Allen salió
corriendo del cuartel sin esperarnos. Me despedí de Miranda y Komui con la mano
mientras Lavi me cogía de la muñeca, haciéndome correr detrás de Allen. Krory
se quedó rezagado, y salió corriendo detrás nuestra cuando le sacábamos unos
metros de ventaja. No alcanzamos a Allen hasta que llegamos a la estación. Ya
nos esperaba con los billetes en la mano y con una sonrisa de oreja a oreja.
Subió al tren tirando de Krory y Lavi y yo nos quedamos en el andén, intentando
recuperar el aliento, apoyados con las manos en las rodillas.
-¿Cómo… es…
posible… que se haya… recuperado tan… rápido? –pregunté.
-Creo… que
ha sido… por la idea… de no ver… a su maestro... –dijo Lavi.
-¿Tanto
rencor le guarda? –dije, mientras me levantaba.
-Bueno,
tenían una relación… especial, por así decirlo.
-¿Subís ya?
–Allen se había asomado por una de las ventanas del tren y nos miraba con Tim
sobre su cabeza.
Lavi se
encogió de hombros y subió al tren. Yo le seguí de cerca, pero antes de entrar,
mientras subía por las escaleras, le eché una última mirada a la estación y a
la ciudad.
Allen ya
estaba sentado, y Krory estaba en frente suya. Allen había sacado una baraja de
cartas y las barajeaba. Cuando terminó, nos miró a Lavi y a mí, y nos la
mostró. Lavi negó con la cabeza, y se sentó en el conjunto de bancos de al lado
de los de Allen y Krory. Allen, tras la negativa de Lavi, me miró a mí, pero yo
también negué, y fui a sentarme en frente de Lavi.
-Has hecho
bien, no hay quien gane a Allen a las cartas –dijo Lavi mientras mirábamos cómo
repartía cartas a Krory.
En unos
minutos, Krory fue perdiendo todo lo que tenía, hasta quedarse únicamente con
los pantalones. Entonces, con las cartas aun en las manos, nos miró con los
ojos llorosos.
-Eso te pasa
por apostar, Kuro-chan.
-Y da
gracias que está Juvia, si no, te habría quitado hasta los pantalones.
Krory se
puso rojo, y Allen y Lavi rieron. Finalmente, tras haber dejado más que clara
su victoria, Allen le devolvió la ropa a Krory y siguieron jugando sin
apuestas. Lavi miraba distraído por la ventana. Yo le noté ausente y le puse
una mano en la pierna para llamar su atención. Se giró a mí un poco
sorprendido.
-¿Estás
bien? –pregunté.
-Sí, no es
nada, sólo una pequeña charla que he tenido con el Panda antes de salir.
Me quedé
callada.
-Cree que
estoy descuidando mis tareas como Bookman, y me estoy involucrando demasiado en
la vida de la gente. Eso no es lo que los Bookmen deben hacer, no deben entrar
en la vida de nadie, porque todos acabarán desapareciendo en la historia. En
realidad no deberíamos haber empezado este trabajo como exorcistas.
-¿Estás
seguro de que lo mejor era no haber empezado esta vida que llevas ahora?
Dudó un
rato, pero después me dedicó una sonrisa que dejó fuera de combate durante un
rato.
-No, no
cambiaría esta vida por nada –dijo sonriendo.
Nos quedamos
un momento en silencio, mirándonos el uno al otro. Entonces empecé a notar unas
miradas que se clavaban en nosotros. Empezamos a girar las cabezas a la vez, y
nos encontramos con Krory y Allen que nos miraban fijamente. Nos pusimos rojos
al segundo. El resto del camino lo pasamos hablando los cuatro, mientras que
Noda y Nemu jugaban por todo el vagón. No faltaron las bromas y las risas, y
pronto llegamos a nuestro destino. El tren se paró en una estación casi
derruida. Nos bajamos del tren
esquivando columnas caídas y ladrillos de las paredes que se habían venido
abajo. Nadie llegó para recibirnos. Allen se encogió de hombros y siguió
caminando, decidido, y sin mirar atrás. Después de unos segundos de duda, Krory
le siguió. Yo me giré a Lavi.
-¿Tan raro
es que nadie venga a recibir?
-En realidad
no lo es, muchas veces no viene nadie, pero esta vez… No sé, hay algo que no me
gusta, creo que es este sitio.
-Sí, tiene
algo que me pone la carne de gallina –dije, pasándome una mano por el brazo
contrario para intentar hacer desaparecer aquella sensación.
Lavi me miró
y, tras un asentimiento mío, comenzamos a caminar detrás de Krory y Allen.
Nemu, con Noda sobre su cabeza, nos seguía de cerca.
Seguimos
caminando por aquellas calles, girando en las esquinas, y dando la vuelta en
las callejuelas sin salida. Ya no sabía cuánto tiempo había pasado desde que
habíamos llegado, minutos, tal vez horas, pero no encontrábamos un lugar que
encajase con la descripción que Komui nos había facilitado de la casa, o
castillo. Primero debíamos encontrar un gran bosque, en el que ni los rayos del
sol pudieran pasar, pero para ello debíamos salir antes de aquel pueblo. Pero
por más vueltas que diéramos, no hallábamos la salida de aquel lugar. Fue
cuando el sol empezó a caer cuando Krory paró a Allen, poniéndole una mano en
el hombro.
-Oye tú,
mocoso, es la tercera vez que pasamos por delante de esta panadería en ruinas.
Allen se dio
la vuelta, y la cara que puso no me gustó en absoluto.
-¿A quién
llamas mocoso, vampirito? –dijo con un brillo espectral en los ojos.
-Al
único mocoso que hay por aquí cerca –dijo Krory acercándose a él, amenazador.
Pronto
estuvieron frente contra frente, y discutiendo. Lavi suspiró y levantó la
cabeza a la luna que empezaba a aparecer. Entonces, gracias al resplandor de la
luna, pude ver un castillo, que antes nos había pasado desapercibido, en lo
alto de un precipicio a las afueras del pueblo. Lavi también pareció verlo,
porque, con la vista clavada en el gran castillo, se acercó a Krory y Allen, y
pasó entre ellos, obligándoles a separarse. Los cuatro nos quedamos mirando
aquel lugar, bañado por la luz plateada de la luna. Tenía un aspecto espectral
debido al halo blanco que lo rodeaba, pero no pudimos no sentirnos atraídos por
él. Comenzamos a andar en esa dirección, pasando por las calles que antes
habíamos estado recorriendo, hasta llegar a un edificio con la pared destruida.
Pasamos a través de ella, esquivando los muebles carcomidos y los escombros, y
salimos por la puerta trasera de aquella casa, encontrándonos con un gran
bosque, más negro que la noche que carece de luna. Nemu se adelantó a nosotros,
y agrandó su tamaño. La luz azul que desprendía su cuerpo nos iluminó el camino
por aquel bosque. Con Nemu a la cabeza, seguido de cerca por Allen, detrás suya
Lavi, yo justo detrás suyo, y con Krory cerrando la marcha, conseguimos llegar
a un claro de aquel bosque. En aquel lugar, todo estaba tranquilo, así que optamos
por parar y decidir qué camino tomar a
continuación, ya que del claro salían varios caminos, pero no sabíamos cuál
tomar, ya que el castillo había quedado oculto por las copas de los árboles.
Tras una pequeña discusión, en la que salieron a relucir nuestros sentidos de
orientación, decidimos tomar el camino que yo había propuesto. Krory y Lavi
coincidieron, después de una pequeña charla, en que ese era el más acertado a
seguir. Allen, por el contrario, señalaba el de la dirección opuesta.
-Pero si
venimos de aquella dirección, debemos seguir hacia delante –dijo Krory-. No
sabía que te perdieses tan fácilmente –añadió con una sonrisa burlesca.
Allen cambió
la cara al instante, a una con un toque de amargura.
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