Otra vez en
aquella ciudad blanca. Me giré hacia Raisa, y le di un pañuelo. Pensé que lo
mejor sería llevar alguno a mano, por si sucedía algo parecido, y no me
equivoqué. Esperamos un poco antes de cruzar la puerta que nos llevaría al
Cuartel General. Cuando Raisa estuvo más tranquila, la cogí de la mano, levanté
un poco el hombro en el que estaba apoyado Noda, y empezamos a andar hacia la
puerta. En aquellos pasos pude sentir como el corazón se iba a salir del pecho.
Iba cada vez más rápido, y palpitaba con más fuerza, hasta que cruzamos.
Sólo pude
ver blanco. Las dos estábamos deslumbradas por la luz de la cuidad que unía los
cuarteles. En el momento en que cruzamos, se pudieron escuchar vítores y
aplausos. Ninguna de las dos nos movimos hasta que recuperamos la visión. Cuando
empecé a ver algo más que manchas blancas, unos brazos se lanzaron sobre mi
cuello, eran los de Garuna, que había venido corriendo, sorteando gente hasta
llegar a la base de la puerta. A pesar de que todo el mundo estaba chillando, y
Garuna me decía cosas al oído, yo no escuchaba nada. No podía moverme, me había
quedado helada. Veía tan lejano este momento que nunca creí que pudiera volver.
Komui empezó a apartar gente, formando un pasillo por el que pudiéramos avanzar
y salir de aquél tumulto de personas. A medida que nos alejábamos de allí, fui
recobrando la conciencia. Llevaba a Raisa aun de la mano, y Garuna me llevaba
de la otra, mientras cargaba con mi equipaje. Komui nos dirigía a su
departamento. Cuando entramos, lo primero que vi fue un cuerpo abalanzándose
sobre mí. Lenalee había estado esperando al lado de la puerta a que Komui nos
trajese de aquel caos.
-Pensé que
aquí estaríais más tranquilas.
-Bien
pensado, supervisor –dijo Reever mientras se acercaba a nosotras-. Bienvenidas
a casa.
-Gracias
–dijo Raisa por las dos.
Yo aun
estaba ahogada por el abrazo de Lenalee, pero poco a poco me fue dejando libre,
hasta que nos quedamos frente a frente. Ella sonrió, y se le escapó una
lágrima. Como si mis ojos sintieran envidia, una lágrima asomó también por
ellos. Komui se alejó para dejar que otros allí presentes nos dieran la
bienvenida, dejando al descubierto a un par de jóvenes que las dos conocíamos
muy bien.
-¡¡S-strike!!
–el grito de Lavi retumbó en toda la habitación.
-No empieces
tan pronto, baka usagi. Qué pesado eres –Kanda seguía con la mirada clavada en
el suelo.
Lenalee se
separó de mí, dejándome a la vista de todos. Garuna, que estaba detrás mia, me
dio un empujón en dirección a Lavi.
Raisa aprovechó para soltarme la mano, y empezar a hablar con todos los
que estaban allí. Kanda apreció el movimiento de Garuna y se apartó un poco de
nosotros. Iba a irse de la habitación cuando Lenalee le tomó del brazo y lo
introdujo en el grupo que habían formado, justo entre ella y Raisa. Garuna me
guiñó el ojo, y sonrojada, volví la mirada hacia delante, sin levantarla del
suelo.
-H-hola
–pude decir.
-¿Juvia?
¿Seguro que eres tú? Sí, claro que eres tú –me dijo mientras tomaba uno de mis
mechones-. Menudo cambio. Te has dejado crecer el pelo.
Me alejé un
poco, tomando entre mis manos el mechón de pelo que había tenido Lavi entre las
suyas, pero Lavi evitó que me alejara más, tomándome de una de las muñecas.
-No me
malinterpretes, te queda muy bien –noté como el humo salía de mis orejas como
si de una locomotora de tren me tratara-. Venga, ¿después de tanto tiempo sin
vernos, y lo único que me dices es un tímido hola?
Levanté la
cabeza lentamente, y le mostré mi cara roja como un tomate, mientras me mordía
los labios. Él me tomó con delicadeza de los hombros, me acercó hacia él, y me
abrazó.
-Te he
echado de menos.
-Y-yo…
también –susurré.
-¿Ves? Eso
ya es otra cosa.
Nos
separamos lentamente, y Noda pasó volando sobre mi cabeza.
-¿Y este
pequeño?
-Es Noda, mi
golem, me lo dio Komui antes de irme.
-¿Tenías
golem, y no me has llamado ni una sola vez?
-Siempre que
llamaba estabais fuera, en alguna misión.
-Bueno, es
cierto que hemos estado algo liados. Tenemos varios exorcistas nuevos. Luego imagino que os los presentarán.
Levanté la
mirada hacia él. Estaba más alto, y algo más delgado.
-Tenía ganas
de volver.
Lavi volvió
a abrazarme.
-Ya estás de
vuelta. Bienvenida.
Le devolví
el abrazo. Después, Lavi me tomó de los hombros, y me llevó con el grupo que
hablaba tranquilamente por allí cerca. Me hicieron muchas preguntas sobre mis
poderes, y a Raisa también, y de cómo había llegado aquella noche para
salvarnos a todos. Mientras hablaban pude darme cuenta de que habían mejorado
sus trajes. Lenalee llevaba ahora unos pantalones cortos, y Allen y Kanda
habían cambiado sus abrigos por otros con menos adornos blancos, largos, pero
más abiertos, para mejorar el movimiento en los combates. Lavi había cambiado
su abrigo largo por una chaqueta corta, que llevaba abrochada sólo por la parte
superior de esta, dejando al descubierto la camiseta verde que llevaba debajo.
Sus pantalones blancos tenían ahora más detalles negros, como un pequeño
enganche para sujetar el martillo que alojaba su Inocencia, las botas seguían
siendo las mismas, y en aquél momento no llevaba el pañuelo sujetándose el
pelo, si no que lo llevaba en el cuello, en lugar de su bufanda naranja, y el
pelo lo llevaba caído. La cazadora que llevaba era de media manga, llevaba
medio brazo descubierto, hasta la muñeca, donde las manos quedaban parcialmente
cubiertas por unos guantes sin dedos.
El tiempo
pasaba, pero no éramos conscientes de ello. Habíamos pasado mucho tiempo
separados, y ahora todo parecía un sueño. Seguimos hablando hasta bien entrada
la noche, en el momento en el que Komui nos cortó y nos mandó a nuestras
habitaciones. Fuimos todos juntos la mayoría del camino. Cuando llegamos a
nuestro piso por las escaleras principales, nos separamos de los chicos. Allen,
Kanda y Lavi tenían sus habitaciones en el piso superior. Komui nos había
juntado a Lenalee, Raisa y a mí en la misma planta. Algo me decía que no quería
que Lenalee estuviera cerca de algún chico. En realidad Lenalee y yo
conservamos nuestras antiguas habitaciones. Raisa fue la única que la cambió, a
una continua a la mía. Nos despedimos de Lenalee en la puerta de su habitación,
que es la que estaba más cerca de las escaleras, y Raisa y yo seguimos unas
puertas más adelante. Cuando llegamos a nuestras habitaciones, me giré a Raisa,
la di un abrazo y la dirigí una mirada llena de complicidad.
-Que sueñes
con príncipes esta noche –dije antes de meterme en mi cuarto.
No la dejé
responder. Me metí corriendo y justo después recibí la respuesta a través de la
pared, en forma de golpe. Noda se quedó flotando justo delante de la puerta, y
me observaba mientras me dirigía a mi cama. Me tumbé y le tendí los brazos. Él
vino en seguida, y se acurrucó entre ellos.
-¿Qué te
parece tu nuevo hogar? Ya sé que es más pequeña que la otra, pero me gusta más.
Me trae buenos recuerdos, pero me da la sensación de que los mejores están por
llegar.
Me levanté
de la cama, dejando a Noda medio adormilado sobre la almohada, y fui a mirarme
al espejo que tenía sobre la cómoda. “Necesito un espejo más grande” pensé.
Estaba empezando a gustarme mi nuevo aspecto, sobre todo con aquél vestido
negro, y lo que simbolizaba. Me lo quité con extremo cuidado y lo deposité
sobre la silla que había frente al escritorio. La maleta seguía tirada en medio
de la habitación. Ya la desharía en otro momento. Me metí en la cama y caí
profundamente dormida.
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