Lavi se la
quedó mirando con la boca medio abierta, mientras Kanda se acercaba lentamente
a la cama y se dejaba caer, sujetándose el brazo derecho. Entonces me acordé
que durante la batalla de los hermanos, el brazo de Kanda había sido congelado,
y Lavi… él debía tener quemaduras bajo las mangas de la chaqueta. Raisa se
acercó a la cama, y me miró alarmada. Me acerqué y entre las dos tumbamos a
Kanda en la cama. Raisa se sentó en el suelo, al lado izquierdo de Kanda, con
los brazos apoyados en la cama, y yo le separé el brazo derecho del cuerpo. Aun
tenía restos de escarcha, y la piel estaba casi azul. Temblaba. Me acordé de
que cuando estaba atrapada por las ramas, había hecho que mi agua hirviera. Lo
intenté, ya que lo que mejor le iba a Kanda en aquel momento era agua caliente,
por lo menos para que entrara en calor. Intenté recrear aquel sentimiento, pero
no me salió el agua tan caliente, pero tampoco quería achicharrar a Kanda, así
que eso me bastó para hacer que entrara en calor, y quitar la escarcha del
brazo. Poco a poco fue recuperando su color natural. Raisa, desde el suelo, y
Lavi, por encima de mi hombro, miraban preocupados.
-Tranquilos,
está bien. Ahora necesita descansar.
Me levanté y
cogí a Lavi de la mano.
-Si
necesitas algo, estoy aquí al lado –le dije a Raisa antes de irme.
Noda me
siguió hasta nuestra habitación. Hice entrar a Lavi, y le senté en la cama. Yo
me arrodillé frente a él, y le levanté con suavidad las mangas de la chaqueta.
Tal como imaginaba, tenía los brazos llenos de quemaduras.
-¿Cómo has
podido aguantar tanto tiempo con esto así sin quejarte?
-Tampoco es
para tanto. No me duele nad-¡au!
Le había rozado
el brazo con uno de mis dedos, para saber en qué estado se encontraba la
herida, pero por su expresión pude saberlo de inmediato. Levanté la cara y me
le quedé mirando. Lavi encogió la cabeza entre los hombros. Entonces me dispuse
a comenzar mi trabajo. Con una mano le sujetaba el brazo, y la otra la pasaba
lentamente por encima del brazo. Como la otra vez que le curé la herida de la
cabeza, el agua se acumuló bajo mi mano, y fue pasando por las quemaduras, mejorando
considerablemente su situación. Le vendé el brazo con unas vendas que le había
pedido a la posadera. Ella, asustada, me había preguntado si había pasado algo,
pero le dije que nos habíamos cortado haciendo unos trabajos, nada importante.
Me había dejado el botiquín entero, y tras terminar con un brazo, me pasé al
siguiente. Terminé, y Lavi se me quedó mirando.
-Bueno, me
toca –dijo, levantándome la barbilla.
Empezó a
pasar los dedos por mi cara y noté un leve escozor.
-¿Qué…?
–dije llevándome la mano a la cara.
Lavi la paró
antes de que llegara.
-Tienes
algunos arañazos. Déjame ahora a mí que haga algo por ti.
Asentí en
silencio y mantuve la cabeza levantada mientras Lavi trataba mis heridas, hasta
que las hubo cubierto. Me apartó el pelo del cuello, y descubrió otro corte. Me
cogió de las manos, me hizo levantarme y sentarme a su lado en la cama para
tratarme esa herida. Pronto hubo terminado.
-Sé que no
es gran cosa, pero servirá hasta que alguien que sepa se ocupe de ello.
-No te
preocupes, está perfecto, y son sólo unos cortes.
-Ahora eres
tú la que intentas quitarle importancia –se quedó un rato en silencio-. Juvia,
yo…
Llamaron a
la puerta. Nos quedamos en silencio, mirándonos. Finalmente Lavi se levantó, y
se dirigió a la puerta. Al otro lado apareció la posadera.
-Ah, perdón.
¿Está aquí la joven del pelo azul?
Lavi se
apartó de la puerta para dejarme a la vista de la señora. Yo levanté la mano a
modo de saludo, y procedí a guardar todo en el botiquín. Lavi la dejó pasar, y
ella se situó a mi lado.
-Ya hemos
terminado con esto, muchas gracias.
-No hay
porqué darlas. ¿Seguro que estáis bien, no necesitáis nada?
-Tranquila,
han sido solo unos rasguños –dije señalándome la cara.
-Está bien,
pero déjame por lo menos haceros algo caliente que llevaros a la boca. No
habéis comido nada desde que habéis llegado.
-Eso me
sentaría muy bien –dijo Lavi con la mano en el estómago.
-Pues no se
hable más, bajad dentro de un ratito, que os tendré algo preparado.
-Muchas
gracias –dije mientras la veía salir por la puerta. Me giré a Lavi-. ¿Qué ibas
a decir antes?
-N-no es
nada, no te preocupes.
Agaché la
cabeza.
-¿Qué te
parece si pasamos a ver a los dos tórtolos antes de bajar? –me preguntó.
A modo de
respuesta, me levanté de la cama. Lavi se dirigió a la puerta para abrirla, y
la cerró cuando Noda y yo estuvimos fuera. Nos asomamos a la habitación de los
chicos. Kanda seguía tumbado en la cama, y Raisa seguía donde la habíamos
dejado, en el suelo, al lado de Kanda, con la cara escondida entre los brazos.
Entramos y nos acercamos a ellos. Raisa se había quedado dormida, así que entre
los dos la tumbamos en la cama libre y la tapamos con una manta. Cuando fuimos
a salir vimos que Kanda se daba la vuelta, y se quedaba mirando a Raisa.
Cerramos la puerta y bajamos a cenar algo. Cuatro platos vacíos nos esperaban
en una mesa. Disculpamos ante la posadera a Kanda y Raisa, que ya estaban
durmiendo, y nos sirvió una sopa caliente a Lavi y a mí. Después de haberla
terminado nos subimos a la habitación, y nos quedamos mirando la puerta tras la
que estaban descansando Kanda y Raisa. Me encogí de hombros, y me acerqué a la
habitación de al lado, la abrí e invité a Lavi a pasar.
-Vamos, a la
cama, que mañana tendremos que volver al cuartel. Y no le des vueltas a lo que
ha pasado y descansa –le dije mientras cogía algo de ropa de cambio y me metía
en el baño.
Cuando salí,
Lavi ya estaba en la cama, tapado con la sábana hasta la mitad del cuerpo. Se
había quitado la cazadora y el pañuelo, quedándose con la camiseta azul que
solía llevar debajo. Estaba tumbado de medio lado, y miraba por la ventana. Noda
ya me esperaba en la cama, me metí a su lado y apagué la luz. Oí un suspiro.
-Vamos Lavi,
no lo pienses más. Komui no parece habérselo tomado muy mal…
-No te
preocupes, no eso…
-¿Entonces
qué es?
-Secreto…
Buenas noches Juvia.
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