sábado, 30 de junio de 2012

Misión fallida (Parte 24)


La misión había fracasado. La Inocencia había sido destruida. Volvimos a la posada en silencio. Nos despedimos de los chicos, y nos metimos las dos en nuestra habitación. Raisa se quedó apoyada en la puerta, y yo me tumbé en la cama, con las piernas colgando, y mirando al techo. Noda se acercó a mí, y se posó en mi frente. A los pocos minutos se empezaron a escuchar golpes, y algunas voces al otro lado de la pared, en la habitación contínua. Raisa y yo nos miramos y permanecimos en silencio.

-Vamos Yu, no te enfades tanto. ¿Quién esperaría que los Noé estuvieran detrás de todo esto?

-Tú cállate. Tenemos que estar siempre preparados, para lo que sea, y por nuestra incompetencia, nos han arrebatado otro trozo de Inocencia –silencio, roto por un ruido-. Déjame tranquilo. Nosotros no estamos hechos para estar en el mismo equipo. Yo no puedo trabajar contigo. Si no, piensa en las otras misiones, todas se fueron al traste.

-Eso no es verdad. Todas no, sólo algunas…

-Que me dejes.

-Vamos Yu, no tienes que ponerte así. Tranquilízate.

Otro ruido.
Raisa y yo nos asustamos, y salimos corriendo. Llegamos a la habitación de los chicos y de un empujón tiramos la puerta entre las dos.
Nos encontramos a Lavi a unos pasos de la puerta, y Kanda justo en frente, al lado de la ventana, con la katana desenvainada.

-¡Kanda! –Raisa se interpuso entre los dos-. ¿Qué crees que haces?

Kanda pareció volver en sí, tras un rato de dominio por la ira, bajó la mano, y la katana se quedó apoyada en el suelo. Raisa se acercó a Kanda, cogiéndole la katana. Yo me situé al lado de Lavi y le tomé del brazo.

-Mejor vámonos. Deja que Raisa se ocupe de esto –le susurré.

Salimos a la calle, y estuvimos dando una vuelta, hasta que vimos un jardín. Lavi me tomó de la mano, y me llevó hasta el jardín. Se sentó a la sombra de un gran árbol, y yo me reí, mirándole aun desde arriba.

-¿Qué pasa?

-Te gusta mucho sentarte en sitios así, ¿no?

-Bueno, sí. Me da sensación de libertad –dijo con la mirada perdida.

Me senté a su lado, y le pasé la mano por delante de los ojos. Él volvió de su estado de letargo, y me miró sonriente.

-¿Qué ha pasado hace un momento?

-Bueno, a Kanda no le ha sentado muy bien perder esa Inocencia.

-Pero ese no es motivo para ponerse así.

-Kanda es muy serio con todo este asunto, y no permite ningún fallo.

-Pero apuntar a su propio compañero con su arma…

-No le des importancia. Sólo ha sido un calentón.

Le miré, sospechando.

-Vamos, no me mires así. Olvida todo esto. Raisa estará hablando con él, y me da que a ella sí que la va a escuchar. ¿Se puede saber qué cosas os contáis las chicas entre vosotras?

-Es secreto –la dije sacándole la lengua.

Él se enfurruñó.

-Con que secreto, ¿eh? Vale, yo también te voy a dejar de contar muchas cosas…

-¿Cosas como qué? –le miré levantando una ceja.

Él se cruzó de brazos.

-Con que esas tenemos… -dije yo sonriendo y mirándole de reojo-. Muy bien, como quieras. Un momento… ¿me cuentas tus secretos?

Lavi se sonrojó un poco.

-B-bueno, algunas cosas… no todas, claro –dijo en un susurro.

Me quedé mirándole, aun con la ceja levantada.

-No te lo voy a decir, es secreto –y me sacó la lengua.

-Será posible –me giré, dándole la espalda, aun sentada y con los brazos cruzados.

-Vamos, si has empezado tú, no te enfades.

Lavi me puso las manos sobre los hombros, intentando girarme. Yo aguanté como pude, pero finalmente logró girarme. Yo me quedé mirándole con los labios torcidos, y él me sonrió.

-Hay cosas que no te las puedo contar…

-Está bien, porque hay cosas que yo no te puedo contar.

-Entonces, ¿una tregua? Respetaremos nuestros secretos –Lavi vio que había agachado la cabeza, me puso la mano en la barbilla, y la levantó hasta quedarnos a la misma altura-. Pero te contaré todo lo que pueda.

Yo asentí. Iba a contestar, pero Lavi se levantó, me cogió de la mano, y de un impulso me levantó, pero lo hizo con demasiada fuerza, y me choqué con él en la subida. Me paró con su cuerpo, con los brazos rodeando mi cuerpo. Me quedé con la cabeza escondida en su chaqueta. Lavi me separó un poco, y me miró.

-¿Volvemos? Imagino que ya habrán hablado todo lo que tenían que hablar, y seguramente hayan tenido tiempo para ellos también –dijo sonriendo.

Me puse roja al imaginármelo. No me imaginaba a Kanda en plan sentimental, no le pegaba nada, pero por otro lado me gustaba mucho. Por lo que pude ver en aquel momento, me di cuenta de que Kanda es muy tímido, y seguramente no se ha encontrado antes en una situación parecida. Tenía que encontrar la manera de hablar con él. Lavi me sacó de mis pensamientos dándome la mano, y empezando a correr por las calles de aquella pequeña ciudad. Pronto llegamos a la puerta de la posada en la que nos alojábamos. Subimos a nuestros cuartos, y Lavi llamó suavemente a la puerta de su habitación, donde habíamos dejado a Kanda y Raisa hablando. Aun mantenía mi mano sujeta, y yo tenía la cabeza agachada, roja, tapada por el pelo, mirando fijamente la unión de nuestras manos.
Al otro lado de la puerta se escucharon unos pasos, y Raisa apareció, mirándonos por el hueco de la puerta. Tras ver que éramos nosotros, la abrió más, y nos dejó pasar. Kanda estaba sentado en la cama más cercana a la ventana, mirando por ella. Raisa se acercó en silencio y se sentó a su lado. Kanda bajó la cabeza, y se quedó mirando a Raisa, a sus manos, mientras las enlazaba sobre sus piernas. Kanda alargó una mano y la entrelazó con las manos de Raisa. Se quedaron en silencio, mirando sus manos. Lavi y yo no nos habíamos movido de la puerta. Le di a Lavi un tirón de la mano que iba unida a la mía, y le señale la puerta con la cabeza. Él asintió en silencio, y puso la mano en el picaporte.

-Espera…

Lavi y yo nos dimos la vuelta, y vimos que Kanda se había levantado de la cama, aun con la cabeza agachada, clavada en el suelo. Raisa le miraba aun desde la cama.

-Kanda, no pasa nada, entiendo lo que ha pasado y… -empezó Lavi.

-No, no vale que lo entiendas. No quiero que lo entiendas porque no tiene sentido lo que ha pasado.

-Estabas cabreado, es normal.

-No lo es –Kanda levantó la mirada, y se quedó fija en Lavi-. Yo… lo siento.

-Está bien, Yu, no pasa nada…

Kanda le lanzó una mirada amenazadora por debajo del flequillo que le cubría los ojos.

-Está bien, perdón –Lavi se llevó la mano libre a la cabeza, sonriendo y con los ojos cerrados.

-Tsk…

Suspiré aliviada. Entonces miré a Raisa, que también se había levantado. Tenía la mirada fija… ¿en mí? No, no era a mí a quien miraba. Me giré a Lavi, que también me miraba, seguramente porque había captado la mirada de Raisa. Entonces, si no era a él a quien miraba… Lavi y yo bajamos la mirada a la vez, hasta llegar a las manos, las manos que manteníamos unidas. Las separamos inmediatamente y giramos las cabezas rápidamente, yo me quedé mirando a la esquina opuesta, al suelo, mientras Lavi miraba justo en la otra dirección, hacia el techo, rascándose la barbilla con un dedo suavemente.

-Me temo que vamos a tener que contarle a Komui lo sucedido, y volver cuanto antes al cuartel –dijo Kanda.

-Juvia, déjame a Noda, yo me encargaré de hablar con él –dijo Raisa.

-¿Por qué tú? –dijo Kanda, mirándola a ella.

-Será mejor que lo haga yo. Tú, Kanda, seguramente acabes peleándote con él, Juvia le escucharía sumisa, sin defenderse, y Lavi sería muy melodramático.

-¿Melodramático? ¿Quién? ¿Yo? ¿Qué dices? Le contaría lo que ha pasado…

-Como si de una obra de teatro se tratara –Raisa terminó la frase de Lavi-. Y seguramente exagerarías los hechos. Mejor yo, se lo contaré tal y como ha pasado, pero de una manera especial. Ya lo he hecho alguna vez con Bak, y me ha funcionado.

Sin añadir nada más, cogí a Noda, que descansaba sobre mi hombro y se lo tendí a Raisa. Noda bostezó y empezó a flotar delante de Raisa. En pocos segundos estuvimos conectados al cuartel general. Raisa procedió a contarle todo lo ocurrido a Komui mientras este escuchaba en silencio. Cuando llegó a la parte en la que habíamos conseguido frenar el ataque de los demonios, se quedó callada, y miró a Kanda. Los dos estaban rojos. Tras esa pausa, siguió contando cómo los chicos habían frenado el ataque de los hermanos, cómo habían luchado codo con codo por protegernos, cómo los habíamos parado entre los cuatro, y finalmente el momento en el que apareció el último Noé y destruyó la Inocencia delante nuestra. No habían faltado las explicaciones de los golpes que habíamos recibido, aunque un poco exagerados, porque según lo que había dicho, ninguno de los dos chicos se podría mover ahora mismo. También le cayeron algunos insultos al que destruyó la Inocencia, como “tramposo” y “manipulador”, porque había utilizado a los hermanos para entretenernos mientras él la buscaba. Komui, el pobre hombre, no pudo hacer otra cosa nada más que preguntar por nosotros, y pedirnos que descansáramos hasta que pudiéramos volver al cuartel. Cuando la llamada hubo finalizado, nos quedamos en silencio, Raisa de espaldas a nosotros. Entonces se empezó a dar la vuelta, y soltó una sonrisa traviesa.

-Y luego soy yo el melodramático…

-Ya bueno, pero imagínate a ti contando eso, no tendría el mismo efecto que si lo dice una mujer… -dijo Raisa con picardía.

viernes, 29 de junio de 2012

Jasdevi (Parte 23)


En ese momento Lavi y Kanda saltaron y se interpusieron entre los recién llegados y nosotras. Kanda fue el primero en hablar.

-¿Noé?

-¿Qué?  Espera, esas marcas… ¡Un momento! Yo os conozco. Nos encontramos aquella ocasión en el arca. Kuro-chan se encargó de vosotros –dijo Lavi.

-¿Ese maldito vampiro? ¿Qué dices? Ese está criando malvas… -rió el moreno.

-Os habéis perdido una buena parte de la historia. Todos llegamos sanos y salvos de aquella trampa vuestra.

-¿Trampa? Fuisteis vosotros los que entrasteis por vuestra cuenta –el moreno parecía enfadado, pero seguía apuntando al rubio con su arma-. Además, aun no nos habéis pagado todo los que nos debéis.

-Eso no es asunto nuestro, eso tienes que hablarlo con Allen…

-Ese maldito General…

-Tenéis que pagar por todo lo que hemos pasado por vuestra culpa –el rubio había intervenido en la disputa.

-¡¡!! –el moreno había puesto cara de horror.

-¿Qué pasa, hermano? –el rubio se giró hacia su hermano, apuntándole con su pistola.

-El vampiro, conocen a ese monstruo… Debieron de estar aquella vez. Tienen que ser… ¡¡¿¿EXORCISTAS??!! –los dos se giraron hacia Kanda y Lavi y se les quedaron mirando con las bocas muy abiertas, y abrazados entre ellos.

Lavi se llevó la mano a la cabeza, y Kanda soltó un suspiro.

-Mira que sois lentos… -dijo Lavi sacando su martillo.

Los hermanos se alejaron un poco aun abrazados.

-No podemos pelear contra ellos Devit –dijo el rubio.

-Lo sé Jasdero, si peleamos, nos cargaríamos este sitio, y al Conde le gusta mucho, y más cuando se entere de que su plan ha funcionado…

-¿Plan? –Kanda no pudo aguantar más tiempo callado.

-¡Ja! Así es. A vosotros, humanos idiotas, os gusta todo lo peligroso y misterioso. Hace un tiempo detectamos Inocencia aquí y vinimos para llevársela de regalo al Conde. Pero descubrimos que el laberinto se las arreglaba por su cuenta para no dejar salir al que entraba. Se lo contamos al Conde, y dijo que lo dejáramos así, que además de que sería un buen método para que los demonios subieran de nivel acabando con todos los infelices que entraban, serviría como reclamo para los exorcistas. Una trampa mortal –los dos hermanos se rieron a la vez-. Y parece que hemos tenido suerte. Hemos atrapado cuatro de una sola vez. Al Conde le va a gustar esto…

-¿Cuatro? Jeje, ¿de qué hablas…? –dijo Lavi.

-¿Que de qué…? –el moreno se llevó la mano a la cabeza mientras que el rubio nos señalaba a nosotras -. Aquellas están con vosotros, ¿no?

-¿Ellas? No, estaban por aquí, siendo perseguidas por vuestros juguetitos, y vinimos a ayudarlas –dijo Lavi, mientras Kanda sacaba la katana.

-Bueno, da igual, van a servir de alimento a los demonios, como vosotros, después de arrebataros la Inocencia.

Lavi y Kanda activaron sus Inocencias, y se dispusieron a pelear. Los hermanos se separaron y se subieron a un arbusto.

-¡Eh! Venga, venid aquí.

-Nosotros no peleamos así, y tú deberías saberlo, mocoso.

-No me llames mocoso, puede que sea más mayor que vosotros, renacuajos.

-Baka usagi, no entres en sus juegos. Vamos.

Lavi asintió, y saltó con Kanda a por los chicos.
Desde detrás, ayudé a Raisa a levantarse, cogí a Noda y nos fuimos a una esquina. Dejé a Raisa de nuevo en el suelo, y yo me asomé a ver qué pasaba. No podía hacer nada. Ellos habían dicho que nosotras no éramos exorcistas. No podía salir yo ahora a atacar así por las buenas. ¿O sí? Si actuábamos bien, podíamos contar con el factor sorpresa. Raisa me agarró de la mano. Me miró desde el suelo, seria.

-Tenemos que ayudarles.

-Por mí bien. ¿Se te ocurre algo?

-¿Te has fijado? Parece que esos chicos no son demonios. Parece que tienen piel humana.

-Sí, un poco rara, pero sí lo parece. ¿Por qué lo dices…? Espera Raisa, tú no puedes ir ahora a la pelea.

-¿Y qué pretendes, que me quede aquí sentada mirando?

-Sólo te dejo ir si trazamos un buen plan.

Raisa asintió, y empezó a contarme el plan que tenía pensado. Antes de lanzarnos a atacar, Raisa se quitó los guantes, y se los guardó en los bolsillos. Yo salí del hueco donde habíamos estado escondidas. Los hermanos saltaban de un seto a otro, disparando sobre Lavi y Kanda. Kanda tenía el brazo derecho congelado y Lavi tenía quemaduras por los brazos. Ninguno de los dos cesaba de saltar sobre los hermanos, pero ellos les respondían rápidamente con otro disparo. Cuando vi que Lavi y Kanda eran lanzados hacia atrás, aproveché, y lancé mi ataque. Una masa de agua apareció sobre mi cabeza, dando vueltas, siendo cada vez mayor. Luego lo lancé sobre ellos. Les di de lleno, eso no se lo esperaban. El agua salió por todos lados. Y entonces vi a Raisa correr en la dirección en la que habían desaparecido. Pero una sombra negra se lanzó rápidamente sobre mí. Era el chico rubio, me dio un golpe y me lanzó hacia atrás. Del golpe, me choqué contra el arbusto de atrás, y comenzó a envolverme con sus ramas. Mierda… No había funcionado. ¿Y Raisa? Con un poco de suerte habría alcanzado al otro y… Otra sombra se hizo visible muy cerca mia. Cuando pude ver de qué se trataba… No… Eso no, cualquier cosa menos eso…
El chico moreno tenía a Lavi cogido por el cuello. Había aprovechado la confusión para lanzarse sobre él.

-Con que no eran exorcistas, ¿eh? Eres un mentiroso, parchecito.

-Cállate…

-Basta, déjale…

-¿Qué pasa? ¿Quieres que le suelte? Dime dónde está tu amiguita –el moreno giró la cabeza en mi dirección.

-No…

-Ya veo –el moreno apretó más la mano, y Lavi se llevó las manos como pudo al cuello para soltarse.

-Déjale… -pero él no lo soltaba, cada vez apretaba más fuerte…

Noté cómo mi sangre empezaba a hervir. El agua empezó a agruparse a mi alrededor. Estaba tan caliente que quemó las ramas por las que me encontraba atrapada. Caí al suelo de pie y lancé la masa de agua contra los hermanos. Ellos salieron volando entre gritos. Lavi cayó al suelo, mojado, y los hermanos salieron volando en la dirección en la que habían aparecido. Con el golpe se generó mucho polvo. No se veía nada. Me acerqué a Lavi.

-Lavi, ¿estás bien?

Lavi se incorporó lentamente, con una mano en el cuello, y asintió. Entonces giré la cabeza rápidamente, e intenté distinguir entre las siluetas que se veían a lo lejos. Cuando se empezó a ver algo, pude ver a Raisa sentada en el suelo, con las manos sobre las caras de los dos chicos, y Kanda agachado a su lado.

-Menos mal…

Raisa se levantó, ayudada de Kanda, y se acercaron a nosotros. Cuando estuvimos los cuatro juntos, nos giramos hacia ellos, y les pudimos ver cómo se levantaban y se alejaban.

-¿Qué les has dicho?

-Que se fueran con el Conde. Les hubiera dicho que no se volvieran a acercar aquí, pero no tengo tanto poder. Sólo les durara unos minutos, después intentarán volver, pero ya nos habremos ido, y con la Inocencia, a poder ser.

-Tenemos que encontrarla –asintió Kanda.

Kanda y Raisa se alejaron apoyados el uno en el otro, y comenzaron a buscar.
Yo me giré a Lavi. Le ayudé a sentarse.

-Lo siento… Te he puesto en peligro.

-¿Qué dices? Si lo has hecho muy bien, tú y Raisa. De no haber sido por vosotras, no sé cómo habría terminado. Anda, vamos a buscar esa Inocencia.

Después de pasar un rato dando vueltas por aquel lugar, nos volvimos a juntar. Ninguno de nosotros había sido capaz de encontrarla.

-¿Qué hacemos? Nos podemos tirar días hasta encontrarla…

-¿Buscáis esto? –la voz venía de lo alto de uno de los arbustos.

Los tres nos giramos en esa dirección y descubrimos a un hombre alto, de pelo oscuro y con traje que nos miraba desde arriba. Tenía la Inocencia en una mano, y un libro en la otra. El sombrero de copa le tapaba casi por completo la cara.

-Tú… -Kanda parecía haberle reconocido.

-Hola exorcistas. Vuestro trabajo aquí ha terminado –dijo el hombre mientras aplastaba la Inocencia con sus dedos.

Mi cara y la de Raisa cambiaron por completo. ¿Cómo era posible que alguien hubiera hecho eso con la Inocencia, y con tanta facilidad? Lavi y Kanda, por el contrario, se enfurecieron, y estuvieron a punto de saltar sobre ese hombre.

-Lo siento, jóvenes, pero no tengo tiempo para jugar con vosotros –se quitó el sobrero a modo de despedida, y desapareció.

Gracias a aquel movimiento pude descubrir que aquel ser tenía las mismas características que los que nos acababan de atacar, piel gris, y esas extrañas marcas en la frente.

-Maldito bastardo… -Kanda parecía furioso.

-¿Le conocíais? –pregunté yo, mirándoles a ambos.

-Sí –asintió Lavi-. Hace un tiempo nos enfrentamos a los Noé, y él es uno de ellos, al igual que los gemelos de antes. Pero creí que no los volveríamos a ver… Sobre todo a ese del sombrero… Allen se encargó de él. Supuestamente eliminó su parte de Noé, pero parece que la sigue manteniendo.

Raisa y yo nos miramos y nos quedamos en silencio.

miércoles, 27 de junio de 2012

Ataque, y algo más... (Parte 22)


Empezamos a correr en la dirección del grito, cuando se volvió a escuchar, esta vez más cercano.

-Mierda, así no vamos a llegar nunca... Sólo se me ocurre una cosa –dijo Lavi volviendo a sacar el martillo. Me tendió una mano.

-Pero es peligroso, ya has visto lo que ha pasado antes…

-Bueno, lo haremos muy rápido. Subimos, miramos y saltamos. No puede ser muy difícil encontrarlos, el grito se ha escuchado muy cerca.

Le di la mano, y ambos subimos en el martillo, pero a medida que el martillo iba creciendo, las plantas se iban acercando más y más, y mucho más rápido que antes. Lavi también se había dado cuenta. Pero justo entonces vimos un estallido de luz verde a un par de arbustos de allí. Lavi volvió a estirar el martillo todo lo que pudo hasta que vio que ya las ramas nos tenían atrapados por completo. Entonces agarramos los dos con fuerza el martillo, y saltamos. Debido a nuestro peso, las plantas se soltaron, y empezamos a caer cerca de la luz verde.

-Ozuchi kozuchi –Lavi apuntó con su martillo a la zona a la que íbamos a caer, para que nos agarráramos antes de caer, pero no nos dio tiempo. En el último segundo puse mis manos delante de mí, y apareció un montón de agua sobre el suelo que frenó nuestra  caída. 
Cuando ya estuvimos en el suelo, el agua se fue extendiendo por todo el terreno. Lavi levantó la cabeza y me miró.

-¡Qué rápida! Menos mal, casi nos la pegamos.

-Sí, pero ahora estamos empapados.

-Mejor así que aplastados, ¿no crees?

Noda apareció por detrás de mi cuello, también empapado y me sacó la lengua.

-Parece que él no opina lo mismo.

-Qué gracioso, que hubiese volado.

Noda miró a Lavi y guardó la lengua.

-Bueno, vamos a ver que ha sido eso. Puede que fuese Kanda el que ha activado su Inocencia.

Otro grito. Esta vez a nuestra espalda. Justo detrás. Nos dimos la vuelta…

-¡Raisa!

Estaba casi metida por completo entre los arbustos. Las ramas la tenían agarrada por los brazos y las piernas, e iban tirando de ella. Estaba casi inconsciente, mantenía los ojos abiertos a duras penas.

-¿Y el idiota de Yu? ¿Cómo se ha atrevido a dejarla sola?

-N-no… Kanda no… -el susurro de Raisa era casi inaudible.

-Da igual, vamos a sacarla de ahí. Juvia intenta tirar de ella un poco, voy a utilizar unos sellos.

Lavi se elevó en el aire, y a su alrededor salieron unos círculos verdes. Utilizó su martillo para empujar uno de esos sellos contra el suelo, y de repente salió fuego del suelo. Pero el fuego se dirigió sabiamente hacia las ramas que tenían prisionera a Raisa. Lavi volvió a utilizar otro sello. Esta vez un muro de madera se interpuso entre las ramas que el fuego iba separando de Raisa. Después de un rato pudimos sacar a Raisa de aquel infierno. La tumbamos sobre el suelo, y empezamos a preguntarle cosas, pero no nos escuchó. Respiraba entrecortadamente, y tenía los ojos cerrados. Poco a poco su pulso se fue normalizando, pero en ese momento, unos demonios aparecieron volando sobre nuestras cabezas, sorteando las paredes de arbustos. Tres de ellos se desviaron del grupo y se acercaron a donde estábamos nosotros tres. Noda huyó de mi hombro y se fue con Raisa, mientras Lavi y yo nos poníamos a su alrededor, en un intento por protegerlos.

-En cuanto vea a Yu me lo cargo.

-Bueno, no pienses eso ahora. Ya lo matarás cuando aparezca.

-¿A quién quieres matar, conejito?

-Yu, cabrón, ¿dónde estabas? ¿Cómo has dejado a Raisa sola?

-¡No me levantes la voz mocoso! Tú no sabes lo que ha pasado.

-¿A no? Pues si me lo explicaras…

-¡Callaos los dos de una vez! –ya me habían cansado-. ¿Os creéis que es el mejor momento para hablar de eso?

-Tsk…

Entonces Kanda se lanzó sobre el demonio que tenía enfrente y comenzó la batalla. Martillo, katana y agua por todos lados, destrozando demonios que iban llegando sin parar. Estábamos tan absortos peleando con los demonios que se nos ponían enfrente, que no nos dimos cuenta de que uno de ellos se había alejado del grupo y se dirigía a Raisa. El demonio comenzó a preparar su ataque y lo descargó sobre ella.
Una katana apareció interponiéndose entre ella y la vara del demonio.

-¡Raisa!

-¡Yu!

Kanda se encargó del último demonio, el que había atacado a Raisa, y entonces se sentó en el suelo, resoplando. Lavi se acercó a él con el martillo a medio encoger y apoyado sobre el hombro. Cuando llegó a su lado, le dio con él en la cabeza.

-¿Qué crees que haces, idiota? –dijo Kanda molesto con la mano en la zona golpeada.

-Eso debería decirlo yo. ¿Por qué has dejado a Raisa sola?

Mientras tanto, yo me acerqué a Raisa y me senté a su lado. Ya estaba empezando a abrir los ojos, y parecía más tranquila.

-Todo tiene una explicación.

-¿Y a qué esperas para decirla?

-Tsk –Kanda giró la cabeza rápidamente, evitando el contacto visual con Lavi.

Lavi se sentó delante de Kanda con un largo resoplido, y esperó.

-¿No os ha pasado algo extraño? ¿Cómo que los arbustos tienen vida propia, o algo parecido?

-Bueno, es cierto que las ramas nos han tirado un par de veces del martillo, y juraría que hemos pasado varias veces por el mismo sitio… -enumeró Lavi.

-Y además está lo de Raisa –recordé yo.

Nos giramos a Kanda.

-Pues eso lo explica. Estábamos andando, cuando un muro salió de la nada, interponiéndose entre los dos.


-Pero eso sólo ha podido pasar si ibais muy separados -apuntó Lavi.

-¿Y qué querías? ¿Qué fuésemos cogidos de la mano?

Me imaginé la situación. Kanda y Raisa de la mano. Kanda se la debió de imaginar también, porque se puso un poco rojo.

-Bueno, ya te lo he contado. ¿Ahora cómo vas a recompensarme el martillazo?

-Vamos, no te quejes tanto Yu, que no ha sido para tanto, jejeje… -rió Lavi lentamente.

-Con que no, ¿eh? ¡Ven aquí, maldito conejo!

Lavi se levantó de un salto y empezó a correr por los alrededores. Kanda, katana en mano, iba detrás suya.

-¡No huyas cobarde, como te pille, te arranco las orejas!

-¡Yu, la violencia no lleva a ningún sitio!

Entonces Raisa empezó a levantarse. Parpadeó un par de veces, y se quedó mirando el espectáculo.

-¿Qué me he perdido?

-¡Raisa! –me lancé a sus brazos-. Si yo te contara…  -me giré hacia los payasos que teníamos delante-. ¡¿Queréis dejar de hacer el gamba y venir aquí?!

-Sí señora –Lavi apareció de la nada sentado delante de nosotras. Kanda se nos quedó mirando, y finalmente optó por guardar la katana, y acercarse un poco a Raisa.

-¿Estás bien? -preguntó Lavi.

Raisa asintió.

-Lo siento… -Kanda se había arrodillado junto a ella-. Si no te hubiese dejado sola…

Raisa levantó una mano, y le tapó los labios con un par de dedos. Negó con la cabeza.

-No tienes porqué disculparte. Sabíamos a lo que veníamos aquí, y que estaríamos en peligro. Además, tú no tienes nada de culpa de lo que ha pasado.

-Por lo menos lo ha arreglado parando aquel golpe… -Lavi habló y yo le agradecí interiormente aquel comentario. Gracias a ese comentario, Raisa se enteraría de lo que había pasado, y de cómo Kanda había frenado el golpe que iba dirigido a ella.

Cogí a Lavi del brazo, llamé a Noda, y nos alejamos de allí, lo suficiente para dejarles intimidad, pero aun a la vista, por si volvía a pasar algo parecido. Me senté, con la espalda apoyada en los arbustos y dejé que Noda se acurrucara en mis piernas. Desde allí se podía ver cómo hablaban, sus gestos, sus movimientos. Sé que lo más apropiado sería ignorarlos, pero no quería perderme las caras de Raisa. Kanda estaba muy cerca suya, y se iba acercando cada vez más mientras le decía algo. Raisa ni parpadeaba. Finalmente Kanda empezó a levantar un brazo, puso su mano bajo la barbilla de Raisa, la acercó hacia él, y… la besó. Un momento, ¿LA BESÓ? Los ojos se me abrieron como platos. Intenté memorizar aquel momento, grabarlo en mi retina. Fue tan tierno, y las caras de los dos eran… no tengo, bueno, no existen palabras para describir sus expresiones. Kanda tenía los ojos cerrados, y mantuvo la mano bajo la barbilla de Raisa. Ella fue cerrando los ojos poco a poco, y levantó la mano, hasta llevarla a su cara. Se quedaron así un rato. Entonces pude apartar la mirada. Me giré a Lavi… Tuve que aguantar la risa. Tenía la boca tan abierta que parecía que se le iba a desencajar la mandíbula. Poco a poco se fue girando hacia mí, sin cerrar la boca ni un milímetro, señalándoles con el dedo. Asentí en silencio, y sin pensarlo le abracé, pero era de felicidad, por Raisa. Luego me di cuenta de lo que había hecho, y me separé de Lavi. Él me miraba con los ojos casi desorbitados. Yo me limité a encogerme de hombros.

-Llevaba mucho tiempo esperando esto.

-Espera, ¿lo sabías?

-Sí claro, Raisa y yo nos contamos todo.

Lavi se quedó en silencio, pensando seguramente en lo que cotorreamos las chicas sobre nuestras cosas.  Puso un par de caras raras, intentando llegar a alguna conclusión, pero finalmente se dio por vencido, y resopló agachando la cabeza. Al rato llegaron Kanda y Raisa, ella con un brazo sobre sus hombros, y él con una mano en su cintura para ayudarla a caminar. La sentó a mi lado, y se agachó mirando a Lavi.

-¡Qué callado te lo tenías! –dijo Lavi.

-Tsk. Cállate, no empieces ya, conejo pesado.

-Pero Yu…

-Ahora no es el momento. Esto aun no ha terminado. Todavía no sabemos qué hacían aquí esos demonios. Y creo que no voy muy desencaminado si digo que la causa es la Inocencia. Debe haber un pedazo de ella por aquí escondido… -continuó Kanda.

-¿Inocencia en un laberinto? –pregunté yo.

-Podría ser –me dijo Kanda.

Nos quedamos un rato en silencio, pensando en las probabilidades de eso. Después de un rato, Lavi y Kanda empezaron a hablar sobre cuáles serían nuestros próximos movimientos. Yo aproveché ese momento para girarme hacia Raisa. Estaba con la cabeza agachada, oculta por su largo pelo rosa. Ella debió notar mi mirada, porque levantó la cabeza, y se me quedó mirando con un leve rubor en los carrillos. La sonreí.

-Vaya, vaya. ¿Se puede saber qué ha pasado hace un momento?

-B-bueno, lo que has visto… ¿Pero ha pasado de verdad?

Raisa se llevó una mano a los labios y los palpó suavemente. Yo me reí.

-Claro que ha pasado. Pregúntaselo a Lavi. Si hubieses visto su cara…

Miramos las dos a Lavi a la vez. Seguía hablando con Kanda sobre qué deberíamos hacer después. Entonces el cielo se oscureció. Bueno, no exactamente, se oscureció la zona en la que estábamos nosotras. Una gran sombra se proyectó desde detrás nuestra, y Raisa y yo nos dimos la vuelta a la vez. No era una sola persona la que estaba detrás, eran dos. Parecían dos jóvenes, más o menos de la misma altura, pero uno de ellos iba un poco encorvado, el que llevaba el pelo largo y rubio. El otro lo tenía corto y negro. Ambos tenían unas marcadas ojeras, y la piel gris, con unas marcas extrañas en la frente. Llevaban una pistola dorada cada uno y se apuntaban mutuamente. Nos miraron, riéndose.

-Vaya, vaya, que suerte hermano, hemos cazado cuatro de golpe esta vez.

-Pero es un poco extraño, ¿no había por aquí algunos demonios merodeando?

-Bueno, ¿qué más da? Vamos a acabar con esto -dijo el rubio mientras levantaba el arma y nos apuntaba.

martes, 26 de junio de 2012

Laberinto (Parte 21)


Llegamos a la hora acordada a la puerta, y partimos los cuatro y Noda, que nos seguía de cerca. En el tren nos sentamos ocupando cuatro bancos, enfrentados dos a dos. Raisa se había sentado en frente de Kanda, y yo en frente de Lavi. En el tren se oía sólo la voz de Kanda, a pesar de no tenerla muy levantada. Le estaba dando consejos a Raisa sobre cómo canalizar su Inocencia.

-Tienes que imaginar la Inocencia corriendo por tus venas, tienes que visualizarla, y es entonces cuando tienes que tratar de expulsarla por las manos.

Kanda levantó las manos, y las puso delante de Raisa. De pronto se empezó a ver una ligera luz verde en torno a ellas.

-Vamos, prueba tú –la animó. Raisa alzó sus manos, y puso cara de concentración-. Espera, a ver si así puedes sentir la Inocencia fluyendo –añadió Kanda, colocando sus manos sobre las suyas, quedando palma con palma a la altura de la cara.

Raisa se puso roja al segundo. Lavi y yo nos miramos, y yo no pude evitar sonreír. Lavi me miró extrañado. No sé si serían todos los chicos, o sólo este en concreto, pero nunca se da cuenta de nada…

-¿Eso de canalizar la Inocencia es normal? –pregunté.

-En realidad no es muy común. Sólo lo pueden hacer algunos tras mucho entrenamiento. Y aun así, hay gente que nunca podrá hacerlo por la naturaleza de su Inocencia –me explicó Lavi.

-¿A ti te ha salido alguna vez?

-Bueno, una vez sentí algo raro, pero si lo hice fue por menos de un segundo… No soy muy bueno en estas cosas…

-Bueno, si no es normal, no tienes por qué decir eso. Además aun estamos a tiempo de logarlo. Seguro que la mayoría lo han logrado tras años de entrenamiento.

Nos giramos a la vez para mirar a Kanda. Aun seguía con las manos unidas da las de Raisa, y el halo de luz verde flotaba alrededor de las manos. Como si Kanda hubiera sentido nuestras miradas, se giró a nosotros, y la luz desapareció.

-Bueno, es cierto que lleva años perfeccionar la técnica. La mía es aun inestable y…  ¡Deja de mirarme así, conejo!

Por un segundo me  pareció ver unas orejas de conejo asomando por el pelo de Lavi.

-Jo, Yu, es que eres tan bueno, uno de los mejores exorcistas que he conocido.

-No me pelotees, parchecito.

-¿Parchecito?

Raisa y yo nos reímos a la vez. La tensión de su rostro desapareció, y pasamos el resto del viaje hablando tranquilamente. La situación cuando llegamos allí era bastante parecida a la del anterior pueblo. El alcalde nos esperaba en la estación, rodeado de gente que parecía nerviosa. Nos llevaron a la posada, para dejar nuestras cosas.

-Bueno, pues si estamos todos listos, vamos al laberinto ese –dijo Lavi alegre.

-Espera, ¿así, tan rápido, sin trazar un plan antes? –pregunté yo, extrañada.

-Por una vez estoy con el conejo –dijo Kanda-. No sabemos lo que nos espera, así que no podemos pensar en nada. Actuaremos sobre la marcha. Andando todos.

-Detrás de ti, Yu –Lavi se puso de un par de saltos detrás de Kanda, pero al girarse este y mirarle con cara de pocos amigos, Lavi se quedó quieto hasta que Kanda hubo salido de la habitación. Raisa salió detrás de Kanda, y yo tomé a Lavi del brazo y tiré de él fuera de la habitación. Cerré la puerta, y le di la llave a Noda para que la guardara. Parecía un poco triste por la ausencia de Nemu.

-Vamos, Noda, no estés así. Dentro de poco estaremos allí otra vez, y podrás volver a jugar con Nemu.

-Eso es verdad, chiquitín, ya verás como terminamos pronto –Lavi le dio un toque cariñoso a Noda, y este pareció animarse un poco.

Después de callejear un poco por el pueblo, nos encontramos con el laberinto frente a nosotros. Era un gran terreno ocupado sólo por arbusto de más de dos metros de alto, no sé si incluso llegarían a los tres… Nos situamos los cuatro en la entrada, pero justo al principio había un muro de arbustos que nos dividía el camino en dos. Kanda se puso delante de la pared natural, sacó su katana y le dio un tajo. Las ramas se desprendieron, dejando ver al otro lado de muro.

-Esto va a ser más fácil de lo que creía.

Kanda procedió a introducirse por el hueco que había hecho, pero Lavi le detuvo, tomándole del brazo.

-Espera un momento.

Ante nuestros ojos, las ramas del arbusto empezaron a crecer, cerrando el hueco  en un par de segundos.

-Me parece que así no vamos a poder avanzar. Vamos a tener que seguir el camino –dijo Kanda-. Nos dividiremos. Tú conmigo -dijo señalando a Raisa. Ella se quedó de piedra, por lo que tuve que darle un empujoncito para que pudiera empezar a andar. Luego miré a Lavi. Otra vez los dos solos, con Noda. Lavi empezó a andar por el camino contrario por el que habían desaparecido Raisa y Kanda.

Comenzamos a recorrer aquellos pasillos de arbustos, girando por dónde podíamos, y echándolo a suertes cuando nos encontrábamos varios caminos. Más de una vez nos encontramos con algún camino cortado y tuvimos que retroceder.

-Creo que me he perdido… -dijo Lavi cuando nos volvimos a topar con un camino sin salida. Se dio la vuelta y se quedó mirándome con una mano tras la cabeza, los ojos cerrados, y una sonrisa en la cara.

-Bueno, es lo normal. Estamos en un laberinto. Sólo tenemos que retroceder, y probar con otro camino.

-El problema es que creo que hemos pasado  varias veces por el mismo sitio… -añadió Lavi mirando a su alrededor-. Espera, voy a probar una cosa.

Lavi echó mano de su martillo, y lo colocó en el suelo. Se agarró con fuerza del palo y…

-¡Ozuchi kozuchi!

El martillo empezó a crecer, alejando a Lavi del suelo. Cada vez se le veía más lejano, hasta que se paró en el cielo, y comenzó a buscar una manera de descubrir qué estaba pasando.
Yo miraba a Lavi, esperando alguna señal suya, pero entonces me di cuenta de que las ramas de un arbusto cercano estaban creciendo a una velocidad alarmante, y se acercaban al martillo de Lavi. Se fueron enrollando por el palo y entonces fui consciente de lo que pretendían aquellas plantas, si es que eso era posible. Intenté avisar a Lavi, pero ya era tarde. Las plantas habían empezado a tirar con fuerza del martillo para lanzarlo al suelo. Lavi cayó al segundo a mi lado con un gran estrépito.


-¡Lavi! ¿Estás bien? –me acerqué corriendo a él y le ayudé a incorporarse.

-¡¡¡AAAH!!! –el grito venía de uno de los pasillos cercanos, y era un grito de mujer.

-¡Raisa!

-Vamos Juvia, esto no me gusta nada.