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jueves, 9 de agosto de 2012

Nueva misión (Parte 37)


Fui corriendo a mi cuarto, y en pocos minutos me encontraba corriendo de vuelta a la enfermería. Cuando llegué, algo se arrojó sobre mi cara. Le aparté con mis manos, y le miré fijamente.

-¡Noda! ¿Se puede saber qué te pasa?

-Se ha asustado cuando no te ha visto, y eso que le he dicho que no tardarías en llegar –me explicó Lavi.

Le di un golpe a Noda mientras lanzaba un suspiro.

-Anda, ve con Nemu, que seguro que se está aburriendo –le dije mientras le empujaba hacia la esquina en la que dormitaba el gato. Luego, mirando a Lavi, continué-. ¿Empezamos?

Miré la lista de pacientes y los cuidados que requerían cada uno de ellos. Comenzamos por uno que necesitaba cambio de vendas. Lo mejor era empezar por algo con lo que Lavi estuviese familiarizado, para que fuese ganando confianza a lo largo de la mañana. Después de habernos encargado de las vendas de cuatro pacientes, nos dirigimos a un rastreador que tenía una pequeña herida en la cabeza. Según el informe, era necesario coser la herida. Situé a Lavi de un pequeño empujón frente al hombre y le puse la aguja en la mano. El pulso le temblaba, pero después de dudar unos momentos, comenzó su trabajo. Era la primera vez que lo hacía en una herida real. Según Bookman me había dicho en alguna de nuestras conversaciones, Lavi ya había practicado la sutura de heridas entre otras cosas, pero nunca se había atrevido a hacerlo en un persona. Pero por algún motivo, esa mañana pudo hacerlo.  El resto de la mañana pasó sin percances. Al igual que los días siguientes. Durante cuatro días más, Lavi y yo seguimos ayudando en la enfermería. Antes de que nosotros terminásemos nuestras prácticas, la jefa ya había dejado salir a Raisa, y en un par de ocasiones, Lavi  y yo les observamos a través de la ventana practicar con las katanas.
Fue una mañana como otra cualquiera cuando recibí una llamada de Komui. Lavi y yo nos dirigimos allí tras avisar a la jefa. En su despacho nos encontramos con Allen y Krory. Entonces Reever apareció de detrás de la montaña de papeles que había en la mesa.

-Vamos supervisor, que ya están aquí. ¡Espabile, hombre!

Se oyó un lloriqueo al otro lado del muro de papel. Komui apareció desde el otro lado con un pañuelo en la nariz y los ojos llorosos. Cuando nos vio a todos delante suya, se aclaró la garganta, y tiró el pañuelo hacia atrás, con tan mala suerte de caerle a Reever en la cabeza.

-¡Supervisor! –dijo cogiendo el pañuelo con dos dedos y lazándoselo a su dueño.

Komui se dio la vuelta en el momento justo y el pañuelo le dio de lleno en la cara.

-¡¡Aaagg!! ¡Reever, no haga guarradas!

-Pero si ha empezado usted –dijo limpiándose los dedos en la bata.

Entonces recogió sus cosas y se internó en la oscuridad del departamento. Komui se volvió a aclarar la garganta.

-Hemos recibido noticias de un grupo de rastreadores. Parece que hay algo en un castillo que aterroriza a todo el que se acerca por allí. Según dicen, hay un fantasma, y ha sido comprobado por nuestro grupo de rastreadores. Puede que sea cosa de la Inocencia.
Reever volvió a aparecer entre las sombras.

-Komui, ¿piensa mandar a estos exorcistas a buscar el fantasma? Son los únicos que quedan en el cuartel, y no nos podemos quedar desprotegidos.

-Tranquilo Reever, antes de que se vayan habrán llegado los generales Froi Tiedoll y Cross Marian.

-Aaa… ¡Un momento! ¿Los generales? ¿Para qué vienen?

-Parece que se les ha convocado en una junta a ellos dos, que son los que más cerca están.

-¿Mi maestro? ¿Va a venir? –dijo Allen temblando. Se agachó, y se agarró las piernas con los brazos.

Lavi se acercó a Allen, y le puso una mano en el hombro, mientras yo le miraba dubitativa. Krory siguió mirando a Komui y le preguntó:

-¿Los únicos? ¿Y los demás?

-Kanda, Raisa y Lenalee están persiguiendo a un carromato que se mueve solo y lleva varios días tomando a la fuerza a los demás carros que se encuentra en los caminos. Y Miranda aun está aquí, pero se irá en cuanto lleguen los generales, ya que tiene una misión asignada con dos de los alumnos de Tiedoll, Noise Marie y Chaoji.

Los tres, Krory, Lavi y yo, nos quedamos pensativos mientras Allen seguía agachado en el suelo.

-Bueno, pues ir preparando vuestras cosas, que saldréis dentro de poco, en cuanto llegue el primer general –nos dijo Komui mientras nos empujaba fuera del departamento.

Los cuatro nos quedamos en silencio en la puerta, ya cerrada, del departamento. Lavi tiró de Allen, que seguía en el suelo, para que se pusiera de pie.

-Bueno, pues quedamos en un rato en la puerta principal. Imagino que Komui estará por allí para recibir a los generales –dijo Lavi.

Krory y yo asentimos, y todos nos encaminamos hacia las habitaciones. Yo fui la primera en llegar a mi planta, y me despedí de Lavi y Krory con un rápido movimiento de la mano. Allen seguía casi inconsciente apoyado en el hombro de Lavi. Fui corriendo a mi cuarto, cogí todo lo necesario, y salí corriendo, con Nemu a mis pies, y Noda agarrado a mi pelo. Pronto llegué a la entrada. Era la primera sin contar con Komui y Miranda, que esperaban la llegada de los generales. Me dirigí rápidamente a Miranda, que miraba nerviosa la puerta principal.

-Hola Miranda.

-Hola Juvia.

-¿Qué te pasa? –pregunté.

-Nada, es solo que es la primera misión que tengo con los que están a punto de llegar. Ya he estado con ellos en otras ocasiones, pero nunca en una misión.

-Tranquila, lo harás bien –dije, poniéndole una mano en el hombro.

Ella me dirigió una sonrisa agradecida. Entonces me di la vuelta para mirar la puerta por la que llegarían algunos de los hombres más importantes para la Orden. Komui se había adelantado a la puerta, y le tendía la mano a un hombre alto, con gafas y pelo canoso, rizado y largo recogido en una coleta.

-Ese es el general Tiedoll. A pesar de su apariencia bondadosa, es uno de los hombres más fuertes de la Orden –me aclaró Miranda-. Aunque es un poco difícil tratarle, más que nada porque a veces parece un niño pequeño.

-¿Por qué todos los jefazos tienen mentalidad de crío? –me pregunté.

Miranda se me quedó mirando, pero yo moví las manos rápidamente, para que ignorase lo que acababa de decir. Detrás de aquel hombre llegaron otros dos, uno muy grande, con los ojos cerrados, y con cascos en los oídos, y otro, más joven, con el pelo recogido en una coleta corta.

-Son Marie y Chaoji, con los que voy a ir a hacer la misión –prosiguió Miranda-. El joven, Chaoji, hace muy poco que empezó a ser exorcista.

Tras terminar de decir esto, se alejó de mí y se fue a hablar con los chicos. Krory, Lavi y Allen llegaron en ese momento, Lavi aun tirando de Allen.

-Bueno, ya estáis todos. Como el general Tiedoll ya ha llegado, no hay porqué esperar más. Podéis salir ya si queréis –nos dijo Komui.

Allen pareció animarse.

-¡Sí! Vámonos ya –dijo levantándose de repente y recuperando la vitalidad.

sábado, 21 de julio de 2012

La cabezonería de la jefa (Parte 33)


Llegué al frente del departamento de ciencias pensando en las posibles reacciones de Komui al verme. Después de dudar durante unos segundos, me armé de valor y entré en el departamento. Aquello era un caos, gente corriendo de un lado para otro, pero no era como la primera vez que estuve allí. Ahora la gente tenía expresiones de horror y miedo en sus rostros. La voz de Komui llegaba desde el otro extremo de la habitación.

-Rápido, que alguien investigue si ha entrado alguien ajeno al cuartel. Preguntad a todo el que os encontréis si ha visto a alguien sospechoso -las órdenes de Komui eran tajantes  y no admitían réplica. Me fui acercando a su despacho, hasta tenerle a la vista-. Reever, refuerza la seguridad de la enfermería. Mirad si alguien más ha desaparecido y hacérmelo saber de inmediato.

Reever, tras recibir las órdenes, se alejó corriendo. Iba tan centrado en su misión, que ni me vio cuando pasó por mi lado. Respiré un par de veces y me acerqué a Komui, que le estaba echando la bronca a uno que ordenaba documentos en una estantería.

-Supervisor… -empecé, pero él no me oyó-. Komui –le puse la mano en el hombro.

Él se dio la vuelta y al principio pareció enfadado, se imaginaría que sería alguno de los encargados. Iba a replicar cuando se dio cuenta de quién era, y se quedó mudo. Abrió la boca en señal de asombro, al igual que los que estaban a nuestro alrededor.

-¡Juvia! ¿Dónde estabas? ¿Y los demás? ¿Estáis todos bien?

Asentí.

-Lo siento, no quería armar todo esto…

-¿Por qué os fuisteis?

-Llevábamos muchos días ahí encerrados, y no nos estaba sentando bien estar tanto tiempo sin que nos diera el sol…

-Pero haber avisado por lo menos.

-Ya sé que deberíamos haber avisado, pero si lo hubiésemos hecho, la jefa no nos habría dejado salir.

-¿Entonces, estáis todos bien?

-Sí, estamos bien. La jefa se ha llevado a Lavi, Kanda y Raisa a la enfermería, pero ahora temo la bronca que me va a caer…

-Bueno, una pequeña bronca sí que tiene que caeros, por el susto que nos habéis dado.

-¿Qué habíais pensado? –dije con una pequeña sonrisa.

-No sé, que se había infiltrado algún demonio o Noé, y os tenía de rehenes.

-Tú siempre tan exagerado, hermano, todo tienes que llevarlo al extremo –Lenalee había aparecido detrás de mí, y miraba Komui por encima de mi hombro con una sonrisa.

-¡Lenalee! –Komui se lanzó a los brazos de su hermana, y dejó de ser persona. La abrazó por los hombros, y pasaba su cabeza de arriba abajo por toda la mejilla de Lenalee.

Ella se encogió de hombros, mientras intentaba despegárselo, pero finalmente, con los brazos, libres del codo para abajo, me indicó que podía irme, que por parte de Komui todo estaba solucionado.
Pero me quedaba la peor parte. La jefa estaría en la enfermería esperando mi llegada, así me encaminé hacia allí. Estaba llegando a la enfermería cuando me encontré a alguien un poco por delante de mí, que llevaba la misma dirección que yo. El hombre, bajito escuchó mis pasos, y se dio la vuelta. Al ver que era yo, se paró, y esperó a que le alcanzara. A medida que me acercaba, pude ver un cambio en la expresión de Bookman, de miedo mezclado con incertidumbre, a una ligera relajación y alivio.

-Bookman…

-Juvia, estás bien. Entonces, él también…

-Sí, él está bien. Siento haberos dado este susto, y más a ti, cuándo fui yo la que te dije que le vigilaría.

-Bueno, teóricamente lo has hecho. Has estado con él, ¿verdad?

-Sí, pero…

-Bueno, no ha hecho ninguna locura, ha sido Komui el que nos ha metido ideas equivocadas en la cabeza. Además, esto no habría pasado si esa jefa tuya no fuese tan estricta. Lavi es un espíritu libre, y no soporta que le encierren. Es normal que haya escapado, y lo volverá a hace, créeme.

-Le creo… ¿Entonces, no estás enfadado?

Él negó con la cabeza.

-En realidad no llegué a preocuparme mucho, sabía que saldríais de algún sitio. Además, siendo vosotros cuatro, la opción de Komui no era muy acertada, porque siempre vais los cuatro juntos, sobretodo tú y Raisa, o con Lavi, y sois bastante fuertes como para que un simple demonio os tome como rehenes.

La explicación de Bookman me convenció, así que alegré la cara levemente. Pero no fue por mucho tiempo. Bookman comenzó a andar hacia la enfermería, donde mi destino y una gran bronca me esperaban. Seguí a Bookman hasta la enfermería, pero me quedé en la puerta. Él, por el contrario, entró decidido, mirando a su nieto. Yo vi como Lavi se encogía cada vez más en la cama, hasta que su abuelo llegó junto a él y le soltó un capón. Sonreí. Seguí paseando la mirada por la habitación, y vi a Garuna, que cargaba con material médico para encargarse de las heridas de un paciente. La saludé con la mano, y ella me lo devolvió con la cabeza. Seguí mirando, hasta que llegué a la jefa. Estaba con Raisa, mirándole las heridas que, por suerte, parecían estar bien. Mientras, hablaba con Kanda.

-Te dije que necesitaba reposo. ¿Cómo se te ocurre llevártela así?

-Necesitaba que le diese un poco el aire.

-Yo decidiré lo que les hace falta a mis pacientes.

-Si nos tienes aquí encerrados, no solo tardaremos más en recuperarnos, si no que cuando salgamos, seremos vulnerables a todo, y nos costará volver a recuperar nuestra forma. No podemos tirarnos días tumbados en una cama, tenemos que movernos, y…

-¡BASTA! Si se fuerzan las heridas tardan más en curarse, y pueden dejar secuelas. Se necesita reposo para que se curen por completo.

-Esto es ridículo, no escuchas nada de lo que te decimos.

-Ridículo es todo lo que dices. ¿Cómo pretendes que esta chica empiece a entrenar en su estado?

-En ningún momento he dicho que empiece a entrenar, sólo he dicho que se mueva un poco.

-Tampoco puede…

La frase de la jefa se quedó a medias. Kanda se había levantado de la silla, se colgó la katana al hombro y se fue de la enfermería. Raisa tenía la cabeza agachada, con el pelo rosa cubriéndole la cara, pero por lo que la conocía pude saber que estaba al borde del llanto. La jefa terminó su tarea y se levantó. Abandonó la enfermería con cara de pocos amigos sin ni siquiera ser consciente de mi presencia. Todos los que quedábamos allí estuvimos en silencio. Garuna fue la primera en hablar.

-Vaya genio que se gastan los dos…

-Ya ves, por un momento me han dado miedo –dijo Lavi desde su cama, con Bookman aun a su lado-. ¿Qué te pasa Panda, te has quedado muy callado?

-Calla, mocoso –dijo mientras le daba un capón-. Es que entiendo la postura de los dos, pero no sé cuál es la más acertada.

-Vamos, no entres tú también, que al final vamos a seguir nosotros su pelea –Lavi había entrado en una conversación con su abuelo, pero la ignoré por completo.

Me acerqué a Raisa, y me senté en la silla que Kanda había dejado libre a su lado. Le aparté el pelo de la cara, para ver si mis sospechas eran ciertas. Raisa tenía los ojos rojos, y llorosos, pero las lágrimas no habían asomado aun por ellos. La abracé, y ella me lo devolvió. Un abrazo es mejor que cualquier palabra que le pudiese decir en ese momento. Aunque era una sensación extraña la que debería estar experimentando, pude comprenderla. Era la culpa porque ella había sido el centro de esa conversación, y no había podido intervenir para defender a uno de los dos bandos. Me alejé de ella y pude comprobar cómo una lágrima había optado por aparecer de sus ojos. Pero fue una única lágrima, como agradecimiento por mi compresión. Muchas otras veces nos habían pasado situaciones parecidas, tanto a ella como a mí, y ya sabíamos cuál era el mejor consuelo para aquellos casos. Todos en la enfermería nos habían ignorado por completo, bien porque no se habían dado cuenta, o porque habían optado por dejarnos aquel momento para nosotras solas. Después de un rato en silencio, le aparté el pelo de la cara para dejar al descubierto la herida que tenía en la frente.

-¿Cómo te encuentras? –le pregunté.

-Bien…Estoy bien, y se lo he dicho a ella, pero no me ha hecho caso.

-Te ha mirado las heridas, y se habrá dado cuenta de que estás bien, pero es muy cabezona, no reconocerá que tú o él lleváis razón.

-Es cierto, es muy difícil hacerla entrar en razón –Garuna se había unido a la conversación-, pero puedo intentar hablar con ella, para que os de más libertad, siempre y cuando vea que estáis bien, como para rebajar el reposo.

-Va a ser complicado –objeté yo.

-Se puede intentar –afirmó, convencida de ello, Garuna-, pero ahora no, será mejor que esperemos a que se le pase el cabreo, pero cuando la vea de mejor humor, iré a hablar con ella.

jueves, 5 de julio de 2012

Temblor (Parte 27)


Fui a lavarme la cara al baño, y cuando aun me estaba secando las manos, Raisa tiró de mí, y me llevó fuera de la habitación. Noda y Nemu salieron corriendo para que no les encerrásemos en el cuarto. Fuimos a la planta principal y salimos al jardín. Sin darme cuenta miré al árbol bajo el que nos habíamos sentado Lavi y yo alguna vez. Allí estaba él, sentado, con la cabeza agachada, y Lenalee estaba a su lado. Raisa tiró de mí, y me llevó lejos de aquel árbol. Empezamos a pasear alrededor del cuartel, y nos paramos cuando llegamos a la parte de atrás. Apoyado en la pared estaba Kanda. Raisa le saludó con la mano, y nos acercamos a él.

-Hola

-Hola… Menuda caras traéis las dos, ¿qué os pasa?

-Nada, no te preocupes, será lo que ha pasado en la misión. Pero tu cara no es mucho mejor, ¿qué te pasa a ti?

-Supongo que lo mismo –dijo encogiéndose de hombros.

Estuvimos un rato en silencio, mirando al suelo, hasta que Noda lo rompió, con una llamada de Komui.

-Juvia, ¿sabes dónde está Raisa?

-Estoy aquí, supervisor –dijo ella, adelantándose a mi respuesta.

-Te necesito en el departamento de ciencias, ¿puedes venir?

-Ahora mismo voy.

La comunicación se cortó.

-Bueno, me voy, os dejo –se giró hacia mí-. Luego hablamos, ¿vale? –me dijo sonriendo.

Asentí. Kanda y yo vimos cómo daba la vuelta y se perdía al otro lado del edificio. Más silencio. Finalmente opté por sentarme en el césped, con la espalda apoyada en la pared, bajando con un resoplido. A Kanda le debió de parecer buena idea, porque me acompañó.

-Juvia, ¿seguro que es sólo eso lo que te preocupa?

-Sí, bueno, no sé qué otra cosa podría ser…

-Bueno, puedo imaginármelo, y como sea eso te juro que se lo voy a hacer pagar.

-¿De qué hablas?

-No te hagas la loca. Sé que hay algo entre tú y ese conejo.

-No hay nada… -dije agachando la cabeza, y escondiéndola entre mis rodillas.

-Bueno, por cómo os comportáis el uno con el otro no se podría decir que eso sea cierto. Entiendo que tú no quieras decirle nada, pero él es demasiado idiota como para hacer algo. Voy a tener que cruzar un par de palabras con él.

Noté un brillo en su mirada.

-Por cierto, Raisa y tú… -no sabía cómo formular la pregunta-. Esto… ¿desde cuándo…?

Él se encogió de hombros.

-Puede que desde que volvisteis del otro cuartel, o cuando empezamos a entrenar… O incluso cuando la vi por primera vez, cuando me curó aquella noche…

Se quedó en silencio, meditando aquellas palabras, seguramente para darme una respuesta clara. Yo me quedé mirándole. Después de un rato en silencio, se me escapó una risita, que le sacó de sus pensamientos.

-¿Qué pasa?

-Aun me acuerdo de aquella noche, de su cara cuando… te vio… Y de la mirada que me lanzó cuando le dije que se ocupara de ti.

Me volví a reir, con picardía. Kanda se me quedó mirando.

-Espera, ¿entonces comenzó en aquel momento…? Sí, probablemente, me gustó su mirada… Y pensar que iba dirigida a mí… -suspiró-. Entonces tú tienes parte de culpa.

-Puede…  -me reí.

-¿Y… ella te ayuda a ti con lo tuyo?

-¿Lo mío? ¿Te refieres a…? Sí, claro, ella me ayuda, pero no sé, estoy confusa, ni yo sé lo que quiero- agaché la cabeza. Los ojos me escocían.

Entonces algo se posó sobre mi cabeza. La fui levantando poco a poco, y me encontré con la mirada de Kanda. Tenía un brazo estirado hacia mí, y su mano estaba sobre mi cabeza. A pesar de ser un gesto muy simple, me reconfortó mucho. Las lágrimas comenzaron a fluir, y en pocos segundos tuve la cara cubierta de lágrimas. Kanda me miraba serio, pero se fue acercando lentamente, hasta quedar a mi lado. Dudó unos segundos, mientras miraba como intentaba frenar las lágrimas, y entonces me abrazó. Fue un abrazo cálido, y lleno de complicidad. Eso me hizo llorar aun más. Estuve un rato llorando sobre su hombro, hasta que estuve más tranquila, y pude separarme de él. Sonreí.

-Perdón, te he empapado todo el hombro.

-¿Mejor?

Asentí.

-Gracias…

Kanda se levantó, dispuesto a irse.

-Si me dejas, yo también quiero ayudar, por lo que has hecho por mí.

-En realidad yo no…

Kanda negó con la cabeza.

-Has hecho más de lo que crees. Desde el principio, desde que me llevaste a la enfermería a la fuerza esa noche.

Se colgó la katana a la espalda y se fue. Yo me quedé un rato mirando a la nada. Cuando ya las lágrimas dejaron de caer, me levanté y me dirigí a la parte delantera del jardín. Iba a entrar al cuartel cuando unos brazos me pararon. Miré hacia abajo, a los brazos, y vi unas manos enguantadas, con los dedos descubiertos, que se entrelazaban  por la parte delantera de mi cuerpo. Me giré y descubrí a Lavi, que me miraba con mirada cansada.

-Lavi…

-Juvia, lo siento… Perdóname. No sé que me ha pasado, pero sé que he estado un poco raro y, bueno…

Sonreí. Eso era lo que me faltaba para completar el día, poder hablar con Lavi.

-Tranquilo, no pasa nada. Respetaré lo que no me quieras contar, pero para lo que necesites…

No me dejó terminar. Me ahogó con un abrazo. Yo miré por encima de su hombro, y vi a Lenalee sentada bajo un árbol, que nos miraba sonriente. Entonces nos empezamos a separar lentamente, hasta quedarnos uno en frente de otro. Lavi pareció dudar unos segundos, pero finalmente habló.

-B-bueno, nos vemos después…

Y se fue. Entró al cuartel casi corriendo. Me quedé mirando la puerta con una sonrisa tonta en la cara. Lenalee se situó a mi lado con cara de fastidio.

-No, si le da igual lo que yo le diga… -se giró hacia mí-. Hola Juvia. Parece que ya estáis mejor.

-¿Lo sabías?

Asintió.

-Me ha contado algo, y he intentado ayudarle. Bueno, por lo menos algo he hecho.

Me sonrió, y se fue por donde Lavi se había ido. Me quedé sola de nuevo, con Noda revoloteando sobre mi cabeza. Le miré. Parecía contento.

-Noda, ¿y Nemu?

Él se situó a mi altura y empezó a girar la cabeza hasta dar una vuelta completa.

-Bueno, no creo que le haya pasado nada. Estará por ahí jugando. ¿Entramos?

Empecé a andar hacia la puerta, pero un temblor hizo que parara. Empecé a mirar por todos lados, alarmada. Pero el temblor se hizo más fuerte, tanto que me tiró al suelo. Noda bajó, y me miró preocupado. Me levanté como pude y corrí hacia el cuartel, pero una grieta se abrió a mis pies, haciéndome perder el equilibrio. Empecé a caer por aquel hueco que se había formado en medio del camino, hasta que una mano me paró. La mano comenzó a tirar de mí hacia la superficie, y cuando llegamos, tiró de mí, y me sentó detrás, en aquel palo que flotaba a modo de escoba de bruja. Parpadeé un par de veces, y entonces vi que Lavi estaba sentado delante de mí, y me llevaba de vuelta al cuartel. Nos bajamos en la entrada, y entramos corriendo, abriéndonos paso entre todos los residentes que se apelotonaban en la puerta. Cuando llegamos a un espacio más o menos despejado, Lavi me cogió por los hombros.

-¿Estás bien?

-Sí… ¿qué ha pasado?

-No lo sé…

-¡Juvia! Menos mal, estás bien –Lenalee había llegado a mi lado.

-¡¡LENALEE!!

-Estoy aquí, hermano, no vociferes más.

-¡Lenalee! Ah, estáis vosotros también. ¿Qué ha pasado?

-No lo sé… Estaba fuera, cuando de repente se han notado varios temblores…

-Está bien. Voy a poner orden en la puerta, no quiero a nadie cerca del jardín hasta que sepa qué está pasando -dijo Komui mientras se alejaba de nosotros y se iba abriendo paso por la multitud.

El resto nos quedamos mirándonos entre nosotros. Allen llegó al rato, preguntándonos también, pero no supimos qué decirle. Komui pasó por nuestro lado corriendo. Había hecho que cerrasen la puerta principal, y ahora iba hablando con Reever, que iba a su lado.

-Busca a Miranda, la necesito ya.

Me giré hacia los demás.

-¿Miranda?

-Ah, claro, aun no la conoces. Es otra exorcista, que se unió a nosotros cuando tú estabas fuera entrenando –me explico Lenalee-. La verdad es que su poder nos va a ser útil esta vez.

Komui había vuelto a aparecer a nuestro lado.

-Os quiero a todos en mi despacho. Voy a avisar a los demás exorcistas que estén en el cuartel.

sábado, 16 de junio de 2012

El reencuentro (Parte 15)


Otra vez en aquella ciudad blanca. Me giré hacia Raisa, y le di un pañuelo. Pensé que lo mejor sería llevar alguno a mano, por si sucedía algo parecido, y no me equivoqué. Esperamos un poco antes de cruzar la puerta que nos llevaría al Cuartel General. Cuando Raisa estuvo más tranquila, la cogí de la mano, levanté un poco el hombro en el que estaba apoyado Noda, y empezamos a andar hacia la puerta. En aquellos pasos pude sentir como el corazón se iba a salir del pecho. Iba cada vez más rápido, y palpitaba con más fuerza, hasta que cruzamos.
Sólo pude ver blanco. Las dos estábamos deslumbradas por la luz de la cuidad que unía los cuarteles. En el momento en que cruzamos, se pudieron escuchar vítores y aplausos. Ninguna de las dos nos movimos hasta que recuperamos la visión. Cuando empecé a ver algo más que manchas blancas, unos brazos se lanzaron sobre mi cuello, eran los de Garuna, que había venido corriendo, sorteando gente hasta llegar a la base de la puerta. A pesar de que todo el mundo estaba chillando, y Garuna me decía cosas al oído, yo no escuchaba nada. No podía moverme, me había quedado helada. Veía tan lejano este momento que nunca creí que pudiera volver. Komui empezó a apartar gente, formando un pasillo por el que pudiéramos avanzar y salir de aquél tumulto de personas. A medida que nos alejábamos de allí, fui recobrando la conciencia. Llevaba a Raisa aun de la mano, y Garuna me llevaba de la otra, mientras cargaba con mi equipaje. Komui nos dirigía a su departamento. Cuando entramos, lo primero que vi fue un cuerpo abalanzándose sobre mí. Lenalee había estado esperando al lado de la puerta a que Komui nos trajese de aquel caos.

-Pensé que aquí estaríais más tranquilas.

-Bien pensado, supervisor –dijo Reever mientras se acercaba a nosotras-. Bienvenidas a casa.

-Gracias –dijo Raisa por las dos.

Yo aun estaba ahogada por el abrazo de Lenalee, pero poco a poco me fue dejando libre, hasta que nos quedamos frente a frente. Ella sonrió, y se le escapó una lágrima. Como si mis ojos sintieran envidia, una lágrima asomó también por ellos. Komui se alejó para dejar que otros allí presentes nos dieran la bienvenida, dejando al descubierto a un par de jóvenes que las dos conocíamos muy bien.

-¡¡S-strike!! –el grito de Lavi retumbó en toda la habitación.

-No empieces tan pronto, baka usagi. Qué pesado eres –Kanda seguía con la mirada clavada en el suelo.

Lenalee se separó de mí, dejándome a la vista de todos. Garuna, que estaba detrás mia, me dio un empujón en dirección a Lavi.  Raisa aprovechó para soltarme la mano, y empezar a hablar con todos los que estaban allí. Kanda apreció el movimiento de Garuna y se apartó un poco de nosotros. Iba a irse de la habitación cuando Lenalee le tomó del brazo y lo introdujo en el grupo que habían formado, justo entre ella y Raisa. Garuna me guiñó el ojo, y sonrojada, volví la mirada hacia delante, sin levantarla del suelo.

-H-hola –pude decir.

-¿Juvia? ¿Seguro que eres tú? Sí, claro que eres tú –me dijo mientras tomaba uno de mis mechones-. Menudo cambio. Te has dejado crecer el pelo.

Me alejé un poco, tomando entre mis manos el mechón de pelo que había tenido Lavi entre las suyas, pero Lavi evitó que me alejara más, tomándome de una de las muñecas.

-No me malinterpretes, te queda muy bien –noté como el humo salía de mis orejas como si de una locomotora de tren me tratara-. Venga, ¿después de tanto tiempo sin vernos, y lo único que me dices es un tímido hola?

Levanté la cabeza lentamente, y le mostré mi cara roja como un tomate, mientras me mordía los labios. Él me tomó con delicadeza de los hombros, me acercó hacia él, y me abrazó.

-Te he echado de menos.

-Y-yo… también –susurré.

-¿Ves? Eso ya es otra cosa.

Nos separamos lentamente, y Noda pasó volando sobre mi cabeza.

-¿Y este pequeño?

-Es Noda, mi golem, me lo dio Komui antes de irme.

-¿Tenías golem, y no me has llamado ni una sola vez?

-Siempre que llamaba estabais fuera, en alguna misión.

-Bueno, es cierto que hemos estado algo liados. Tenemos varios exorcistas nuevos. Luego imagino que os los presentarán.

Levanté la mirada hacia él. Estaba más alto, y algo más delgado.

-Tenía ganas de volver.

Lavi volvió a abrazarme.

-Ya estás de vuelta. Bienvenida.

Le devolví el abrazo. Después, Lavi me tomó de los hombros, y me llevó con el grupo que hablaba tranquilamente por allí cerca. Me hicieron muchas preguntas sobre mis poderes, y a Raisa también, y de cómo había llegado aquella noche para salvarnos a todos. Mientras hablaban pude darme cuenta de que habían mejorado sus trajes. Lenalee llevaba ahora unos pantalones cortos, y Allen y Kanda habían cambiado sus abrigos por otros con menos adornos blancos, largos, pero más abiertos, para mejorar el movimiento en los combates. Lavi había cambiado su abrigo largo por una chaqueta corta, que llevaba abrochada sólo por la parte superior de esta, dejando al descubierto la camiseta verde que llevaba debajo. Sus pantalones blancos tenían ahora más detalles negros, como un pequeño enganche para sujetar el martillo que alojaba su Inocencia, las botas seguían siendo las mismas, y en aquél momento no llevaba el pañuelo sujetándose el pelo, si no que lo llevaba en el cuello, en lugar de su bufanda naranja, y el pelo lo llevaba caído. La cazadora que llevaba era de media manga, llevaba medio brazo descubierto, hasta la muñeca, donde las manos quedaban parcialmente cubiertas por unos guantes sin dedos.
El tiempo pasaba, pero no éramos conscientes de ello. Habíamos pasado mucho tiempo separados, y ahora todo parecía un sueño. Seguimos hablando hasta bien entrada la noche, en el momento en el que Komui nos cortó y nos mandó a nuestras habitaciones. Fuimos todos juntos la mayoría del camino. Cuando llegamos a nuestro piso por las escaleras principales, nos separamos de los chicos. Allen, Kanda y Lavi tenían sus habitaciones en el piso superior. Komui nos había juntado a Lenalee, Raisa y a mí en la misma planta. Algo me decía que no quería que Lenalee estuviera cerca de algún chico. En realidad Lenalee y yo conservamos nuestras antiguas habitaciones. Raisa fue la única que la cambió, a una continua a la mía. Nos despedimos de Lenalee en la puerta de su habitación, que es la que estaba más cerca de las escaleras, y Raisa y yo seguimos unas puertas más adelante. Cuando llegamos a nuestras habitaciones, me giré a Raisa, la di un abrazo y la dirigí una mirada llena de complicidad.

-Que sueñes con príncipes esta noche –dije antes de meterme en mi cuarto.

No la dejé responder. Me metí corriendo y justo después recibí la respuesta a través de la pared, en forma de golpe. Noda se quedó flotando justo delante de la puerta, y me observaba mientras me dirigía a mi cama. Me tumbé y le tendí los brazos. Él vino en seguida, y se acurrucó entre ellos.

-¿Qué te parece tu nuevo hogar? Ya sé que es más pequeña que la otra, pero me gusta más. Me trae buenos recuerdos, pero me da la sensación de que los mejores están por llegar.

Me levanté de la cama, dejando a Noda medio adormilado sobre la almohada, y fui a mirarme al espejo que tenía sobre la cómoda. “Necesito un espejo más grande” pensé. Estaba empezando a gustarme mi nuevo aspecto, sobre todo con aquél vestido negro, y lo que simbolizaba. Me lo quité con extremo cuidado y lo deposité sobre la silla que había frente al escritorio. La maleta seguía tirada en medio de la habitación. Ya la desharía en otro momento. Me metí en la cama y caí profundamente dormida. 

domingo, 10 de junio de 2012

Lavi encontrado, pero... (Parte 6)


Sin ser consciente de lo que hacía, salí corriendo de allí, pero ¿dónde podía estar? Corriendo sin guiar mis pasos, acabé delante del departamento científico. Incluso desde fuera se escuchaba la voz de Komui, pero era seria. Nunca le había escuchado así. No pude evitar ponerme nerviosa. La risueña voz de Komui se había transformado en una voz dura, y no paraba de dar órdenes. Me asusté. ¿Era un ataque de demonios como el de la otra noche? No, no era posible. Komui parecía bastante agobiado. En ese momento atravesé la puerta del departamento. Allí estaban los científicos que vi en mi anterior visita, incluido Reever, que hablaba por un golem de manera apresurada. También estaban Allen y Lenalee formando un corro alrededor de Komui. Entre las sobras me pareció ver al chico de la katana que nos encontramos en la entrada, y detrás de Komui había alguien más… ¡Lavi! ¿Qué estaba haciendo? ¿Quería conocer la situación del cuartel? ¿O acaso…? No, imposible, eso no podía ser posible… Me fui acercando poco a poco al grupo que estaba alrededor de Komui escuchando sus instrucciones, y cuando estaba a unos pocos pasos, una mano me tomó del brazo y me impidió seguir avanzando. Me giré.

-¡Señor Reever!

-¿Tú no eres la enfermera del otro día? ¿Qué haces aquí? Deberías estar en el cuartel asiático.

Sin responder a las preguntas de Reever me giré en dirección a Lavi y me quedé mirándole. Él pareció darse cuenta, me sostuvo la mirada durante un rato y, cuando Komui dejó de hablar y disolvió el grupo, se acercó a mí.

-¿Qué haces aquí? ¿No te deberías haber ido con las demás?

-¿Por qué te has ido sin avisar? Estás a mi cuidado, si algo te pasa, la culpa será mía… y nunca lo soportaría… -el tono de mi voz fue bajando, hasta que quedó completamente ahogado por las demás voces del departamento.

-Vaya, lo siento, no lo había pensado así. Pensaba que si te lo decía, te sentirías responsable, y no querrías dejar el cuartel.

-¿Quién ha dicho que lo vaya a hacer? Aunque hayan ordenado evacuarlo, yo ya puedo tomar mis propias decisiones, y me puedo quedar aquí para proporcionar ayuda médica a los que vayan cayendo. Pero de todas formas, eso no es por lo que he venido. Eres tú quién debería ser evacuado. Estás herido y… -no pude terminar la frase. Lavi habló antes de dejarme terminar.

-Como bien has dicho, puedes tomar tus propias decisiones, y yo también, así que me quedo. Estamos faltos de exorcistas, y tampoco estoy tan mal, puedo pelear perfectamente.

-Supongo que lo que yo te diga te dará igual. Pero por favor, escucha a tus superiores, seguro que Komui no te deja pelear, ¿no es así?

Su cara cambió, reflejó disgusto, y la giró rápidamente en dirección a Komui. El supervisor parecía haber estado atento a nuestra conversación, porque tras escuchar su nombre se acercó a nosotros.

-Tienes razón, joven, he intentado disuadirle, pero no ha habido manera, y parece que tu tampoco has podido -dijo Komui señalando en la dirección en la que Lavi se alejaba.

Se había ido sin que me diese cuenta. Me adelanté rápidamente a él, y le tomé por el brazo. Tenía la cabeza agachada, porque sabía que si la levantaba y le miraba a los ojos, me temblaría la voz.

-Está bien, no seguiré intentando convencerte. Me voy a ganar una buena de la jefa…


Lavi intentó seguir avanzando, pero le apreté el brazo con más fuerza. Se giró y se quedó mirándome. Entonces sí levanté la  cabeza, y me encontré con su mirada verde.

-Sólo te voy a pedir una cosa… Te cuidado… ten cuidado, por favor –mi voz era un susurro, y lo siguiente lo dije tan bajo que no sé si lo escuchó, y creo que nunca lo sabré-. Y vuelve…

Mis fuerzas habían desaparecido. Le solté el brazo y agaché la cabeza. La sensación de después no me gustó nada. Sentí un vacío apoderándose de mí.  Las piernas me fallaron y estuve a punto de caerme, pero unos brazos seguros me sujetaron. Lavi me abrazó con fuerza, y una lágrima cayó de mis ojos.

-Tranquila –la voz de Lavi era suave, un susurro, pero tranquilizante, y reconfortante-. Cuando vuelva se lo explicaré todo a esa vieja bruja.

Iba a replicar, pero él me abrazó más fuerte. Poco a poco fui subiendo los brazos, y le devolví el abrazo. Entonces se alejó de mí. Se fue, dándome la espalda, y sin girarse. Me quedé petrificada. Sentí una mano cálida en el hombro, me giré y me encontré con la sonrisa de Allen.

-Tranquila, no dejaremos que le pase nada.

Allen se adelantó, y delante de mí apareció Lenalee. Me dio un abrazo. Luego ambos se alejaron, hacia la puerta del departamento, y antes de que desparecieran de mi vista les dije:

-Tened mucho cuidado.

Los dos me saludaron con la mano y desaparecieron como poco antes lo había hecho Lavi. Una silueta alta les seguía de cerca, era Kanda. Komui se situó a mi lado.

-Así que te quedas. Bueno, no puedo hacer nada, es tu decisión. Pero yo te voy a decir lo mismo. Ten cuidado, que te quedes en el cuartel no significa que estés a salvo. Y confía en ellos. A pesar de ser tan jóvenes, son buenos en lo que hacen -de repente su tono de voz cambió a uno más jovial, uno que me hizo sentir mejor-. Vaya, lo siento, pero no me he presentado como es debido. Es normal que me conozcas, pero a mí también me gusta conocer a todos los que tengo a mi cargo. Soy Komui -me dijo tendiéndome la mano.

-Ju-juvia -dije mientras me secaba las lágrimas con el dorso de una mano mientras le estrechaba la suya con la que me quedaba libre.

-Un placer, Juvia –me dijo Komui con una gran sonrisa, aunque en sus ojos se podía ver el miedo y preocupación.

Entonces me acordé del momento en que vi a Komui en el despacho unos días atrás. Ese día había dicho mi nombre, pero en esta ocasión había optado por preguntármelo. ¿Por qué? ¿Por cortesía? Seguramente, pero yo seguía sin saber de qué me conocía el supervisor general. Me giré hacia él.

-El otro día, sin embargo, usted utilizó mi nombre.

-Sí, bueno, la verdad es que yo sí te conocía. Me he dado cuenta de que has venido a todas mis charlas, a pesar de que eran para los exorcistas.

-Sí, bueno, la verdad es que me interesan. Me gusta conocer cosas, y más aun después de que mi amiga se convirtiera en uno de ellos.

-Es cierto, la joven Raisa. Habrá pasado mucho tiempo desde la última vez que la viste.

Komui se giró y se quedó mirándome. Me dirigió una ligera sonrisa, giró sobre sus talones y salió por dónde habían salido poco antes los jóvenes exorcistas.