martes, 14 de agosto de 2012

Encuentro (Parte 41)


Empecé a arañar el suelo con las uñas, con los ojos desorbitados, y Noda revoloteando sobre mi cabeza, y dando suaves tirones de mi pelo para que parase. Entonces sentí una presencia cálida acompañado de un reflejo rosa, que se posó sobre mí. Me rodeo los hombros y entrelazó sus manos por delante de mí. Tiró de mí hasta que me tiró al suelo, impidiéndome continuar con mi infructuoso objetivo de volver a abrir el agujero del suelo. Entonces sentí que me levantaban del suelo, como si estuviese flotando. Era una presencia cálida como la otra, pero me trasmitía seguridad. Me dejé llevar, e intenté tranquilizarme entre aquellos brazos que me llevaban con sumo cuidado. Me llevaron por aquel gran pasillo, hasta una habitación que tenía la puerta abierta, la que Lavi y yo habíamos dejado abierta, en la que habíamos pasado la noche. Me dejaron con delicadeza sobre el sofá, y la primera presencia que había sentido, la que se había abalanzado sobre mí en el pasillo, se sentó a mi lado. Entonces fui consciente de que con ellos había otra persona, eran tres personas las que estaban allí conmigo. Los tres hablaban entre ellos, pero no era consciente de lo que decían. Poco a poco fui volviendo en mí, y empecé a mirar por todos lados. La chica que estaba sentada a mi lado tenía su brazo por encima de mis hombros.

-¿Q-qué ha pasado?

-¡Juvia! Nos has dado un susto de muerte…

-¿No sabes qué ha pasado? Yo confiaba en que serías tú la que nos lo explicase todo…

Raisa estaba sentada a mi lado, y Kanda se había agachado delante de mí. Me miraba fijamente, pero un poco preocupado. Me fijé en que no llevaba su abrigo de exorcista, llevaba una camiseta de tirantes anchos, que dejaba parcialmente visible el tatuaje que tenía en el pecho. Me miré y comprendí el motivo por el que no llevaba su abrigo. Me lo había dejado a mí para taparme. La tercera presencia se aproximó por mi espalda.

-Juvia, menos mal que estás bien… -Lenalee me miraba desde arriba, por lo que tuve que levantar la cabeza para verla.

-Chicos… ¿Qué hacéis aquí?

-Eso te íbamos a preguntar a ti –dijo Kanda, poniendo sus manos en mis rodillas-. Pero mejor vamos por partes. ¿No te acuerdas de nada de lo que ha pasado?

Negué.

-¿Qué es lo último que recuerdas? –insistió.

-Bueno, Komui nos mandó venir aquí porque había aparecido un fantasma o algo así… Pero se nos hizo muy tarde cuando llegamos, así que pasamos la noche en una de estas habitaciones, creo que fue en esta misma… Pero no pasó nada en toda la noche…

Me quedé parada, intentando recordar.

-¿Komui os mandó? ¿A quiénes? –preguntó Kanda, con infinita paciencia, haciéndome preguntas para ayudarme a recordar.

-Estábamos Allen, Krory, Nemu, La… -sentí como el corazón se me salía por la boca al empezar a recordar. Me llevé las manos a la cabeza y cerré los ojos con fuerza.

Raisa se quedó a mi lado, mirándome sin saber qué hacer, al igual que Lenalee. Kanda, por el contrario, se levantó, se sentó a mi lado y me atrajo hacia él con sus brazos. Me empezó a mecer lentamente, con lo que me tranquilicé un poco.

-Tranquila, tranquila Juvia. Sé que es difícil, pero intenta hacer memoria.

Estuve callada un rato, pero luego pude continuar.

-Nos levantamos a la mañana siguiente, y Allen, Krory y Nemu encabezaron la marcha. Estuvimos varias horas dando vueltas, literalmente. Por algún motivo, no dejábamos de pasar por los mismos sitios, las mismas habitaciones… Entonces Nemu desapareció, y Allen, y Krory… Lavi y yo fuimos a buscarlos, pero el suelo se abrió, y Lavi…

Kanda me abrazó más fuerte. Mientras, siguió hablando con las chicas.

-Bueno, parece que han descubierto lo mismo que nosotros.

Levanté un poco la cabeza, para enterarme de lo que hablaban. Kanda se dio cuenta y me miró.

-Parece que la Inocencia en este lugar ha creado un ciclo, un círculo del que no podemos salir. Cuando llegamos al final de la casa, volvemos al principio sin darnos cuenta de ello.

Agaché la cabeza y la escondí entre sus brazos, intentando comprender lo que Kanda me acababa de decir.

-¿Y cómo vamos a salir de aquí? -preguntó Lenalee.

-Bueno –dijo Kanda-, eso no es lo más importante ahora. Primero tenemos que averiguar dónde están los demás –dijo mientras me miraba.

Me agarré a su camiseta, ahogando el llanto. Raisa me puso la mano sobre el hombro, y Noda se enterró entre los brazos de Kanda, buscando mi cara. Me sacó de allí empujando desde mi nariz. Me quedé mirándole sorprendida, y él, cuando vio que había conseguido lo que se había propuesto, me dio la espalda.

-Está bien, lo siento, tú también lo tienes que estar pasando mal. ¿Vamos a buscar a Nemu? –dije mirándole con una pequeña sonrisa.

Noda asintió, un poco más animado y revoloteó hasta la puerta.

-Y a Allen y Krory –dijo Kanda mirando a Raisa y Lenalee-, y a Lavi –dijo poniéndome la mano sobre la cabeza.

Asentí, y me limpié las lágrimas. Kanda me dio la mano, y Raisa me cogió de la otra, y me llevaron hasta la puerta. Salimos al pasillo, y empezamos a entrar en todas las habitaciones. Pero nada, ni rastro de ellos. Estuvimos un rato dando vueltas, y creo que pasamos por delante de la habitación en la que habíamos dormido por lo menos un par de veces. Fuimos abriendo todas las puertas de las habitaciones, para que la luz iluminase el pasillo, y entonces descubrimos unas pequeñas escaleras, que subían a la parte superior de la casa. Eran unas escaleras muy estrechas, por lo que era normal que no las hubiéramos visto en la oscuridad. Subimos y nos encontramos con un gran cuarto, totalmente iluminado y tan grande como la parte inferior, pero sin una sola división. Toda aquella superficie para sólo una habitación. Estaba casi vacía. Sólo había un par de sofás viejos en una esquina, y unas cuantas columnas para soportar el peso del techo. Y muchas, muchas ventanas. Empezamos a andar por aquella habitación, acercándonos al centro, cuando algo pareció moverse al otro lado de una de las columnas. La sombra se levantó, y empezó a rodear la columna hasta quedarse frente a nosotros.

-¡Allen! –Lenalee corrió a abrazarle.

-¡Allen! ¿Estás bien? –preguntó Raisa una vez llegó a su lado.

-Sí… ¿Juvia? Un momento, ¿qué hacéis aquí vosotros también? –dijo señalando a Kanda, Raisa y Lenalee.

-Ya lo explicaremos más adelante, ahora no hay tiempo para eso, Moyashi.

Los ojos de Allen empezaron a brillar.

-Es Allen, Bakanda.

-Tsk…

Entonces un agujero negro surgió en el techo, y algo calló sobre Kanda y Allen.

lunes, 13 de agosto de 2012

Despertar en el castillo (Parte 40)


Desperté a la mañana siguiente. La luz del sol iluminaba tímidamente la habitación. Me quedé un rato mirando a Allen, que dormía en frente mía, pero dándome la espalda. Me acerqué al borde del sofá y me asomé. Lavi dormía a sus pies. Tenía el pelo revuelto y le tapaba por completo la cara. Me quedé un rato mirándole, en silencio. Después les dirigí una mirada rápida a Nemu, que aun dormía con los dos golems. Me incorporé un poco en el sofá y miré hacia detrás. Krory se había quedado dormido en un sillón al lado de la ventana, y estaba tapado por la manta que Allen le había dado la noche anterior. Ante aquella situación, opté por volver a tumbarme y dejarles descansar un poco más. Pero no tenía sueño, así que me tumbé cerca del borde del sofá, para ver a Lavi. Me gustaba verle mientras dormía. Es una faceta que se ha ido desarrollando desde que le estuve cuidando la primera noche en la enfermería. Lentamente empecé a bajar mi brazo, para apartarle el mechón de pelo que le caía sobre el ojo izquierdo, el que estaba descubierto. Lo cogí, y lo puse a un lado. Ni se movió. Seguí observándole durante un rato. No sé si fueron minutos, o incluso horas. Fue Allen el que me sacó de mis pensamientos, al incorporarse en el sofá.

-Hola Allen –saludé, pero no pareció escucharme. Es más, creo que ni me vio.

Se estiró aun sentado en el sofá, y se levantó lentamente mientras se restregaba los ojos con las manos. Empezó a caminar, y se calló al suelo. Había chocado con el cuerpo de Lavi, y había caído sobre él. Lavi se despertó bruscamente y con un pequeño grito de dolor. Allen, tras darse en la cabeza, pareció volver en sí.

-Ostras, no me acordaba de que estábamos aquí… Me creía que estaba en mi habitación del cuartel.

Yo me había llevado las manos a la boca tras aquella escena. Lavi tenía los ojos cerrados, y se movía debajo de Allen.

-Allen… -empecé a decir.

Él me miró y yo le señalé el lugar sobre el que estaba sentado. Bajó la mirada y se encontró con Lavi. De un salto se levantó, y le miró desde arriba.

-Perdona…

-¿Estás bien? –pregunté, apartando un poco las manos de la boca.

Lavi asintió, mientras se llevaba la mano a la cabeza.

-Allen, eres un poco torpe… -dijo aun con la mano en la cabeza.

-Ya he dicho que me creía que estaba en el cuartel.

-Eso significa que has dormido bien… -dijo Lavi mientras se apartaba la mano de la cabeza y se la ponía delante de los ojos.

-Sí, he dormido bien. Son cómodos los sofás.

Yo seguía mirando a Lavi, que seguía palpándose las zonas doloridas por el golpe. Nemu, Noda y Tim se habían despertado por el alboroto. Nemu y Noda miraban a Lavi desde las mantas sobre las que habían dormido, y Timcanpy voló hasta la cabeza de su dueño. Entonces una sombra se cernió sobre nosotros. Lavi levantó la cabeza y miró a mi espalda. Su cara, que mostraba ligero fastidio, cambió a una que reflejaba terror.

-Kuro-chan…

-Me habéis despertado, mocosos.

Me di la vuelta. Krory tenía mal aspecto. Las ojeras eran mucho más profundas, y el flequillo le tapaba parte de la cara.

-¿Krory, has dormido algo? –preguntó Allen.

Krory no contestó. Yo me incorporé en el sofá, apoyada en las rodillas, y de frente a Krory.

-Krory, no has dormido, ¿verdad?

-No podía dormir. Hay algo aquí que no me gusta. Pero empecé a coger algo de sueño cuando el sol empezaba a salir. Habré dormido una hora como mucho, hasta que vosotros habéis empezado a armar escándalo –dijo, un poco mal humorado.

-Lo siento, Krory –dijo Allen.

Nos quedamos un rato en silencio, hasta que Lavi se levantó y nos miró a todos con una sonrisa.

-Bueno, ¿empezamos?

-Sí, vamos a buscar a ese supuesto fantasma –dijo Allen mientras se acercaba a la puerta.

Lavi cogió las mantas del suelo, las dobló y las dejó sobre uno de los sofás. Allen abrió la puerta, y se asomó al exterior. Krory se acercó a Allen, con Nemu correteando entre sus piernas. Noda se posó sobre mi cabeza, y entonces Lavi me miró.

-¿Lista?

Asentí. Allen y Krory nos esperaban en el pasillo. Nemu, que había activado su Inocencia, corría por delante de ellos. A pesar de que ya había amanecido, el pasillo seguía estando oscuro, debido a que todas las habitaciones estaban cerradas, y no había ninguna ventana en todo el pasillo. Nemu comenzó a guiar nuestros pasos por aquel pasillo. Allen y Krory le seguían de cerca, y Lavi y yo íbamos un poco por detrás. Nos pasamos un par de horas abriendo las puertas de las habitaciones, pero tras asomarnos y ver que no había nada, las volvíamos a cerrar. Seguíamos caminando por aquel gran pasillo, avanzando lentamente, sin que pasase nada. Avanzábamos y avanzábamos, pero aquel pasillo no se terminaba. Había veces en las que me parecía que volvíamos al mismo sitio, pero eso no era posible, el pasillo era completamente recto, y no habíamos girado en ningún momento. Incluso las habitaciones en las que entrábamos parecían las mismas. Estábamos empezando a desmoralizarnos, cuando algo me llamó la atención. Volví a abrir la puerta que Allen había cerrado, y me encontré con la habitación en la que habíamos pasado la noche. No era que los muebles fuesen los mismos, y que la disposición de ellos fuera la misma, no. Las mantas estaban en el mismo lugar en el que Lavi las había dejado, y la de Krory seguía arrugada sobre el sillón que había al lado de la ventana. Lavi se dio cuenta de que me había quedado mirando la habitación y se acercó. Se asomó por la puerta, y la boca se le abrió ligeramente en una expresión de asombro. Allen, Krory y Nemu no se habían dado cuenta de nuestra parada, y seguían avanzando.

-Esto es muy raro, ¿no crees? –dije yo mirando al interior de la habitación.

Lavi no dijo nada, pero su expresión habló por él. Nos quedamos mirándonos en silencio, como buscando una respuesta a lo que acabábamos de ver, pero un grito lo rompió.

-¡Allen! –la voz de Krory se escuchó por delante de nosotros. La luz de Nemu había desaparecido, y no se veía nada más allá de donde nos encontrábamos.

-¿Lavi, Juvia? –Krory parecía asustado y, según se podía escuchar, parecía que estaba retrocediendo sobre sus pasos-. ¿Lav-aaaaaaaaaaaah!

-¡KURO-CHAN! –Lavi había empezado a correr hacia donde se había escuchado el grito de Krory.

Yo empecé a correr detrás suya y le paré, cogiéndole del brazo.

-Lavi, tranquilo, vamos a buscarles, pero los dos, ahora no nos podemos separar, y menos estando todo tan oscuro.

No podía creer que hubiese dicho eso. Los colores se me subieron a las mejillas, pero gracias a la oscuridad, pasó inadvertido. Lavi tomó aire y bajó el brazo, con lo que le solté, pero entonces me dio la mano y empezamos a andar, casi correr por aquel pasillo. Noda aun seguía en mi cabeza, y parecía nervioso. Seguimos avanzando, pero no había ni rastro de Krory, de Allen o de Nemu. Entonces se escucharon unos ruidos a nuestra espalda, nos dimos la vuelta, y una gran ráfaga de viento nos hizo retroceder. En ese momento sentí un tirón de la mano de la que Lavi me llevaba sujeta, pero me soltó. Me di la vuelta y vi como en el suelo se había abierto un gran hueco, un agujero negro, por el que Lavi estaba empezando a caer. Intenté agarrarle, pero sus dedos se me escaparon entre los míos. En cuanto el agujero se hubo tragado a Lavi, se empezó a cerrar. Yo me tiré al suelo e hice lo imposible por mantenerlo abierto, pero el agujero se fue cerrando cada vez más, mientras veía a Lavi caer por él. Me quedé petrificada…

-¡LAVI!

sábado, 11 de agosto de 2012

Noche en el castillo (Parte 39)


Yo sonreí, mientras abría el paso con Nemu al lado, y Lavi justo por detrás. Pronto llegamos al final del bosque sin más complicaciones. Seguimos el camino sin problemas hasta al final. Una vez arriba, nos quedamos mirando el inmenso castillo, que se erguía majestuoso y poderoso ante nosotros. Dudamos un rato, pero finalmente Lavi habló.

-Bueno, ¿qué os parece si entramos y pasamos la noche dentro? Así nos será más fácil descubrir al fantasma ese, ¿no os parece? –dijo sonriendo.

-Espera Lavi, ¿estás diciendo que durmamos dentro de ese castillo? No sabemos lo que puede haber dentro, y todo el que se ha acercado ha salido huyendo. ¿Qué crees que nos pasará a nosotros si incluso nos quedamos a dormir? –preguntó Krory visiblemente asustado.

-Vamos Kuro-chan, no te asustes, no va a pasar nada.

Allen y yo aun seguíamos callados, observando aquel gran edificio, que no terminaba de darnos buena espina. Lavi se acercó a nosotros, y nos fue empujando poco a poco hasta la entrada. Parados delante de la puerta, pude vislumbrar una pequeña solución a todo aquello, si la puerta estaba cerrada…
Mis ilusiones se fueron al traste cuando Lavi empezó a empujar la puerta y, ante nuestra cara de asombro, se abrió sin oponer resistencia, sólo con un leve chirrido de las bisagras.
Lavi se adelantó al interior, completamente oscuro, tan sólo iluminado por la tímida luz de la luna. Sólo la entrada quedó iluminada, mostrándonos un pasillo con varios muebles pegados a las paredes, y algunos cuadros que nos observaban desde las tinieblas. Lavi nos miró con los brazos en jarras y, al ver que no entrábamos, se aproximó a nosotros, y nos cogió a Allen y a mí del brazo. Krory nos seguía de cerca, con Nemu, que había recuperado su tamaño normal, seguramente del miedo que tenía. Noda se había enredado en mi pelo y parecía no querer salir de allí. Lavi, ayudado de Allen, encendió algunos candelabros para iluminarnos el camino. Caminamos por aquellos pasillos durante unos minutos y, tras quedarnos más tranquilos, ya que no pasaba nada extraño, decidimos entrar en algunas habitaciones hasta que encontramos una adecuada para pasar la noche. Allen nos abrió la puerta y una vez estuvimos todos dentro, la cerró. Dejamos los candelabros sobre algunas mesas para iluminar la habitación. Era un cuarto amplio, parecía un despacho, con varias librerías, una gran mesa y un par de sofás enfrentados. Lavi se acercó a los sofás.

-Sólo hay dos. A mí no me importa dormir en el suelo. Además –dijo señalando a sus pies, justo delante de los sofás-, podemos dormir dos de nosotros sobre esta alfombra, el único problema es que está un poco sucia…

Krory se acercó a la ventana y se apoyó en el marco.

-Yo no voy a dormir, me quedo de guardia.

-Como quieras, Kuro-chan, pero si estás cansado, despiértame y te relevo –dijo Lavi mientras me indicaba con la mano que me acercase a él-. Bueno, pues entonces va a ser fácil, Allen y tú –dijo mirándome a mí- dormiréis en los sofás.

-¿Estás seguro? –pregunté yo, mirando la alfombra llena de polvo.

-Bueno, podemos ir a buscar alguna habitación. Puede que encontremos alguna manta -dijo Allen.

Acto seguido se marchó con Lavi. Yo me quedé apoyada en el marco de la puerta, mirando como entraban en habitaciones al azar. Tuvieron que entrar en unas cuantas hasta encontrar un dormitorio en el que pudiese haber algunas mantas. Lavi me indicó con un gesto de la mano que esa última en la que habían entrado era buena antes de entrar en ella detrás de Allen. Tras reír suavemente por la dulce gesto que Lavi me había dedicado, me alejé de la puerta, y empecé a caminar hacia una de las muchas ventanas que había en el cuarto, concretamente hacia la que Krory estaba apoyado.

-Krory, ¿te pasa algo?

Él pareció salir de su letargo y me miró con una sonrisa.

-No es nada. Es solo que me extraña que no haya pasado nada. Hemos entrado hasta aquí, que está bastante alejado de la entrada sin ningún problema, cuando al resto de la gente le ha pasado algo nada más acercarse a la puerta. No sé… Me da mala espina.

-Bueno, no lo pienses. Ya se nos ocurrirá algo mañana. Y descansa un poco, no creo que pase nada porque duermas un rato a lo largo de toda la noche.

En ese momento, Allen y Lavi entraron con varias mantas cada uno. Allen se acercó a Krory y le dio una de las que llevaba, mientras que Lavi se acercó a mí y me dio una de las suyas.

-Puede que haga frio por la noche. Será mejor que tengas algo con lo que taparte.

Le sonreí mientras cogía la manta que me ofrecía. Después se agachó y colocó un par de mantas sobre el suelo, justo entre los dos sofás. Allen se acercó a nosotros y se sentó en uno de los dos, y Lavi se sentó sobre la cama que se había improvisado. Fui a replicar, pero Lavi me frenó con un movimiento de mano, así que opté por sentarme en el sofá que quedaba libre. Krory fue pasando por todas las mesas que tenían candelabros, y los fue apagando, dejando encendidos sólo dos de ellos, que se los llevó a la mesa que había cerca de la ventana por la que miraba y volvió a meterse en sus pensamientos. La luz de la luna le iluminaba el rostro, haciéndole los rasgos más afilados, y marcando más sus ojeras. Me quedé un rato observándole, hasta que Allen, con un resoplido, me sacó de mi ensimismamiento. Se tumbó en el sofá, con las piernas levemente encogidas para no salirse, mientras Lavi y yo le mirábamos.

-Bueno, buenas noches. Espero que no haya sido mala idea entrar aquí –dijo mirando a Lavi.

-Yo también lo espero –repuso el aludido-. Buenas noches Allen.

El joven se arropó con la manta y cerró los ojos. Timcanpy revoloteó sobre su cabeza, y finalmente se posó por delante de Allen, haciéndose un hueco en la manta.
Noda y Nemu le miraron desde el suelo, pero Lavi les mostró a los dos una manta que había colocado al lado de las suyas, para que ellos dos durmieran. Nemu, con Noda sobre su cabeza, se acercó a la manta, y tras dar varias vueltas, se tumbó, espachurrando a Noda entre sus patitas. Tim les miraba desde lo alto del sofá y, tras dudar unos segundos, revoloteó temeroso hacia ellos. Se quedó mirándoles desde arriba, sin saber qué hacer. Nemu estiró una de sus patas y le atrajo hacia él. Después se levantó para volverse a tumbar de manera que los dos golems entrasen en la manta. Formó un arco con su cuerpo, y Noda y Tim se juntaron a su pequeño cuerpecito. Lavi y yo habíamos observado todo esto en silencio, y cuando hubieron terminado de colocarse, nos miramos y sonreímos. Entonces nos quedamos en silencio, aun con las miradas cruzadas.

-Buenas noches, Juvia –dijo tras aquel breve silencio.

-B-buenas noches…

Me empecé a recostar en el sofá. Era más cómodo de lo que cría, y entraba bastante bien, era ancho y más o menos largo. No entraba estirada, pero tampoco me tenía que encoger mucho para entrar en él. Me arropé con la manta y miré a Lavi. Entonces él también se tumbó, de lado, en mi dirección y, tras dirigirme una sonrisa, cerró los ojos. Yo opté por hacer lo mismo.

viernes, 10 de agosto de 2012

La búsqueda (Parte 38)


Allen salió corriendo del cuartel sin esperarnos. Me despedí de Miranda y Komui con la mano mientras Lavi me cogía de la muñeca, haciéndome correr detrás de Allen. Krory se quedó rezagado, y salió corriendo detrás nuestra cuando le sacábamos unos metros de ventaja. No alcanzamos a Allen hasta que llegamos a la estación. Ya nos esperaba con los billetes en la mano y con una sonrisa de oreja a oreja. Subió al tren tirando de Krory y Lavi y yo nos quedamos en el andén, intentando recuperar el aliento, apoyados con las manos en las rodillas.

-¿Cómo… es… posible… que se haya… recuperado tan… rápido? –pregunté.

-Creo… que ha sido… por la idea… de no ver… a su maestro... –dijo Lavi.

-¿Tanto rencor le guarda? –dije, mientras me levantaba.

-Bueno, tenían una relación… especial, por así decirlo.

-¿Subís ya? –Allen se había asomado por una de las ventanas del tren y nos miraba con Tim sobre su cabeza.

Lavi se encogió de hombros y subió al tren. Yo le seguí de cerca, pero antes de entrar, mientras subía por las escaleras, le eché una última mirada a la estación y a la ciudad.
Allen ya estaba sentado, y Krory estaba en frente suya. Allen había sacado una baraja de cartas y las barajeaba. Cuando terminó, nos miró a Lavi y a mí, y nos la mostró. Lavi negó con la cabeza, y se sentó en el conjunto de bancos de al lado de los de Allen y Krory. Allen, tras la negativa de Lavi, me miró a mí, pero yo también negué, y fui a sentarme en frente de Lavi.

-Has hecho bien, no hay quien gane a Allen a las cartas –dijo Lavi mientras mirábamos cómo repartía cartas a Krory.

En unos minutos, Krory fue perdiendo todo lo que tenía, hasta quedarse únicamente con los pantalones. Entonces, con las cartas aun en las manos, nos miró con los ojos llorosos.

-Eso te pasa por apostar, Kuro-chan.

-Y da gracias que está Juvia, si no, te habría quitado hasta los pantalones.

Krory se puso rojo, y Allen y Lavi rieron. Finalmente, tras haber dejado más que clara su victoria, Allen le devolvió la ropa a Krory y siguieron jugando sin apuestas. Lavi miraba distraído por la ventana. Yo le noté ausente y le puse una mano en la pierna para llamar su atención. Se giró a mí un poco sorprendido.

-¿Estás bien? –pregunté.

-Sí, no es nada, sólo una pequeña charla que he tenido con el Panda antes de salir.

Me quedé callada.

-Cree que estoy descuidando mis tareas como Bookman, y me estoy involucrando demasiado en la vida de la gente. Eso no es lo que los Bookmen deben hacer, no deben entrar en la vida de nadie, porque todos acabarán desapareciendo en la historia. En realidad no deberíamos haber empezado este trabajo como exorcistas.

-¿Estás seguro de que lo mejor era no haber empezado esta vida que llevas ahora?

Dudó un rato, pero después me dedicó una sonrisa que dejó fuera de combate durante un rato.

-No, no cambiaría esta vida por nada –dijo sonriendo.

Nos quedamos un momento en silencio, mirándonos el uno al otro. Entonces empecé a notar unas miradas que se clavaban en nosotros. Empezamos a girar las cabezas a la vez, y nos encontramos con Krory y Allen que nos miraban fijamente. Nos pusimos rojos al segundo. El resto del camino lo pasamos hablando los cuatro, mientras que Noda y Nemu jugaban por todo el vagón. No faltaron las bromas y las risas, y pronto llegamos a nuestro destino. El tren se paró en una estación casi derruida. Nos bajamos  del tren esquivando columnas caídas y ladrillos de las paredes que se habían venido abajo. Nadie llegó para recibirnos. Allen se encogió de hombros y siguió caminando, decidido, y sin mirar atrás. Después de unos segundos de duda, Krory le siguió. Yo me giré a Lavi.

-¿Tan raro es que nadie venga a recibir?

-En realidad no lo es, muchas veces no viene nadie, pero esta vez… No sé, hay algo que no me gusta, creo que es este sitio.

-Sí, tiene algo que me pone la carne de gallina –dije, pasándome una mano por el brazo contrario para intentar hacer desaparecer aquella sensación.

Lavi me miró y, tras un asentimiento mío, comenzamos a caminar detrás de Krory y Allen. Nemu, con Noda sobre su cabeza, nos seguía de cerca.
Seguimos caminando por aquellas calles, girando en las esquinas, y dando la vuelta en las callejuelas sin salida. Ya no sabía cuánto tiempo había pasado desde que habíamos llegado, minutos, tal vez horas, pero no encontrábamos un lugar que encajase con la descripción que Komui nos había facilitado de la casa, o castillo. Primero debíamos encontrar un gran bosque, en el que ni los rayos del sol pudieran pasar, pero para ello debíamos salir antes de aquel pueblo. Pero por más vueltas que diéramos, no hallábamos la salida de aquel lugar. Fue cuando el sol empezó a caer cuando Krory paró a Allen, poniéndole una mano en el hombro.

-Oye tú, mocoso, es la tercera vez que pasamos por delante de esta panadería en ruinas.

Allen se dio la vuelta, y la cara que puso no me gustó en absoluto.

-¿A quién llamas mocoso, vampirito? –dijo con un brillo espectral en los ojos.

-Al único mocoso que hay por aquí cerca –dijo Krory acercándose a él, amenazador.

Pronto estuvieron frente contra frente, y discutiendo. Lavi suspiró y levantó la cabeza a la luna que empezaba a aparecer. Entonces, gracias al resplandor de la luna, pude ver un castillo, que antes nos había pasado desapercibido, en lo alto de un precipicio a las afueras del pueblo. Lavi también pareció verlo, porque, con la vista clavada en el gran castillo, se acercó a Krory y Allen, y pasó entre ellos, obligándoles a separarse. Los cuatro nos quedamos mirando aquel lugar, bañado por la luz plateada de la luna. Tenía un aspecto espectral debido al halo blanco que lo rodeaba, pero no pudimos no sentirnos atraídos por él. Comenzamos a andar en esa dirección, pasando por las calles que antes habíamos estado recorriendo, hasta llegar a un edificio con la pared destruida. Pasamos a través de ella, esquivando los muebles carcomidos y los escombros, y salimos por la puerta trasera de aquella casa, encontrándonos con un gran bosque, más negro que la noche que carece de luna. Nemu se adelantó a nosotros, y agrandó su tamaño. La luz azul que desprendía su cuerpo nos iluminó el camino por aquel bosque. Con Nemu a la cabeza, seguido de cerca por Allen, detrás suya Lavi, yo justo detrás suyo, y con Krory cerrando la marcha, conseguimos llegar a un claro de aquel bosque. En aquel lugar, todo estaba tranquilo, así que optamos por parar y decidir qué camino tomar a continuación, ya que del claro salían varios caminos, pero no sabíamos cuál tomar, ya que el castillo había quedado oculto por las copas de los árboles. Tras una pequeña discusión, en la que salieron a relucir nuestros sentidos de orientación, decidimos tomar el camino que yo había propuesto. Krory y Lavi coincidieron, después de una pequeña charla, en que ese era el más acertado a seguir. Allen, por el contrario, señalaba el de la dirección opuesta.

-Pero si venimos de aquella dirección, debemos seguir hacia delante –dijo Krory-. No sabía que te perdieses tan fácilmente –añadió con una sonrisa burlesca.

Allen cambió la cara al instante, a una con un toque de amargura.

jueves, 9 de agosto de 2012

Nueva misión (Parte 37)


Fui corriendo a mi cuarto, y en pocos minutos me encontraba corriendo de vuelta a la enfermería. Cuando llegué, algo se arrojó sobre mi cara. Le aparté con mis manos, y le miré fijamente.

-¡Noda! ¿Se puede saber qué te pasa?

-Se ha asustado cuando no te ha visto, y eso que le he dicho que no tardarías en llegar –me explicó Lavi.

Le di un golpe a Noda mientras lanzaba un suspiro.

-Anda, ve con Nemu, que seguro que se está aburriendo –le dije mientras le empujaba hacia la esquina en la que dormitaba el gato. Luego, mirando a Lavi, continué-. ¿Empezamos?

Miré la lista de pacientes y los cuidados que requerían cada uno de ellos. Comenzamos por uno que necesitaba cambio de vendas. Lo mejor era empezar por algo con lo que Lavi estuviese familiarizado, para que fuese ganando confianza a lo largo de la mañana. Después de habernos encargado de las vendas de cuatro pacientes, nos dirigimos a un rastreador que tenía una pequeña herida en la cabeza. Según el informe, era necesario coser la herida. Situé a Lavi de un pequeño empujón frente al hombre y le puse la aguja en la mano. El pulso le temblaba, pero después de dudar unos momentos, comenzó su trabajo. Era la primera vez que lo hacía en una herida real. Según Bookman me había dicho en alguna de nuestras conversaciones, Lavi ya había practicado la sutura de heridas entre otras cosas, pero nunca se había atrevido a hacerlo en un persona. Pero por algún motivo, esa mañana pudo hacerlo.  El resto de la mañana pasó sin percances. Al igual que los días siguientes. Durante cuatro días más, Lavi y yo seguimos ayudando en la enfermería. Antes de que nosotros terminásemos nuestras prácticas, la jefa ya había dejado salir a Raisa, y en un par de ocasiones, Lavi  y yo les observamos a través de la ventana practicar con las katanas.
Fue una mañana como otra cualquiera cuando recibí una llamada de Komui. Lavi y yo nos dirigimos allí tras avisar a la jefa. En su despacho nos encontramos con Allen y Krory. Entonces Reever apareció de detrás de la montaña de papeles que había en la mesa.

-Vamos supervisor, que ya están aquí. ¡Espabile, hombre!

Se oyó un lloriqueo al otro lado del muro de papel. Komui apareció desde el otro lado con un pañuelo en la nariz y los ojos llorosos. Cuando nos vio a todos delante suya, se aclaró la garganta, y tiró el pañuelo hacia atrás, con tan mala suerte de caerle a Reever en la cabeza.

-¡Supervisor! –dijo cogiendo el pañuelo con dos dedos y lazándoselo a su dueño.

Komui se dio la vuelta en el momento justo y el pañuelo le dio de lleno en la cara.

-¡¡Aaagg!! ¡Reever, no haga guarradas!

-Pero si ha empezado usted –dijo limpiándose los dedos en la bata.

Entonces recogió sus cosas y se internó en la oscuridad del departamento. Komui se volvió a aclarar la garganta.

-Hemos recibido noticias de un grupo de rastreadores. Parece que hay algo en un castillo que aterroriza a todo el que se acerca por allí. Según dicen, hay un fantasma, y ha sido comprobado por nuestro grupo de rastreadores. Puede que sea cosa de la Inocencia.
Reever volvió a aparecer entre las sombras.

-Komui, ¿piensa mandar a estos exorcistas a buscar el fantasma? Son los únicos que quedan en el cuartel, y no nos podemos quedar desprotegidos.

-Tranquilo Reever, antes de que se vayan habrán llegado los generales Froi Tiedoll y Cross Marian.

-Aaa… ¡Un momento! ¿Los generales? ¿Para qué vienen?

-Parece que se les ha convocado en una junta a ellos dos, que son los que más cerca están.

-¿Mi maestro? ¿Va a venir? –dijo Allen temblando. Se agachó, y se agarró las piernas con los brazos.

Lavi se acercó a Allen, y le puso una mano en el hombro, mientras yo le miraba dubitativa. Krory siguió mirando a Komui y le preguntó:

-¿Los únicos? ¿Y los demás?

-Kanda, Raisa y Lenalee están persiguiendo a un carromato que se mueve solo y lleva varios días tomando a la fuerza a los demás carros que se encuentra en los caminos. Y Miranda aun está aquí, pero se irá en cuanto lleguen los generales, ya que tiene una misión asignada con dos de los alumnos de Tiedoll, Noise Marie y Chaoji.

Los tres, Krory, Lavi y yo, nos quedamos pensativos mientras Allen seguía agachado en el suelo.

-Bueno, pues ir preparando vuestras cosas, que saldréis dentro de poco, en cuanto llegue el primer general –nos dijo Komui mientras nos empujaba fuera del departamento.

Los cuatro nos quedamos en silencio en la puerta, ya cerrada, del departamento. Lavi tiró de Allen, que seguía en el suelo, para que se pusiera de pie.

-Bueno, pues quedamos en un rato en la puerta principal. Imagino que Komui estará por allí para recibir a los generales –dijo Lavi.

Krory y yo asentimos, y todos nos encaminamos hacia las habitaciones. Yo fui la primera en llegar a mi planta, y me despedí de Lavi y Krory con un rápido movimiento de la mano. Allen seguía casi inconsciente apoyado en el hombro de Lavi. Fui corriendo a mi cuarto, cogí todo lo necesario, y salí corriendo, con Nemu a mis pies, y Noda agarrado a mi pelo. Pronto llegué a la entrada. Era la primera sin contar con Komui y Miranda, que esperaban la llegada de los generales. Me dirigí rápidamente a Miranda, que miraba nerviosa la puerta principal.

-Hola Miranda.

-Hola Juvia.

-¿Qué te pasa? –pregunté.

-Nada, es solo que es la primera misión que tengo con los que están a punto de llegar. Ya he estado con ellos en otras ocasiones, pero nunca en una misión.

-Tranquila, lo harás bien –dije, poniéndole una mano en el hombro.

Ella me dirigió una sonrisa agradecida. Entonces me di la vuelta para mirar la puerta por la que llegarían algunos de los hombres más importantes para la Orden. Komui se había adelantado a la puerta, y le tendía la mano a un hombre alto, con gafas y pelo canoso, rizado y largo recogido en una coleta.

-Ese es el general Tiedoll. A pesar de su apariencia bondadosa, es uno de los hombres más fuertes de la Orden –me aclaró Miranda-. Aunque es un poco difícil tratarle, más que nada porque a veces parece un niño pequeño.

-¿Por qué todos los jefazos tienen mentalidad de crío? –me pregunté.

Miranda se me quedó mirando, pero yo moví las manos rápidamente, para que ignorase lo que acababa de decir. Detrás de aquel hombre llegaron otros dos, uno muy grande, con los ojos cerrados, y con cascos en los oídos, y otro, más joven, con el pelo recogido en una coleta corta.

-Son Marie y Chaoji, con los que voy a ir a hacer la misión –prosiguió Miranda-. El joven, Chaoji, hace muy poco que empezó a ser exorcista.

Tras terminar de decir esto, se alejó de mí y se fue a hablar con los chicos. Krory, Lavi y Allen llegaron en ese momento, Lavi aun tirando de Allen.

-Bueno, ya estáis todos. Como el general Tiedoll ya ha llegado, no hay porqué esperar más. Podéis salir ya si queréis –nos dijo Komui.

Allen pareció animarse.

-¡Sí! Vámonos ya –dijo levantándose de repente y recuperando la vitalidad.

miércoles, 8 de agosto de 2012

Cambios (Parte 36)


Cuando llegamos a la cafetería nos la encontramos abarrotada de rastreadores. Se respiraba buen humor en el ambiente. Todos bromeaban con todos, y en uno de los mayores grupos pudimos ver a Allen en el centro, siendo el centro de atención de todos los rastreadores que allí estaban. Nos acercamos a la barra. Un hombre alto, negro de piel y con un extraño peinado rosa nos sonreía al otro lado.

-Hola Jerry –saludó Lavi.

-Hola cariño. Vaya, te veo bien acompañado –dijo, dirigiéndome una amplia sonrisa.

-Es Juvia, exorcista, aunque antes era enfermera de este cuartel. ¿Cómo es posible que no os conocierais?

-Bueno,  no solía pasar mucho por la cafetería, y cuando lo hacía, era otro hombre el que estaba en la barra.

-Es cierto, hasta hace unos meses no he empezado a atender aquí arriba. Antes siempre estaba abajo, en la cocina. Pero ahora prefiero estar aquí arriba, y ver la cara a todo el que pasa por mi cafetería –dijo mirando a Allen con ojitos tiernos.

-Esto… Jerry…

No contestaba. Lavi le pasó las manos rápidamente por delante de los ojos, pero nada. Después de un rato pareció volver en sí. Le pedimos algo de comer y nos sentamos en una de las mesas más alejadas, huyendo del revuelo de la cafetería. Cuando terminamos, nos levantamos y salimos de allí. Por uno de los pasillos cercanos vimos a Bookman paseando. Cuando nos vio, se acercó a nosotros.

-¿Volvéis a las andadas?

-¿Qué? No, calla, Panda, ella misma nos ha dejado salir, no nos hemos escapado.

-Vaya, qué rápido...

-¿Por qué lo dices? –pregunté yo-. ¿Ya has hablado con ella?

-Sí, pero creí que le llevaría unos días pensarlo. No pensaba que se decidiese tan rápido.

-Bueno, creo que él ha influido en su decisión –dije señalando a Lavi.

Bookman se quedó en silencio, mientras Lavi se llevaba la mano a la parte posterior de la cabeza.

-Bueno, es que Lavi nos ha estado ayudando en la enfermería, y nos ha dicho que nos perdonaba si le llevaba más por allí para ayudar –aclaré yo.

-Así que por fin has decidido aprender algo de medicina…

-Sí, es que eras tan pesado, que no me ha quedado más remedio…

-¿Y tú eres el futuro Bookman? Qué cruz me ha caído contigo… Y encima ahora se lo paso a esta pobre señorita.

-No te preocupes. Además lo está haciendo bien, y aprende muy rápido.

-Bueno, eso será porque tiene una buena profesora…

Me puse un poco roja.

-Como lo había supuesto, Juvia, tú eres la que le estás enseñando, ¿verdad?

Asentí.

-Bueno, os dejo, jóvenes, que Komui me ha llamado a su despacho. Ya nos veremos.

Bookman se alejó, ocultándose entre las sombras de los pasillos. La noche se acercaba, y Lavi y yo nos dirigimos rápidamente a la enfermería. Cuando llegamos, la jefa nos tapaba la puerta con los brazos en jarras.

-Casi no llegáis. A dentro los dos. ¡Ya!

Nos colamos los dos por debajo de sus brazos, y fuimos al lado de Kanda y Raisa. Ella dormía plácidamente entre los brazos de Kanda, y él la miraba como si no existiese nada más en el mundo. Sólo ellos dos. Me quedé mirándoles, hasta que Lavi tiró de mí y me llevó hasta nuestras camas, al lado de la ventana. Nos sentamos uno en frente del otro y nos quedamos en silencio. Por detrás de Lavi pude ver cómo la jefa se acercaba a Kanda y le susurraba un par de cosas al oído. Luego le ayudó a levantarse sin despertar a Raisa, la volvieron a tumbar, y la arroparon. Kanda se la quedó mirando, aun de pie. La jefa le puso la mano en el hombro y le señaló la cama de al lado. Él, tras inclinar la cabeza como muestra de agradecimiento, se sentó mirando aun a Raisa. Yo sonreí, y Lavi se dio la vuelta para ver qué era lo que miraba. Entonces me tumbé en la cama, y antes de que la jefa apagase las luces pude ver como Lavi se giraba hacia mí para mirarme antes de quedarse todo a oscuras.
Cuando me levanté a la mañana siguiente, Lavi ya estaba trabajando con la jefa, Garuna y otras enfermeras. Kanda y Raisa habían dejado sus camas, pero la jefa estaba tranquila, e incluso parecía contenta. Me senté en la cama mientras me estiraba. Nadie se había dado cuenta de que me había despertado de lo concentrados que estaban en su trabajo. Me levanté y me acerqué al grupo que Lavi formaba con la jefa y otras enfermeras. Ella les daba instrucciones a todos ellos para que empezasen el trabajo del día. Yo me asomé por detrás de Lavi y me la quedé mirando.

-Y por último, tú, Lavi. Quiero que te encargues de las heridas que necesiten sutura.

A Lavi le cambió la cara por completo.

-Pero aun no puedo hacer eso…

-Tranquilo, lo harás bien –le dije yo desde su espalda.

-Seguro que sí, y Juvia va a estar contigo en todo momento –la jefa le puso la mano en el hombro como muestra de apoyo-. Buenos días Juvia.

-Hola jefa.

Lavi se alejó a coger el material necesario mientras yo me quedaba hablando con la jefa.

-Pareces de buen humor. Por cierto, ¿y Raisa y Kanda? –pregunté.

-Han salido a que les diera el aire. Kanda ha salido llevando a Raisa en la espalda. No tardarán el volver.

Sonreí. Lavi se acercó a mí temeroso, con el material en las manos. La jefa se alejó de nosotros, y se sentó a su mesa para rellenar unos documentos. Garuna aprovechó ese momento para acercarse a nosotros.

-Ha estado un poco rara toda la mañana… Pero para bien, me refiero. Es que ha dejado salir a Kanda y a Raisa sin que ellos se lo pidieran… Es muy extraño.

-A lo mejor es un demonio, que ha tomado su cuerpo. ¡Rápido, avisa a Allen! –dijo Lavi levantando un dedo al cielo.

La jefa escuchó aquel comentario y le miró con un pequeño destello en los ojos.

-No, no hace falta avisar a Allen, sigue siendo la misma de siempre –dijo mientras un escalofrío le recorría el cuerpo.

Garuna y yo nos reímos.

-Bueno, os dejo un momento mientras voy a cambiarme. Ahora mismo vuelvo –dije, despidiéndome de ellos con la mano.