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viernes, 15 de junio de 2012

De vuelta (Parte 14)


Le encontramos en su despacho rodeado de una montaña de papeles, acompañado de un café. Cuando nos paramos delante suya, levantó la cabeza del escritorio, y nos miró, a la espera de nuestras palabras.

-Bak –empezó Raisa-, ya hemos tomado una decisión. Nos vamos a ir al Cuartel General.

-Era de esperarse. Las dos venís de allí, y tenéis allí a todos vuestros conocidos. Avisaré a Komui. Id preparando el equipaje.

-¿Así, tan fácil? -pregunté yo extrañada.

-Sí claro, ¿qué esperabas, que os tuviéramos aquí varias semanas más? No mujer, esto es rápido, tan rápido como avisar a la otra parte implicada y abrir la puerta. Es sencillo. Voy a avisar a Komui, venga, daos prisa.

Yo iba a salir por la puerta, pero Raisa se quedó rezagada, mirando a Bak. Dudó durante unos segundos, pero después se dio la vuelta, me cogió de la muñeca y empezó a correr. Yo empecé también a correr para que no me tirara al suelo, y cuando Raisa vio que seguía su ritmo me soltó, y continuamos corriendo, con una sonrisa en la cara, hacia nuestras habitaciones. Raisa se paró frente a la mía.

-Bueno, me voy a cambiar, ahora paso a recogerte. Asegúrate de no dejar nada.

Tras decir esto se metió en su cuarto. En ese momento llegó Noda. Con la carrera le habíamos dejado detrás. Me dio un tirón del pelo mientras yo abría la puerta.

-Sí, sí, lo siento.

Le dejé pasar antes de cerrar la puerta, y me dirigí al armario. Saqué del fondo la maleta que utilicé el día que llegué, y la puse encima de la cama para empezar a meter mis cosas. Lo primero que metí fue la ropa, luego todos mis trastos, como las cosas del baño, y algunos libros que había ido consiguiendo durante mi estancia allí. Por último me dirigí a la mesa. Cogí mis papales, y los metí en una carpeta. Desde donde estaba, lancé la carpeta a la maleta, y me senté en la silla. Justo en frente, a la altura de los ojos, tenía colgada una foto que Lenalee me había mandado. Era una foto suya con Allen, Kanda, Komui Reever, la jefa, Garuna y Lavi. A pesar de que les había dicho que estaríamos en contacto, casi no había hablado con ellos. Siempre que llamaba estaban fuera, en alguna misión. Con el que más hablé fue con Komui, y con Lenalee un par de veces. Un día me llegó un paquete con una diadema, como una sutil metáfora de Lenalee para que me dejase crecer el pelo, y la foto. La diadema no me la había puesto nunca antes, la tenía colgada al lado de la foto. Pero la foto… Me he pasado varias noches en vela observando esa foto, memorizando cada detalle, sus gestos, sus miradas. Allen, Lenalee, Kanda y Lavi llevaban sus trajes de exorcistas. El de Lenalee era una chaqueta y una falda corta, con unos zapatos bajos, y medias altas, justo por debajo de la falda, todo negro. Allen y Kanda llevaban un abrigo de exorcista largo, que les cubría hasta las rodillas, y Kanda llevaba la katana a la espalda. Y Lavi… Lavi llevaba un pañuelo verde y negro que le sujetaba el pelo, un abrigo más o menos largo, no tanto como el de Allen y Kanda, pero tampoco era de los cortos por la cintura. Cubriéndole el cuello, una bufanda larga naranja, unos pantalones blancos estrechos, y unas botas altas negras. Me quedé un rato observando la fotografía, con Noda apoyado en mi cabeza, cuando alguien llamó a la puerta. Con la foto aun en una mano, y la diadema en la otra, fui a abrir, y me encontré con Raisa, que se había puesto su traje de exorcista. Su traje era de una sola pieza. La chaqueta y el pantalón iban unidos, y la cremallera le llegaba desde el cuello hasta la cintura, pero ella la llevaba abierta dejando ver un poco de escote. De calzado llevaba unas botas altas de tacón, que le llegaban hasta la rodilla, ensanchándose en esa zona, y quedando un poco abiertas por la zona superior. Me saludó con una mano enguantada. Es cierto, nunca había visto a Raisa sin guantes. Los tenía de todos los colores, para combinárselos con la ropa. En esta ocasión era de cuero negro. La invité a pasar con la mano en la que llevaba la foto. Ella pasó, y cuando fui a cerrar la puerta, me la quitó de las manos, quedándome solo con la diadema.

-¿Qué llevas ahí? –dijo mientras la miraba y se sentaba en la cama-. ¿Desde cuándo tienes esto? ¡Has sido capaz de tener una foto de Kanda y no decirme nada!

-Me la mandó Lenalee –dije mientras me dirigía al baño con la diadema aun en la mano. Me situé frente al espejo y procedí a ponérmela. La diadema era de tela, larga, para hacerle un nudo por la parte posterior, pero nunca me había puesto algo parecido, así que tuve que improvisar.

-¡Qué guarra eres! La querías para ti sola. Pues ahora me la quedo.

Me lancé sobre ella con las manos sosteniéndome el pelo en una coleta, y la diadema agarrada con la boca. Al final pude quitarle la foto, y me la guardé en el bolsillo del vestido.

-Está bien, está bien, no te la quito, pero déjamela un rato.

-Pero si le vas a ver dentro de un rato. ¿No puedes esperarte a verle en persona?

Raisa arrugó la nariz. Interpreté eso como un no. Aun peleándome con el pelo, y mirándome al espejo, hice un movimiento con la cadera, dándole a entender que podía cogerla. Ella se acercó, metió la mano en el bolsillo y se volvió hacia la cama, con la mirada perdida en la imagen. Estaba tan embobada que, cuando volvía, se dio con esquina de la cama y casi se cayó de bruces al suelo. No pude evitar reírme. Ella me  miró, con los mofletes hinchados, la nariz arrugada, y los ojos cerrados. Yo proseguí con mi labor.

-Por cierto, Raisa, nunca te he visto pelear. ¿En qué consiste tu Inocencia?

Ella levantó la cabeza de la foto, y me mostró una mano enguantada.

-Tacto Hypnosis. Puedo manejar la conciencia del que toque a placer. Por eso suelo llevar guantes, pero me los quito cuando la ocasión lo requiere. Pero sólo sirve para piel humana, no sirve para la cubierta de los demonios, ya lo he probado.

-Amm… -en ese momento me acordé de cómo había visto a Raisa aquella noche del ataque del Conde. Ella rodeaba al Conde con sus brazos, y tenía una mano sobre su cara. Ahora todo tenía más sentido, pero es un poder peligroso, de eso no cabe duda.

Pasaron varios minutos hasta que logré ponerme la cinta en la cabeza, pero Raisa no se quejó, seguro que no sabía el tiempo que había pasado. “Claro, está absorta mirando a su príncipe” pensé.

-Ya está –la cinta, de color negro con ribetes blancos me rodeaba la parte superior de la cabeza, se perdía por los lado, entre el pelo, y volvía a aparecer una de las tiras por el lado izquierdo del cuello, mientras que la otra se me quedó en la espalda, asomándose por debajo del pelo ondulado azul. Raisa levantó la mirada de la foto y se me quedó mirando-. Tus horquillas las he guardado en la maleta, las iré alternando con la diadema. Ha sido un regalo de Lenalee, y no había tenido ocasión de ponérmela antes.

Raisa se acercó, y me pasó un mechón de pelo por delante del hombro derecho.

-Te queda muy bien. ¿Estás lista?

Asentí, y me acerqué a la cama para cerrar la maleta. Le di unos toquecitos a Noda, que se había quedado dormido sobre la almohada, y le quité la foto a Raisa, guardándomela en el bolsillo. Entonces empujé a Raisa fuera de la habitación, y me di la vuelta para dirigir una última mirada al que había sido mi cuarto durante aquellos meses. Noda se posó en mi hombro, y miró la habitación conmigo.

-Tú sólo has conocido este lugar. Ahora conocerás tu nuevo hogar. Espero que tu guste tanto como yo lo he echado de menos.

Cerré la puerta, y esperé a que Raisa saliera de la suya con su maleta acuestas. Era una maleta el triple que la mía.

-¿Adónde vas con eso mujer? ¿Tantas cosas tenías?

-Bueno, yo no tengo tantos problemas como tienes tú con la ropa. Un día iremos tú y yo de compras.

Dicho esto, Raisa se acercó a mí, le dio con el dedo a Noda en la gota que tenía dibujada como gesto cariñoso, y me cogió de la mano.
Fuimos con paso apresurado hasta el despacho de Bak. Allí estaba él esperándonos.

-¿Ya estáis listas, chicas? Vamos, por aquí.

Nos llevó a la habitación a la que llegamos el primer día a través de la puerta. Ya estaba abierta, y chisporroteando, lista para ser atravesada. Rápidamente nos despedimos de todos los allí presentes. Bak nos esperaba en la base de la puerta. Nos dio un abrazo a las dos, y se apartó un poco, pero Raisa le cogió del brazo. Estaba llorando.

-Bak, yo…

-Raisa, no tienes que decir nada, es tu decisión, y yo no entro en nada.

-Pero llevaba tanto tiempo aquí, trabajando contigo que, irme, ahora…

-Bueno, pero si te vas a quedar aquí por mí, y no vas a ser feliz, no vamos a ganar nada, lo mejor es que te vayas. De todas formas, puedes venir aquí siempre que quieras.

Los dos se fundieron en un abrazo, y Bak aprovechó para darle un beso en la mejilla. Un rato después se separaron. Raisa seguía llorando, con la mirada clavada en el suelo.

-Cuídala mucho. Cuidaos las dos. Y bueno, para lo que necesitéis, no dudéis en preguntarme. Me tenéis para lo que queráis –me dijo Bak, intentado aguantar las lágrimas. 

Me puso una mano sobre la cabeza, y luego nos empujó a las dos hacia la puerta. Antes de desaparece por ella, nos dimos la vuelta y nos despedimos con la mano.

jueves, 14 de junio de 2012

Decisión (Parte 13)


Habían pasado nueve meses desde que había dejado el Cuartel General para irme a Asia a entrenar. Después de ese tiempo, ya pude considerarme una auténtica exorcista. Alguien que era capaz de derrotar demonios, salvar almas, y alguien en que los demás exorcistas podían confiar durante las batallas. Era una mañana como otra cualquiera cuando recibí una llamada de Bak a través de Noda. Aquel golem que Komui me había dado antes de irme había crecido un poco, llegando a ser ahora como la palma de mi mano. Noda me despertó esa mañana poco antes de la hora a la que acostumbraba a levantarme, informándome de la llamada de Bak. Al parecer me esperaba en su despacho. Me puse unos pantalones que Raisa me había regalado y una camiseta de manga corta y me arreglé el pelo delante del espejo. El pelo que antes odiaba, y que solía levar corto, ahora era largo. Lo llevaba por la mitad de la espalda, y se ondulaba en las puntas. La verdad es que ahora no me disgusta tanto, al fin y al cabo, el azul es mi color, y se puede ver claramente por mi compatibilidad con el agua.
Salí corriendo de mi habitación, y casi me olvidé de echar la llave, de no ser por Noda, que me dio un suave tirón de pelo y me enseñó la llave del cuarto. De no ser por él, ya habría perdido la cabeza varias veces. Llegué al despacho sin aliento. Allí me esperaban Bak y Raisa, entre otros encargados del departamento de ciencias, y los exorcistas que me habían estado entrenando durante ese tiempo. Estaban todos alrededor de una mesa, con una maleta sobre ella. Aun quedaba un hueco en aquel círculo que habían formado, así que me situé ahí, entre Raisa y Bak. Todos estaban mirándome, pero yo no sabía qué decir. Fue Bak el primero en hablar.

-Bueno, Juvia, he estado hablando con tus instructores, y todos coinciden conmigo en que ya estás lista para salir de aquí, y hacer misiones. Ya eres oficialmente una exorcista, por lo que te podemos entregar esto –Bak abrió la maleta que había sobre la mesa, dejando al descubierto un traje negro, con el símbolo de la Orden.

Raisa se acercó más a mí, y me susurró al oído.

-Espero que te guste, lo he elegido yo misma.

El traje de cada exorcista está diseñado de acuerdo a sus capacidades y a su estilo de lucha, para que le sea lo más cómodo posible. Bak desplegó el traje sobre la maleta para que pudiera observarlo bien. Era un vestido como los que acostumbraba a llevar, negro, con el escudo de la Orden en lado izquierdo del pecho, y con detalles plateados y azules claros. Era estrecho hasta la cintura, y luego caía con vuelo hasta las rodillas. De tirantes anchos, y cuello abierto justo en el centro para que el collar que alojaba la Inocencia quedase a la vista. Bak sacó más cosas de la maleta. Sacó unas botas altas planas, negras, con los mismos decorados que el vestido, unos guantes del mismo estilo que el vestido y las botas y, por último, un abrigo para el inverno.

-Pues esto es todo –Bak procedió a guardar las cosas en la maleta, mientras los demás abandonaban la sala. Cuando nos quedamos solos Bak, Raisa y yo, Bak prosiguió-. Bueno, aun queda una cosa más. Ahora tienes que elegir el cuartel en el que te quieres quedar. Cuando un exorcista termina su formación, puede elegir el cuartel al que quiere servir. Pero no te voy a decir que me lo digas ahora mismo. Piénsatelo –me tendió la maleta-. Luego nos vemos.

Raisa me tomó de la mano y me llevó hasta nuestras habitaciones. Abrí la puerta de la mía, y entramos las dos. Raisa se sentó en la cama y perdió la mirada en el paisaje de la ventana.

-Raisa, hay una cosa que te quiero preguntar. ¿Tú elegiste quedarte en este cuartel?

Raisa seguía mirando por la ventana. Parecía que no iba a contestar, así que me metí en el baño para cambiarme de ropa. Salí al rato, vestida completamente de negro. Nunca antes me había vestido tan oscura, y tenía curiosidad por saber cómo me quedaba el vestido, así que me acerqué al espejo. El color negro hacía resaltar mi piel pálida, mucho más que el blanco del que solía vestir. Los vestidos que llevaba eran en su mayoría anchos, pero este… Situé las manos en lo alto del torso, y las deslicé hasta la cadera. El vestido dejaba bien definidas mis curvas, y a partir de la cadera caía hasta un poco por encima de las rodillas. Las rodillas quedaban al descubierto, y las botas me llegaban hasta la mitad de las piernas. Luego me puse los guantes. Eran unos guantes largos, que me cubrían casi todo el brazo, dejando al descubierto el hombro y la zona inferior. Me probé el abrigo para ver qué tal me quedaba. Era del mismo largo que el vestido, estrecho hasta la cadera, y a partir de ahí, con vuelo, para no aplastar el vestido. Demasiado calor. Me lo quité y lo dejé sobre la cama, y volví al espejo. Entonces Raisa apareció a mi lado, me cogió del brazo, y me giró hasta quedar frente a ella. Me arregló el pelo, poniéndome el flequillo de lado, y luego me recogió el lado libre del pelo con un par de horquillas negras.

-Así, ya estás. Te queda bien el traje. Me alegro de habértelo elegido así –entonces me puso frente al espejo, y ella se situó detrás, asomando la cabeza sobre uno de mis hombros. Sus manos se dirigieron a mi pelo-. Por fin has decidido dejártelo crecer. Tienes un pelo precioso, Juvia. Como te lo vuelvas a cortar, no lo cuentas – me dijo con una sonrisilla diabólica.

-Vale, vale, no me lo cortaré –me quedé un rato en silencio. Luego seguí-. Si te ha molestado la pregunta de antes, lo siento…

-Juvia, yo no elegí este cuartel. En realidad aun no lo he elegido. ¿Te acuerdas de cuando atacaron el Cuartel General? Yo no era exorcista aun. Me habían dejado ir porque era una emergencia, y no había más gente que pudiera ir. Fue cuando volvimos cuando Bak consideró que ya podía ser exorcista. Y fue entonces cuando me preguntó. Pero decidí aplazarlo, hasta que tú eligieras –iba a hablar, pero siguió-. Ya fue muy duro el tiempo que estuvimos separadas, así que no quería que nos volviese a pasar. Iba a elegir el General cuando me dejaran, pero resultó que tú eras compatible, y que te iban a entrenar aquí. Entonces le pregunté  a Bak si me podía quedar aquí hasta que estuvieses lista. Por supuesto, él no tuvo ningún problema. Así que aquí estamos. ¿Qué cuartel quieres tú?

Me quedé en silencio. Si la decisión de Raisa dependía de la mía, no podía decidirlo yo sola.

-Pero Raisa, tú también tienes que decidirlo. Al fin y al cabo has estado aquí mucho tiempo y has conocido mucha gente a la que echarás de menos si te vas.

-El único con el que más he congeniado ha sido Bak. La verdad es que lo hice a posta, ya que sabía desde el principio que tendría que volver al General, donde tú estabas esperándome –agaché la cabeza-. Además tú tienes allí gente que te espera. Está Lenalee, Allen, Garuna, y aunque no lo parezca, la jefa y Komui también estarán esperando que vuelvas, por no hablar de cierto chico pelirrojo…

Subí la cabeza tan rápido que hasta me hice daño en el cuello. Me llevé una mano a la zona dolorida cuando se me encendió la bombilla.

-Pues no se hable más, al Cuartel General, en busca del príncipe de la katana peliazul -dije mientras levantaba un dedo hacia el cielo.

De repente recibí un almohadonazo. Raisa se había puesto colorada, y esperaba con otro cojín en las manos, lista para mi posible ataque.

-Serás… -dije mientras me agachaba a por la almohada caída y me lanzaba sobre Raisa.

-¿Qué? Te lo merecías.

-¡Has empezado tú!

-Pero es la verdad. Me dirás que no hay nada entre el pelirrojo y tú.

-¡No eres la más indicada para hablar, sabiendo como miras al peliazul!

Después de la pelea de almohadas, y de terminar llenas de plumas, nos tumbamos Raisa en la cama, y yo en el suelo. Noda, que había permanecido toda la batalla en lo alto del armario, se acercó temeroso a mí, y se posó sobre mi pecho, que subía y bajaba, intentando recuperar el aliento.

-De... acuerdo… estamos… en… paz…

-Vale, será mejor que vayamos a decírselo a Bak.

-¿El qué? ¿Que nos vamos para buscar a tu príncipe de la reluciente katana?

Raisa me miró desde lo alto de la cama. Levanté las manos en son de paz, y me incorporé como pude. Una vez levantada, le tendí la mano a Raisa, y las dos juntas, con Noda apoyado en mi hombro, nos fuimos a buscar a Bak.

martes, 12 de junio de 2012

Noda (Parte 12)


Estuvimos un rato recorriendo los pasillos de aquel cuartel. Era bastante más pequeño que el general, pero los pasillos eran más amplios, y no parecían todos tan iguales entre sí. Finalmente llegamos a un pasillo un poco más discreto que los demás, de techo más bajo, pero bastante largo. Ese era el pasillo de las habitaciones de los residentes. Delante de cada  puerta había un letrero con un nombre. Nos paramos frente a una en la que el letrero estaba vacío.

-A lo largo de la mañana te traerán la placa con tu nombre. Bueno, te dejo. Acomódate, y cuando estés lista me avisas y te doy una vuelta por aquí. Estaré en mi habitación –dijo señalando la puerta continua.

Me dio la llave, dejó la maleta en el suelo, y se metió en su cuarto. Cuando me quedé sola en el pasillo, introduje la llave en la cerradura, giré el pomo y entré. Era una habitación un poco más amplia que la tenía en el cuartel general, pero bastante parecida. Una cama, una mesa debajo de la ventana, y un armario. Dejé la maleta sobre la cama, y me senté. Metí las manos en los bolsillos de la falda de manera inconsciente, y noté una bolita pequeña en uno de ellos, la saqué y… 
La bola negra que me había dado Komui antes de salir desplegó sus alas sobre mi mano. Antes no había podido observarla bien, pero ahora, además de fijarme más detenidamente en la gota azul que tenía dibujaba, pude ver que tenía unas pequeñas orejas de gato, una cola parecida a la de un gato, terminada en una flecha, y unas alas pequeñas y finas, parecidas a las de un murciélago. El golem, a pesar de no tener ojos, o algo parecido, se me quedó mirando. Entonces empezó a flotar sobre mi mano. En poco tiempo cogió confianza y empezó a volar por toda la habitación, dando vueltas alrededor mía. Yo lo miraba en silencio, recordando el pequeño golem de Allen, de color dorado. Komui había dicho que se parecía al suyo. El de Allen se llamaba Timcanpy, y parecía bastante inteligente, mucho más que el que utilizaba la jefa para comunicarse. Mientras pensaba todo esto, el golem se paró frente a mí.

-Bueno, ¿qué te parece si te pongo un nombre?

Una sonrisa apareció en la superficie del golem negro. Parece que le gusta la idea.

-A ver… ¿Kuro? ¿Mato? ¿Kira? ¿Neko?

Tras todos aquellos nombres seguía una rápida negación por parte del golem.

-No me lo pones fácil… ¿Y qué te parece Noda?

Pareció pensárselo durante un rato. Finalmente asintió de manera exagerada, y me dio un pequeño golpecito cariñoso en la nariz.

-Está bien, Noda. Bueno, voy a deshacer la maleta antes de salir con Raisa.

Abrí la maleta, y empecé a sacar vestidos. Casi todo mi vestuario consistía en vestidos por la rodilla, de color blanco, lo cual no resaltaba demasiado teniendo en cuenta el color pálido de mi piel. Alguna vez había considerado renovar mi armario, pero no me decía nunca entre todas las tiendas que visitaba. Los colgué todos rápidamente, dejé los papeles esparcidos por la mesa, y por último, metí la maleta en el fondo del armario. Cuando fui a salir de la habitación, Noda me seguía de cerca.

-Bueno, Timcanpy siempre acompaña a Allen. Supongo que puedes venirte conmigo. Hala, vamos –dije mientras indicaba a Noda con la mano que podía seguirme.

Esperé a que hubiese salido para cerrar la puerta y guardar la llave en uno de los bolsillos del vestido. Entonces me dirigí a la puerta que Raisa me había señalado y llamé. Raisa apareció enseguida al otro lado de la puerta.

-¿Estás lista? Pues vamos entonces.

El primer sitio que vistamos fue la cafetería. Era más pequeña que la del cuartel general, claro que era de esperarse, ya que este cuartel aloja mucha menos gente. Había bastante gente, y muchos de ellos se acercaron a saludarme.

-Por aquí las noticias vuelan, y no han tardado en enterarse de que había llegado una exorcista nueva –me dijo Raisa-. ¿Seguimos?

Visitamos varios departamentos, dejando para el final el de Bak. Cuando llegamos allí me acordé del departamento científico del general. La situación era bastante parecida. Gente corriendo por todos lados, esquivando a los que intentaban dormir sobre las mesas, y en medio de todo ese lío, Bak, intentando poner un poco de orden. Cuándo nos vio, se acercó a saludar.

-Hola chicas. ¿Ya le estás ensañando todo esto a Juvia? Si os cansáis de estar aquí dentro, podéis salir fuera a dar una vuelta.

Nos pareció buena idea, y como allí molestábamos un poco, decidimos seguir el consejo de Bak. Dimos una vuelta por las calles cercanas, visitamos algunas tiendas, y tomamos algo en la terraza de una cafetería. Volvimos poco antes de que se hiciera de noche, y nos fuimos al nuestras habitaciones a dormir.

Al día siguiente empezó mi entrenamiento. El primer día de un intenso entrenamiento para convertirme en exorcista. 

Despedida (Parte 11)


Era ya noche cerrada. Iba sin rumbo de nuevo, supuestamente hacia mi habitación, pero acabé frente a la puerta del departamento científico. Aunque yo no fuera consciente, mi mente ya había tomado una decisión, así que entré, y busqué a Komui. El departamento estaba vacío, pero al fondo se veía luz. Me acerqué y vi a Komui hablando con el chico rubio que había llegado con Raisa. Komui se dio cuenta de mi presencia y me miró.

-Esta es la chica de la que te hablaba, Juvia –dijo mirando al joven. Luego se giró hacia mí-. Juvia, él es Bak, el jefe del cuartel de Asia.

-Creo que ya me he decidido –dije, con la mirada clavada en el suelo. Komui esperó en silencio, se lo agradecí, la presión habría sido lo peor en aquél momento. Tras tragar varias veces, respondí-. Sí, lo haré.

El rostro de Komui cambió por completo. Su cara de preocupación se transformó en una gran sonrisa.

-Bueno, me alegro. En ese caso, irás con Bak, entrenarás con él en su cuartel.

Asentí. Esperaba otro tipo de trato por parte de Komui, estaba distante, y lo que necesitaba era apoyo.

-Bueno Bak, en ese caso, lo mejor será que os preparéis para salir. Luego voy a despediros.

Bak me dirigió una despedida con la cabeza y salió del despacho. Entonces Komui se dirigió a mí.

-Juvia, ¿estás segura? No me has dado una respuesta muy clara –este ya se parece más al tipo de reacción que esperaba-. Es algo muy importante, y tienes que estar completamente segura.

-Lo he pensado, y sí, quiero hacerlo.

-Bueno, vale, si lo tienes claro, entonces no hay problema. Pero aquí me tienes para lo que necesites.

Le miré sorprendida.

-Muchas gracias Komui.

Él me puso una mano en el hombro.

-Bak es un buen hombre, y Raisa estuvo allí entrenando, y seguramente vuelva, así que podrás estar con ella. Y te daré un golem para que puedas comunicarte con quien quieras, incluido yo, en cualquier momento. Bueno, lo mejor será que te vayas preparando, lo más seguro es que salgáis esta misma noche.

-Gracias.

Y me fui. Me dirigí a mi habitación para recoger mis cosas. No había gran cosa. Algunas hojas escritas, algo de ropa y poco más. Era de madrugada cuando salí de allí para dirigirme a la puerta donde me esperaban. Pero antes de ir allí, pasé por la enfermería. Me asomé. Estaba todo oscuro. Lenalee dormía cerca de la puerta, y Lavi y Kanda tenían sus camas cerca de la ventana en el otro extremo de la habitación. A Kanda no se le veía, pero había un bulto en su cama. Me acerqué a Lavi, que dormía tranquilamente mirando hacia la ventana. Me acordé de la otra noche que me quedé de guardia. La luz de la luna iluminaba su cara, pero en esta ocasión su expresión tenía mejor aspecto. La curva de sus labios se torcía en una ligera sonrisa. Me quedé un rato allí, hasta que escuché una voz que me sobresaltó. Venía de la esquina que tenía detrás de mí. No me había dado cuenta de que estaba allí porque estaba muy oscuro.

-Deberías despertarle, si no, te arrepentirás, y ya me puedo imaginar lo pesado que se pondrá cuando despierte.

Me giré. Kanda se había adelantado unos pasos y había quedado iluminado por la luz que entraba por la ventana.

-Me has asustado.

-Lo siento, no era mi intención.

Me giré a Lavi, y acerqué la mano a su brazo. Cada vez estaba más cerca, y cuando estuve a punto de rozarlo, lo retiré. Sonreí.

-No puedo hacerlo. ¿Me disculparás ante él?

-Bueno, lo intentaré, pero no le va a sentar muy bien.

Me giré para irme, y antes de salir dirigí una rápida mirada a la habitación, a Lenalee, a Kanda, a Lavi…
Para llegar a la puerta donde me esperaban, Komui me había dejado unas indicaciones apuntadas en un papel, pero aun así me costó bastante centrarme en esos pasillos iguales entre sí. Todo estaba vacío, no había nadie a quien pudiera preguntarle dónde estaba. Me paré cerca de una lámpara que había colgada en la pared para mirar el papel que Komui me había dado. Cuando el sonido de mis pasos cesó pude darme cuenta de que no eran los míos los únicos que se oían en el pasillo. Unos pasos me seguían de cerca. Por detrás. Me giré lentamente, y me quedé quieta, esperando que el desconocido que me seguía se acercara lo suficiente como para que quedase iluminado por la tímida luz de la lámpara. Pronto quedó iluminado, comenzando por su pelo naranja, continuando por el pañuelo y siguiendo por el parche y esa mirada verde. Lavi estaba frente a mí, y tenía la mirada seria.

-Pensabas irte sin decir nada.

No fue una pregunta.

-Yo… -no sabía que decirle.

-Después me di cuenta de lo que estuvisteis hablando Lenalee y tú. Con que compatible, ¿eh? Y te vas a convertir en exorcista. No sabemos cuánto va a pasar hasta que nos volvamos a ver, y aun así, ¿pensabas irte sin decir nada?

-Lo siento. Pensé que así sería más fácil.

-Te equivocaste.

Me cogió de la barbilla para que le mirase. Su expresión se había suavizado. Una lágrima indiscreta cayó de mis ojos. Entonces Lavi sonrió, fue levantando los brazos lentamente, y me abrazó. Me quedé sin aliento. Después de un rato así, en  silencio, se separó poco a poco, hasta que nos quedamos mirándonos de nuevo.

-Venga, alegra esa cara –dijo con su acostumbrado tono jovial-. Cuando nos volvamos a ver serás toda una exorcista. Tendré que entrenar para que no me superes.

Lo único que pude hacer fue sonreír. Me apresuré a secar la lágrima que se había quedado en medio de mi cara y me di la vuelta para irme. Entonces me di cuenta de no sabía dónde estaba. Me di la vuelta, y Lavi interpretó mi mirada. Me cogió de la mano y me llevó a través de los pasillos hasta una gran habitación con una gran grieta que la cruzaba de arriba abajo. De aquella grieta, rodeada por una luz morada, salía una luz blanca, cegadora. Raisa y Bak me esperaban justo delante. Había mucha gente alrededor de la puerta. Casi todos del departamento de ciencias, pero también había alguna enfermera, como Garuna o la jefa, y escondidas entre la multitud, Ámber y su grupo de amigas. Entre toda esa gente pude reconocer a Lenalee y Allen. Lavi me llevó rápidamente hacia ellos.

-¿Qué hacéis todos aquí?

-¿Tú qué crees? –me dijo Lenalee-. Hemos venido a despedirte.

Komui se acercó al grupo.

-¿Estás lista, Juvia? Te están esperando.

-Sí, ahora mismo voy –me giré a los chicos-. Gracias por venir. Espero que nos volvamos a ver pronto. Os voy a echar de menos.

-Juvia, no digas eso, que me vas a hacer llorar –Lenalee sonreía, y se había llevado la mano a los ojos, para frenar una lágrima que empezaba a asomar.

-¡Lenalee! No llores, vas a hacer llorar a tu hermano –Komui se había agarrado a Lenalee, y ya estaba empezando a chillar, como si fuera ella la que se fuese a ir.

-Vale, vale, no lloro, pero suéltame, anda, hermano…

-Bueno –Allen se giró hacia mí, ignorando a Komui-, espero que te vaya bien, y que sepamos de ti.

-Ah, eso me recuerda… -Komui metió la mano en uno de los bolsillos de su bata y sacó una pequeña bolita negra-. Esto es para ti, Juvia, tu golem, para que te puedas comunicar con los demás exorcistas.

El pequeño golem abrió las alas, y en la parte delantera había dibujada una gota de color azul que destacaba sobre el fondo negro.

-Es un nuevo prototipo. Lo he hecho yo mismo. Yo tengo otro parecido. No creo que te de problemas, pero si necesitas algo no dudes en preguntarme. Es distinto a los demás ya que, mientras que ellos solo se reducen a aparatos de comunicación, este es más personal. Se parece más al de Allen, pero no hay tiempo para explicaciones, tendrás que ir descubriéndolo tú poco a poco. Y ahora, si me acompañas por aquí…
Rápidamente, antes de que Komui me tomase del brazo, le di un abrazo a Lenalee, a Allen, y otro a Lavi, pero rápido, para que no se me subiera el color a las mejillas. Antes de alejarme de ellos, vi a Kanda en una esquina, y le dediqué una rápida despedida con la mano. Para mi sorpresa, me devolvió la despedida con un leve cabezazo. Mientras Komui me llevaba a través de la multitud, pude ver a Garuna y a la jefa, que se acercaron rápidamente a mí. Cuando Komui me soltó al lado de la puerta, pude dar un abrazo a Garuna. Me quedé mirando a mi jefa, y ella se lanzó a mis brazos y empezó a llorar. Me costó deshacerme de ella, cuanto más intentaba separarla, más fuerte me cogía. Finalmente me dejó, y pude unirme  a Bak y Raisa, que llevaban un rato observando en silencio. Ellos entraron primero. Yo me quedé delante de la puerta, y antes de entrar, me giré y miré por última vez en mucho tiempo a Lavi. Pude apreciar un cambio en su mirada, pero en aquél momento no supe que era. Sería tiempo después cuando descubriría el significado de esa mirada. Entonces me di la vuelta y me adentré en aquella cegadora luz. Al otro lado me esperaba una ciudad cuyo color predominante era el blanco. Raisa y Bak me esperaban cerca de allí, al pie de otra grieta de tonos morados. Me acerqué a ellos, y la atravesamos. Al otro lado había mucha gente esperándonos en un cuartel bastante parecido al que acabábamos de abandonar. Me acordé de lo que acababa de dejar allí, y me dieron ganas de volver, pero Raisa me dio la mano, y me dirigió una mirada reconfortante. Por lo menos la tenía a ella. Rápidamente Bak se deshizo de aquella multitud, y se dirigió a nosotras.

-Raisa, lo mejor será que lleves a Juvia a que conozca su habitación –luego me miró a mí-. Tómate el tiempo que necesites. Cuando estés lista, Raisa te dará una vuelta para que vayas conociendo todo esto.

Asentí. Raisa seguía tomándome de la mano, y con la que le quedaba libre, tomó mi equipaje.

lunes, 11 de junio de 2012

Raisa (Parte 8)


-Hola Juvia, ha pasado mucho tiempo, ¿verdad?

No la dije nada, ni siquiera me moví. Esperé a que se acercara más. Entonces ella se sentó a mi lado, y me cogió un mechón de pelo.

-Te lo has vuelto a cortar… Nunca te ha gustado tu pelo, a pesar de que tiene un color precioso. ¿Toda esa agua era tuya? –ante mi silencio, su mirada cambió. Se hizo más triste, y finalmente agachó la cabeza-. Lo siento, puedo imaginar cómo te sientes. Habría venido a verte, pero no me dejaban. Decían que podía ponerte en peligro. Lo siento…

Entonces levanté la mirada, y me encontré con la suya. Parecía sincera. Además, ¿no estaba yo esperando ese momento? Raisa se acercó un poco más, y cuando estuvo pegada a mí, me abrazó con fuerza. Tras dudar unos segundos, le devolví el abrazo con el brazo que me quedaba libre. Ya no pude controlar más las lágrimas. Llevaba tanto tiempo esperando esto… Cuando Raisa se separó, descubrí que ella también tenía los ojos llorosos. Nos quedamos así un rato, llorando en silencio, mientras Lavi descansaba en mis brazos. Cuando ya nos hubimos tranquilizado, un hombre joven y rubio se nos acercó. Tenía el pelo corto, y el flequillo más o menos largo, y llevaba una boina blanca.

-Vaya, esto sí que es sorprendente. No creía que te fuese a ver así nunca, Raisa. Quién lo iba a decir, con los humos que te gastas –dijo con gesto divertido.

-Cállate, Bak –dijo Raisa, secándose las lágrimas. Aunque su voz intentó sonar enfadada, su sonrisa la delató-. Es una larga historia.

-Bueno, pues si es tan larga, ya me la contarás en otro momento. Ahora tenemos que ayudar con este desastre -tras decir esto último se giró y se fue por dónde había venido.

-Ese –dijo Raisa, mirándome- es Bak, el jefe del cuartel de Asia, donde he estado entrenándome. Es un buen hombre, aunque un poco raro. Nunca sabes por dónde te puede salir.

-Me recuerda a alguien… -en mi mente apareció la imagen de Komui, primero llorando, gritando el nombre de Lenalee, y después serio, en alguna de sus charlas.

Como si Raisa hubiese leído mi mente, me miró, y nos reímos a la vez. Echaba de menos esos momentos con Raisa. Las dos hemos estado muy unidas, incluso antes de unirnos a la orden. Me moría de ganas de preguntarle un montón de cosas, pero eso tendría que esperar. La miré con intriga, y la pregunté:

-¿Qué haces aquí?

-Jo, no me esperaba ese tipo de reacción –dijo aun sonriendo.

-No, es sólo que habéis llegado en el mejor momento. ¿Cómo lo habéis sabido?

-Todos los miembros que evacuasteis fueron mandados a nuestro cuartel. Nos pareció una mala señal, y decidimos venir. Hemos venido todos los exorcistas que hemos podido. No hemos vencido, pero nos ha dado un poco de tiempo, hasta que el Conde planee otra estrategia.

El Conde… Era increíble lo que ese hombre podía hacer él solo. Nos estábamos apañando bien con los demonios, hasta que llegó él. Mirase donde mirase, había cuerpos de mis compañeros caídos. Algunos ya estaban siendo llevados a dentro por los que se podían mover, y por las enfermeras que iban llegando, acompañadas de camillas. Garuna no tardó en aparecer. Vino corriendo, tirando de una camilla, a donde nos encontrábamos con Lavi. Entre las tres pudimos levantarle y tumbarle. Entonces Garuna me miró, entre preocupada y enfadada.

-¿¡Estás loca!? ¿Cómo se te ocurre hacer eso? –dijo mientras levantaba la mano y me daba un capón.

-¡Ay! ¿Qué haces?  -me llevé una mano a la cabeza, y fue a replicar, pero me encontré con sus ojos llorosos-. Lo siento.

-Eres tonta –me dijo, y me abrazó con fuerza. Luego se giró a Raisa-. ¡Raisa! ¡Cuánto tiempo! Ya era hora de que te dejases ver. Nos tienes que poner al día de todo lo que te ha pasado, nosotras también tenemos cosas que contarte.

-Chicas –dije yo-, siento cortaros, pero eso va a tener que esperar a que la situación se calme un poco.

Sin esperar su respuesta, me di la vuelta y arrastré la camilla en dirección a la puerta principal. Cuando llegamos a la enfermería me encontré con la seria mirada de la jefa, pero se controló y siguió con su trabajo. Yo trasladé a Lavi, con ayuda de Raisa, a su cama habitual. Una vez tumbado, me dispuse a tratarle las heridas. Raisa se quedó conmigo para ayudarme, ya que, como antigua enfermera, estaba capacitada para ello. Garuna se llevó la camilla para traer más gente. Por suerte, Lavi estaba bien, todo lo bien que se puede estar tras un ataque así. La herida de la cabeza se le había vuelto a abrir, pero gracias a lo que antes había hecho (aun me preguntaba cómo), ya no sangraba. La herida del costado, por el contrario, sí sangraba, no demasiado, pero el esfuerzo hecho por Lavi durante la batalla había abierto esa herida también. Todo el reposo para nada.

-No le va a gustar la idea de empezarlo de nuevo –pensé en voz alta.

Aparte de esas antiguas heridas, no había mucho más, algún corte y golpe, pero nada por lo que preocuparse. Pronto terminé con él. Le dirigí una última mirada, y me alejé de la cama. Raisa me tomó por el brazo.

-¿Tú estás bien? ¿No tienes ninguna herida?

-No, estoy bien. ¿Y tú?

-También bien, es raro, después de ver cómo han terminado algunos.

Agaché la cabeza, y en ese momento me acordé Allen y los demás. ¿Estarían bien? Salí corriendo, seguida Raisa. Justo en la salida de la enfermería me encontré con Allen, que llevaba a Lenalee en brazos.

-¡Allen! ¡Lenalee! ¿Estáis bien? Pasad rápido, yo me encargo de vosotros.

Me había asustado al ver a Lenalee en sus brazos, pero estaba consciente. La tumbamos en una cama cercana a la de Lavi, y empecé a revisarla. Las piernas eran las que más daño habían sufrido, tenían golpes, y algún arañazo. Me giré a Raisa.

-¿Te puedes encargar de Allen?

-Claro –incluso antes de decírselo, ya había empezado a revisar las heridas del chico.

Poco después se hallaban Lenalee con las piernas vendadas, y Allen con tiritas por la cara y poco más. Solo echaba en falta a uno más. Hacía tiempo que no veía esa mirada agria.

-¿Y Kanda?

-Estaba fuera, con Komui –Allen fue el primero en responder.

-Ese cabezón –dijo Lenalee-, seguro que se ha quedado fuera para aparentar, a pesar de estar herido.

-Voy a buscarle. Raisa, ¿te quedas aquí? Ahora vuelvo.

Tras un leve asentimiento de Raisa, salí escopetada por la puerta. Al llegar a la principal, me quedé mirando, intentando divisar a Kanda. No muy lejos había un grupo de personas. Me acerqué a ellos, y descubrí que eran Komui y Bak y, camuflado entre las sombras, Kanda. Los dos jefes de cuartel estaban cambiando unas palabras sobre la situación en la que nos encontrábamos, mientras Kanda escuchaba todo con los ojos cerrados. En seguida me descubrieron.

-H-hola, ¿está algunos de ustedes herido?

-Vaya, si es la jovencita de antes –dijo Bak, sonriéndome.

-Es Juvia, de nuestro cuerpo de enfermeras –dijo mirando a Bak, luego se giró en mi dirección-. Estamos bien, gracias Juvia.

-¿Kanda? –le miré esperando su respuesta.

-Tsk – fue lo único que obtuve como respuesta, y un rápido giro de cabeza. Pero un hilito de sangre asomando por debajo de su manga le descubrió.

-Vamos, acompáñame –me acerqué, dispuesta a tomarle del brazo que parecía tener bien, pero se apartó. Komui vio el movimiento, y se acercó para ayudarme.

-Vamos Kanda, deja a Juvia hacer su trabajo –entre él y Bak consiguieron cogerle, y me tendieron a mí uno de sus brazos, el cuál tomé y tiré de él. Pero nada, ni un movimiento. 

Finalmente, Komui le dio un empujón, que yo aproveché para salir medio corriendo de allí, y llegar lo más lejos posible hasta que Kanda se volviese a frenar. Para mi sorpresa, no opuso demasiada resistencia. Cuando estábamos a punto de llegar a la enfermería me paré, me giré, y le dije:

-Gracias… -ante su silencio, continué-. Gracias a ti, pude llegar hasta Lavi. No sé qué habría pasado si no hubieses hecho lo que has hecho -Kanda siguió en silencio, pero su expresión se relajó un poco.

Aprovechando ese momento de confusión, tiré de Kanda un poco más, hasta llegar a la puerta de la enfermería. Raisa estaba dónde la había dejado, hablando con Allen y Lenalee, pero cuando aparecí, se quedó callada. Sus ojos se abrieron como platos y apuntaban en dirección a… Kanda.
Ya había pasado el tiempo suficiente con ella como para saber lo que eso significaba. Sonreí y la miré con tranquilidad.

-Raisa, ¿te puedes ocupar de Kanda? Tengo que ayudar a la jefa, que parece estar bastante atareada.

Al segundo se puso roja hasta las orejas. Me acerqué a ella, tirando de Kanda y, tras sentarlo en una cama, Raisa se puso manos a la obra. Entonces, tras guiñarle el ojo a Raisa, me alejé de allí y fui a buscar a la jefa. La encontré rodeada de enfermeras y pacientes. Me hice un hueco entre todos ellos, y me situé a su lado. Ella notó mi presencia sin ni siquiera girarse.

-Eres una temeraria, y debería castigarte por ello. ¿No llegaste a pensar en que te convertirías en un estorbo? –ante mi silencio, continuó-. Por suerte todo acabó bien y, además –se giró, y me miró directamente a los ojos-, le salvaste la vida a ese chico.

Yo seguí callada. No sabía que decir. Lo único que se me ocurrió fue:

-Lo siento…

-Qué tonta, no tienes que disculparte. Ya te he dicho que acabó todo bien. Pero para otra vez tienes que pensar más las cosas. Pensar antes de actuar. Sé que es difícil -me miró con los ojos brillantes, y con una sonrisilla llena de picardía-, y más siendo ese chico. Seguro que si hubiese sido otro, no habrías actuado así. Divina juventud.

Me puse roja hasta la raíz del pelo. Puede que se me notase más de lo que quería…

-Imagino que Komui vendrá a buscarte pronto. Descansa mientras tanto. Vete con los demás, y relájate. Nos vemos luego.