viernes, 29 de junio de 2012

Jasdevi (Parte 23)


En ese momento Lavi y Kanda saltaron y se interpusieron entre los recién llegados y nosotras. Kanda fue el primero en hablar.

-¿Noé?

-¿Qué?  Espera, esas marcas… ¡Un momento! Yo os conozco. Nos encontramos aquella ocasión en el arca. Kuro-chan se encargó de vosotros –dijo Lavi.

-¿Ese maldito vampiro? ¿Qué dices? Ese está criando malvas… -rió el moreno.

-Os habéis perdido una buena parte de la historia. Todos llegamos sanos y salvos de aquella trampa vuestra.

-¿Trampa? Fuisteis vosotros los que entrasteis por vuestra cuenta –el moreno parecía enfadado, pero seguía apuntando al rubio con su arma-. Además, aun no nos habéis pagado todo los que nos debéis.

-Eso no es asunto nuestro, eso tienes que hablarlo con Allen…

-Ese maldito General…

-Tenéis que pagar por todo lo que hemos pasado por vuestra culpa –el rubio había intervenido en la disputa.

-¡¡!! –el moreno había puesto cara de horror.

-¿Qué pasa, hermano? –el rubio se giró hacia su hermano, apuntándole con su pistola.

-El vampiro, conocen a ese monstruo… Debieron de estar aquella vez. Tienen que ser… ¡¡¿¿EXORCISTAS??!! –los dos se giraron hacia Kanda y Lavi y se les quedaron mirando con las bocas muy abiertas, y abrazados entre ellos.

Lavi se llevó la mano a la cabeza, y Kanda soltó un suspiro.

-Mira que sois lentos… -dijo Lavi sacando su martillo.

Los hermanos se alejaron un poco aun abrazados.

-No podemos pelear contra ellos Devit –dijo el rubio.

-Lo sé Jasdero, si peleamos, nos cargaríamos este sitio, y al Conde le gusta mucho, y más cuando se entere de que su plan ha funcionado…

-¿Plan? –Kanda no pudo aguantar más tiempo callado.

-¡Ja! Así es. A vosotros, humanos idiotas, os gusta todo lo peligroso y misterioso. Hace un tiempo detectamos Inocencia aquí y vinimos para llevársela de regalo al Conde. Pero descubrimos que el laberinto se las arreglaba por su cuenta para no dejar salir al que entraba. Se lo contamos al Conde, y dijo que lo dejáramos así, que además de que sería un buen método para que los demonios subieran de nivel acabando con todos los infelices que entraban, serviría como reclamo para los exorcistas. Una trampa mortal –los dos hermanos se rieron a la vez-. Y parece que hemos tenido suerte. Hemos atrapado cuatro de una sola vez. Al Conde le va a gustar esto…

-¿Cuatro? Jeje, ¿de qué hablas…? –dijo Lavi.

-¿Que de qué…? –el moreno se llevó la mano a la cabeza mientras que el rubio nos señalaba a nosotras -. Aquellas están con vosotros, ¿no?

-¿Ellas? No, estaban por aquí, siendo perseguidas por vuestros juguetitos, y vinimos a ayudarlas –dijo Lavi, mientras Kanda sacaba la katana.

-Bueno, da igual, van a servir de alimento a los demonios, como vosotros, después de arrebataros la Inocencia.

Lavi y Kanda activaron sus Inocencias, y se dispusieron a pelear. Los hermanos se separaron y se subieron a un arbusto.

-¡Eh! Venga, venid aquí.

-Nosotros no peleamos así, y tú deberías saberlo, mocoso.

-No me llames mocoso, puede que sea más mayor que vosotros, renacuajos.

-Baka usagi, no entres en sus juegos. Vamos.

Lavi asintió, y saltó con Kanda a por los chicos.
Desde detrás, ayudé a Raisa a levantarse, cogí a Noda y nos fuimos a una esquina. Dejé a Raisa de nuevo en el suelo, y yo me asomé a ver qué pasaba. No podía hacer nada. Ellos habían dicho que nosotras no éramos exorcistas. No podía salir yo ahora a atacar así por las buenas. ¿O sí? Si actuábamos bien, podíamos contar con el factor sorpresa. Raisa me agarró de la mano. Me miró desde el suelo, seria.

-Tenemos que ayudarles.

-Por mí bien. ¿Se te ocurre algo?

-¿Te has fijado? Parece que esos chicos no son demonios. Parece que tienen piel humana.

-Sí, un poco rara, pero sí lo parece. ¿Por qué lo dices…? Espera Raisa, tú no puedes ir ahora a la pelea.

-¿Y qué pretendes, que me quede aquí sentada mirando?

-Sólo te dejo ir si trazamos un buen plan.

Raisa asintió, y empezó a contarme el plan que tenía pensado. Antes de lanzarnos a atacar, Raisa se quitó los guantes, y se los guardó en los bolsillos. Yo salí del hueco donde habíamos estado escondidas. Los hermanos saltaban de un seto a otro, disparando sobre Lavi y Kanda. Kanda tenía el brazo derecho congelado y Lavi tenía quemaduras por los brazos. Ninguno de los dos cesaba de saltar sobre los hermanos, pero ellos les respondían rápidamente con otro disparo. Cuando vi que Lavi y Kanda eran lanzados hacia atrás, aproveché, y lancé mi ataque. Una masa de agua apareció sobre mi cabeza, dando vueltas, siendo cada vez mayor. Luego lo lancé sobre ellos. Les di de lleno, eso no se lo esperaban. El agua salió por todos lados. Y entonces vi a Raisa correr en la dirección en la que habían desaparecido. Pero una sombra negra se lanzó rápidamente sobre mí. Era el chico rubio, me dio un golpe y me lanzó hacia atrás. Del golpe, me choqué contra el arbusto de atrás, y comenzó a envolverme con sus ramas. Mierda… No había funcionado. ¿Y Raisa? Con un poco de suerte habría alcanzado al otro y… Otra sombra se hizo visible muy cerca mia. Cuando pude ver de qué se trataba… No… Eso no, cualquier cosa menos eso…
El chico moreno tenía a Lavi cogido por el cuello. Había aprovechado la confusión para lanzarse sobre él.

-Con que no eran exorcistas, ¿eh? Eres un mentiroso, parchecito.

-Cállate…

-Basta, déjale…

-¿Qué pasa? ¿Quieres que le suelte? Dime dónde está tu amiguita –el moreno giró la cabeza en mi dirección.

-No…

-Ya veo –el moreno apretó más la mano, y Lavi se llevó las manos como pudo al cuello para soltarse.

-Déjale… -pero él no lo soltaba, cada vez apretaba más fuerte…

Noté cómo mi sangre empezaba a hervir. El agua empezó a agruparse a mi alrededor. Estaba tan caliente que quemó las ramas por las que me encontraba atrapada. Caí al suelo de pie y lancé la masa de agua contra los hermanos. Ellos salieron volando entre gritos. Lavi cayó al suelo, mojado, y los hermanos salieron volando en la dirección en la que habían aparecido. Con el golpe se generó mucho polvo. No se veía nada. Me acerqué a Lavi.

-Lavi, ¿estás bien?

Lavi se incorporó lentamente, con una mano en el cuello, y asintió. Entonces giré la cabeza rápidamente, e intenté distinguir entre las siluetas que se veían a lo lejos. Cuando se empezó a ver algo, pude ver a Raisa sentada en el suelo, con las manos sobre las caras de los dos chicos, y Kanda agachado a su lado.

-Menos mal…

Raisa se levantó, ayudada de Kanda, y se acercaron a nosotros. Cuando estuvimos los cuatro juntos, nos giramos hacia ellos, y les pudimos ver cómo se levantaban y se alejaban.

-¿Qué les has dicho?

-Que se fueran con el Conde. Les hubiera dicho que no se volvieran a acercar aquí, pero no tengo tanto poder. Sólo les durara unos minutos, después intentarán volver, pero ya nos habremos ido, y con la Inocencia, a poder ser.

-Tenemos que encontrarla –asintió Kanda.

Kanda y Raisa se alejaron apoyados el uno en el otro, y comenzaron a buscar.
Yo me giré a Lavi. Le ayudé a sentarse.

-Lo siento… Te he puesto en peligro.

-¿Qué dices? Si lo has hecho muy bien, tú y Raisa. De no haber sido por vosotras, no sé cómo habría terminado. Anda, vamos a buscar esa Inocencia.

Después de pasar un rato dando vueltas por aquel lugar, nos volvimos a juntar. Ninguno de nosotros había sido capaz de encontrarla.

-¿Qué hacemos? Nos podemos tirar días hasta encontrarla…

-¿Buscáis esto? –la voz venía de lo alto de uno de los arbustos.

Los tres nos giramos en esa dirección y descubrimos a un hombre alto, de pelo oscuro y con traje que nos miraba desde arriba. Tenía la Inocencia en una mano, y un libro en la otra. El sombrero de copa le tapaba casi por completo la cara.

-Tú… -Kanda parecía haberle reconocido.

-Hola exorcistas. Vuestro trabajo aquí ha terminado –dijo el hombre mientras aplastaba la Inocencia con sus dedos.

Mi cara y la de Raisa cambiaron por completo. ¿Cómo era posible que alguien hubiera hecho eso con la Inocencia, y con tanta facilidad? Lavi y Kanda, por el contrario, se enfurecieron, y estuvieron a punto de saltar sobre ese hombre.

-Lo siento, jóvenes, pero no tengo tiempo para jugar con vosotros –se quitó el sobrero a modo de despedida, y desapareció.

Gracias a aquel movimiento pude descubrir que aquel ser tenía las mismas características que los que nos acababan de atacar, piel gris, y esas extrañas marcas en la frente.

-Maldito bastardo… -Kanda parecía furioso.

-¿Le conocíais? –pregunté yo, mirándoles a ambos.

-Sí –asintió Lavi-. Hace un tiempo nos enfrentamos a los Noé, y él es uno de ellos, al igual que los gemelos de antes. Pero creí que no los volveríamos a ver… Sobre todo a ese del sombrero… Allen se encargó de él. Supuestamente eliminó su parte de Noé, pero parece que la sigue manteniendo.

Raisa y yo nos miramos y nos quedamos en silencio.

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