lunes, 30 de julio de 2012

Lavi rompecorazones (Parte 35)


-Te voy a pedir una sola cosa –dije yo mientras veíamos cómo Garuna abandonaba la habitación-, que delante suya te cortes y no la llames bruja. Podrías llamarla jefa, al fin y al cabo, vas a trabajar para ella, por así decirlo.

-Aún no ha aceptado.

-Ya has oído a Garuna, no creemos que vaya a poner pegas. Bueno, déjame ahora a mí ocuparme de tus heridas.

Le hice a Lavi recostarse en la cama, y le pedí que se quitara la camiseta. Pude oír cómo Raisa se reía desde su cama. Me puse roja. ¿Cómo le he podido preguntar eso tan abiertamente? Madre mía… Aparté la mirada mientras se quitaba la camiseta, y luego, cuando hube considerado el tiempo necesario para ello, me di la vuelta, y empecé a mirarle las heridas del pecho. Las heridas causadas por el hielo estaban casi cicatrizadas, pero a las quemaduras les estaba costando más curarse. Volví a aplicarle un poco de mi agua sobre las heridas. Ya lo había hecho varias veces, pero no terminaban de cicatrizar, y algunas volvían a abrirse. Es probable que en el caso de Lavi el reposo fuese una buena opción, para que no se le abriesen las heridas por el movimiento. Terminé, y me alejé de Lavi, para que se pusiera la camiseta. Yo mientras fui a tirar las vendas usadas, y en mi camino pude ver cómo Raisa me guiñaba un ojo. Garuna apareció en ese momento con la jefa del brazo. Parecía más tranquila que antes. Las dos se acercaron a la cama de Lavi y esperaron a que yo también me uniera a ellos.

-A ver, ¿es cierto que quieres aprender algo de medicina?

-Bueno, necesito unos conocimientos básicos como Bookman Junior.

-Sigo creyendo que va a ser un estorbo.

-Jefa, no sea tan dura. Si no deja que se una gente nueva, nunca seremos más aquí para encargarnos de todos los pacientes que nos van llegando. Además, nos ayudaría cuando pudiera, ¿verdad Lavi?

-Claro –dijo ante la mirada que Garuna le estaba lanzando.

Seguramente esa sería una de las condiciones para que Lavi pudiera estar en la enfermería.

-No sé… Pero está claro que no puede andar por libre, va a necesitar de alguien que le vigile, y no voy a poner a ninguna de mis enfermeras a su cargo, que ya somos pocas como para que encima tengan que estar de niñeras.

-Y ahí es dónde Juvia entra en el juego –Garuna tiró de mí y me puso delante de la jefa.

Tras dudar unos segundos, me preguntó.

-¿Te vas a hacer cargo de él? ¿No le vas a quitar el ojo de encima?

-No, estaré a su cargo. Y me hago responsable de lo que pueda pasar.

La jefa terminó por suspirar y encogerse de hombros.

-Está bien, vosotras ganáis, pero que ni se le ocurra ponerse en medio.

Tras decir esto se alejó de nosotros, dejándonos a los tres solos. Garuna y yo nos giramos a Lavi, que tenía la cabeza gacha.

-Vamos, anima esa cara –dijo Garuna poniéndole una mano en el hombro-. Ha ido bien, ya estás dentro.

-No le des muchas vueltas, ha estado un poco borde, pero ha sido por la discusión de antes con Kanda. Ya verás cómo mañana está de mejor humor –le dije yo, para intentar animarle.

Lavi levantó la cabeza.

-No debería haberme metido en esto, y mucho menos a vosotras, como la lie la culpa será para vosotras.

-No te preocupes por eso. Estamos para apoyarnos los unos a los otros –dijo Garuna sonriente.

-Además yo confío en ti, y sé que lo vas a hacer bien, y no le vas a dar ningún motivo para que se enfade contigo. Es más, cuando te vayas porque ya hayas aprendido lo suficiente, te echará de menos. Créeme.

Lavi animó la cara levemente. Al ver que las dos le mirábamos fijamente, terminó sonriendo con un leve rubor en la cara.

-¿Ves? Eso está mucho mejor. Vamos, ven por aquí –dijo Garuna tirando de Lavi hacia una de las mesas auxiliares en las que estaban los utensilios médicos-. Lo mejor será que sigas cambiando vendajes, como has hecho con Juvia, para que vayas cogiendo confianza. Yo seguiré con los que necesitan otro tipo de cuidados. Te dejo al mando, Juvia.

Asentí, y le di a Lavi un empujón para que se acercara a la mesita y cogiera lo que creyese necesario. En pocos minutos, Lavi pasó por varias camas, cambiando las vendas de los pacientes. A medida que avanzaba, sus movimientos se iban haciendo más hábiles y rápidos. Los pacientes eran casi todos hombres, sólo había un par de mujeres, y Lavi se tuvo que ocupar de una de ellas. Ella no paraba de intentar hablar con él, y le lanzaba miraditas, mientras yo la devoraba con la mirada. Pero Lavi la ignoró por completo, no sé si a posta, o porque estaba tan centrado en su tarea que ni la escuchaba. Terminamos poco después de que Garuna terminase con los suyos. Lavi se sentó con un resoplido en una silla cercana a la ventana.

-¡Eh! Lo has hecho bastante bien. Te das bastante maña, y aprendes rápido.

Lavi sonrió, con los ojos cerrados, y la cabeza apoyada en el respaldo de la silla.
En ese momento la puerta de la enfermería se abrió para dejar paso a un grupo de enfermeras. Ámber y sus amigas avanzaban con paso seguro, firme, y las chicas que iban detrás suya parecían su propia escolta. Ella se dirigió a su guardia personal, y se quedaron paradas cerca de la puerta. Ámber, por el contrario, se acercó a nosotros, directa a Lavi, e ignorándome por completo. La verdad es que me esperaba esto desde la noche en que me ocupé de Lavi por primera vez, desde que me lanzó aquella mirada asesina, pero ha tardado bastante en entrarle… ¿Estaría esperando a que volviera, para hacerlo en mis propias narices? Muy típico de ella…

-Hola –dijo sentándose casi encima suya y pasándose el pelo por detrás de la oreja-. Ya he visto el arte que te das como enfermero, pero deja que te diga que otra profesora con más práctica te vendría mejor, para que aprendieras más en menos tiempo.

Lavi no supo cómo responder a eso. Alejó un poco la silla, arrastrándola por el suelo.

-Emm, así estoy bien, pero gracias por ofrecerte –dijo mirándola con extrañeza.

Tuve que aguantar la risa. Ámber se había lucido en su “declaración” y Lavi había sabido salir del paso dejándola por los suelos. Ella se levantó rápidamente, y se dispuso a irse, no sin antes darme un codazo cuando pasaba por mi lado. Recogió a su grupo de compinches y salieron de la enfermería.
Esperé unos momentos, para cerciorarme de que estaban lejos, y me empecé a reír. Garuna se unió a mi carcajada.

-Esta mujer, nunca cambiará  -dijo mientras se nos acercaba.

-¿Qué le pasaba? –dijo Lavi rascándose la cabeza.

-Ay Lavi querido, no te enteras de nada, ¿verdad? –dijo ella poniéndole la mano en la cabeza-. Ámber te quería apartar de Juvia, y lo lleva intentando desde que os conocisteis, pero la muy torpe ha tenido que esperar hasta ahora, unos diez meses después, para quedar fatal…

-Garuna, no seas tan cruel –dije entre risas.

-Pero es verdad, no soporta que las demás tengamos ningún tipo de relación con un chico si ella antes no le ha dado calabazas. Ella tiene que ser el primer amor de cada chico que ve. Ha sido así  desde hace años, y así seguirá siendo.

-Lavi, vas a tener que tener más cuidado, desde que te has hecho enfermero te han entrado dos chicas. Esto de ser médico va levantando pasiones entre las chicas –dije yo, secándome las lágrimas que la risa me había causado.

-Sí, eso es lo más normal que pase entre las pacientes, que se enamoren de sus médicos, pero con las enfermeras es al contrario, son ellas las que se enamoran de sus pacientes –dijo Garuna.

Menuda pullita me había lanzado, la muy guarra… Le lancé una mirada de “como te pille después sola, te mato”, pero ella simplemente me sacó la lengua y se fue, aun riéndose. Lavi nos miró extrañado, pero no debió de darse cuenta de mi reacción, porque se volvió a echar sobre la silla. Le dejé descansando, y me aproximé a la jefa. Me quedé en silencio a su lado, esperando que ella empezara a hablar. Pero no lo hizo, así que tuve que comenzar yo.

-¿Estás muy enfadada? –nada, más silencio-. Lo siento, ya sé que no debimos habernos ido así, pero ahora ya no se puede hacer nada, lo único, pedirte perdón.

Ella finalmente se dio la vuelta y se me quedó mirando.

-Pero Juvia, no sirve con un simple lo siento porque sé que lo vais a volver a hacer en cuanto os tenga aquí encerrados en otra ocasión.

-¿Entonces qué tengo que hacer para que nos perdones?

No respondió. Se quedó dudando.

-Bueno, por ahora sigue trayendo a ese –dijo señalando a Lavi- para que nos siga ayudando aquí.

Le habría hecho varias preguntas más, pero no me pareció el mejor momento, así que me alejé corriendo de ella, en dirección a Lavi, le cogí de las manos, y le hice levantarse de un salto.

-A la jefa le ha gustado cómo lo has hecho. Me ha dicho que te traiga más por aquí, y puede que nos acabe perdonando.

Lavi, aun sosteniendo mis manos, se acercó a la jefa, y le empezó a hablar sin que ella se diese la vuelta.

-Gracias por dejarme trabajar aquí. Procuraré no ser un estorbo… jefa…

-Vale, vale, venga largaos, no quiero veros más por aquí –nos dijo, moviendo las manos rápidamente hacia la puerta.

Los dos empezamos a correr para salir de allí antes de que la jefa cambiase de opinión, pero antes de cruzar el umbral de la puerta, la jefa nos volvió a llamar.

-Pero os quiero aquí antes de que anochezca. Aun no os voy a dejar pasar la noche en vuestras habitaciones, no hasta que las heridas estén curadas por completo.

Lavi y yo intercambiamos una sonrisa, y nos fuimos después de habernos despedido de Raisa con la mano. Por el camino nos encontramos a Kanda, que encaminaba sus pasos hacia la enfermería. Iba tan metido en sus pensamientos, que ni nos vio. Nos paramos y le vimos entrar en la enfermería. Los dos nos asomamos por la puerta, esperando alguna reacción por parte de la jefa, pero no pasó nada. Kanda se acercó a la cama de Raisa y se sentó a su lado. La jefa levantó la cabeza de sus papeles y los miró, pero no dijo nada. Volvió a agachar la cabeza  y a sumergirse en los documentos. Lavi y yo nos miramos y nos encogimos de hombros. Nos incorporamos y nos quedamos mirándonos.

-¿Qué te parece si nos vamos a comer algo a la cafetería? No hemos comido nada en todo el día –me dijo Lavi.

-Me parece bien.

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