Le
encontramos en su despacho rodeado de una montaña de papeles, acompañado de un
café. Cuando nos paramos delante suya, levantó la cabeza del escritorio, y nos
miró, a la espera de nuestras palabras.
-Bak –empezó
Raisa-, ya hemos tomado una decisión. Nos vamos a ir al Cuartel General.
-Era de
esperarse. Las dos venís de allí, y tenéis allí a todos vuestros conocidos.
Avisaré a Komui. Id preparando el equipaje.
-¿Así, tan
fácil? -pregunté yo extrañada.
-Sí claro,
¿qué esperabas, que os tuviéramos aquí varias semanas más? No mujer, esto es
rápido, tan rápido como avisar a la otra parte implicada y abrir la puerta. Es
sencillo. Voy a avisar a Komui, venga, daos prisa.
Yo iba a
salir por la puerta, pero Raisa se quedó rezagada, mirando a Bak. Dudó durante
unos segundos, pero después se dio la vuelta, me cogió de la muñeca y empezó a
correr. Yo empecé también a correr para que no me tirara al suelo, y cuando
Raisa vio que seguía su ritmo me soltó, y continuamos corriendo, con una
sonrisa en la cara, hacia nuestras habitaciones. Raisa se paró frente a la mía.
-Bueno, me
voy a cambiar, ahora paso a recogerte. Asegúrate de no dejar nada.
Tras decir
esto se metió en su cuarto. En ese momento llegó Noda. Con la carrera le
habíamos dejado detrás. Me dio un tirón del pelo mientras yo abría la puerta.
-Sí, sí, lo
siento.
Le dejé
pasar antes de cerrar la puerta, y me dirigí al armario. Saqué del fondo la
maleta que utilicé el día que llegué, y la puse encima de la cama para empezar
a meter mis cosas. Lo primero que metí fue la ropa, luego todos mis trastos,
como las cosas del baño, y algunos libros que había ido consiguiendo durante mi
estancia allí. Por último me dirigí a la mesa. Cogí mis papales, y los metí en
una carpeta. Desde donde estaba, lancé la carpeta a la maleta, y me senté en la
silla. Justo en frente, a la altura de los ojos, tenía colgada una foto que
Lenalee me había mandado. Era una foto suya con Allen, Kanda, Komui Reever, la
jefa, Garuna y Lavi. A pesar de que les había dicho que estaríamos en contacto,
casi no había hablado con ellos. Siempre que llamaba estaban fuera, en alguna
misión. Con el que más hablé fue con Komui, y con Lenalee un par de veces. Un
día me llegó un paquete con una diadema, como una sutil metáfora de Lenalee
para que me dejase crecer el pelo, y la foto. La diadema no me la había puesto
nunca antes, la tenía colgada al lado de la foto. Pero la foto… Me he pasado
varias noches en vela observando esa foto, memorizando cada detalle, sus
gestos, sus miradas. Allen, Lenalee, Kanda y Lavi llevaban sus trajes de
exorcistas. El de Lenalee era una chaqueta y una falda corta, con unos zapatos
bajos, y medias altas, justo por debajo de la falda, todo negro. Allen y Kanda
llevaban un abrigo de exorcista largo, que les cubría hasta las rodillas, y
Kanda llevaba la katana a la espalda. Y Lavi… Lavi llevaba un pañuelo verde y
negro que le sujetaba el pelo, un abrigo más o menos largo, no tanto como el de
Allen y Kanda, pero tampoco era de los cortos por la cintura. Cubriéndole el
cuello, una bufanda larga naranja, unos pantalones blancos estrechos, y unas
botas altas negras. Me quedé un rato observando la fotografía, con Noda apoyado
en mi cabeza, cuando alguien llamó a la puerta. Con la foto aun en una mano, y
la diadema en la otra, fui a abrir, y me encontré con Raisa, que se había
puesto su traje de exorcista. Su traje era de una sola pieza. La chaqueta y el
pantalón iban unidos, y la cremallera le llegaba desde el cuello hasta la
cintura, pero ella la llevaba abierta dejando ver un poco de escote. De calzado
llevaba unas botas altas de tacón, que le llegaban hasta la rodilla,
ensanchándose en esa zona, y quedando un poco abiertas por la zona superior. Me
saludó con una mano enguantada. Es cierto, nunca había visto a Raisa sin
guantes. Los tenía de todos los colores, para combinárselos con la ropa. En
esta ocasión era de cuero negro. La invité a pasar con la mano en la que
llevaba la foto. Ella pasó, y cuando fui a cerrar la puerta, me la quitó de las
manos, quedándome solo con la diadema.
-¿Qué llevas
ahí? –dijo mientras la miraba y se sentaba en la cama-. ¿Desde cuándo tienes
esto? ¡Has sido capaz de tener una foto de Kanda y no decirme nada!
-Me la mandó
Lenalee –dije mientras me dirigía al baño con la diadema aun en la mano. Me
situé frente al espejo y procedí a ponérmela. La diadema era de tela, larga,
para hacerle un nudo por la parte posterior, pero nunca me había puesto algo
parecido, así que tuve que improvisar.
-¡Qué guarra
eres! La querías para ti sola. Pues ahora me la quedo.
Me lancé
sobre ella con las manos sosteniéndome el pelo en una coleta, y la diadema
agarrada con la boca. Al final pude quitarle la foto, y me la guardé en el bolsillo
del vestido.
-Está bien,
está bien, no te la quito, pero déjamela un rato.
-Pero si le
vas a ver dentro de un rato. ¿No puedes esperarte a verle en persona?
Raisa arrugó
la nariz. Interpreté eso como un no. Aun peleándome con el pelo, y mirándome al
espejo, hice un movimiento con la cadera, dándole a entender que podía cogerla.
Ella se acercó, metió la mano en el bolsillo y se volvió hacia la cama, con la
mirada perdida en la imagen. Estaba tan embobada que, cuando volvía, se dio con
esquina de la cama y casi se cayó de bruces al suelo. No pude evitar reírme.
Ella me miró, con los mofletes
hinchados, la nariz arrugada, y los ojos cerrados. Yo proseguí con mi labor.
-Por cierto,
Raisa, nunca te he visto pelear. ¿En qué consiste tu Inocencia?
Ella levantó
la cabeza de la foto, y me mostró una mano enguantada.
-Tacto
Hypnosis. Puedo manejar la conciencia del que toque a placer. Por eso suelo
llevar guantes, pero me los quito cuando la ocasión lo requiere. Pero sólo
sirve para piel humana, no sirve para la cubierta de los demonios, ya lo he
probado.
-Amm… -en
ese momento me acordé de cómo había visto a Raisa aquella noche del ataque del
Conde. Ella rodeaba al Conde con sus brazos, y tenía una mano sobre su cara.
Ahora todo tenía más sentido, pero es un poder peligroso, de eso no cabe duda.
Pasaron
varios minutos hasta que logré ponerme la cinta en la cabeza, pero Raisa no se
quejó, seguro que no sabía el tiempo que había pasado. “Claro, está absorta
mirando a su príncipe” pensé.
-Ya está –la
cinta, de color negro con ribetes blancos me rodeaba la parte superior de la
cabeza, se perdía por los lado, entre el pelo, y volvía a aparecer una de las
tiras por el lado izquierdo del cuello, mientras que la otra se me quedó en la
espalda, asomándose por debajo del pelo ondulado azul. Raisa levantó la mirada
de la foto y se me quedó mirando-. Tus horquillas las he guardado en la maleta,
las iré alternando con la diadema. Ha sido un regalo de Lenalee, y no había
tenido ocasión de ponérmela antes.
Raisa se
acercó, y me pasó un mechón de pelo por delante del hombro derecho.
-Te queda
muy bien. ¿Estás lista?
Asentí, y me
acerqué a la cama para cerrar la maleta. Le di unos toquecitos a Noda, que se
había quedado dormido sobre la almohada, y le quité la foto a Raisa, guardándomela
en el bolsillo. Entonces empujé a Raisa fuera de la habitación, y me di la
vuelta para dirigir una última mirada al que había sido mi cuarto durante
aquellos meses. Noda se posó en mi hombro, y miró la habitación conmigo.
-Tú sólo has
conocido este lugar. Ahora conocerás tu nuevo hogar. Espero que tu guste tanto
como yo lo he echado de menos.
Cerré la
puerta, y esperé a que Raisa saliera de la suya con su maleta acuestas. Era una
maleta el triple que la mía.
-¿Adónde vas
con eso mujer? ¿Tantas cosas tenías?
-Bueno, yo
no tengo tantos problemas como tienes tú con la ropa. Un día iremos tú y yo de
compras.
Dicho esto,
Raisa se acercó a mí, le dio con el dedo a Noda en la gota que tenía dibujada
como gesto cariñoso, y me cogió de la mano.
Fuimos con
paso apresurado hasta el despacho de Bak. Allí estaba él esperándonos.
-¿Ya estáis
listas, chicas? Vamos, por aquí.
Nos llevó a
la habitación a la que llegamos el primer día a través de la puerta. Ya estaba
abierta, y chisporroteando, lista para ser atravesada. Rápidamente nos
despedimos de todos los allí presentes. Bak nos esperaba en la base de la
puerta. Nos dio un abrazo a las dos, y se apartó un poco, pero Raisa le cogió
del brazo. Estaba llorando.
-Bak, yo…
-Raisa, no
tienes que decir nada, es tu decisión, y yo no entro en nada.
-Pero
llevaba tanto tiempo aquí, trabajando contigo que, irme, ahora…
-Bueno, pero
si te vas a quedar aquí por mí, y no vas a ser feliz, no vamos a ganar nada, lo
mejor es que te vayas. De todas formas, puedes venir aquí siempre que quieras.
Los dos se
fundieron en un abrazo, y Bak aprovechó para darle un beso en la mejilla. Un
rato después se separaron. Raisa seguía llorando, con la mirada clavada en el
suelo.
-Cuídala
mucho. Cuidaos las dos. Y bueno, para lo que necesitéis, no dudéis en
preguntarme. Me tenéis para lo que queráis –me dijo Bak, intentado aguantar las
lágrimas.
Me puso una mano sobre la cabeza, y luego nos empujó a las dos hacia
la puerta. Antes de desaparece por ella, nos dimos la vuelta y nos despedimos
con la mano.
Bak...=-(
ResponderEliminarLe echaremos de menos... A ver si le vuelvo a meter en la historia, si es que la retomo xD
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