martes, 26 de junio de 2012

Laberinto (Parte 21)


Llegamos a la hora acordada a la puerta, y partimos los cuatro y Noda, que nos seguía de cerca. En el tren nos sentamos ocupando cuatro bancos, enfrentados dos a dos. Raisa se había sentado en frente de Kanda, y yo en frente de Lavi. En el tren se oía sólo la voz de Kanda, a pesar de no tenerla muy levantada. Le estaba dando consejos a Raisa sobre cómo canalizar su Inocencia.

-Tienes que imaginar la Inocencia corriendo por tus venas, tienes que visualizarla, y es entonces cuando tienes que tratar de expulsarla por las manos.

Kanda levantó las manos, y las puso delante de Raisa. De pronto se empezó a ver una ligera luz verde en torno a ellas.

-Vamos, prueba tú –la animó. Raisa alzó sus manos, y puso cara de concentración-. Espera, a ver si así puedes sentir la Inocencia fluyendo –añadió Kanda, colocando sus manos sobre las suyas, quedando palma con palma a la altura de la cara.

Raisa se puso roja al segundo. Lavi y yo nos miramos, y yo no pude evitar sonreír. Lavi me miró extrañado. No sé si serían todos los chicos, o sólo este en concreto, pero nunca se da cuenta de nada…

-¿Eso de canalizar la Inocencia es normal? –pregunté.

-En realidad no es muy común. Sólo lo pueden hacer algunos tras mucho entrenamiento. Y aun así, hay gente que nunca podrá hacerlo por la naturaleza de su Inocencia –me explicó Lavi.

-¿A ti te ha salido alguna vez?

-Bueno, una vez sentí algo raro, pero si lo hice fue por menos de un segundo… No soy muy bueno en estas cosas…

-Bueno, si no es normal, no tienes por qué decir eso. Además aun estamos a tiempo de logarlo. Seguro que la mayoría lo han logrado tras años de entrenamiento.

Nos giramos a la vez para mirar a Kanda. Aun seguía con las manos unidas da las de Raisa, y el halo de luz verde flotaba alrededor de las manos. Como si Kanda hubiera sentido nuestras miradas, se giró a nosotros, y la luz desapareció.

-Bueno, es cierto que lleva años perfeccionar la técnica. La mía es aun inestable y…  ¡Deja de mirarme así, conejo!

Por un segundo me  pareció ver unas orejas de conejo asomando por el pelo de Lavi.

-Jo, Yu, es que eres tan bueno, uno de los mejores exorcistas que he conocido.

-No me pelotees, parchecito.

-¿Parchecito?

Raisa y yo nos reímos a la vez. La tensión de su rostro desapareció, y pasamos el resto del viaje hablando tranquilamente. La situación cuando llegamos allí era bastante parecida a la del anterior pueblo. El alcalde nos esperaba en la estación, rodeado de gente que parecía nerviosa. Nos llevaron a la posada, para dejar nuestras cosas.

-Bueno, pues si estamos todos listos, vamos al laberinto ese –dijo Lavi alegre.

-Espera, ¿así, tan rápido, sin trazar un plan antes? –pregunté yo, extrañada.

-Por una vez estoy con el conejo –dijo Kanda-. No sabemos lo que nos espera, así que no podemos pensar en nada. Actuaremos sobre la marcha. Andando todos.

-Detrás de ti, Yu –Lavi se puso de un par de saltos detrás de Kanda, pero al girarse este y mirarle con cara de pocos amigos, Lavi se quedó quieto hasta que Kanda hubo salido de la habitación. Raisa salió detrás de Kanda, y yo tomé a Lavi del brazo y tiré de él fuera de la habitación. Cerré la puerta, y le di la llave a Noda para que la guardara. Parecía un poco triste por la ausencia de Nemu.

-Vamos, Noda, no estés así. Dentro de poco estaremos allí otra vez, y podrás volver a jugar con Nemu.

-Eso es verdad, chiquitín, ya verás como terminamos pronto –Lavi le dio un toque cariñoso a Noda, y este pareció animarse un poco.

Después de callejear un poco por el pueblo, nos encontramos con el laberinto frente a nosotros. Era un gran terreno ocupado sólo por arbusto de más de dos metros de alto, no sé si incluso llegarían a los tres… Nos situamos los cuatro en la entrada, pero justo al principio había un muro de arbustos que nos dividía el camino en dos. Kanda se puso delante de la pared natural, sacó su katana y le dio un tajo. Las ramas se desprendieron, dejando ver al otro lado de muro.

-Esto va a ser más fácil de lo que creía.

Kanda procedió a introducirse por el hueco que había hecho, pero Lavi le detuvo, tomándole del brazo.

-Espera un momento.

Ante nuestros ojos, las ramas del arbusto empezaron a crecer, cerrando el hueco  en un par de segundos.

-Me parece que así no vamos a poder avanzar. Vamos a tener que seguir el camino –dijo Kanda-. Nos dividiremos. Tú conmigo -dijo señalando a Raisa. Ella se quedó de piedra, por lo que tuve que darle un empujoncito para que pudiera empezar a andar. Luego miré a Lavi. Otra vez los dos solos, con Noda. Lavi empezó a andar por el camino contrario por el que habían desaparecido Raisa y Kanda.

Comenzamos a recorrer aquellos pasillos de arbustos, girando por dónde podíamos, y echándolo a suertes cuando nos encontrábamos varios caminos. Más de una vez nos encontramos con algún camino cortado y tuvimos que retroceder.

-Creo que me he perdido… -dijo Lavi cuando nos volvimos a topar con un camino sin salida. Se dio la vuelta y se quedó mirándome con una mano tras la cabeza, los ojos cerrados, y una sonrisa en la cara.

-Bueno, es lo normal. Estamos en un laberinto. Sólo tenemos que retroceder, y probar con otro camino.

-El problema es que creo que hemos pasado  varias veces por el mismo sitio… -añadió Lavi mirando a su alrededor-. Espera, voy a probar una cosa.

Lavi echó mano de su martillo, y lo colocó en el suelo. Se agarró con fuerza del palo y…

-¡Ozuchi kozuchi!

El martillo empezó a crecer, alejando a Lavi del suelo. Cada vez se le veía más lejano, hasta que se paró en el cielo, y comenzó a buscar una manera de descubrir qué estaba pasando.
Yo miraba a Lavi, esperando alguna señal suya, pero entonces me di cuenta de que las ramas de un arbusto cercano estaban creciendo a una velocidad alarmante, y se acercaban al martillo de Lavi. Se fueron enrollando por el palo y entonces fui consciente de lo que pretendían aquellas plantas, si es que eso era posible. Intenté avisar a Lavi, pero ya era tarde. Las plantas habían empezado a tirar con fuerza del martillo para lanzarlo al suelo. Lavi cayó al segundo a mi lado con un gran estrépito.


-¡Lavi! ¿Estás bien? –me acerqué corriendo a él y le ayudé a incorporarse.

-¡¡¡AAAH!!! –el grito venía de uno de los pasillos cercanos, y era un grito de mujer.

-¡Raisa!

-Vamos Juvia, esto no me gusta nada.

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