Llegué a mi
habitación sin darme cuenta. Por el camino había ido pensando en todo lo que
había ocurrido aquel día. Mi habitación, como todas las demás, está en el
edificio central del cuartel. Es un gran edificio hueco por el centro, con un
gran ascensor que lleva hasta el fondo, por debajo incluso de los cimientos.
Alguna vez he visto a Komui utilizarlo, pero rara vez va a acompañado de
alguien, y cuando va con alguien, es un exorcista. No sé que habrá abajo, pero
tampoco me interesa demasiado. Creo que soy un poco pasota, a veces…
Entré en la
habitación, aquella minúscula habitación. Claro que no necesitaba nada más, se
utiliza para dormir y poco más. Tampoco tengo gran cosa en ella, una mesita,
una cama y un ropero. Sobre el ropero tenía un espejo, pero no lo utilizo
demasiado, más que nada porque no me mi gusta mi aspecto. Tengo la piel muy
clarita, casi blanca, unos ojos grandes azules oscuros, y el pelo… Era lo que
menos me gustaba de todo. De color azul claro, y corto sobre los hombros. En
realidad el color azul me gusta, pero no
en el pelo. De pequeña me dio algunos problemas. Los niños no se dan cuenta de
esas cosas, pero no saben controlarse, y dicen todo lo que piensan, y la verdad
es que mi pelo no era lo más halagado. La gente suele tener colores más
normales, negro, marrón, amarillo, e incluso naranja. ¿Pero azul? Cuando conocí
a Raisa, durante el instituto, dejé de odiar tanto mi pelo (aun lo odio, así
que te puedes imaginar lo que lo odiaba en aquellos tiempos). La gente ya no
decía nada de mi pelo. Además, aquí hay gente con muchos colores de pelo
distintos. Raisa lo tiene rosa, Lenalee verde, Komui morado, Kanda azul, un
poco más oscuro que el mío, e incluso Allen, que lo tiene blanco. Pero aun así
no me terminaba de convencer, por eso lo suelo llevar corto, para que no
destaque demasiado. Pero aun llevándolo corto, lo primero que me dijo Raisa
cuando se acercó a mí por primera vez fue “¡Qué pelo tan bonito!”. La miré
extrañada. No sabía si tomármelo con ironía o en el sentido literal. Pero iba
en serio. Ha sido la única persona que ha elogiado mi pelo alguna vez…
Volví en mí.
Estaba delante del espejo, mirándome fijamente, y sujetándome con la mano un
mechón de pelo. Suspiré y me tumbé en la cama. No desperté hasta el día
siguiente de madrugada.
Me preparé,
y como tenía tiempo de sobra, me puse a mirar los papeles que tenía sobre la
mesa. Nada era trabajo, no suelo subírmelo a la habitación. Una buena parte
eran cartas para Raisa que nunca llegué a mandar. Otros papeles eran de
historias que aparecían en mis sueños.
Fue Raisa la que me dijo que escribiera mis sueños, porque todos significaban
algo, y aunque ahora no supiera qué era lo que querían decir, pudiera ser que
dentro de unos años sí. Por eso era mejor escribirlos, para que no se
olvidasen. Lo dejé todo sobre la mesa, y bajé a desayunar. A pesar de lo
temprano que era, había gente ya activa. Seguramente la última batalla nos ha
descolocado el sueño a todos. Cuando salí de la cafetería, después de haber
comido algo, me encontré con Komui.
-Juvia, te
estaba buscando. ¿Puedes acompañarme?
Asentí, y
Komui me guió al edificio central. Allí esperamos frente al enorme hueco.
Pronto apareció el ascensor. Komui subió a él, y me tendió la mano para
ayudarme a subir. La bajada se me hizo bastante larga. ¿Qué había abajo? ¿Por
qué me llevaba allí? Yo no soy exorcista… En el fondo del hueco apareció una
luz blanca que iluminaba el suelo. Ya habíamos llegado. Komui se adelantó.
-Hola
Hevlaska.
-¿Komui,
esta es la joven de la que me has hablado?
¿Komui le
había hablado de mí? Espera, ¿a quién? ¿De dónde había salido esa voz? No había
nadie allí…
-Sí, esta es
Juvia. ¿Podrías mirar su nivel de compatibilidad?
Entonces la
luz se cerró sobre mí. No, eso no puede ser, ¿cómo se va a mover la luz a
placer? Un momento, la luz tenía forma de mano. Me cogió con delicadeza, y me
levantó. Entonces sí pude verla. De allí venía la voz. La luz tenía cara, y
boca, y, bueno, no eran ojos exactamente, pero sabía que me estaba mirando. Poco
después empezó a bajarme lentamente, y me situó al lado de Komui. Él ni se
movió, se quedó mirándola, esperando que dijera algo.
-Es
compatible. Al acabar de hacerse la unión, todavía no es muy alta, pero aumentará,
y rápidamente. Es un caso de los buenos. La Inocencia se ha alojado en el
collar. A pesar de no ser un arma, no es un mal sitio, claro que se puede
cambiar si ella así lo desea. De todas formas no creo que necesite un arma. La
Inocencia con la que se ha unido ya se la facilita sin necesidad de llevarla en
una física.
-Muy bien.
Gracias Hevlaska –Komui sonaba serio, pero en seguida se giró y me dedicó una
sonrisa-. ¿Volvemos ya?
Sólo pude
asentir. Subimos al ascensor, y sólo cuando la luz se quedó abajo, siendo sólo
un punto, me atreví a preguntar, pero ¿qué debía preguntar? En realidad no
sabía nada, así que lo mejor que pude decir fue:
-¿Qué ha
pasado?
-Claro, tú
no estás familiarizada con todo esto, perdona. Hevlaska es un cuerpo que
controla la Inocencia, se encarga de almacenarlas hasta que encontramos a
alguien compatible con ellas. Ella puede medir el grado de compatibilidad, o
sea, la capacidad que tiene el exorcista de usar la Inocencia a su favor. Si es
demasiado baja, puede suponer un riesgo para él. Pero no es tu caso, así que
quita esa cara de susto.
-¿Compatible?
-Sí, eres
compatible, y uno de los casos buenos. Normalmente hay varios casos, los
normales, los malos, en los que la compatibilidad no es muy buena, pero como ya
se ha producido la unión, lo mejor es seguir con ello, y entrenar a la
Inocencia, aunque sea un poco por la fuerza. Pero el tuyo es un caso bueno. La
Inocencia se ha unido de buena gana a ti. Puede ser porque persigue los mismos
objetivos que tú. Pero tienes que entrenarte, para que la compatibilidad sea
mayor, y hacerte más fuerte. Y también debes descubrir el objetivo de tu
Inocencia, pero esto es más complicado, no todo el mundo lo consigue pero, aun
así, se hacen fuertes. Pero lo primero de todo es, ¿quieres ser exorcista?
Me quedé sin
habla. ¿Qué era todo eso que acababa de decir? ¿Que la Inocencia me había
elegido? ¿A mí? ¿Por un mismo objetivo?
-Bueno,
piénsalo –dijo ante mi falta de palabras-. Lo que me resultó raro en aquél
momento es que la Inocencia tarda un poco en reaccionar. Primero se inquieta, y
luego sale a buscar a su portador. Pero en tu caso, según me ha dicho Hevlaska,
fue instantáneo. Normalmente ella sabe cuándo va a nacer un nuevo exorcista
porque siente el movimiento y la euforia, por así decirlo, de la Inocencia,
pero la tuya salió disparada en un momento, y se unió a ese collar que llevas.
Y pudiste levantar esa columna de agua sin entrenamiento alguno –todo esto fue
en realidad un pensamiento que compartió en voz alta, no esperaba que yo le
contestase-. Bueno, como he dicho, lo mejor será que lo pienses. Avísame tan
pronto como tengas una respuesta.
El ascensor
llevaba un rato parado, pero no nos dimos cuenta hasta que Komui hubo terminado
de compartir sus pensamientos. Interpreté sus últimas palabras como una
despedida, me bajé del ascensor y desaparecí por uno de los numerosos pasillos.
Necesitaba pensar en todo lo que Komui me había dicho. Acabé deambulando por
los pasillos del cuartel, y en varias ocasiones estuve a punto de perderme.
Pero por más que le diese vueltas a mis pensamientos, no llegaba a ninguna
conclusión. Por un lado estaría bien convertirme en uno de ellos, poder ayudar
a mis amigos… ¿Amigos? Hasta hace muy poco tiempo estaba sola, pero ¿y ahora?
Bueno, están Allen, Lenalee, y Lavi, ¿pero los podía considerar amigos? Y
seguramente al convertirme, estaría más cerca de Raisa.
Pero por
otro lado, si me convirtiera, estaría siempre en peligro, y bajo mucha presión.
Y además pensar que en cualquier momento podría perder a alguien querido no
mejoraba mucho la situación. Necesitaba a alguien que me pudiese ayudar. Le
podía preguntar a Raisa, ya que ella se convirtió en exorcista hace poco. Así
que me puse a buscarla, pero no hubo manera. No la encontraba por ningún sitio,
y nadie sabía dónde estaba. Se me ocurrió ir a la enfermería por si acaso
estaba allí. Cuando llegué, abrí puerta, pero tampoco estaba allí. Por el
contrario, estaban Lenalee en su cama, Lavi sentado junto a ella, y Kanda,
sentado en el otro extremo de la habitación. Lavi y Lenalee hablaban, mientras
Kanda tenía la mirada perdida en el paisaje de la ventana. Seguramente había
intentado salir, pero la jefa no le había dejado.
Bueno, si no
era Raisa, ellos también me podían dar algunos consejos. Los saludé, y me senté
cerca de Lenalee. Lenalee y Lavi me sonreían, Kanda ni se había girado.
-Parece que
soy compatible.
-Vaya Juvia
–Lenalee fue la primera en hablar-. Entonces Komui ya te habrá hecho un montón
de preguntas. No te habrá presionado demasiado, ¿no?
-Bueno, me
ha estado diciendo varias cosas, y la verdad es que estoy hecha un lío, no sé
qué hacer…
-Bueno, eso
sólo lo puedes decidir tú –prosiguió Lenalee.
-¿Compatible?
¿Con quién? –Lavi nos miraba a las dos, giraba rápidamente la cabeza de una a
otra, esperando la respuesta.
-Pero si ya
se ha unido, sería más difícil separarla de ti. Te volvería a buscar –siguió
Lenalee.
-Ya, bueno,
si le he estado dando vueltas, y hay más pros que contras. Pero no sé, estoy
muy indecisa.
-¿Pero qué
pasa? –Lavi seguía preguntando.
-Bueno Juvia,
yo te puedo decir que hay más momentos buenos que malos, pero siempre tienes
que estar dispuesta a todo, y pensando en los riesgos…
-Lenalee, no
me ignores, vamos, dime, ¿de qué habláis? –Lavi seguía intentando averiguar de
qué hablábamos.
-Aaah,
cállate, baka usagi –Kanda, molesto, había intervenido.
-Yu, pero es
que no sé de que están hablando, yo también quiero enterarme.
-Ya te he
dicho que no me llames así, que molesto eres, y un idiota además, cualquiera se
daría cuenta de lo que están hablando.
-Yu, ¿no me
digas que sabes de lo que están hablando? Vamooos, dimelooo.
-Cállate.
-¡Basta ya
los dos! –Lenalee había intervenido en la pelea de ambos.
Kanda giró
la cabeza en dirección a la ventana con un rápido movimiento seguido de un
“Tsk”. Por el contrario, Lavi miró a Lenalee con los ojos abiertos como platos.
-S-sí
señora.
-Bueno, yo
me voy, lo pensaré. Gracias por todo Lenalee, nos vemos luego.
Me levanté y
me dirigí a la puerta. Antes de cerrarla escuché a Lavi, que seguía
preguntándole a Lenalee.
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