viernes, 15 de junio de 2012

De vuelta (Parte 14)


Le encontramos en su despacho rodeado de una montaña de papeles, acompañado de un café. Cuando nos paramos delante suya, levantó la cabeza del escritorio, y nos miró, a la espera de nuestras palabras.

-Bak –empezó Raisa-, ya hemos tomado una decisión. Nos vamos a ir al Cuartel General.

-Era de esperarse. Las dos venís de allí, y tenéis allí a todos vuestros conocidos. Avisaré a Komui. Id preparando el equipaje.

-¿Así, tan fácil? -pregunté yo extrañada.

-Sí claro, ¿qué esperabas, que os tuviéramos aquí varias semanas más? No mujer, esto es rápido, tan rápido como avisar a la otra parte implicada y abrir la puerta. Es sencillo. Voy a avisar a Komui, venga, daos prisa.

Yo iba a salir por la puerta, pero Raisa se quedó rezagada, mirando a Bak. Dudó durante unos segundos, pero después se dio la vuelta, me cogió de la muñeca y empezó a correr. Yo empecé también a correr para que no me tirara al suelo, y cuando Raisa vio que seguía su ritmo me soltó, y continuamos corriendo, con una sonrisa en la cara, hacia nuestras habitaciones. Raisa se paró frente a la mía.

-Bueno, me voy a cambiar, ahora paso a recogerte. Asegúrate de no dejar nada.

Tras decir esto se metió en su cuarto. En ese momento llegó Noda. Con la carrera le habíamos dejado detrás. Me dio un tirón del pelo mientras yo abría la puerta.

-Sí, sí, lo siento.

Le dejé pasar antes de cerrar la puerta, y me dirigí al armario. Saqué del fondo la maleta que utilicé el día que llegué, y la puse encima de la cama para empezar a meter mis cosas. Lo primero que metí fue la ropa, luego todos mis trastos, como las cosas del baño, y algunos libros que había ido consiguiendo durante mi estancia allí. Por último me dirigí a la mesa. Cogí mis papales, y los metí en una carpeta. Desde donde estaba, lancé la carpeta a la maleta, y me senté en la silla. Justo en frente, a la altura de los ojos, tenía colgada una foto que Lenalee me había mandado. Era una foto suya con Allen, Kanda, Komui Reever, la jefa, Garuna y Lavi. A pesar de que les había dicho que estaríamos en contacto, casi no había hablado con ellos. Siempre que llamaba estaban fuera, en alguna misión. Con el que más hablé fue con Komui, y con Lenalee un par de veces. Un día me llegó un paquete con una diadema, como una sutil metáfora de Lenalee para que me dejase crecer el pelo, y la foto. La diadema no me la había puesto nunca antes, la tenía colgada al lado de la foto. Pero la foto… Me he pasado varias noches en vela observando esa foto, memorizando cada detalle, sus gestos, sus miradas. Allen, Lenalee, Kanda y Lavi llevaban sus trajes de exorcistas. El de Lenalee era una chaqueta y una falda corta, con unos zapatos bajos, y medias altas, justo por debajo de la falda, todo negro. Allen y Kanda llevaban un abrigo de exorcista largo, que les cubría hasta las rodillas, y Kanda llevaba la katana a la espalda. Y Lavi… Lavi llevaba un pañuelo verde y negro que le sujetaba el pelo, un abrigo más o menos largo, no tanto como el de Allen y Kanda, pero tampoco era de los cortos por la cintura. Cubriéndole el cuello, una bufanda larga naranja, unos pantalones blancos estrechos, y unas botas altas negras. Me quedé un rato observando la fotografía, con Noda apoyado en mi cabeza, cuando alguien llamó a la puerta. Con la foto aun en una mano, y la diadema en la otra, fui a abrir, y me encontré con Raisa, que se había puesto su traje de exorcista. Su traje era de una sola pieza. La chaqueta y el pantalón iban unidos, y la cremallera le llegaba desde el cuello hasta la cintura, pero ella la llevaba abierta dejando ver un poco de escote. De calzado llevaba unas botas altas de tacón, que le llegaban hasta la rodilla, ensanchándose en esa zona, y quedando un poco abiertas por la zona superior. Me saludó con una mano enguantada. Es cierto, nunca había visto a Raisa sin guantes. Los tenía de todos los colores, para combinárselos con la ropa. En esta ocasión era de cuero negro. La invité a pasar con la mano en la que llevaba la foto. Ella pasó, y cuando fui a cerrar la puerta, me la quitó de las manos, quedándome solo con la diadema.

-¿Qué llevas ahí? –dijo mientras la miraba y se sentaba en la cama-. ¿Desde cuándo tienes esto? ¡Has sido capaz de tener una foto de Kanda y no decirme nada!

-Me la mandó Lenalee –dije mientras me dirigía al baño con la diadema aun en la mano. Me situé frente al espejo y procedí a ponérmela. La diadema era de tela, larga, para hacerle un nudo por la parte posterior, pero nunca me había puesto algo parecido, así que tuve que improvisar.

-¡Qué guarra eres! La querías para ti sola. Pues ahora me la quedo.

Me lancé sobre ella con las manos sosteniéndome el pelo en una coleta, y la diadema agarrada con la boca. Al final pude quitarle la foto, y me la guardé en el bolsillo del vestido.

-Está bien, está bien, no te la quito, pero déjamela un rato.

-Pero si le vas a ver dentro de un rato. ¿No puedes esperarte a verle en persona?

Raisa arrugó la nariz. Interpreté eso como un no. Aun peleándome con el pelo, y mirándome al espejo, hice un movimiento con la cadera, dándole a entender que podía cogerla. Ella se acercó, metió la mano en el bolsillo y se volvió hacia la cama, con la mirada perdida en la imagen. Estaba tan embobada que, cuando volvía, se dio con esquina de la cama y casi se cayó de bruces al suelo. No pude evitar reírme. Ella me  miró, con los mofletes hinchados, la nariz arrugada, y los ojos cerrados. Yo proseguí con mi labor.

-Por cierto, Raisa, nunca te he visto pelear. ¿En qué consiste tu Inocencia?

Ella levantó la cabeza de la foto, y me mostró una mano enguantada.

-Tacto Hypnosis. Puedo manejar la conciencia del que toque a placer. Por eso suelo llevar guantes, pero me los quito cuando la ocasión lo requiere. Pero sólo sirve para piel humana, no sirve para la cubierta de los demonios, ya lo he probado.

-Amm… -en ese momento me acordé de cómo había visto a Raisa aquella noche del ataque del Conde. Ella rodeaba al Conde con sus brazos, y tenía una mano sobre su cara. Ahora todo tenía más sentido, pero es un poder peligroso, de eso no cabe duda.

Pasaron varios minutos hasta que logré ponerme la cinta en la cabeza, pero Raisa no se quejó, seguro que no sabía el tiempo que había pasado. “Claro, está absorta mirando a su príncipe” pensé.

-Ya está –la cinta, de color negro con ribetes blancos me rodeaba la parte superior de la cabeza, se perdía por los lado, entre el pelo, y volvía a aparecer una de las tiras por el lado izquierdo del cuello, mientras que la otra se me quedó en la espalda, asomándose por debajo del pelo ondulado azul. Raisa levantó la mirada de la foto y se me quedó mirando-. Tus horquillas las he guardado en la maleta, las iré alternando con la diadema. Ha sido un regalo de Lenalee, y no había tenido ocasión de ponérmela antes.

Raisa se acercó, y me pasó un mechón de pelo por delante del hombro derecho.

-Te queda muy bien. ¿Estás lista?

Asentí, y me acerqué a la cama para cerrar la maleta. Le di unos toquecitos a Noda, que se había quedado dormido sobre la almohada, y le quité la foto a Raisa, guardándomela en el bolsillo. Entonces empujé a Raisa fuera de la habitación, y me di la vuelta para dirigir una última mirada al que había sido mi cuarto durante aquellos meses. Noda se posó en mi hombro, y miró la habitación conmigo.

-Tú sólo has conocido este lugar. Ahora conocerás tu nuevo hogar. Espero que tu guste tanto como yo lo he echado de menos.

Cerré la puerta, y esperé a que Raisa saliera de la suya con su maleta acuestas. Era una maleta el triple que la mía.

-¿Adónde vas con eso mujer? ¿Tantas cosas tenías?

-Bueno, yo no tengo tantos problemas como tienes tú con la ropa. Un día iremos tú y yo de compras.

Dicho esto, Raisa se acercó a mí, le dio con el dedo a Noda en la gota que tenía dibujada como gesto cariñoso, y me cogió de la mano.
Fuimos con paso apresurado hasta el despacho de Bak. Allí estaba él esperándonos.

-¿Ya estáis listas, chicas? Vamos, por aquí.

Nos llevó a la habitación a la que llegamos el primer día a través de la puerta. Ya estaba abierta, y chisporroteando, lista para ser atravesada. Rápidamente nos despedimos de todos los allí presentes. Bak nos esperaba en la base de la puerta. Nos dio un abrazo a las dos, y se apartó un poco, pero Raisa le cogió del brazo. Estaba llorando.

-Bak, yo…

-Raisa, no tienes que decir nada, es tu decisión, y yo no entro en nada.

-Pero llevaba tanto tiempo aquí, trabajando contigo que, irme, ahora…

-Bueno, pero si te vas a quedar aquí por mí, y no vas a ser feliz, no vamos a ganar nada, lo mejor es que te vayas. De todas formas, puedes venir aquí siempre que quieras.

Los dos se fundieron en un abrazo, y Bak aprovechó para darle un beso en la mejilla. Un rato después se separaron. Raisa seguía llorando, con la mirada clavada en el suelo.

-Cuídala mucho. Cuidaos las dos. Y bueno, para lo que necesitéis, no dudéis en preguntarme. Me tenéis para lo que queráis –me dijo Bak, intentado aguantar las lágrimas. 

Me puso una mano sobre la cabeza, y luego nos empujó a las dos hacia la puerta. Antes de desaparece por ella, nos dimos la vuelta y nos despedimos con la mano.

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