Tras decir
eso, dio media vuelta, y salió por la puerta de la enfermería. Yo seguí su
consejo, y me fui con Raisa y los demás. Raisa aun seguía tratando las heridas
de Kanda. Estaba roja como un tomate, pero casi no se le veía la cara. La tenía
escondida por su largo pelo rosa. Lo tenía mucho más largo desde la última vez
que la vi. Cuando me acerqué, pude escuchar algo de lo que estaban diciendo.
-Vamos,
Kanda –dijo Allen-, cuéntanos algo de tu última misión. Komui lo ha mantenido
en secreto, y han estado surgiendo rumores en todo el cuartel, ¿de verdad es
tan privado?
-Métete en
tus asuntos, Moyashi.
(Moyashi es el mote que Kanda le ha puesto a Allen, significa brote de habas)
(Moyashi es el mote que Kanda le ha puesto a Allen, significa brote de habas)
-¡Es Allen,
Bakanda!
(Baka (idiota) + Kanda)
(Baka (idiota) + Kanda)
-Vamos
Kanda, es normal que nos interesemos. Al fin y al cabo, el que solicitó tu
ayuda no parecía muy normal –Lenalee sonaba contenta.
Me acerqué a
ellos, tomé una silla, y me senté al lado de Raisa. Todos me dirigieron una
mirada rápida, pero en seguida se volvieron a Kanda, esperando su respuesta.
-Tsk –dijo,
y giró la cabeza rápidamente.
-Jeje,
parece que no cambiará nunca.
Esa voz…
Todos nos giramos a la vez. Debimos asustarle, porque se encogió en la cama.
-Hala, ¿qué
pasa? ¿Por qué me miráis así?
Lavi se
había sentado en la cama, y nos miraba a todos, sonriente. Lenalee, que estaba
sentada cerca suyo, se lanzó a sus brazos. Allen sonrió aún más. El “Tsk” de
Kanda sonó aun más fuerte que antes. Raisa se quedó sentada, sonriendo, y yo…
Yo me quedé sentada, mientras que una lágrima caía desde mis ojos, y mi boca se
iba girando para formar una pequeña y tonta sonrisilla. Poco después empezó a
amanecer. Nos habíamos tirado toda la noche en vela por la batalla y los
trabajos en la enfermería. La jefa echó a Allen. A Kanda le llevaron, bueno,
más bien tiraron de él, hasta una cama, pero se quedó de pie, mirándola. Y a
Lenalee la llevó a otra libre, un poco más alejada, ayudada de Raisa. Yo me
quedé sentada, al lado de Lavi. Estaba ausente. Las imágenes de lo que había
pasado esa noche se apelotonaban en mi mente, pasaban rápidamente frente a mis
ojos. Cuando llegó el momento en que el Conde atacó a Lavi, su voz me llamó.
-Juvia, yo…
lo siento. No sé qué ha pasado ahí fuera. Lo último que recuerdo es que el
Conde intentó darme con uno de esos dichosos rayos, pero poco más.
Como había
pensado, no me había llegado a ver. Pero no sabía qué pensar. ¿Era bueno, o
malo? Antes de que pudiese hallar la respuesta, Lavi continuó.
-Espera, sí
que recuerdo algo más. Recuerdo mucha agua y… -entonces levantó la cabeza,
y me
miró, parecía confundido-. No sé, es muy raro, pero creo que tú estabas allí,
conmigo, con todo esa agua rodeándonos a los dos –me miró, como si estuviera
esperando que le dijera algo.
Mierda. ¿Qué
se supone que debo decir? ¿La verdad? Bueno…
-La verdad
es que… sí que estuve allí.
Le conté lo
que había pasado desde el ataque del Conde. Cómo él lo había esquivado, cómo
Kanda había frenado al Conde, y cómo yo había llegado hasta él y levantado,
supuestamente, toda esa agua. A medida que iba avanzando en la historia, su
cara iba cambiando, y su boca se iba abriendo, de incredulidad, seguramente.
-¿¿Que Yu
hizo quéeeee?? Espera, ¿tú saliste corriendo? ¿E hiciste salir esa agua así
como si nada? Ay, creo que me he perdido…
-En
realidad, creo que lo has pillado todo muy bien.
-¿Entonces Yu
se encargó del Conde, hasta que llegó Raisa?
-Sí más o
menos…
-No me
llames así, baka usagi –Kanda estaba sentado en una cama cercana, mirándome,
con gesto interrogador-. Y eso no es cierto del todo. Es cierto que yo paré el
primer golpe del Conde. Estuve un rato con él, pero en seguida se deshizo de
mí. Entonces se dio la vuelta, para intentarlo por segunda vez, pero se
encontró con Juvia delante de sus narices, y cuando estuvo a punto de darle a
ella con la espada que se había sacado de la manga, el muy tramposo, salió de
la nada una gran masa de agua que os protegió a los dos. Al principio pensé que
fue algún exorcista, pero ahora… No sé. Buenas noches.
Kanda se
tumbó, dándonos la espalda. Entonces Lavi me miró.
-¿Por qué
habías ocultado eso?
-Porque no
estaba muy segura de esa parte, no sabía qué era verdad y qué no.
En realidad
no mentía. No sabía lo que había pasado, pero lo que Kanda había contado se
asemejaba bastante a mi versión. Me levanté para irme, pero Lavi me llamó.
-Juvia,
gracias. Me has vuelto a salvar.
-No digas
tonterías. Se podría decir que es solo la primera vez, y además, ¿qué
esperabas? ¿Que me quedase mirando desde la ventana cómo te herían?
Sentí que
había hablado más de la cuenta. Lavi negó con la cabeza.
-Ya ha
habido otras veces. Me has curado varias veces aquí, me has tratado como tu
paciente, y has estado muy pendiente de mí.
Dios, que no
se haya dado cuenta… Lavi siguió hablando.
-Y ahora
encima esto, sales corriendo, sin pensar, y te pones delante de mí como un
escudo.
Ya está, se
ha dado cuenta.
-Intentaré
recompensarte –continuó-. Gracias Juvia, eres una buena amiga.
Amiga, ha
dicho… ¿amiga? Espera, ¿entonces no se ha dado cuenta? Es cierto que los tíos
no se enteran de nada, ni diciéndoselo a la cara… Bueno, entonces estoy a
salvo… Espera… ¿AMIGA? Y eso es bueno o es malo. Amiga… ¿de Lavi? ¿Es eso lo
que quiero? No lo sé…
Lavi se
había quedado mirándome.
-N-no tienes
que recompensarme de ninguna manera. Bueno, te dejo, será mejor que descanses.
Mañana me paso a ver qué tal estás.
Le dejé con
cara de atontado, como preguntándose qué había pasado. Eso fue lo último que vi
antes de cerrar la puerta de la enfermería.
No hay comentarios:
Publicar un comentario