miércoles, 4 de julio de 2012

De bajón (Parte 26)


Cuando me desperté a la mañana siguiente era ya casi la hora de comer. Lavi estaba sentado en la cama, mirando por la ventana, pero debió sentirme, porque en seguida se dio la vuelta y me sonrió, seguido de un bostezo.

-Buenos días… -dije bostezando, me lo había pegado-. ¿Llevas mucho tiempo despierto?

Negó con la cabeza. Noda apareció entre sus manos, vino volando, me dio un golpecito en la nariz, y volvió a las manos de Lavi, a enredarse entre sus dedos.

-Estábamos jugando.

Sonreí. Me quedé tumbada de lado, mirándoles. Lavi tenía la cabeza agachada en dirección a Noda, pero miraba sin ver.

-¿Te pasa algo? Estás un poco extraño.

-No es nada. Será lo de ayer, no me habrá sentado muy bien que destruyeran la Inocencia en mi cara…

Aun con la ropa de dormir nos fuimos a la habitación de al lado, a ver qué tal habían pasado la noche los demás.
La puerta estaba abierta. Giramos el pomo y nos asomamos. Kanda estaba sentado en un lado libre que había en la cama en la que dormía Raisa. Tenía la mirada perdida en ella, y le pasaba la mano por el pelo de manera distraída. Dimos un par de pasos dentro la habitación en dirección a ellos, y Kanda levantó la cabeza. Nos miramos. Parecía más tranquilo, al contrario que Lavi. Raisa abrió los ojos y se nos quedó mirando a todos. Poco después salimos las dos de allí, para ir a arreglarnos y prepararnos para el viaje de vuelta. Lo hicimos todo en silencio, o eso creo, porque no fui consciente de si Raisa me estaba diciendo algo, estaba muy distraída. Cuando terminamos, salimos al pasillo. Los chicos ya nos esperaban. El camino a la estación fue también en silencio. La situación no se parecía en nada a la de cuando llegamos a aquel pueblo, las cosas habían cambiado mucho, y no me gustaba el rumbo que estaba tomando aquello. Cuando llegamos al tren nos sentamos Raisa y yo en un par de bancos enfrentados, y los chicos se alejaron un poco más. Se sentaron uno en frente del otro, Lavi mirando por la ventana, y Kanda con las piernas y los brazos cruzados, los ojos cerrados, y la cabeza agachada. Yo me senté en uno de los bancos, y me quedé mirando por la ventana. Raisa se quedó de pie a mi lado, mirándome, hasta que se sentó a mi lado y me pasó el brazo por encima de los hombros.

-¿Se puede saber qué te pasa? Bueno, a ti y al pelirrojo. ¿Os habéis levantado de malas?

-En realidad no lo sé. Creo que le pasa algo, pero no me lo quiere decir…

-Puedo intentar hablar con él.

Negué con la cabeza.

-No te preocupes. Imagino que se le pasará cuando lleguemos allí.

Pasamos el resto del viaje en silencio, yo apoyada en el lado de la ventana, con las piernas estiradas sobre el banco, Raisa tumbada al lado mío, en el hueco que quedaba en el banco, y Noda entre mis manos. Cuando llegamos, Komui nos esperaba con Lenalee y Allen. Komui no preguntó demasiado, simplemente si estábamos bien. Allen se acercó a nosotras, mientras que Lenalee se iba con Kanda y Lavi.

-Juvia, Raisa, sé que no es mejor momento, que lo tenéis todo muy reciente, y que seguramente queráis olvidarlo, así que no voy a insistir, pero si necesitáis algo, me tenéis para lo que queráis.

-Allen, gracias.

Allen se acercó a mí, y me dio un abrazo, acercando también a Raisa. Fue un gran abrazo entre los tres, que me sentó muy bien. Noté que alguien más se nos unía por mi espalda. Levanté la cabeza. Lenalee estaba detrás de mí abrazándonos a los tres, y luego llegaron otros brazos más.

-Sí, un abrazo colectivo, esto es lo mejor para estas ocasiones, buena idea Allen –Komui lloriqueaba desde algún lado de aquel abrazo.

Nos separamos, y nos quedamos mirándonos, formando un círculo. Lenalee y yo nos secábamos las lágrimas, Komui lloraba en el hombro de su hermana y Allen y Raisa compartieron una sonrisa. Me giré, buscando a Lavi y Kanda con la mirada. Estaban uno pasos más atrás, observando la escena, Kanda serio, y Lavi triste. Kanda se fue en seguida, y Lenalee, al ver eso, se acercó a Lavi y se lo llevó cogido del brazo.

-¡¡Juvia!!

Me giré. Un gato negro saltó a mis brazos.

-¡Nemu! –le cogí por debajo de las patas y me lo puse a la altura de los ojos-. Te he echado de menos –dije mientras le abrazaba.

Noda, que había estado apoyado en mi cabeza todo ese tiempo, bajó y se quedó mirando a Nemu. Le dio un lengüetazo, y luego revoloteó contento a su alrededor un par de veces antes de posarse en su cabeza.

-Hemos estado entrenando, y hemos descubierto unas cosas muy curiosas de su Inocencia –dijo Komui mientras se acercaba a nosotros-. ¿Verdad Nemu? –dijo, acariciándole por debajo de la barbilla.

El gato, aun en mis brazos, levantó la cabeza y movió la cola contento.
Raisa y yo nos despedimos de todos, para irnos a nuestras habitaciones. En el camino se nos acercó Komui.

-Siento mucho que vuestro primer encuentro con los Noé haya sido así. No le deis más vueltas al tema de la Inocencia, no tiene importancia. Y no os preocupéis por Kanda y Lavi, ya se les pasará –nos dijo sonriendo.

Komui se quedó parado, viendo como nos íbamos a las escaleras. Antes de subir nos dimos la vuelta, y nos despedimos de él con la mano. Una vez en nuestro piso, nos despedimos Raisa y yo, y nos metimos cada una en nuestra habitación. Yo deshice la maleta despacio, mientras Noda y Nemu me miraban desde la cama. Al rato alguien llamó a la puerta, me acerqué para abrir, y me asomé por el hueco. Raisa me miraba con los ojos tristes, y una leve sonrisa. Me aparté de la puerta para dejarla pasar. Ella pasó, y se sentó a lado de Nemu y Noda, en mi cama. Yo me quedé apoyada en la puerta, ya cerrada, y la miraba fija en el suelo. Al ver que yo no decía nada, ella comenzó a hablar.

-Bueno, a ver, ¿qué te pasa?

Me encogí de hombros.

-Eso no me sirve. Algo te tiene que pasar, no es normal que estés así.

Comencé a levantar la cabeza en su dirección. Tenía los ojos llorosos. Raisa se levantó de la cama y vino a abrazarme. Al sentir su contacto, las lágrimas empezaron a caer por mis mejillas. Nos fuimos resbalando por la puerta, hasta quedarnos sentadas en el suelo, apoyadas la una en la otra. Raisa permaneció en silencio, abrazada a mí, hasta que me tranquilicé y mi llanto se sofocó. Entonces empezamos a separarnos, aun con los brazos entrelazados, y en el suelo. Nos miramos.

-¿Mejor?

Asentí. Aun no sabía porque me había pasado aquello, pero llorar en el hombro de una amiga me había ayudado bastante. Raisa empezó a secarme las lágrimas con el dorso de su mano.

-Perdona… No sé qué me pasa…

-No te preocupes. Ahora sal a distraerte un rato. Ya verás cómo mañana estás mejor.

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