.

-¡Eh! Lo has hecho bastante bien. Te das bastante maña, y aprendes rápido.

Lavi sonrió, con los ojos cerrados, y la cabeza apoyada en el respaldo de la silla.
En ese momento la puerta de la enfermería se abrió para dejar paso a un grupo de enfermeras. Ámber y sus amigas avanzaban con paso seguro, firme, y las chicas que iban detrás suya parecían su propia escolta. Ella se dirigió a su guardia personal, y se quedaron paradas cerca de la puerta. Ámber, por el contrario, se acercó a nosotros, directa a Lavi, e ignorándome por completo. La verdad es que me esperaba esto desde la noche en que me ocupé de Lavi por primera vez, desde que me lanzó aquella mirada asesina, pero ha tardado bastante en entrarle… ¿Estaría esperando a que volviera, para hacerlo en mis propias narices? Muy típico de ella…

-Hola –dijo sentándose casi encima suya y pasándose el pelo por detrás de la oreja-. Ya he visto el arte que te das como enfermero, pero deja que te diga que otra profesora con más práctica te vendría mejor, para que aprendieras más en menos tiempo.

Lavi no supo cómo responder a eso. Alejó un poco la silla, arrastrándola por el suelo.

-Emm, así estoy bien, pero gracias por ofrecerte –dijo mirándola con extrañeza.

Tuve que aguantar la risa. Ámber se había lucido en su “declaración” y Lavi había sabido salir del paso dejándola por los suelos. Ella se levantó rápidamente, y se dispuso a irse, no sin antes darme un codazo cuando pasaba por mi lado. Recogió a su grupo de compinches y salieron de la enfermería.
Esperé unos momentos, para cerciorarme de que estaban lejos, y me empecé a reír. Garuna se unió a mi carcajada.

-Esta mujer, nunca cambiará  -dijo mientras se nos acercaba.

-¿Qué le pasaba? –dijo Lavi rascándose la cabeza.

-Ay Lavi querido, no te enteras de nada, ¿verdad? –dijo ella poniéndole la mano en la cabeza-. Ámber te quería apartar de Juvia, y lo lleva intentando desde que os conocisteis, pero la muy torpe ha tenido que esperar hasta ahora, unos diez meses después, para quedar fatal…

-Garuna, no seas tan cruel –dije entre risas.

-Pero es verdad, no soporta que las demás tengamos ningún tipo de relación con un chico si ella antes no le ha dado calabazas. Ella tiene que ser el primer amor de cada chico que ve. Ha sido así  desde hace años, y así seguirá siendo.

-Lavi, vas a tener que tener más cuidado, desde que te has hecho enfermero te han entrado dos chicas. Esto de ser médico va levantando pasiones entre las chicas –dije yo, secándome las lágrimas que la risa me había causado.

-Sí, eso es lo más normal que pase entre las pacientes, que se enamoren de sus médicos, pero con las enfermeras es al contrario, son ellas las que se enamoran de sus pacientes –dijo Garuna.

Menuda pullita me había lanzado, la muy guarra… Le lancé una mirada de “como te pille después sola, te mato”, pero ella simplemente me sacó la lengua y se fue, aun riéndose. Lavi nos miró extrañado, pero no debió de darse cuenta de mi reacción, porque se volvió a echar sobre la silla. Le dejé descansando, y me aproximé a la jefa. Me quedé en silencio a su lado, esperando que ella empezara a hablar. Pero no lo hizo, así que tuve que comenzar yo.

-¿Estás muy enfadada? –nada, más silencio-. Lo siento, ya sé que no debimos habernos ido así, pero ahora ya no se puede hacer nada, lo único, pedirte perdón.

Ella finalmente se dio la vuelta y se me quedó mirando.

-Pero Juvia, no sirve con un simple lo siento porque sé que lo vais a volver a hacer en cuanto os tenga aquí encerrados en otra ocasión.

-¿Entonces qué tengo que hacer para que nos perdones?

No respondió. Se quedó dudando.

-Bueno, por ahora sigue trayendo a ese –dijo señalando a Lavi- para que nos siga ayudando aquí.

Le habría hecho varias preguntas más, pero no me pareció el mejor momento, así que me alejé corriendo de ella, en dirección a Lavi, le cogí de las manos, y le hice levantarse de un salto.

-A la jefa le ha gustado cómo lo has hecho. Me ha dicho que te traiga más por aquí, y puede que nos acabe perdonando.

Lavi, aun sosteniendo mis manos, se acercó a la jefa, y le empezó a hablar sin que ella se diese la vuelta.

-Gracias por dejarme trabajar aquí. Procuraré no ser un estorbo… jefa…

-Vale, vale, venga largaos, no quiero veros más por aquí –nos dijo, moviendo las manos rápidamente hacia la puerta.

Los dos empezamos a correr para salir de allí antes de que la jefa cambiase de opinión, pero antes de cruzar el umbral de la puerta, la jefa nos volvió a llamar.

-Pero os quiero aquí antes de que anochezca. Aun no os voy a dejar pasar la noche en vuestras habitaciones, no hasta que las heridas estén curadas por completo.

Lavi y yo intercambiamos una sonrisa, y nos fuimos después de habernos despedido de Raisa con la mano. Por el camino nos encontramos a Kanda, que encaminaba sus pasos hacia la enfermería. Iba tan metido en sus pensamientos, que ni nos vio. Nos paramos y le vimos entrar en la enfermería. Los dos nos asomamos por la puerta, esperando alguna reacción por parte de la jefa, pero no pasó nada. Kanda se acercó a la cama de Raisa y se sentó a su lado. La jefa levantó la cabeza de sus papeles y los miró, pero no dijo nada. Volvió a agachar la cabeza  y a sumergirse en los documentos. Lavi y yo nos miramos y nos encogimos de hombros. Nos incorporamos y nos quedamos mirándonos.

-¿Qué te parece si nos vamos a comer algo a la cafetería? No hemos comido nada en todo el día –me dijo Lavi.

-Me parece bien.