Lavi
permaneció en la enfermería varios días más bajo mis cuidados, y los de la
jefa. Principalmente era ella la que cuidaba de él. Yo me encargaba de los
vendajes, y de pasar los ratos muertos hablando con él. Lavi insistía en
moverse, en salir a que le diese el aire. Yo le veía en buenas condiciones como
para hacerlo, pero la jefa no le dejaba ni moverse de la cama. Y con los humos
que se gasta, cualquiera la lleva la contraria… Al final terminábamos los dos
resignados, hablando en la habitación.
Después de
unos días de absoluto reposo, la jefa nos dejó salir a dar una vuelta por los
alrededores del cuartel. A Lavi le costaba caminar, y en algunas
ocasiones se tuvo que apoyar en mí para no caerse. Después de un rato, nos sentamos en el césped,
a la sombra de un gran árbol, más o menos alejado de la puerta principal.
-¿Estás bien? Si no, podemos volver ya… -mi cara reflejaba claramente mi preocupación.
-Tranquila, es solo que llevaba mucho tiempo sin salir, llevaba muchos días tumbado en esa cama.
-No te fuerces, la herida no está cerrada del todo.
Lavi se llevó la mano de manera automática al costado izquierdo, y se quedó en silencio. Yo mientras me dediqué a observarle. Su cara, antes pálida, estaba recobrando su color gracias al sol y al aire. Se le veía cansado. Demasiado. Tal vez nos habíamos precipitado al salir a la calle. Me acerqué a él, y le apoyé la espalda con suavidad sobre el tronco del árbol. Tenía los ojos cerrados. Poco después los abrió, y me miró, pero se quedó en silencio. Noté como me subía el color a las mejillas.
-¿Q-qué? No me asustes. ¿Estás bien? ¿Quieres que volvamos?
Sonrió, y lentamente empezó a dejarse deslizar por el tronco, hasta quedarse tumbado en el césped.
-Aquí se está muy bien y no me apetece volver con esa vieja bruja.
-¡No la digas vieja bruja! Ella sólo se preocupa por sus pacientes, aunque sean unos desagradecidos…
-Perdón, perdón. Sólo bromeaba. Echaba de menos el sol.
-Tienes mejor cara, parece que te ha venido bien.
El silencio volvió a reinar, pero pronto se vio interrumpido por la voz de Lavi.
-Viene alguien… Ese es… ¡Yu!
Lavi intentó levantarse, pero sólo pudo incorporarse. Se quedó sentado hasta que el chico llegó frente a nosotros. Era alto, con el pelo largo azul recogido en una coleta. Llevaba abrigo de exorcista y una katana.
-Baka usagi, te he dicho que no me llames así. (Baka usagi significa conejo idiota)
-Vamos Yu, ¿así es cómo saludas a un amigo después de volver de un largo viaje?
El joven no respondió. Se quedó con los ojos cerrados con gesto amargo. Lavi suspiró y se volvió hacia mí, pero yo no me di cuenta de ello. Me encontraba mirando al recién llegado con ojo crítico, y con admiración a la vez.
-Tsk. Me voy, tengo cosas más importantes que hacer –dijo el joven, dando media vuelta.
Lavi se quedó mirándole, sin decir nada hasta que desapareció por la puerta del cuartel. Entonces se giró hacia mí.
-Ese era Yu, bueno, prefiere que le llamen Kanda, odia su nombre, o escucharlo, nadie sabe porqué. Y no te preocupes, él siempre es así. ¿Volvemos?
Me incorporé, y luego ayudé a Lavi a levantarse. Entonces nos encaminamos con paso lento a la puerta principal. Una vez dentro nos dirigimos a la enfermería. Dejé a Lavi en su cama, y yo me dirigí a mi mesa, dispuesta a sumergirme en los documentos que me había encargado la jefa a cambio de dejar salir a Lavi a tomar el aire. Pero la tranquilidad duró poco. Por delante de la puerta pasaba gente corriendo en todas direcciones, y en el piso de arriba se escuchaba como la gente arrastraba cosas, muebles probablemente. La jefa, desaparecida durante todo el día, apareció corriendo por la puerta, y nos miró a todas con la cara roja, y medio asfixiada. Nos hizo una señal para que nos reuniéramos en torno a ella.
-Chicas, malas noticias. Parece que nos van a volver a atacar. Lo del otro día fue solo un señuelo para que bajasen nuestras defensas. Komui ha ordenado que nos desplacemos al cuartel de Asia a través del arca, y que nos llevemos a los heridos. ¡Venga, no tenemos mucho tiempo!
Todas se pusieron manos a la obra en seguida. Todas menos Garuna, que se quedó al lado de la jefa. Yo también me quedé a su lado.
-Jefa, ¿y si es un truco? Puede que el Conde solo quiera que cunda el pánico, para que estemos más desprotegidos, o que haya hecho esto para que el cuartel se quede vacío y así poder quedarse con él.
-El supervisor lo ha pensado también, pero prefiere correr ese riesgo, antes que ponernos a todos nosotros en peligro.
Tras decir eso, la expresión dura de Garuna se suavizó, y se puso manos a la obra. En poco tiempo, le enfermería se quedó casi vacía. Casi todos los enfermos, los que se encontraban en peores condiciones, habían sido evacuados.Mi siguiente objetivo fue Lavi. Me dirigí a su cama, pero estaba vacía. ¿Cómo? ¿Cuándo? Seguro que habría aprovechado el revuelo para salir, pero ¿por qué? Las dudas me asaltaban una tras otra, y no encontraba respuesta para ninguna de ellas.
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