Llegamos a
la hora acordada a la puerta, y partimos los cuatro y Noda, que nos seguía de
cerca. En el tren nos sentamos ocupando cuatro bancos, enfrentados dos a dos.
Raisa se había sentado en frente de Kanda, y yo en frente de Lavi. En el tren
se oía sólo la voz de Kanda, a pesar de no tenerla muy levantada. Le estaba
dando consejos a Raisa sobre cómo canalizar su Inocencia.
-Tienes que
imaginar la Inocencia corriendo por tus venas, tienes que visualizarla, y es
entonces cuando tienes que tratar de expulsarla por las manos.
Kanda
levantó las manos, y las puso delante de Raisa. De pronto se empezó a ver una
ligera luz verde en torno a ellas.
-Vamos,
prueba tú –la animó. Raisa alzó sus manos, y puso cara de concentración-.
Espera, a ver si así puedes sentir la Inocencia fluyendo –añadió Kanda,
colocando sus manos sobre las suyas, quedando palma con palma a la altura de la
cara.
Raisa se
puso roja al segundo. Lavi y yo nos miramos, y yo no pude evitar sonreír. Lavi
me miró extrañado. No sé si serían todos los chicos, o sólo este en concreto,
pero nunca se da cuenta de nada…
-¿Eso de
canalizar la Inocencia es normal? –pregunté.
-En realidad
no es muy común. Sólo lo pueden hacer algunos tras mucho entrenamiento. Y aun
así, hay gente que nunca podrá hacerlo por la naturaleza de su Inocencia –me
explicó Lavi.
-¿A ti te ha
salido alguna vez?
-Bueno, una
vez sentí algo raro, pero si lo hice fue por menos de un segundo… No soy muy
bueno en estas cosas…
-Bueno, si
no es normal, no tienes por qué decir eso. Además aun estamos a tiempo de
logarlo. Seguro que la mayoría lo han logrado tras años de entrenamiento.
Nos giramos a
la vez para mirar a Kanda. Aun seguía con las manos unidas da las de Raisa, y
el halo de luz verde flotaba alrededor de las manos. Como si Kanda hubiera
sentido nuestras miradas, se giró a nosotros, y la luz desapareció.
-Bueno, es
cierto que lleva años perfeccionar la técnica. La mía es aun inestable y… ¡Deja de mirarme así, conejo!
Por un
segundo me pareció ver unas orejas de
conejo asomando por el pelo de Lavi.
-Jo, Yu, es
que eres tan bueno, uno de los mejores exorcistas que he conocido.
-No me
pelotees, parchecito.
-¿Parchecito?
Raisa y yo
nos reímos a la vez. La tensión de su rostro desapareció, y pasamos el resto
del viaje hablando tranquilamente. La situación cuando llegamos allí era
bastante parecida a la del anterior pueblo. El alcalde nos esperaba en la
estación, rodeado de gente que parecía nerviosa. Nos llevaron a la posada, para
dejar nuestras cosas.
-Bueno, pues
si estamos todos listos, vamos al laberinto ese –dijo Lavi alegre.
-Espera,
¿así, tan rápido, sin trazar un plan antes? –pregunté yo, extrañada.
-Por una vez
estoy con el conejo –dijo Kanda-. No sabemos lo que nos espera, así que no
podemos pensar en nada. Actuaremos sobre la marcha. Andando todos.
-Detrás de
ti, Yu –Lavi se puso de un par de saltos detrás de Kanda, pero al girarse este
y mirarle con cara de pocos amigos, Lavi se quedó quieto hasta que Kanda hubo
salido de la habitación. Raisa salió detrás de Kanda, y yo tomé a Lavi del
brazo y tiré de él fuera de la habitación. Cerré la puerta, y le di la llave a
Noda para que la guardara. Parecía un poco triste por la ausencia de Nemu.
-Vamos,
Noda, no estés así. Dentro de poco estaremos allí otra vez, y podrás volver a
jugar con Nemu.
-Eso es
verdad, chiquitín, ya verás como terminamos pronto –Lavi le dio un toque
cariñoso a Noda, y este pareció animarse un poco.
Después de
callejear un poco por el pueblo, nos encontramos con el laberinto frente a
nosotros. Era un gran terreno ocupado sólo por arbusto de más de dos metros de
alto, no sé si incluso llegarían a los tres… Nos situamos los cuatro en la
entrada, pero justo al principio había un muro de arbustos que nos dividía el
camino en dos. Kanda se puso delante de la pared natural, sacó su katana y le
dio un tajo. Las ramas se desprendieron, dejando ver al otro lado de muro.
-Esto va a
ser más fácil de lo que creía.
Kanda
procedió a introducirse por el hueco que había hecho, pero Lavi le detuvo,
tomándole del brazo.
-Espera un
momento.
Ante
nuestros ojos, las ramas del arbusto empezaron a crecer, cerrando el hueco en un par de segundos.
-Me parece
que así no vamos a poder avanzar. Vamos a tener que seguir el camino –dijo
Kanda-. Nos dividiremos. Tú conmigo -dijo señalando a Raisa. Ella se quedó de
piedra, por lo que tuve que darle un empujoncito para que pudiera empezar a
andar. Luego miré a Lavi. Otra vez los dos solos, con Noda. Lavi empezó a andar
por el camino contrario por el que habían desaparecido Raisa y Kanda.
Comenzamos a
recorrer aquellos pasillos de arbustos, girando por dónde podíamos, y echándolo
a suertes cuando nos encontrábamos varios caminos. Más de una vez nos encontramos
con algún camino cortado y tuvimos que retroceder.
-Creo que me
he perdido… -dijo Lavi cuando nos volvimos a topar con un camino sin salida. Se
dio la vuelta y se quedó mirándome con una mano tras la cabeza, los ojos
cerrados, y una sonrisa en la cara.
-Bueno, es
lo normal. Estamos en un laberinto. Sólo tenemos que retroceder, y probar con
otro camino.
-El problema
es que creo que hemos pasado varias
veces por el mismo sitio… -añadió Lavi mirando a su alrededor-. Espera, voy a
probar una cosa.
Lavi echó
mano de su martillo, y lo colocó en el suelo. Se agarró con fuerza del palo y…
-¡Ozuchi
kozuchi!
El martillo
empezó a crecer, alejando a Lavi del suelo. Cada vez se le veía más lejano,
hasta que se paró en el cielo, y comenzó a buscar una manera de descubrir qué
estaba pasando.
Yo miraba a Lavi, esperando alguna señal suya, pero entonces me di cuenta de que las ramas de un arbusto cercano estaban creciendo a una velocidad alarmante, y se acercaban al martillo de Lavi. Se fueron enrollando por el palo y entonces fui consciente de lo que pretendían aquellas plantas, si es que eso era posible. Intenté avisar a Lavi, pero ya era tarde. Las plantas habían empezado a tirar con fuerza del martillo para lanzarlo al suelo. Lavi cayó al segundo a mi lado con un gran estrépito.
Yo miraba a Lavi, esperando alguna señal suya, pero entonces me di cuenta de que las ramas de un arbusto cercano estaban creciendo a una velocidad alarmante, y se acercaban al martillo de Lavi. Se fueron enrollando por el palo y entonces fui consciente de lo que pretendían aquellas plantas, si es que eso era posible. Intenté avisar a Lavi, pero ya era tarde. Las plantas habían empezado a tirar con fuerza del martillo para lanzarlo al suelo. Lavi cayó al segundo a mi lado con un gran estrépito.
-¡Lavi!
¿Estás bien? –me acerqué corriendo a él y le ayudé a incorporarse.
-¡¡¡AAAH!!!
–el grito venía de uno de los pasillos cercanos, y era un grito de mujer.
-¡Raisa!
-Vamos
Juvia, esto no me gusta nada.
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