sábado, 30 de junio de 2012

Misión fallida (Parte 24)


La misión había fracasado. La Inocencia había sido destruida. Volvimos a la posada en silencio. Nos despedimos de los chicos, y nos metimos las dos en nuestra habitación. Raisa se quedó apoyada en la puerta, y yo me tumbé en la cama, con las piernas colgando, y mirando al techo. Noda se acercó a mí, y se posó en mi frente. A los pocos minutos se empezaron a escuchar golpes, y algunas voces al otro lado de la pared, en la habitación contínua. Raisa y yo nos miramos y permanecimos en silencio.

-Vamos Yu, no te enfades tanto. ¿Quién esperaría que los Noé estuvieran detrás de todo esto?

-Tú cállate. Tenemos que estar siempre preparados, para lo que sea, y por nuestra incompetencia, nos han arrebatado otro trozo de Inocencia –silencio, roto por un ruido-. Déjame tranquilo. Nosotros no estamos hechos para estar en el mismo equipo. Yo no puedo trabajar contigo. Si no, piensa en las otras misiones, todas se fueron al traste.

-Eso no es verdad. Todas no, sólo algunas…

-Que me dejes.

-Vamos Yu, no tienes que ponerte así. Tranquilízate.

Otro ruido.
Raisa y yo nos asustamos, y salimos corriendo. Llegamos a la habitación de los chicos y de un empujón tiramos la puerta entre las dos.
Nos encontramos a Lavi a unos pasos de la puerta, y Kanda justo en frente, al lado de la ventana, con la katana desenvainada.

-¡Kanda! –Raisa se interpuso entre los dos-. ¿Qué crees que haces?

Kanda pareció volver en sí, tras un rato de dominio por la ira, bajó la mano, y la katana se quedó apoyada en el suelo. Raisa se acercó a Kanda, cogiéndole la katana. Yo me situé al lado de Lavi y le tomé del brazo.

-Mejor vámonos. Deja que Raisa se ocupe de esto –le susurré.

Salimos a la calle, y estuvimos dando una vuelta, hasta que vimos un jardín. Lavi me tomó de la mano, y me llevó hasta el jardín. Se sentó a la sombra de un gran árbol, y yo me reí, mirándole aun desde arriba.

-¿Qué pasa?

-Te gusta mucho sentarte en sitios así, ¿no?

-Bueno, sí. Me da sensación de libertad –dijo con la mirada perdida.

Me senté a su lado, y le pasé la mano por delante de los ojos. Él volvió de su estado de letargo, y me miró sonriente.

-¿Qué ha pasado hace un momento?

-Bueno, a Kanda no le ha sentado muy bien perder esa Inocencia.

-Pero ese no es motivo para ponerse así.

-Kanda es muy serio con todo este asunto, y no permite ningún fallo.

-Pero apuntar a su propio compañero con su arma…

-No le des importancia. Sólo ha sido un calentón.

Le miré, sospechando.

-Vamos, no me mires así. Olvida todo esto. Raisa estará hablando con él, y me da que a ella sí que la va a escuchar. ¿Se puede saber qué cosas os contáis las chicas entre vosotras?

-Es secreto –la dije sacándole la lengua.

Él se enfurruñó.

-Con que secreto, ¿eh? Vale, yo también te voy a dejar de contar muchas cosas…

-¿Cosas como qué? –le miré levantando una ceja.

Él se cruzó de brazos.

-Con que esas tenemos… -dije yo sonriendo y mirándole de reojo-. Muy bien, como quieras. Un momento… ¿me cuentas tus secretos?

Lavi se sonrojó un poco.

-B-bueno, algunas cosas… no todas, claro –dijo en un susurro.

Me quedé mirándole, aun con la ceja levantada.

-No te lo voy a decir, es secreto –y me sacó la lengua.

-Será posible –me giré, dándole la espalda, aun sentada y con los brazos cruzados.

-Vamos, si has empezado tú, no te enfades.

Lavi me puso las manos sobre los hombros, intentando girarme. Yo aguanté como pude, pero finalmente logró girarme. Yo me quedé mirándole con los labios torcidos, y él me sonrió.

-Hay cosas que no te las puedo contar…

-Está bien, porque hay cosas que yo no te puedo contar.

-Entonces, ¿una tregua? Respetaremos nuestros secretos –Lavi vio que había agachado la cabeza, me puso la mano en la barbilla, y la levantó hasta quedarnos a la misma altura-. Pero te contaré todo lo que pueda.

Yo asentí. Iba a contestar, pero Lavi se levantó, me cogió de la mano, y de un impulso me levantó, pero lo hizo con demasiada fuerza, y me choqué con él en la subida. Me paró con su cuerpo, con los brazos rodeando mi cuerpo. Me quedé con la cabeza escondida en su chaqueta. Lavi me separó un poco, y me miró.

-¿Volvemos? Imagino que ya habrán hablado todo lo que tenían que hablar, y seguramente hayan tenido tiempo para ellos también –dijo sonriendo.

Me puse roja al imaginármelo. No me imaginaba a Kanda en plan sentimental, no le pegaba nada, pero por otro lado me gustaba mucho. Por lo que pude ver en aquel momento, me di cuenta de que Kanda es muy tímido, y seguramente no se ha encontrado antes en una situación parecida. Tenía que encontrar la manera de hablar con él. Lavi me sacó de mis pensamientos dándome la mano, y empezando a correr por las calles de aquella pequeña ciudad. Pronto llegamos a la puerta de la posada en la que nos alojábamos. Subimos a nuestros cuartos, y Lavi llamó suavemente a la puerta de su habitación, donde habíamos dejado a Kanda y Raisa hablando. Aun mantenía mi mano sujeta, y yo tenía la cabeza agachada, roja, tapada por el pelo, mirando fijamente la unión de nuestras manos.
Al otro lado de la puerta se escucharon unos pasos, y Raisa apareció, mirándonos por el hueco de la puerta. Tras ver que éramos nosotros, la abrió más, y nos dejó pasar. Kanda estaba sentado en la cama más cercana a la ventana, mirando por ella. Raisa se acercó en silencio y se sentó a su lado. Kanda bajó la cabeza, y se quedó mirando a Raisa, a sus manos, mientras las enlazaba sobre sus piernas. Kanda alargó una mano y la entrelazó con las manos de Raisa. Se quedaron en silencio, mirando sus manos. Lavi y yo no nos habíamos movido de la puerta. Le di a Lavi un tirón de la mano que iba unida a la mía, y le señale la puerta con la cabeza. Él asintió en silencio, y puso la mano en el picaporte.

-Espera…

Lavi y yo nos dimos la vuelta, y vimos que Kanda se había levantado de la cama, aun con la cabeza agachada, clavada en el suelo. Raisa le miraba aun desde la cama.

-Kanda, no pasa nada, entiendo lo que ha pasado y… -empezó Lavi.

-No, no vale que lo entiendas. No quiero que lo entiendas porque no tiene sentido lo que ha pasado.

-Estabas cabreado, es normal.

-No lo es –Kanda levantó la mirada, y se quedó fija en Lavi-. Yo… lo siento.

-Está bien, Yu, no pasa nada…

Kanda le lanzó una mirada amenazadora por debajo del flequillo que le cubría los ojos.

-Está bien, perdón –Lavi se llevó la mano libre a la cabeza, sonriendo y con los ojos cerrados.

-Tsk…

Suspiré aliviada. Entonces miré a Raisa, que también se había levantado. Tenía la mirada fija… ¿en mí? No, no era a mí a quien miraba. Me giré a Lavi, que también me miraba, seguramente porque había captado la mirada de Raisa. Entonces, si no era a él a quien miraba… Lavi y yo bajamos la mirada a la vez, hasta llegar a las manos, las manos que manteníamos unidas. Las separamos inmediatamente y giramos las cabezas rápidamente, yo me quedé mirando a la esquina opuesta, al suelo, mientras Lavi miraba justo en la otra dirección, hacia el techo, rascándose la barbilla con un dedo suavemente.

-Me temo que vamos a tener que contarle a Komui lo sucedido, y volver cuanto antes al cuartel –dijo Kanda.

-Juvia, déjame a Noda, yo me encargaré de hablar con él –dijo Raisa.

-¿Por qué tú? –dijo Kanda, mirándola a ella.

-Será mejor que lo haga yo. Tú, Kanda, seguramente acabes peleándote con él, Juvia le escucharía sumisa, sin defenderse, y Lavi sería muy melodramático.

-¿Melodramático? ¿Quién? ¿Yo? ¿Qué dices? Le contaría lo que ha pasado…

-Como si de una obra de teatro se tratara –Raisa terminó la frase de Lavi-. Y seguramente exagerarías los hechos. Mejor yo, se lo contaré tal y como ha pasado, pero de una manera especial. Ya lo he hecho alguna vez con Bak, y me ha funcionado.

Sin añadir nada más, cogí a Noda, que descansaba sobre mi hombro y se lo tendí a Raisa. Noda bostezó y empezó a flotar delante de Raisa. En pocos segundos estuvimos conectados al cuartel general. Raisa procedió a contarle todo lo ocurrido a Komui mientras este escuchaba en silencio. Cuando llegó a la parte en la que habíamos conseguido frenar el ataque de los demonios, se quedó callada, y miró a Kanda. Los dos estaban rojos. Tras esa pausa, siguió contando cómo los chicos habían frenado el ataque de los hermanos, cómo habían luchado codo con codo por protegernos, cómo los habíamos parado entre los cuatro, y finalmente el momento en el que apareció el último Noé y destruyó la Inocencia delante nuestra. No habían faltado las explicaciones de los golpes que habíamos recibido, aunque un poco exagerados, porque según lo que había dicho, ninguno de los dos chicos se podría mover ahora mismo. También le cayeron algunos insultos al que destruyó la Inocencia, como “tramposo” y “manipulador”, porque había utilizado a los hermanos para entretenernos mientras él la buscaba. Komui, el pobre hombre, no pudo hacer otra cosa nada más que preguntar por nosotros, y pedirnos que descansáramos hasta que pudiéramos volver al cuartel. Cuando la llamada hubo finalizado, nos quedamos en silencio, Raisa de espaldas a nosotros. Entonces se empezó a dar la vuelta, y soltó una sonrisa traviesa.

-Y luego soy yo el melodramático…

-Ya bueno, pero imagínate a ti contando eso, no tendría el mismo efecto que si lo dice una mujer… -dijo Raisa con picardía.

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