-Te voy a
pedir una sola cosa –dije yo mientras veíamos cómo Garuna abandonaba la
habitación-, que delante suya te cortes y no la llames bruja. Podrías llamarla
jefa, al fin y al cabo, vas a trabajar para ella, por así decirlo.
-Aún no ha
aceptado.
-Ya has oído
a Garuna, no creemos que vaya a poner pegas. Bueno, déjame ahora a mí ocuparme
de tus heridas.
Le hice a
Lavi recostarse en la cama, y le pedí que se quitara la camiseta. Pude oír cómo
Raisa se reía desde su cama. Me puse roja. ¿Cómo le he podido preguntar eso tan
abiertamente? Madre mía… Aparté la mirada mientras se quitaba la camiseta, y luego,
cuando hube considerado el tiempo necesario para ello, me di la vuelta, y
empecé a mirarle las heridas del pecho. Las heridas causadas por el hielo
estaban casi cicatrizadas, pero a las quemaduras les estaba costando más
curarse. Volví a aplicarle un poco de mi agua sobre las heridas. Ya lo había
hecho varias veces, pero no terminaban de cicatrizar, y algunas volvían a
abrirse. Es probable que en el caso de Lavi el reposo fuese una buena opción,
para que no se le abriesen las heridas por el movimiento. Terminé, y me alejé
de Lavi, para que se pusiera la camiseta. Yo mientras fui a tirar las vendas
usadas, y en mi camino pude ver cómo Raisa me guiñaba un ojo. Garuna apareció
en ese momento con la jefa del brazo. Parecía más tranquila que antes. Las dos
se acercaron a la cama de Lavi y esperaron a que yo también me uniera a ellos.
-A ver, ¿es
cierto que quieres aprender algo de medicina?
-Bueno,
necesito unos conocimientos básicos como Bookman Junior.
-Sigo
creyendo que va a ser un estorbo.
-Jefa, no
sea tan dura. Si no deja que se una gente nueva, nunca seremos más aquí para
encargarnos de todos los pacientes que nos van llegando. Además, nos ayudaría
cuando pudiera, ¿verdad Lavi?
-Claro –dijo
ante la mirada que Garuna le estaba lanzando.
Seguramente
esa sería una de las condiciones para que Lavi pudiera estar en la enfermería.
-No sé… Pero
está claro que no puede andar por libre, va a necesitar de alguien que le
vigile, y no voy a poner a ninguna de mis enfermeras a su cargo, que ya somos
pocas como para que encima tengan que estar de niñeras.
-Y ahí es
dónde Juvia entra en el juego –Garuna tiró de mí y me puso delante de la jefa.
Tras dudar
unos segundos, me preguntó.
-¿Te vas a
hacer cargo de él? ¿No le vas a quitar el ojo de encima?
-No, estaré
a su cargo. Y me hago responsable de lo que pueda pasar.
La jefa
terminó por suspirar y encogerse de hombros.
-Está bien,
vosotras ganáis, pero que ni se le ocurra ponerse en medio.
Tras decir
esto se alejó de nosotros, dejándonos a los tres solos. Garuna y yo nos giramos
a Lavi, que tenía la cabeza gacha.
-Vamos,
anima esa cara –dijo Garuna poniéndole una mano en el hombro-. Ha ido bien, ya
estás dentro.
-No le des
muchas vueltas, ha estado un poco borde, pero ha sido por la discusión de antes
con Kanda. Ya verás cómo mañana está de mejor humor –le dije yo, para intentar
animarle.
Lavi levantó
la cabeza.
-No debería
haberme metido en esto, y mucho menos a vosotras, como la lie la culpa será
para vosotras.
-No te
preocupes por eso. Estamos para apoyarnos los unos a los otros –dijo Garuna
sonriente.
-Además yo
confío en ti, y sé que lo vas a hacer bien, y no le vas a dar ningún motivo
para que se enfade contigo. Es más, cuando te vayas porque ya hayas aprendido
lo suficiente, te echará de menos. Créeme.
Lavi animó
la cara levemente. Al ver que las dos le mirábamos fijamente, terminó sonriendo
con un leve rubor en la cara.
-¿Ves? Eso
está mucho mejor. Vamos, ven por aquí –dijo Garuna tirando de Lavi hacia una de
las mesas auxiliares en las que estaban los utensilios médicos-. Lo mejor será
que sigas cambiando vendajes, como has hecho con Juvia, para que vayas cogiendo
confianza. Yo seguiré con los que necesitan otro tipo de cuidados. Te dejo al
mando, Juvia.
Asentí, y le
di a Lavi un empujón para que se acercara a la mesita y cogiera lo que creyese
necesario. En pocos minutos, Lavi pasó por varias camas, cambiando las vendas
de los pacientes. A medida que avanzaba, sus movimientos se iban haciendo más
hábiles y rápidos. Los pacientes eran casi todos hombres, sólo había un par de
mujeres, y Lavi se tuvo que ocupar de una de ellas. Ella no paraba de intentar
hablar con él, y le lanzaba miraditas, mientras yo la devoraba con la mirada.
Pero Lavi la ignoró por completo, no sé si a posta, o porque estaba tan
centrado en su tarea que ni la escuchaba. Terminamos poco después de que Garuna
terminase con los suyos. Lavi se sentó con un resoplido en una silla cercana a
la ventana.
-¡Eh! Lo has
hecho bastante bien. Te das bastante maña, y aprendes rápido.
Lavi sonrió,
con los ojos cerrados, y la cabeza apoyada en el respaldo de la silla.
En ese
momento la puerta de la enfermería se abrió para dejar paso a un grupo de
enfermeras. Ámber y sus amigas avanzaban con paso seguro, firme, y las chicas
que iban detrás suya parecían su propia escolta. Ella se dirigió a su guardia
personal, y se quedaron paradas cerca de la puerta. Ámber, por el contrario, se
acercó a nosotros, directa a Lavi, e ignorándome por completo. La verdad
es que me esperaba esto desde la noche en que me ocupé de Lavi por primera vez,
desde que me lanzó aquella mirada asesina, pero ha tardado bastante en
entrarle… ¿Estaría esperando a que volviera, para hacerlo en mis propias
narices? Muy típico de ella…
-Hola –dijo
sentándose casi encima suya y pasándose el pelo por detrás de la oreja-. Ya he
visto el arte que te das como enfermero, pero deja que te diga que otra
profesora con más práctica te vendría mejor, para que aprendieras más en menos
tiempo.
Lavi no supo
cómo responder a eso. Alejó un poco la silla, arrastrándola por el suelo.
-Emm, así
estoy bien, pero gracias por ofrecerte –dijo mirándola con extrañeza.
Tuve que
aguantar la risa. Ámber se había lucido en su “declaración” y Lavi había sabido
salir del paso dejándola por los suelos. Ella se levantó rápidamente, y se
dispuso a irse, no sin antes darme un codazo cuando pasaba por mi lado. Recogió
a su grupo de compinches y salieron de la enfermería.
Esperé unos
momentos, para cerciorarme de que estaban lejos, y me empecé a reír. Garuna se
unió a mi carcajada.
-Esta mujer,
nunca cambiará -dijo mientras se nos
acercaba.
-¿Qué le pasaba? –dijo Lavi rascándose la cabeza.
-Ay Lavi
querido, no te enteras de nada, ¿verdad? –dijo ella poniéndole la mano en la
cabeza-. Ámber te quería apartar de Juvia, y lo lleva intentando desde que os
conocisteis, pero la muy torpe ha tenido que esperar hasta ahora, unos diez
meses después, para quedar fatal…
-Garuna, no
seas tan cruel –dije entre risas.
-Pero es
verdad, no soporta que las demás tengamos ningún tipo de relación con un chico
si ella antes no le ha dado calabazas. Ella tiene que ser el primer amor de
cada chico que ve. Ha sido así desde
hace años, y así seguirá siendo.
-Lavi, vas a
tener que tener más cuidado, desde que te has hecho enfermero te han entrado
dos chicas. Esto de ser médico va levantando pasiones entre las chicas –dije
yo, secándome las lágrimas que la risa me había causado.
-Sí, eso es
lo más normal que pase entre las pacientes, que se enamoren de sus médicos,
pero con las enfermeras es al contrario, son ellas las que se enamoran de sus
pacientes –dijo Garuna.
Menuda
pullita me había lanzado, la muy guarra… Le lancé una mirada de “como te pille
después sola, te mato”, pero ella simplemente me sacó la lengua y se fue, aun
riéndose. Lavi nos miró extrañado, pero no debió de darse cuenta de mi
reacción, porque se volvió a echar sobre la silla. Le dejé descansando, y me
aproximé a la jefa. Me quedé en silencio a su lado, esperando que ella empezara
a hablar. Pero no lo hizo, así que tuve que comenzar yo.
-¿Estás muy
enfadada? –nada, más silencio-. Lo siento, ya sé que no debimos habernos ido
así, pero ahora ya no se puede hacer nada, lo único, pedirte perdón.
Ella
finalmente se dio la vuelta y se me quedó mirando.
-Pero Juvia,
no sirve con un simple lo siento porque sé que lo vais a volver a hacer en
cuanto os tenga aquí encerrados en otra ocasión.
-¿Entonces
qué tengo que hacer para que nos perdones?
No
respondió. Se quedó dudando.
-Bueno, por
ahora sigue trayendo a ese –dijo señalando a Lavi- para que nos siga ayudando
aquí.
Le habría
hecho varias preguntas más, pero no me pareció el mejor momento, así que me
alejé corriendo de ella, en dirección a Lavi, le cogí de las manos, y le hice
levantarse de un salto.
-A la jefa
le ha gustado cómo lo has hecho. Me ha dicho que te traiga más por aquí, y
puede que nos acabe perdonando.
Lavi, aun
sosteniendo mis manos, se acercó a la jefa, y le empezó a hablar sin que ella
se diese la vuelta.
-Gracias por
dejarme trabajar aquí. Procuraré no ser un estorbo… jefa…
-Vale, vale,
venga largaos, no quiero veros más por aquí –nos dijo, moviendo las manos
rápidamente hacia la puerta.
Los dos
empezamos a correr para salir de allí antes de que la jefa cambiase de opinión,
pero antes de cruzar el umbral de la puerta, la jefa nos volvió a llamar.
-Pero os
quiero aquí antes de que anochezca. Aun no os voy a dejar pasar la noche en
vuestras habitaciones, no hasta que las heridas estén curadas por completo.
Lavi y yo
intercambiamos una sonrisa, y nos fuimos después de habernos despedido de Raisa
con la mano. Por el camino nos encontramos a Kanda, que encaminaba sus pasos
hacia la enfermería. Iba tan metido en sus pensamientos, que ni nos vio. Nos
paramos y le vimos entrar en la enfermería. Los dos nos asomamos por la puerta,
esperando alguna reacción por parte de la jefa, pero no pasó nada. Kanda se
acercó a la cama de Raisa y se sentó a su lado. La jefa levantó la cabeza de
sus papeles y los miró, pero no dijo nada. Volvió a agachar la cabeza y a sumergirse en los documentos. Lavi y yo
nos miramos y nos encogimos de hombros. Nos incorporamos y nos quedamos
mirándonos.
-¿Qué te
parece si nos vamos a comer algo a la cafetería? No hemos comido nada en todo
el día –me dijo Lavi.
-Me parece
bien.