sábado, 21 de julio de 2012

La cabezonería de la jefa (Parte 33)


Llegué al frente del departamento de ciencias pensando en las posibles reacciones de Komui al verme. Después de dudar durante unos segundos, me armé de valor y entré en el departamento. Aquello era un caos, gente corriendo de un lado para otro, pero no era como la primera vez que estuve allí. Ahora la gente tenía expresiones de horror y miedo en sus rostros. La voz de Komui llegaba desde el otro extremo de la habitación.

-Rápido, que alguien investigue si ha entrado alguien ajeno al cuartel. Preguntad a todo el que os encontréis si ha visto a alguien sospechoso -las órdenes de Komui eran tajantes  y no admitían réplica. Me fui acercando a su despacho, hasta tenerle a la vista-. Reever, refuerza la seguridad de la enfermería. Mirad si alguien más ha desaparecido y hacérmelo saber de inmediato.

Reever, tras recibir las órdenes, se alejó corriendo. Iba tan centrado en su misión, que ni me vio cuando pasó por mi lado. Respiré un par de veces y me acerqué a Komui, que le estaba echando la bronca a uno que ordenaba documentos en una estantería.

-Supervisor… -empecé, pero él no me oyó-. Komui –le puse la mano en el hombro.

Él se dio la vuelta y al principio pareció enfadado, se imaginaría que sería alguno de los encargados. Iba a replicar cuando se dio cuenta de quién era, y se quedó mudo. Abrió la boca en señal de asombro, al igual que los que estaban a nuestro alrededor.

-¡Juvia! ¿Dónde estabas? ¿Y los demás? ¿Estáis todos bien?

Asentí.

-Lo siento, no quería armar todo esto…

-¿Por qué os fuisteis?

-Llevábamos muchos días ahí encerrados, y no nos estaba sentando bien estar tanto tiempo sin que nos diera el sol…

-Pero haber avisado por lo menos.

-Ya sé que deberíamos haber avisado, pero si lo hubiésemos hecho, la jefa no nos habría dejado salir.

-¿Entonces, estáis todos bien?

-Sí, estamos bien. La jefa se ha llevado a Lavi, Kanda y Raisa a la enfermería, pero ahora temo la bronca que me va a caer…

-Bueno, una pequeña bronca sí que tiene que caeros, por el susto que nos habéis dado.

-¿Qué habíais pensado? –dije con una pequeña sonrisa.

-No sé, que se había infiltrado algún demonio o Noé, y os tenía de rehenes.

-Tú siempre tan exagerado, hermano, todo tienes que llevarlo al extremo –Lenalee había aparecido detrás de mí, y miraba Komui por encima de mi hombro con una sonrisa.

-¡Lenalee! –Komui se lanzó a los brazos de su hermana, y dejó de ser persona. La abrazó por los hombros, y pasaba su cabeza de arriba abajo por toda la mejilla de Lenalee.

Ella se encogió de hombros, mientras intentaba despegárselo, pero finalmente, con los brazos, libres del codo para abajo, me indicó que podía irme, que por parte de Komui todo estaba solucionado.
Pero me quedaba la peor parte. La jefa estaría en la enfermería esperando mi llegada, así me encaminé hacia allí. Estaba llegando a la enfermería cuando me encontré a alguien un poco por delante de mí, que llevaba la misma dirección que yo. El hombre, bajito escuchó mis pasos, y se dio la vuelta. Al ver que era yo, se paró, y esperó a que le alcanzara. A medida que me acercaba, pude ver un cambio en la expresión de Bookman, de miedo mezclado con incertidumbre, a una ligera relajación y alivio.

-Bookman…

-Juvia, estás bien. Entonces, él también…

-Sí, él está bien. Siento haberos dado este susto, y más a ti, cuándo fui yo la que te dije que le vigilaría.

-Bueno, teóricamente lo has hecho. Has estado con él, ¿verdad?

-Sí, pero…

-Bueno, no ha hecho ninguna locura, ha sido Komui el que nos ha metido ideas equivocadas en la cabeza. Además, esto no habría pasado si esa jefa tuya no fuese tan estricta. Lavi es un espíritu libre, y no soporta que le encierren. Es normal que haya escapado, y lo volverá a hace, créeme.

-Le creo… ¿Entonces, no estás enfadado?

Él negó con la cabeza.

-En realidad no llegué a preocuparme mucho, sabía que saldríais de algún sitio. Además, siendo vosotros cuatro, la opción de Komui no era muy acertada, porque siempre vais los cuatro juntos, sobretodo tú y Raisa, o con Lavi, y sois bastante fuertes como para que un simple demonio os tome como rehenes.

La explicación de Bookman me convenció, así que alegré la cara levemente. Pero no fue por mucho tiempo. Bookman comenzó a andar hacia la enfermería, donde mi destino y una gran bronca me esperaban. Seguí a Bookman hasta la enfermería, pero me quedé en la puerta. Él, por el contrario, entró decidido, mirando a su nieto. Yo vi como Lavi se encogía cada vez más en la cama, hasta que su abuelo llegó junto a él y le soltó un capón. Sonreí. Seguí paseando la mirada por la habitación, y vi a Garuna, que cargaba con material médico para encargarse de las heridas de un paciente. La saludé con la mano, y ella me lo devolvió con la cabeza. Seguí mirando, hasta que llegué a la jefa. Estaba con Raisa, mirándole las heridas que, por suerte, parecían estar bien. Mientras, hablaba con Kanda.

-Te dije que necesitaba reposo. ¿Cómo se te ocurre llevártela así?

-Necesitaba que le diese un poco el aire.

-Yo decidiré lo que les hace falta a mis pacientes.

-Si nos tienes aquí encerrados, no solo tardaremos más en recuperarnos, si no que cuando salgamos, seremos vulnerables a todo, y nos costará volver a recuperar nuestra forma. No podemos tirarnos días tumbados en una cama, tenemos que movernos, y…

-¡BASTA! Si se fuerzan las heridas tardan más en curarse, y pueden dejar secuelas. Se necesita reposo para que se curen por completo.

-Esto es ridículo, no escuchas nada de lo que te decimos.

-Ridículo es todo lo que dices. ¿Cómo pretendes que esta chica empiece a entrenar en su estado?

-En ningún momento he dicho que empiece a entrenar, sólo he dicho que se mueva un poco.

-Tampoco puede…

La frase de la jefa se quedó a medias. Kanda se había levantado de la silla, se colgó la katana al hombro y se fue de la enfermería. Raisa tenía la cabeza agachada, con el pelo rosa cubriéndole la cara, pero por lo que la conocía pude saber que estaba al borde del llanto. La jefa terminó su tarea y se levantó. Abandonó la enfermería con cara de pocos amigos sin ni siquiera ser consciente de mi presencia. Todos los que quedábamos allí estuvimos en silencio. Garuna fue la primera en hablar.

-Vaya genio que se gastan los dos…

-Ya ves, por un momento me han dado miedo –dijo Lavi desde su cama, con Bookman aun a su lado-. ¿Qué te pasa Panda, te has quedado muy callado?

-Calla, mocoso –dijo mientras le daba un capón-. Es que entiendo la postura de los dos, pero no sé cuál es la más acertada.

-Vamos, no entres tú también, que al final vamos a seguir nosotros su pelea –Lavi había entrado en una conversación con su abuelo, pero la ignoré por completo.

Me acerqué a Raisa, y me senté en la silla que Kanda había dejado libre a su lado. Le aparté el pelo de la cara, para ver si mis sospechas eran ciertas. Raisa tenía los ojos rojos, y llorosos, pero las lágrimas no habían asomado aun por ellos. La abracé, y ella me lo devolvió. Un abrazo es mejor que cualquier palabra que le pudiese decir en ese momento. Aunque era una sensación extraña la que debería estar experimentando, pude comprenderla. Era la culpa porque ella había sido el centro de esa conversación, y no había podido intervenir para defender a uno de los dos bandos. Me alejé de ella y pude comprobar cómo una lágrima había optado por aparecer de sus ojos. Pero fue una única lágrima, como agradecimiento por mi compresión. Muchas otras veces nos habían pasado situaciones parecidas, tanto a ella como a mí, y ya sabíamos cuál era el mejor consuelo para aquellos casos. Todos en la enfermería nos habían ignorado por completo, bien porque no se habían dado cuenta, o porque habían optado por dejarnos aquel momento para nosotras solas. Después de un rato en silencio, le aparté el pelo de la cara para dejar al descubierto la herida que tenía en la frente.

-¿Cómo te encuentras? –le pregunté.

-Bien…Estoy bien, y se lo he dicho a ella, pero no me ha hecho caso.

-Te ha mirado las heridas, y se habrá dado cuenta de que estás bien, pero es muy cabezona, no reconocerá que tú o él lleváis razón.

-Es cierto, es muy difícil hacerla entrar en razón –Garuna se había unido a la conversación-, pero puedo intentar hablar con ella, para que os de más libertad, siempre y cuando vea que estáis bien, como para rebajar el reposo.

-Va a ser complicado –objeté yo.

-Se puede intentar –afirmó, convencida de ello, Garuna-, pero ahora no, será mejor que esperemos a que se le pase el cabreo, pero cuando la vea de mejor humor, iré a hablar con ella.

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