lunes, 11 de junio de 2012

Amiga... ¿Amiga? (Parte 9)


Tras decir eso, dio media vuelta, y salió por la puerta de la enfermería. Yo seguí su consejo, y me fui con Raisa y los demás. Raisa aun seguía tratando las heridas de Kanda. Estaba roja como un tomate, pero casi no se le veía la cara. La tenía escondida por su largo pelo rosa. Lo tenía mucho más largo desde la última vez que la vi. Cuando me acerqué, pude escuchar algo de lo que estaban diciendo.

-Vamos, Kanda –dijo Allen-, cuéntanos algo de tu última misión. Komui lo ha mantenido en secreto, y han estado surgiendo rumores en todo el cuartel, ¿de verdad es tan privado?

-Métete en tus asuntos, Moyashi.
(Moyashi es el mote que Kanda le ha puesto a Allen, significa brote de habas)

-¡Es Allen, Bakanda!                                                            
(Baka (idiota) + Kanda)

-Vamos Kanda, es normal que nos interesemos. Al fin y al cabo, el que solicitó tu ayuda no parecía muy normal –Lenalee sonaba contenta.

Me acerqué a ellos, tomé una silla, y me senté al lado de Raisa. Todos me dirigieron una mirada rápida, pero en seguida se volvieron a Kanda, esperando su respuesta.

-Tsk –dijo, y giró la cabeza rápidamente.

-Jeje, parece que no cambiará nunca.

Esa voz… Todos nos giramos a la vez. Debimos asustarle, porque se encogió en la cama.

-Hala, ¿qué pasa? ¿Por qué me miráis así?

Lavi se había sentado en la cama, y nos miraba a todos, sonriente. Lenalee, que estaba sentada cerca suyo, se lanzó a sus brazos. Allen sonrió aún más. El “Tsk” de Kanda sonó aun más fuerte que antes. Raisa se quedó sentada, sonriendo, y yo… Yo me quedé sentada, mientras que una lágrima caía desde mis ojos, y mi boca se iba girando para formar una pequeña y tonta sonrisilla. Poco después empezó a amanecer. Nos habíamos tirado toda la noche en vela por la batalla y los trabajos en la enfermería. La jefa echó a Allen. A Kanda le llevaron, bueno, más bien tiraron de él, hasta una cama, pero se quedó de pie, mirándola. Y a Lenalee la llevó a otra libre, un poco más alejada, ayudada de Raisa. Yo me quedé sentada, al lado de Lavi. Estaba ausente. Las imágenes de lo que había pasado esa noche se apelotonaban en mi mente, pasaban rápidamente frente a mis ojos. Cuando llegó el momento en que el Conde atacó a Lavi, su voz me llamó.

-Juvia, yo… lo siento. No sé qué ha pasado ahí fuera. Lo último que recuerdo es que el 
Conde intentó darme con uno de esos dichosos rayos, pero poco más.

Como había pensado, no me había llegado a ver. Pero no sabía qué pensar. ¿Era bueno, o malo? Antes de que pudiese hallar la respuesta, Lavi continuó.

-Espera, sí que recuerdo algo más. Recuerdo mucha agua y… -entonces levantó la cabeza, 
y me miró, parecía confundido-. No sé, es muy raro, pero creo que tú estabas allí, conmigo, con todo esa agua rodeándonos a los dos –me miró, como si estuviera esperando que le dijera algo.

Mierda. ¿Qué se supone que debo decir? ¿La verdad? Bueno…

-La verdad es que… sí que estuve allí.

Le conté lo que había pasado desde el ataque del Conde. Cómo él lo había esquivado, cómo Kanda había frenado al Conde, y cómo yo había llegado hasta él y levantado, supuestamente, toda esa agua. A medida que iba avanzando en la historia, su cara iba cambiando, y su boca se iba abriendo, de incredulidad, seguramente.

-¿¿Que Yu hizo quéeeee?? Espera, ¿tú saliste corriendo? ¿E hiciste salir esa agua así como si nada? Ay, creo que me he perdido…

-En realidad, creo que lo has pillado todo muy bien.

-¿Entonces Yu se encargó del Conde, hasta que llegó Raisa?

-Sí más o menos…

-No me llames así, baka usagi –Kanda estaba sentado en una cama cercana, mirándome, con gesto interrogador-. Y eso no es cierto del todo. Es cierto que yo paré el primer golpe del Conde. Estuve un rato con él, pero en seguida se deshizo de mí. Entonces se dio la vuelta, para intentarlo por segunda vez, pero se encontró con Juvia delante de sus narices, y cuando estuvo a punto de darle a ella con la espada que se había sacado de la manga, el muy tramposo, salió de la nada una gran masa de agua que os protegió a los dos. Al principio pensé que fue algún exorcista, pero ahora… No sé. Buenas noches.

Kanda se tumbó, dándonos la espalda. Entonces Lavi me miró.

-¿Por qué habías ocultado eso?

-Porque no estaba muy segura de esa parte, no sabía qué era verdad y qué no.

En realidad no mentía. No sabía lo que había pasado, pero lo que Kanda había contado se asemejaba bastante a mi versión. Me levanté para irme, pero Lavi me llamó.

-Juvia, gracias. Me has vuelto a salvar.

-No digas tonterías. Se podría decir que es solo la primera vez, y además, ¿qué esperabas? ¿Que me quedase mirando desde la ventana cómo te herían?

Sentí que había hablado más de la cuenta. Lavi negó con la cabeza.

-Ya ha habido otras veces. Me has curado varias veces aquí, me has tratado como tu paciente, y has estado muy pendiente de mí.

Dios, que no se haya dado cuenta… Lavi siguió hablando.

-Y ahora encima esto, sales corriendo, sin pensar, y te pones delante de mí como un escudo.

Ya está, se ha dado cuenta.

-Intentaré recompensarte –continuó-. Gracias Juvia, eres una buena amiga.

Amiga, ha dicho… ¿amiga? Espera, ¿entonces no se ha dado cuenta? Es cierto que los tíos no se enteran de nada, ni diciéndoselo a la cara… Bueno, entonces estoy a salvo… Espera… ¿AMIGA? Y eso es bueno o es malo. Amiga… ¿de Lavi? ¿Es eso lo que quiero? No lo sé…
Lavi se había quedado mirándome.

-N-no tienes que recompensarme de ninguna manera. Bueno, te dejo, será mejor que descanses. Mañana me paso a ver qué tal estás.

Le dejé con cara de atontado, como preguntándose qué había pasado. Eso fue lo último que vi antes de cerrar la puerta de la enfermería.

No hay comentarios:

Publicar un comentario