lunes, 30 de julio de 2012

Lavi rompecorazones (Parte 35)


-Te voy a pedir una sola cosa –dije yo mientras veíamos cómo Garuna abandonaba la habitación-, que delante suya te cortes y no la llames bruja. Podrías llamarla jefa, al fin y al cabo, vas a trabajar para ella, por así decirlo.

-Aún no ha aceptado.

-Ya has oído a Garuna, no creemos que vaya a poner pegas. Bueno, déjame ahora a mí ocuparme de tus heridas.

Le hice a Lavi recostarse en la cama, y le pedí que se quitara la camiseta. Pude oír cómo Raisa se reía desde su cama. Me puse roja. ¿Cómo le he podido preguntar eso tan abiertamente? Madre mía… Aparté la mirada mientras se quitaba la camiseta, y luego, cuando hube considerado el tiempo necesario para ello, me di la vuelta, y empecé a mirarle las heridas del pecho. Las heridas causadas por el hielo estaban casi cicatrizadas, pero a las quemaduras les estaba costando más curarse. Volví a aplicarle un poco de mi agua sobre las heridas. Ya lo había hecho varias veces, pero no terminaban de cicatrizar, y algunas volvían a abrirse. Es probable que en el caso de Lavi el reposo fuese una buena opción, para que no se le abriesen las heridas por el movimiento. Terminé, y me alejé de Lavi, para que se pusiera la camiseta. Yo mientras fui a tirar las vendas usadas, y en mi camino pude ver cómo Raisa me guiñaba un ojo. Garuna apareció en ese momento con la jefa del brazo. Parecía más tranquila que antes. Las dos se acercaron a la cama de Lavi y esperaron a que yo también me uniera a ellos.

-A ver, ¿es cierto que quieres aprender algo de medicina?

-Bueno, necesito unos conocimientos básicos como Bookman Junior.

-Sigo creyendo que va a ser un estorbo.

-Jefa, no sea tan dura. Si no deja que se una gente nueva, nunca seremos más aquí para encargarnos de todos los pacientes que nos van llegando. Además, nos ayudaría cuando pudiera, ¿verdad Lavi?

-Claro –dijo ante la mirada que Garuna le estaba lanzando.

Seguramente esa sería una de las condiciones para que Lavi pudiera estar en la enfermería.

-No sé… Pero está claro que no puede andar por libre, va a necesitar de alguien que le vigile, y no voy a poner a ninguna de mis enfermeras a su cargo, que ya somos pocas como para que encima tengan que estar de niñeras.

-Y ahí es dónde Juvia entra en el juego –Garuna tiró de mí y me puso delante de la jefa.

Tras dudar unos segundos, me preguntó.

-¿Te vas a hacer cargo de él? ¿No le vas a quitar el ojo de encima?

-No, estaré a su cargo. Y me hago responsable de lo que pueda pasar.

La jefa terminó por suspirar y encogerse de hombros.

-Está bien, vosotras ganáis, pero que ni se le ocurra ponerse en medio.

Tras decir esto se alejó de nosotros, dejándonos a los tres solos. Garuna y yo nos giramos a Lavi, que tenía la cabeza gacha.

-Vamos, anima esa cara –dijo Garuna poniéndole una mano en el hombro-. Ha ido bien, ya estás dentro.

-No le des muchas vueltas, ha estado un poco borde, pero ha sido por la discusión de antes con Kanda. Ya verás cómo mañana está de mejor humor –le dije yo, para intentar animarle.

Lavi levantó la cabeza.

-No debería haberme metido en esto, y mucho menos a vosotras, como la lie la culpa será para vosotras.

-No te preocupes por eso. Estamos para apoyarnos los unos a los otros –dijo Garuna sonriente.

-Además yo confío en ti, y sé que lo vas a hacer bien, y no le vas a dar ningún motivo para que se enfade contigo. Es más, cuando te vayas porque ya hayas aprendido lo suficiente, te echará de menos. Créeme.

Lavi animó la cara levemente. Al ver que las dos le mirábamos fijamente, terminó sonriendo con un leve rubor en la cara.

-¿Ves? Eso está mucho mejor. Vamos, ven por aquí –dijo Garuna tirando de Lavi hacia una de las mesas auxiliares en las que estaban los utensilios médicos-. Lo mejor será que sigas cambiando vendajes, como has hecho con Juvia, para que vayas cogiendo confianza. Yo seguiré con los que necesitan otro tipo de cuidados. Te dejo al mando, Juvia.

Asentí, y le di a Lavi un empujón para que se acercara a la mesita y cogiera lo que creyese necesario. En pocos minutos, Lavi pasó por varias camas, cambiando las vendas de los pacientes. A medida que avanzaba, sus movimientos se iban haciendo más hábiles y rápidos. Los pacientes eran casi todos hombres, sólo había un par de mujeres, y Lavi se tuvo que ocupar de una de ellas. Ella no paraba de intentar hablar con él, y le lanzaba miraditas, mientras yo la devoraba con la mirada. Pero Lavi la ignoró por completo, no sé si a posta, o porque estaba tan centrado en su tarea que ni la escuchaba. Terminamos poco después de que Garuna terminase con los suyos. Lavi se sentó con un resoplido en una silla cercana a la ventana.

-¡Eh! Lo has hecho bastante bien. Te das bastante maña, y aprendes rápido.

Lavi sonrió, con los ojos cerrados, y la cabeza apoyada en el respaldo de la silla.
En ese momento la puerta de la enfermería se abrió para dejar paso a un grupo de enfermeras. Ámber y sus amigas avanzaban con paso seguro, firme, y las chicas que iban detrás suya parecían su propia escolta. Ella se dirigió a su guardia personal, y se quedaron paradas cerca de la puerta. Ámber, por el contrario, se acercó a nosotros, directa a Lavi, e ignorándome por completo. La verdad es que me esperaba esto desde la noche en que me ocupé de Lavi por primera vez, desde que me lanzó aquella mirada asesina, pero ha tardado bastante en entrarle… ¿Estaría esperando a que volviera, para hacerlo en mis propias narices? Muy típico de ella…

-Hola –dijo sentándose casi encima suya y pasándose el pelo por detrás de la oreja-. Ya he visto el arte que te das como enfermero, pero deja que te diga que otra profesora con más práctica te vendría mejor, para que aprendieras más en menos tiempo.

Lavi no supo cómo responder a eso. Alejó un poco la silla, arrastrándola por el suelo.

-Emm, así estoy bien, pero gracias por ofrecerte –dijo mirándola con extrañeza.

Tuve que aguantar la risa. Ámber se había lucido en su “declaración” y Lavi había sabido salir del paso dejándola por los suelos. Ella se levantó rápidamente, y se dispuso a irse, no sin antes darme un codazo cuando pasaba por mi lado. Recogió a su grupo de compinches y salieron de la enfermería.
Esperé unos momentos, para cerciorarme de que estaban lejos, y me empecé a reír. Garuna se unió a mi carcajada.

-Esta mujer, nunca cambiará  -dijo mientras se nos acercaba.

-¿Qué le pasaba? –dijo Lavi rascándose la cabeza.

-Ay Lavi querido, no te enteras de nada, ¿verdad? –dijo ella poniéndole la mano en la cabeza-. Ámber te quería apartar de Juvia, y lo lleva intentando desde que os conocisteis, pero la muy torpe ha tenido que esperar hasta ahora, unos diez meses después, para quedar fatal…

-Garuna, no seas tan cruel –dije entre risas.

-Pero es verdad, no soporta que las demás tengamos ningún tipo de relación con un chico si ella antes no le ha dado calabazas. Ella tiene que ser el primer amor de cada chico que ve. Ha sido así  desde hace años, y así seguirá siendo.

-Lavi, vas a tener que tener más cuidado, desde que te has hecho enfermero te han entrado dos chicas. Esto de ser médico va levantando pasiones entre las chicas –dije yo, secándome las lágrimas que la risa me había causado.

-Sí, eso es lo más normal que pase entre las pacientes, que se enamoren de sus médicos, pero con las enfermeras es al contrario, son ellas las que se enamoran de sus pacientes –dijo Garuna.

Menuda pullita me había lanzado, la muy guarra… Le lancé una mirada de “como te pille después sola, te mato”, pero ella simplemente me sacó la lengua y se fue, aun riéndose. Lavi nos miró extrañado, pero no debió de darse cuenta de mi reacción, porque se volvió a echar sobre la silla. Le dejé descansando, y me aproximé a la jefa. Me quedé en silencio a su lado, esperando que ella empezara a hablar. Pero no lo hizo, así que tuve que comenzar yo.

-¿Estás muy enfadada? –nada, más silencio-. Lo siento, ya sé que no debimos habernos ido así, pero ahora ya no se puede hacer nada, lo único, pedirte perdón.

Ella finalmente se dio la vuelta y se me quedó mirando.

-Pero Juvia, no sirve con un simple lo siento porque sé que lo vais a volver a hacer en cuanto os tenga aquí encerrados en otra ocasión.

-¿Entonces qué tengo que hacer para que nos perdones?

No respondió. Se quedó dudando.

-Bueno, por ahora sigue trayendo a ese –dijo señalando a Lavi- para que nos siga ayudando aquí.

Le habría hecho varias preguntas más, pero no me pareció el mejor momento, así que me alejé corriendo de ella, en dirección a Lavi, le cogí de las manos, y le hice levantarse de un salto.

-A la jefa le ha gustado cómo lo has hecho. Me ha dicho que te traiga más por aquí, y puede que nos acabe perdonando.

Lavi, aun sosteniendo mis manos, se acercó a la jefa, y le empezó a hablar sin que ella se diese la vuelta.

-Gracias por dejarme trabajar aquí. Procuraré no ser un estorbo… jefa…

-Vale, vale, venga largaos, no quiero veros más por aquí –nos dijo, moviendo las manos rápidamente hacia la puerta.

Los dos empezamos a correr para salir de allí antes de que la jefa cambiase de opinión, pero antes de cruzar el umbral de la puerta, la jefa nos volvió a llamar.

-Pero os quiero aquí antes de que anochezca. Aun no os voy a dejar pasar la noche en vuestras habitaciones, no hasta que las heridas estén curadas por completo.

Lavi y yo intercambiamos una sonrisa, y nos fuimos después de habernos despedido de Raisa con la mano. Por el camino nos encontramos a Kanda, que encaminaba sus pasos hacia la enfermería. Iba tan metido en sus pensamientos, que ni nos vio. Nos paramos y le vimos entrar en la enfermería. Los dos nos asomamos por la puerta, esperando alguna reacción por parte de la jefa, pero no pasó nada. Kanda se acercó a la cama de Raisa y se sentó a su lado. La jefa levantó la cabeza de sus papeles y los miró, pero no dijo nada. Volvió a agachar la cabeza  y a sumergirse en los documentos. Lavi y yo nos miramos y nos encogimos de hombros. Nos incorporamos y nos quedamos mirándonos.

-¿Qué te parece si nos vamos a comer algo a la cafetería? No hemos comido nada en todo el día –me dijo Lavi.

-Me parece bien.

domingo, 29 de julio de 2012

Prácticas (Parte 34)


Garuna, tras decir esto, se alejó de nosotras, y siguió con su trabajo. Me volví a Raisa, y noté un pequeño tirón de uno de los guantes. Me giré para ver quién requería mi atención.

-Perdona, no he podido evitar oír la conversación –comenzó Bookman-, pero creo que yo también puedo ser de ayuda. Creo que una cabeza bien asentada influirá mucho más que la opinión de unas jóvenes, por lo menos para ella.

-¿Lo harías? ¿Pero no estás de acuerdo con ella en que se debe guardar reposo hasta que se haya sanado por completo?

-Sólo en parte. También estoy de acuerdo con Kanda en algunas cosas, por eso quiero mostrárselas a ella, y hacer que las razone. Entonces, si estás de acuerdo, hablaré con ella en cuanto se me presente la ocasión.

-Gracias Bookman.

Él levantó una mano en señal de despedida, y se alejó por la puerta. Raisa entonces se aclaró la garganta, llamando mi atención.

-Bueeeeno, ¿y qué tal con tu chico? –ante mi silencio, continuó-. Vamos, que Kanda en parte organizó esto para que estuvieseis a solas un rato.

-¿En serio?

-Sí, bueno, él quería salir, pero en un principio pensó en llevarme a mí solamente, pero luego se le ocurrió avisaros también a vosotros, porque te dijo que te ayudaría.

Sonreí. Qué manera más sutil tiene Kanda de ayudar, pero está bien, discreta, y efectiva, aunque sea una manera lenta de progresar, pero es segura. Chico listo.

-Cuando le vea, cruzaré un par de palabras con él.

-Pero no te le encares mucho, se está esforzando. Parece que realmente le importa este tema.

-Bueno, me ha dicho, más o menos, que se siente obligado, ya que yo os ayudé a vosotros dos.

-¿Eso te ha dicho? No le hagas caso, no se está obligando, es más, está disfrutando con ello. No sabes lo que se está riendo de Lavi por su torpeza. Y muchas veces le pone de los nervios porque no hace nada.

Nos reímos las dos a la vez. A Raisa le había sentado bien esa escapada, a pesar de la bronca entre Kanda y la jefa, pero se la veía mucho mejor, y más animada. Eso era bueno.

-Bueno, pues no te entretengo más, que si Kanda se entera de que os estoy robando tiempo para estar juntos, seguro que me dice algo –levantó las manos y las movió rápidamente en dirección a Lavi.

Me levanté tras dudar un par de segundos, y me encaminé a la cama en la que estaba sentado Lavi. Él miraba distraído por la ventana, pero cuando llegué a su lado giró la cabeza y me miró.

-Hola –saludé.

Por respuesta obtuve una sonrisa.

-¿Qué tal? ¿Te ha regañado mucho Bookman?

-Bueno, un poco, pero estaba bastante suave el Panda, mejor.

-¿Y no te preocupas?

-No es serio, ha estado peor. Seguramente era algo que le rondaba la cabeza. Nada grave.

-¿Te ha dicho algo la jefa en el rato en que no he estado?

Negó.

-En cuanto llegamos, nos soltó a Kanda y a mí, y le hizo dejar a Raisa en la cama. Empezó a mirarle las heridas, y entonces llegaste tú.

-Bueno, entonces creo que te salvarás de su bronca. Me tocará a mí comérmela.

-Encima de que la idea ha sido de Kanda…

-Bueno, él ya ha recibido su parte.

-Por cierto, ¿te acuerdas de que te dije que quería aprender algo de primeros auxilios? –asentí ante su pregunta-. ¿Sería un buen momento?

-¿Ahora mismo?

-Bueno, sí, ahora no tenemos nada mejor que hacer, hasta que la bruja nos deje salir.
Entrecerré los ojos ante la mención de “la bruja”. Lavi me mostró una media sonrisa.

-Bueno, venga vale.

Me levanté en dirección a los utensilios médicos, pero Lavi me tomó de la muñeca.

-¿No te importa?

-Claro que no me importa. Además es cierto que es un buen momento.

Llevé vendas, esparadrapo, agua oxigenada, entre otras cosas para empezar. Lo básico para unos primeros auxilios. Le expliqué rápidamente cómo funcionaba todo, y luego cambié mi sitio, de una silla que había al lado de la cama, a la propia cama, al lado de Lavi. Una vez a su lado le miré y le tendí uno de mis brazos.

-Adelante, tu primer cambio de vendas.

-¿E-estás segura? –me dijo mirando mi brazo, dudoso.

-Claro que sí. Ya me curaste una vez algunas heridas. Esto es más sencillo, es simplemente cambiar el vendaje.

-Bueno, pero en aquella ocasión fueron unos arañazos. Esta vez la herida es…

-Venga –le corté, y levanté mi brazo un poco más, hacia él.

Dudó un rato, pero finalmente me cogió el brazo con suavidad y empezó a bajarme el guante hasta la muñeca. La herida era un corte en el brazo, no muy profundo, pero aun no se había cerrado por completo y sangraba de vez en cuando. Lavi al encontrarse la herida así, se paró un momento, y luego echó mano de lo necesario para limpiarla. Cuando hubo terminado, procedió a vendarla. Sus movimientos eran lentos y temerosos, pero suaves y delicados. Terminó de vendarme el brazo y lo depositó suavemente sobre mis rodillas. Se quedó mirándolo con la cabeza agachada.

-¡Eh! Lo has hecho muy bien, mucho mejor que Garuna.

-¡Oye! Que te he oído. ¿Cómo lo va a hacer mejor que yo?

-¿Dudas de mis palabras? No te estoy engañando. Tú a veces eres un poco brusca a la hora de vendar, pero él lo ha hecho suavemente, ha sido como un masaje.

-Bueno, pero eso es porque normalmente tengo prisa. Tengo muchos pacientes a los que atender, y no puedo tirarme mucho tiempo con uno solo. Pero déjame ver el vendaje, que ahora me ha picado la curiosidad.

Garuna se acercó y empezó a mirar mi brazo. Se fue acercando cada vez hasta quedarse casi rozándolo con la punta de la nariz. Luego se fue alejando poco a poco, hasta quedarse derecha de nuevo. Levantó una mano y se la puso a  Lavi en la cabeza.

-Pues sí que está bien. Pero que no lo vea la jefa, que es capaz de hacer que te quedes por aquí como ayuda, últimamente andamos un poco justas de personal.

Lavi levantó la cabeza y sonrió. Garuna le sonrió también y le tiró del pañuelo que llevaba en el pelo hacia abajo, tapándole los ojos. Lavi se bajó el pañuelo del todo, dejándoselo en el cuello. Su pelo le cayó por ambos lados de la cara y miró a Garuna mientras se lo colocaba. Ella le sacó la lengua.

-Se me había ocurrido que ayudase por aquí, si él quiere, claro –dije yo mientras miraba como Lavi se arreglaba el pelo.

-Por mí no hay problema, imagino que por la jefa tampoco.

Las dos nos giramos hacia él, esperando su respuesta.

-¿En serio me dejaríais estar en la enfermería?

-¿Te gusta la idea? –le pregunté.

-Claro, vamos, es lo que quiero, y si mientras aprendo puedo ser de utilidad, mejor. Además creo que es mejor aprender con casos prácticos y reales.

-Bueno, pues no se hable más, queda consultárselo a la jefa, pero no creo que ella diga nada.

Tras esto, Garuna se alejó de nosotros, y se fue de la enfermería.

sábado, 21 de julio de 2012

La cabezonería de la jefa (Parte 33)


Llegué al frente del departamento de ciencias pensando en las posibles reacciones de Komui al verme. Después de dudar durante unos segundos, me armé de valor y entré en el departamento. Aquello era un caos, gente corriendo de un lado para otro, pero no era como la primera vez que estuve allí. Ahora la gente tenía expresiones de horror y miedo en sus rostros. La voz de Komui llegaba desde el otro extremo de la habitación.

-Rápido, que alguien investigue si ha entrado alguien ajeno al cuartel. Preguntad a todo el que os encontréis si ha visto a alguien sospechoso -las órdenes de Komui eran tajantes  y no admitían réplica. Me fui acercando a su despacho, hasta tenerle a la vista-. Reever, refuerza la seguridad de la enfermería. Mirad si alguien más ha desaparecido y hacérmelo saber de inmediato.

Reever, tras recibir las órdenes, se alejó corriendo. Iba tan centrado en su misión, que ni me vio cuando pasó por mi lado. Respiré un par de veces y me acerqué a Komui, que le estaba echando la bronca a uno que ordenaba documentos en una estantería.

-Supervisor… -empecé, pero él no me oyó-. Komui –le puse la mano en el hombro.

Él se dio la vuelta y al principio pareció enfadado, se imaginaría que sería alguno de los encargados. Iba a replicar cuando se dio cuenta de quién era, y se quedó mudo. Abrió la boca en señal de asombro, al igual que los que estaban a nuestro alrededor.

-¡Juvia! ¿Dónde estabas? ¿Y los demás? ¿Estáis todos bien?

Asentí.

-Lo siento, no quería armar todo esto…

-¿Por qué os fuisteis?

-Llevábamos muchos días ahí encerrados, y no nos estaba sentando bien estar tanto tiempo sin que nos diera el sol…

-Pero haber avisado por lo menos.

-Ya sé que deberíamos haber avisado, pero si lo hubiésemos hecho, la jefa no nos habría dejado salir.

-¿Entonces, estáis todos bien?

-Sí, estamos bien. La jefa se ha llevado a Lavi, Kanda y Raisa a la enfermería, pero ahora temo la bronca que me va a caer…

-Bueno, una pequeña bronca sí que tiene que caeros, por el susto que nos habéis dado.

-¿Qué habíais pensado? –dije con una pequeña sonrisa.

-No sé, que se había infiltrado algún demonio o Noé, y os tenía de rehenes.

-Tú siempre tan exagerado, hermano, todo tienes que llevarlo al extremo –Lenalee había aparecido detrás de mí, y miraba Komui por encima de mi hombro con una sonrisa.

-¡Lenalee! –Komui se lanzó a los brazos de su hermana, y dejó de ser persona. La abrazó por los hombros, y pasaba su cabeza de arriba abajo por toda la mejilla de Lenalee.

Ella se encogió de hombros, mientras intentaba despegárselo, pero finalmente, con los brazos, libres del codo para abajo, me indicó que podía irme, que por parte de Komui todo estaba solucionado.
Pero me quedaba la peor parte. La jefa estaría en la enfermería esperando mi llegada, así me encaminé hacia allí. Estaba llegando a la enfermería cuando me encontré a alguien un poco por delante de mí, que llevaba la misma dirección que yo. El hombre, bajito escuchó mis pasos, y se dio la vuelta. Al ver que era yo, se paró, y esperó a que le alcanzara. A medida que me acercaba, pude ver un cambio en la expresión de Bookman, de miedo mezclado con incertidumbre, a una ligera relajación y alivio.

-Bookman…

-Juvia, estás bien. Entonces, él también…

-Sí, él está bien. Siento haberos dado este susto, y más a ti, cuándo fui yo la que te dije que le vigilaría.

-Bueno, teóricamente lo has hecho. Has estado con él, ¿verdad?

-Sí, pero…

-Bueno, no ha hecho ninguna locura, ha sido Komui el que nos ha metido ideas equivocadas en la cabeza. Además, esto no habría pasado si esa jefa tuya no fuese tan estricta. Lavi es un espíritu libre, y no soporta que le encierren. Es normal que haya escapado, y lo volverá a hace, créeme.

-Le creo… ¿Entonces, no estás enfadado?

Él negó con la cabeza.

-En realidad no llegué a preocuparme mucho, sabía que saldríais de algún sitio. Además, siendo vosotros cuatro, la opción de Komui no era muy acertada, porque siempre vais los cuatro juntos, sobretodo tú y Raisa, o con Lavi, y sois bastante fuertes como para que un simple demonio os tome como rehenes.

La explicación de Bookman me convenció, así que alegré la cara levemente. Pero no fue por mucho tiempo. Bookman comenzó a andar hacia la enfermería, donde mi destino y una gran bronca me esperaban. Seguí a Bookman hasta la enfermería, pero me quedé en la puerta. Él, por el contrario, entró decidido, mirando a su nieto. Yo vi como Lavi se encogía cada vez más en la cama, hasta que su abuelo llegó junto a él y le soltó un capón. Sonreí. Seguí paseando la mirada por la habitación, y vi a Garuna, que cargaba con material médico para encargarse de las heridas de un paciente. La saludé con la mano, y ella me lo devolvió con la cabeza. Seguí mirando, hasta que llegué a la jefa. Estaba con Raisa, mirándole las heridas que, por suerte, parecían estar bien. Mientras, hablaba con Kanda.

-Te dije que necesitaba reposo. ¿Cómo se te ocurre llevártela así?

-Necesitaba que le diese un poco el aire.

-Yo decidiré lo que les hace falta a mis pacientes.

-Si nos tienes aquí encerrados, no solo tardaremos más en recuperarnos, si no que cuando salgamos, seremos vulnerables a todo, y nos costará volver a recuperar nuestra forma. No podemos tirarnos días tumbados en una cama, tenemos que movernos, y…

-¡BASTA! Si se fuerzan las heridas tardan más en curarse, y pueden dejar secuelas. Se necesita reposo para que se curen por completo.

-Esto es ridículo, no escuchas nada de lo que te decimos.

-Ridículo es todo lo que dices. ¿Cómo pretendes que esta chica empiece a entrenar en su estado?

-En ningún momento he dicho que empiece a entrenar, sólo he dicho que se mueva un poco.

-Tampoco puede…

La frase de la jefa se quedó a medias. Kanda se había levantado de la silla, se colgó la katana al hombro y se fue de la enfermería. Raisa tenía la cabeza agachada, con el pelo rosa cubriéndole la cara, pero por lo que la conocía pude saber que estaba al borde del llanto. La jefa terminó su tarea y se levantó. Abandonó la enfermería con cara de pocos amigos sin ni siquiera ser consciente de mi presencia. Todos los que quedábamos allí estuvimos en silencio. Garuna fue la primera en hablar.

-Vaya genio que se gastan los dos…

-Ya ves, por un momento me han dado miedo –dijo Lavi desde su cama, con Bookman aun a su lado-. ¿Qué te pasa Panda, te has quedado muy callado?

-Calla, mocoso –dijo mientras le daba un capón-. Es que entiendo la postura de los dos, pero no sé cuál es la más acertada.

-Vamos, no entres tú también, que al final vamos a seguir nosotros su pelea –Lavi había entrado en una conversación con su abuelo, pero la ignoré por completo.

Me acerqué a Raisa, y me senté en la silla que Kanda había dejado libre a su lado. Le aparté el pelo de la cara, para ver si mis sospechas eran ciertas. Raisa tenía los ojos rojos, y llorosos, pero las lágrimas no habían asomado aun por ellos. La abracé, y ella me lo devolvió. Un abrazo es mejor que cualquier palabra que le pudiese decir en ese momento. Aunque era una sensación extraña la que debería estar experimentando, pude comprenderla. Era la culpa porque ella había sido el centro de esa conversación, y no había podido intervenir para defender a uno de los dos bandos. Me alejé de ella y pude comprobar cómo una lágrima había optado por aparecer de sus ojos. Pero fue una única lágrima, como agradecimiento por mi compresión. Muchas otras veces nos habían pasado situaciones parecidas, tanto a ella como a mí, y ya sabíamos cuál era el mejor consuelo para aquellos casos. Todos en la enfermería nos habían ignorado por completo, bien porque no se habían dado cuenta, o porque habían optado por dejarnos aquel momento para nosotras solas. Después de un rato en silencio, le aparté el pelo de la cara para dejar al descubierto la herida que tenía en la frente.

-¿Cómo te encuentras? –le pregunté.

-Bien…Estoy bien, y se lo he dicho a ella, pero no me ha hecho caso.

-Te ha mirado las heridas, y se habrá dado cuenta de que estás bien, pero es muy cabezona, no reconocerá que tú o él lleváis razón.

-Es cierto, es muy difícil hacerla entrar en razón –Garuna se había unido a la conversación-, pero puedo intentar hablar con ella, para que os de más libertad, siempre y cuando vea que estáis bien, como para rebajar el reposo.

-Va a ser complicado –objeté yo.

-Se puede intentar –afirmó, convencida de ello, Garuna-, pero ahora no, será mejor que esperemos a que se le pase el cabreo, pero cuando la vea de mejor humor, iré a hablar con ella.

viernes, 20 de julio de 2012

Capturados (Parte 32)


Kanda se ajustó a Raisa a la espalda, que empezaba a resbalarse, y fueron a la parte de atrás del cuartel. Yo me encaminé, sujetando a Lavi, a nuestro árbol, y le ayudé a sentarse con la espalda apoyada en el tronco. Después me senté yo, justo delante suya, y mirándole fijamente.

-Tranquila, estoy bien -dijo llevándose una mano al costado-. Vamos, no me mires así, prefiero estar aquí fuera que dentro con esa bruja.

-Pero es que no tienes muy buena cara, y Raisa tampoco la tenía. Creo que nos hemos precipitado al salir.

-No te preocupes tanto. Relájate. Venga, ven aquí –dijo mientras me indicaba con la mano el lugar al lado suya.

Me acerqué lentamente y me quedé a su lado, donde él me había indicado, pero aun mirándole preocupada. Entonces Lavi me miró, levantó las manos, y me las puso encima de los ojos.

-Te he dicho que dejes de mirarme así.

-Vale, vale –dije entre risas, y forcejeando con sus manos para quitármelas de encima-. Ya paro.

Lo primero que me encontré tras recuperar la visión, fue su sonrisa. Luego él cerró los ojos y se apoyó de nuevo sobre el tronco. Yo me quedé como si hubiese recibido una descarga, no me podía mover, y me quedé mirando al frente, imaginándome su sonrisa de todas las maneras posibles, esa sonrisa que en tantos momentos me había alumbrado, y me había tranquilizado. Esa luz que me había mostrado tantas veces el camino a seguir, y que esperaba que no se apagase nunca. Pasamos un rato sentados, y de pronto, una sombra salió del cuartel por la puerta principal y se presentó frente a nosotros.

-¡Nemu! ¿Ya puedes correr? ¿Y la jefa te ha dejado salir?

Nemu asintió.

-Me ha obligado a ayudarla a buscaros a todos vosotros. Tiene un cabreo… Y todo por vosotros, por haber desaparecido sin decir nada.

-Oh oh… Lavi, estamos en problemas.

-Sí, será mejor que nos vayamos de aquí, estamos bastante a la vista.

-¡No! Lo mejor será que volvamos, si no, la cabrearemos más aun.

Pero mis palabras no sirvieron de nada. Lavi se levantó, y tiró de mí. Me obligó a correr unos metros, pero luego se paró, llevándose la mano al costado.

-¿Ves como no estás bien? Y como vea encima la jefa que nos hemos ido sin que estuvieseis recuperados del todo, la bronca será mayor.

Lavi levantó la mirada. Nos quedamos un rato en silencio, pero su cara me lo dijo todo. Le pasé el brazo por la cintura, y le ayudé a caminar, hacia la parte trasera del cuartel.

-Lo que me haces hacer… Como se entere tu abuelo nos va a caer una buena.

-Seguro que ya lo sabe y está que trina –dijo con una sonrisa pícara.

Resoplé, y seguí caminando. Cuando llegamos a la parte de atrás, vi a Kanda cuan largo era, tumbado en el suelo. Nos acercamos a él, y vimos que a su lado esta Raisa, profundamente dormida entre los brazos de Kanda. Él, distraído, la miraba mientras le acariciaba el pelo.

-Yu, estamos en problemas… La bruja se ha despertado y ha visto que no estábamos, y ahora está como loca buscándonos.

-Tsk.

-Vamos Yu, tenemos que buscar un sitio donde escondernos de ella.

-¿Y crees que lo vas a solucionar escondiéndote? Será mejor que vayas con ella y escuches la bronca calladito.

-Pero entonces, lo mejor sería que fuésemos todos juntos.

-Yo no voy.

-¿Y qué pretendes hacer? ¿Huir de por vida?

-Podría ser una opción.

Entonces una sombra calló sobre nosotros.

-Les he encontrado –dijo mirando hacia arriba.

Lavi gritó, y echó a correr, pero la recién llegada le agarró por la bufanda, impidiendo que se escapara.

-¡Quieto! ¿A dónde crees que vas? Ya la habéis liado suficiente por hoy.

Lavi se dio la vuelta, y se quedó mirando a su raptora.

-¡Lenalee!

-Lavi, ya basta. La jefa de enfermeras está preocupada.

-¿Preocupada? ¿Ella? Déjame que lo dude –dijo Kanda, aun mirando a Raisa.

-Bueno, en realidad no es tan bruja como os la imagináis –intervine yo.

-¡Lenalee! –la voz se escuchó por encima de nuestras cabezas. Todos las levantamos a la vez, para ver a un joven asomando la mitad del cuerpo por una ventada del segundo o tercer piso.

-Allen, ya les tengo.

-Menos mal, Komui empezaba a mosquearse.

-¿Komui? –dije yo, preocupada.

-Claro, todo el cuartel os está buscando –dijo Lenalee con los brazos en jarras.

Yo me llevé una mano a la cabeza.

-La hemos liado… Será mejor que volvamos.

-Tarde… -dijo una voz siniestra a mi espalda.

Kanda levantó la mirada rápidamente, y su gesto cambió drásticamente a una mueca de enfado, mientras que a Lavi tembló de arriba abajo. Me giré lentamente y…

-¡Jefa!

-Tú y yo ya hablaremos después, por ahora me llevo a estos conmigo –dijo mientras señalaba a los chicos. Después se giró a Kanda y señaló a Raisa con el dedo-. Será mejor que cargues con ella hasta la enfermería.

Después de que Kanda hubo cargado a Raisa, él y Lavi se acercaron a la jefa, y ella les agarró de las orejas, y se los llevó a la enfermería. Lenalee se quedó a mi lado.

-Está muy enfadada…

-Normal, menudo susto la habéis dado. Por un momento ha llegado a pensar lo peor…

-¿Lo peor?

Lenalee asintió.

-Se creía que alguien había entrado en el cuartel para planear un ataque desde dentro y os había tomado como rehenes, ya que los heridos son los que menos resistencia ponen.

Me llevé la mano a la cabeza.

-La hemos hecho buena…

-Un poco… Komui también estaba preocupado.

-Creo que le debo una disculpa. Mejor voy a verle.

Lenalee volvió a asentir, y me puso la mano en el hombro, para darme ánimos. “Va a ser un día muy largo”, pensé mientras me alejaba de ella.