En ese
momento Lavi y Kanda saltaron y se interpusieron entre los recién llegados y
nosotras. Kanda fue el primero en hablar.
-¿Noé?
-¿Qué? Espera, esas marcas… ¡Un momento! Yo os
conozco. Nos encontramos aquella ocasión en el arca. Kuro-chan se encargó de
vosotros –dijo Lavi.
-¿Ese
maldito vampiro? ¿Qué dices? Ese está criando malvas… -rió el moreno.
-Os habéis
perdido una buena parte de la historia. Todos llegamos sanos y salvos de
aquella trampa vuestra.
-¿Trampa?
Fuisteis vosotros los que entrasteis por vuestra cuenta –el moreno parecía
enfadado, pero seguía apuntando al rubio con su arma-. Además, aun no nos
habéis pagado todo los que nos debéis.
-Eso no es
asunto nuestro, eso tienes que hablarlo con Allen…
-Ese maldito
General…
-Tenéis que
pagar por todo lo que hemos pasado por vuestra culpa –el rubio había intervenido
en la disputa.
-¡¡!! –el
moreno había puesto cara de horror.
-¿Qué pasa,
hermano? –el rubio se giró hacia su hermano, apuntándole con su pistola.
-El vampiro,
conocen a ese monstruo… Debieron de estar aquella vez. Tienen que ser…
¡¡¿¿EXORCISTAS??!! –los dos se giraron hacia Kanda y Lavi y se les quedaron
mirando con las bocas muy abiertas, y abrazados entre ellos.
Lavi se
llevó la mano a la cabeza, y Kanda soltó un suspiro.
-Mira que
sois lentos… -dijo Lavi sacando su martillo.
Los hermanos
se alejaron un poco aun abrazados.
-No podemos
pelear contra ellos Devit –dijo el rubio.
-Lo sé
Jasdero, si peleamos, nos cargaríamos este sitio, y al Conde le gusta mucho, y
más cuando se entere de que su plan ha funcionado…
-¿Plan?
–Kanda no pudo aguantar más tiempo callado.
-¡Ja! Así
es. A vosotros, humanos idiotas, os gusta todo lo peligroso y misterioso. Hace
un tiempo detectamos Inocencia aquí y vinimos para llevársela de regalo al
Conde. Pero descubrimos que el laberinto se las arreglaba por su cuenta para no
dejar salir al que entraba. Se lo contamos al Conde, y dijo que lo dejáramos
así, que además de que sería un buen método para que los demonios subieran de
nivel acabando con todos los infelices que entraban, serviría como reclamo para
los exorcistas. Una trampa mortal –los dos hermanos se rieron a la vez-. Y
parece que hemos tenido suerte. Hemos atrapado cuatro de una sola vez. Al Conde
le va a gustar esto…
-¿Cuatro?
Jeje, ¿de qué hablas…? –dijo Lavi.
-¿Que de
qué…? –el moreno se llevó la mano a la cabeza mientras que el rubio nos
señalaba a nosotras -. Aquellas están con vosotros, ¿no?
-¿Ellas? No,
estaban por aquí, siendo perseguidas por vuestros juguetitos, y vinimos a
ayudarlas –dijo Lavi, mientras Kanda sacaba la katana.
-Bueno, da
igual, van a servir de alimento a los demonios, como vosotros, después de
arrebataros la Inocencia.
Lavi y Kanda
activaron sus Inocencias, y se dispusieron a pelear. Los hermanos se separaron
y se subieron a un arbusto.
-¡Eh! Venga,
venid aquí.
-Nosotros no
peleamos así, y tú deberías saberlo, mocoso.
-No me
llames mocoso, puede que sea más mayor que vosotros, renacuajos.
-Baka usagi,
no entres en sus juegos. Vamos.
Lavi
asintió, y saltó con Kanda a por los chicos.
Desde
detrás, ayudé a Raisa a levantarse, cogí a Noda y nos fuimos a una esquina.
Dejé a Raisa de nuevo en el suelo, y yo me asomé a ver qué pasaba. No podía
hacer nada. Ellos habían dicho que nosotras no éramos exorcistas. No podía
salir yo ahora a atacar así por las buenas. ¿O sí? Si actuábamos bien, podíamos
contar con el factor sorpresa. Raisa me agarró de la mano. Me miró desde el
suelo, seria.
-Tenemos que
ayudarles.
-Por mí
bien. ¿Se te ocurre algo?
-¿Te has
fijado? Parece que esos chicos no son demonios. Parece que tienen piel humana.
-Sí, un poco
rara, pero sí lo parece. ¿Por qué lo dices…? Espera Raisa, tú no puedes ir
ahora a la pelea.
-¿Y qué
pretendes, que me quede aquí sentada mirando?
-Sólo te
dejo ir si trazamos un buen plan.
Raisa
asintió, y empezó a contarme el plan que tenía pensado. Antes de lanzarnos a
atacar, Raisa se quitó los guantes, y se los guardó en los bolsillos. Yo salí
del hueco donde habíamos estado escondidas. Los hermanos saltaban de un seto a
otro, disparando sobre Lavi y Kanda. Kanda tenía el brazo derecho congelado y
Lavi tenía quemaduras por los brazos. Ninguno de los dos cesaba de saltar sobre
los hermanos, pero ellos les respondían rápidamente con otro disparo. Cuando vi
que Lavi y Kanda eran lanzados hacia atrás, aproveché, y lancé mi ataque. Una
masa de agua apareció sobre mi cabeza, dando vueltas, siendo cada vez mayor.
Luego lo lancé sobre ellos. Les di de lleno, eso no se lo esperaban. El agua
salió por todos lados. Y entonces vi a Raisa correr en la dirección en la que
habían desaparecido. Pero una sombra negra se lanzó rápidamente sobre mí. Era
el chico rubio, me dio un golpe y me lanzó hacia atrás. Del golpe, me choqué
contra el arbusto de atrás, y comenzó a envolverme con sus ramas. Mierda… No
había funcionado. ¿Y Raisa? Con un poco de suerte habría alcanzado al otro y…
Otra sombra se hizo visible muy cerca mia. Cuando pude ver de qué se trataba…
No… Eso no, cualquier cosa menos eso…
El chico
moreno tenía a Lavi cogido por el cuello. Había aprovechado la confusión para
lanzarse sobre él.
-Con que no
eran exorcistas, ¿eh? Eres un mentiroso, parchecito.
-Cállate…
-Basta,
déjale…
-¿Qué pasa?
¿Quieres que le suelte? Dime dónde está tu amiguita –el moreno giró la cabeza
en mi dirección.
-No…
-Ya veo –el
moreno apretó más la mano, y Lavi se llevó las manos como pudo al cuello para soltarse.
-Déjale…
-pero él no lo soltaba, cada vez apretaba más fuerte…
Noté cómo mi
sangre empezaba a hervir. El agua empezó a agruparse a mi alrededor. Estaba tan
caliente que quemó las ramas por las que me encontraba atrapada. Caí al suelo
de pie y lancé la masa de agua contra los hermanos. Ellos salieron volando
entre gritos. Lavi cayó al suelo, mojado, y los hermanos salieron volando en la
dirección en la que habían aparecido. Con el golpe se generó mucho polvo. No se
veía nada. Me acerqué a Lavi.
-Lavi,
¿estás bien?
Lavi se
incorporó lentamente, con una mano en el cuello, y asintió. Entonces giré la
cabeza rápidamente, e intenté distinguir entre las siluetas que se veían a lo
lejos. Cuando se empezó a ver algo, pude ver a Raisa sentada en el suelo, con
las manos sobre las caras de los dos chicos, y Kanda agachado a su lado.
-Menos mal…
Raisa se
levantó, ayudada de Kanda, y se acercaron a nosotros. Cuando estuvimos los
cuatro juntos, nos giramos hacia ellos, y les pudimos ver cómo se levantaban y
se alejaban.
-¿Qué les
has dicho?
-Que se
fueran con el Conde. Les hubiera dicho que no se volvieran a acercar aquí, pero
no tengo tanto poder. Sólo les durara unos minutos, después intentarán volver,
pero ya nos habremos ido, y con la Inocencia, a poder ser.
-Tenemos que
encontrarla –asintió Kanda.
Kanda y
Raisa se alejaron apoyados el uno en el otro, y comenzaron a buscar.
Yo me giré a
Lavi. Le ayudé a sentarse.
-Lo siento…
Te he puesto en peligro.
-¿Qué dices?
Si lo has hecho muy bien, tú y Raisa. De no haber sido por vosotras, no sé cómo
habría terminado. Anda, vamos a buscar esa Inocencia.
Después de
pasar un rato dando vueltas por aquel lugar, nos volvimos a juntar. Ninguno de
nosotros había sido capaz de encontrarla.
-¿Qué
hacemos? Nos podemos tirar días hasta encontrarla…
-¿Buscáis
esto? –la voz venía de lo alto de uno de los arbustos.
Los tres nos
giramos en esa dirección y descubrimos a un hombre alto, de pelo oscuro y con
traje que nos miraba desde arriba. Tenía la Inocencia en una mano, y un libro
en la otra. El sombrero de copa le tapaba casi por completo la cara.
-Tú… -Kanda
parecía haberle reconocido.
-Hola
exorcistas. Vuestro trabajo aquí ha terminado –dijo el hombre mientras
aplastaba la Inocencia con sus dedos.
Mi cara y la
de Raisa cambiaron por completo. ¿Cómo era posible que alguien hubiera hecho
eso con la Inocencia, y con tanta facilidad? Lavi y Kanda, por el contrario, se
enfurecieron, y estuvieron a punto de saltar sobre ese hombre.
-Lo siento,
jóvenes, pero no tengo tiempo para jugar con vosotros –se quitó el sobrero a
modo de despedida, y desapareció.
Gracias a
aquel movimiento pude descubrir que aquel ser tenía las mismas características
que los que nos acababan de atacar, piel gris, y esas extrañas marcas en la
frente.
-Maldito
bastardo… -Kanda parecía furioso.
-¿Le
conocíais? –pregunté yo, mirándoles a ambos.
-Sí –asintió
Lavi-. Hace un tiempo nos enfrentamos a los Noé, y él es uno de ellos, al igual
que los gemelos de antes. Pero creí que no los volveríamos a ver… Sobre todo a
ese del sombrero… Allen se encargó de él. Supuestamente eliminó su parte de
Noé, pero parece que la sigue manteniendo.
Raisa y yo
nos miramos y nos quedamos en silencio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario