Cuando me
desperté a la mañana siguiente era ya casi la hora de comer. Lavi estaba
sentado en la cama, mirando por la ventana, pero debió sentirme, porque en
seguida se dio la vuelta y me sonrió, seguido de un bostezo.
-Buenos
días… -dije bostezando, me lo había pegado-. ¿Llevas mucho tiempo despierto?
Negó con la
cabeza. Noda apareció entre sus manos, vino volando, me dio un golpecito en la
nariz, y volvió a las manos de Lavi, a enredarse entre sus dedos.
-Estábamos
jugando.
Sonreí. Me
quedé tumbada de lado, mirándoles. Lavi tenía la cabeza agachada en dirección a
Noda, pero miraba sin ver.
-¿Te pasa
algo? Estás un poco extraño.
-No es nada.
Será lo de ayer, no me habrá sentado muy bien que destruyeran la Inocencia en
mi cara…
Aun con la
ropa de dormir nos fuimos a la habitación de al lado, a ver qué tal habían
pasado la noche los demás.
La puerta
estaba abierta. Giramos el pomo y nos asomamos. Kanda estaba sentado en un lado
libre que había en la cama en la que dormía Raisa. Tenía la mirada perdida en
ella, y le pasaba la mano por el pelo de manera distraída. Dimos un par de
pasos dentro la habitación en dirección a ellos, y Kanda levantó la cabeza. Nos
miramos. Parecía más tranquilo, al contrario que Lavi. Raisa abrió los ojos y
se nos quedó mirando a todos. Poco después salimos las dos de allí, para ir a
arreglarnos y prepararnos para el viaje de vuelta. Lo hicimos todo en silencio,
o eso creo, porque no fui consciente de si Raisa me estaba diciendo algo,
estaba muy distraída. Cuando terminamos, salimos al pasillo. Los chicos ya nos
esperaban. El camino a la estación fue también en silencio. La situación no se
parecía en nada a la de cuando llegamos a aquel pueblo, las cosas habían
cambiado mucho, y no me gustaba el rumbo que estaba tomando aquello. Cuando
llegamos al tren nos sentamos Raisa y yo en un par de bancos enfrentados, y los
chicos se alejaron un poco más. Se sentaron uno en frente del otro, Lavi
mirando por la ventana, y Kanda con las piernas y los brazos cruzados, los ojos
cerrados, y la cabeza agachada. Yo me senté en uno de los bancos, y me quedé
mirando por la ventana. Raisa se quedó de pie a mi lado, mirándome, hasta que
se sentó a mi lado y me pasó el brazo por encima de los hombros.
-¿Se puede
saber qué te pasa? Bueno, a ti y al pelirrojo. ¿Os habéis levantado de malas?
-En realidad
no lo sé. Creo que le pasa algo, pero no me lo quiere decir…
-Puedo
intentar hablar con él.
Negué con la
cabeza.
-No te
preocupes. Imagino que se le pasará cuando lleguemos allí.
Pasamos el
resto del viaje en silencio, yo apoyada en el lado de la ventana, con las piernas
estiradas sobre el banco, Raisa tumbada al lado mío, en el hueco que quedaba en
el banco, y Noda entre mis manos. Cuando llegamos, Komui nos esperaba con
Lenalee y Allen. Komui no preguntó demasiado, simplemente si estábamos bien.
Allen se acercó a nosotras, mientras que Lenalee se iba con Kanda y Lavi.
-Juvia,
Raisa, sé que no es mejor momento, que lo tenéis todo muy reciente, y que
seguramente queráis olvidarlo, así que no voy a insistir, pero si necesitáis
algo, me tenéis para lo que queráis.
-Allen,
gracias.
Allen se
acercó a mí, y me dio un abrazo, acercando también a Raisa. Fue un gran abrazo
entre los tres, que me sentó muy bien. Noté que alguien más se nos unía por mi
espalda. Levanté la cabeza. Lenalee estaba detrás de mí abrazándonos a los
tres, y luego llegaron otros brazos más.
-Sí, un
abrazo colectivo, esto es lo mejor para estas ocasiones, buena idea Allen
–Komui lloriqueaba desde algún lado de aquel abrazo.
Nos
separamos, y nos quedamos mirándonos, formando un círculo. Lenalee y yo nos
secábamos las lágrimas, Komui lloraba en el hombro de su hermana y Allen y
Raisa compartieron una sonrisa. Me giré, buscando a Lavi y Kanda con la mirada.
Estaban uno pasos más atrás, observando la escena, Kanda serio, y Lavi triste.
Kanda se fue en seguida, y Lenalee, al ver eso, se acercó a Lavi y se lo llevó
cogido del brazo.
-¡¡Juvia!!
Me giré. Un
gato negro saltó a mis brazos.
-¡Nemu! –le
cogí por debajo de las patas y me lo puse a la altura de los ojos-. Te he
echado de menos –dije mientras le abrazaba.
Noda, que
había estado apoyado en mi cabeza todo ese tiempo, bajó y se quedó mirando a
Nemu. Le dio un lengüetazo, y luego revoloteó contento a su alrededor un par de
veces antes de posarse en su cabeza.
-Hemos
estado entrenando, y hemos descubierto unas cosas muy curiosas de su Inocencia
–dijo Komui mientras se acercaba a nosotros-. ¿Verdad Nemu? –dijo,
acariciándole por debajo de la barbilla.
El gato, aun
en mis brazos, levantó la cabeza y movió la cola contento.
Raisa y yo nos despedimos de todos, para irnos a nuestras habitaciones. En el camino se nos acercó Komui.
Raisa y yo nos despedimos de todos, para irnos a nuestras habitaciones. En el camino se nos acercó Komui.
-Siento
mucho que vuestro primer encuentro con los Noé haya sido así. No le deis más
vueltas al tema de la Inocencia, no tiene importancia. Y no os preocupéis por
Kanda y Lavi, ya se les pasará –nos dijo sonriendo.
Komui se
quedó parado, viendo como nos íbamos a las escaleras. Antes de subir nos dimos
la vuelta, y nos despedimos de él con la mano. Una vez en nuestro piso, nos
despedimos Raisa y yo, y nos metimos cada una en nuestra habitación. Yo deshice
la maleta despacio, mientras Noda y Nemu me miraban desde la cama. Al rato
alguien llamó a la puerta, me acerqué para abrir, y me asomé por el hueco.
Raisa me miraba con los ojos tristes, y una leve sonrisa. Me aparté de la
puerta para dejarla pasar. Ella pasó, y se sentó a lado de Nemu y Noda, en mi
cama. Yo me quedé apoyada en la puerta, ya cerrada, y la miraba fija en el
suelo. Al ver que yo no decía nada, ella comenzó a hablar.
-Bueno, a
ver, ¿qué te pasa?
Me encogí de
hombros.
-Eso no me
sirve. Algo te tiene que pasar, no es normal que estés así.
Comencé a
levantar la cabeza en su dirección. Tenía los ojos llorosos. Raisa se levantó
de la cama y vino a abrazarme. Al sentir su contacto, las lágrimas empezaron a
caer por mis mejillas. Nos fuimos resbalando por la puerta, hasta quedarnos
sentadas en el suelo, apoyadas la una en la otra. Raisa permaneció en silencio,
abrazada a mí, hasta que me tranquilicé y mi llanto se sofocó. Entonces
empezamos a separarnos, aun con los brazos entrelazados, y en el suelo. Nos
miramos.
-¿Mejor?
Asentí. Aun
no sabía porque me había pasado aquello, pero llorar en el hombro de una amiga
me había ayudado bastante. Raisa empezó a secarme las lágrimas con el dorso de
su mano.
-Perdona… No
sé qué me pasa…
-No te
preocupes. Ahora sal a distraerte un rato. Ya verás cómo mañana estás mejor.
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