martes, 12 de junio de 2012

Despedida (Parte 11)


Era ya noche cerrada. Iba sin rumbo de nuevo, supuestamente hacia mi habitación, pero acabé frente a la puerta del departamento científico. Aunque yo no fuera consciente, mi mente ya había tomado una decisión, así que entré, y busqué a Komui. El departamento estaba vacío, pero al fondo se veía luz. Me acerqué y vi a Komui hablando con el chico rubio que había llegado con Raisa. Komui se dio cuenta de mi presencia y me miró.

-Esta es la chica de la que te hablaba, Juvia –dijo mirando al joven. Luego se giró hacia mí-. Juvia, él es Bak, el jefe del cuartel de Asia.

-Creo que ya me he decidido –dije, con la mirada clavada en el suelo. Komui esperó en silencio, se lo agradecí, la presión habría sido lo peor en aquél momento. Tras tragar varias veces, respondí-. Sí, lo haré.

El rostro de Komui cambió por completo. Su cara de preocupación se transformó en una gran sonrisa.

-Bueno, me alegro. En ese caso, irás con Bak, entrenarás con él en su cuartel.

Asentí. Esperaba otro tipo de trato por parte de Komui, estaba distante, y lo que necesitaba era apoyo.

-Bueno Bak, en ese caso, lo mejor será que os preparéis para salir. Luego voy a despediros.

Bak me dirigió una despedida con la cabeza y salió del despacho. Entonces Komui se dirigió a mí.

-Juvia, ¿estás segura? No me has dado una respuesta muy clara –este ya se parece más al tipo de reacción que esperaba-. Es algo muy importante, y tienes que estar completamente segura.

-Lo he pensado, y sí, quiero hacerlo.

-Bueno, vale, si lo tienes claro, entonces no hay problema. Pero aquí me tienes para lo que necesites.

Le miré sorprendida.

-Muchas gracias Komui.

Él me puso una mano en el hombro.

-Bak es un buen hombre, y Raisa estuvo allí entrenando, y seguramente vuelva, así que podrás estar con ella. Y te daré un golem para que puedas comunicarte con quien quieras, incluido yo, en cualquier momento. Bueno, lo mejor será que te vayas preparando, lo más seguro es que salgáis esta misma noche.

-Gracias.

Y me fui. Me dirigí a mi habitación para recoger mis cosas. No había gran cosa. Algunas hojas escritas, algo de ropa y poco más. Era de madrugada cuando salí de allí para dirigirme a la puerta donde me esperaban. Pero antes de ir allí, pasé por la enfermería. Me asomé. Estaba todo oscuro. Lenalee dormía cerca de la puerta, y Lavi y Kanda tenían sus camas cerca de la ventana en el otro extremo de la habitación. A Kanda no se le veía, pero había un bulto en su cama. Me acerqué a Lavi, que dormía tranquilamente mirando hacia la ventana. Me acordé de la otra noche que me quedé de guardia. La luz de la luna iluminaba su cara, pero en esta ocasión su expresión tenía mejor aspecto. La curva de sus labios se torcía en una ligera sonrisa. Me quedé un rato allí, hasta que escuché una voz que me sobresaltó. Venía de la esquina que tenía detrás de mí. No me había dado cuenta de que estaba allí porque estaba muy oscuro.

-Deberías despertarle, si no, te arrepentirás, y ya me puedo imaginar lo pesado que se pondrá cuando despierte.

Me giré. Kanda se había adelantado unos pasos y había quedado iluminado por la luz que entraba por la ventana.

-Me has asustado.

-Lo siento, no era mi intención.

Me giré a Lavi, y acerqué la mano a su brazo. Cada vez estaba más cerca, y cuando estuve a punto de rozarlo, lo retiré. Sonreí.

-No puedo hacerlo. ¿Me disculparás ante él?

-Bueno, lo intentaré, pero no le va a sentar muy bien.

Me giré para irme, y antes de salir dirigí una rápida mirada a la habitación, a Lenalee, a Kanda, a Lavi…
Para llegar a la puerta donde me esperaban, Komui me había dejado unas indicaciones apuntadas en un papel, pero aun así me costó bastante centrarme en esos pasillos iguales entre sí. Todo estaba vacío, no había nadie a quien pudiera preguntarle dónde estaba. Me paré cerca de una lámpara que había colgada en la pared para mirar el papel que Komui me había dado. Cuando el sonido de mis pasos cesó pude darme cuenta de que no eran los míos los únicos que se oían en el pasillo. Unos pasos me seguían de cerca. Por detrás. Me giré lentamente, y me quedé quieta, esperando que el desconocido que me seguía se acercara lo suficiente como para que quedase iluminado por la tímida luz de la lámpara. Pronto quedó iluminado, comenzando por su pelo naranja, continuando por el pañuelo y siguiendo por el parche y esa mirada verde. Lavi estaba frente a mí, y tenía la mirada seria.

-Pensabas irte sin decir nada.

No fue una pregunta.

-Yo… -no sabía que decirle.

-Después me di cuenta de lo que estuvisteis hablando Lenalee y tú. Con que compatible, ¿eh? Y te vas a convertir en exorcista. No sabemos cuánto va a pasar hasta que nos volvamos a ver, y aun así, ¿pensabas irte sin decir nada?

-Lo siento. Pensé que así sería más fácil.

-Te equivocaste.

Me cogió de la barbilla para que le mirase. Su expresión se había suavizado. Una lágrima indiscreta cayó de mis ojos. Entonces Lavi sonrió, fue levantando los brazos lentamente, y me abrazó. Me quedé sin aliento. Después de un rato así, en  silencio, se separó poco a poco, hasta que nos quedamos mirándonos de nuevo.

-Venga, alegra esa cara –dijo con su acostumbrado tono jovial-. Cuando nos volvamos a ver serás toda una exorcista. Tendré que entrenar para que no me superes.

Lo único que pude hacer fue sonreír. Me apresuré a secar la lágrima que se había quedado en medio de mi cara y me di la vuelta para irme. Entonces me di cuenta de no sabía dónde estaba. Me di la vuelta, y Lavi interpretó mi mirada. Me cogió de la mano y me llevó a través de los pasillos hasta una gran habitación con una gran grieta que la cruzaba de arriba abajo. De aquella grieta, rodeada por una luz morada, salía una luz blanca, cegadora. Raisa y Bak me esperaban justo delante. Había mucha gente alrededor de la puerta. Casi todos del departamento de ciencias, pero también había alguna enfermera, como Garuna o la jefa, y escondidas entre la multitud, Ámber y su grupo de amigas. Entre toda esa gente pude reconocer a Lenalee y Allen. Lavi me llevó rápidamente hacia ellos.

-¿Qué hacéis todos aquí?

-¿Tú qué crees? –me dijo Lenalee-. Hemos venido a despedirte.

Komui se acercó al grupo.

-¿Estás lista, Juvia? Te están esperando.

-Sí, ahora mismo voy –me giré a los chicos-. Gracias por venir. Espero que nos volvamos a ver pronto. Os voy a echar de menos.

-Juvia, no digas eso, que me vas a hacer llorar –Lenalee sonreía, y se había llevado la mano a los ojos, para frenar una lágrima que empezaba a asomar.

-¡Lenalee! No llores, vas a hacer llorar a tu hermano –Komui se había agarrado a Lenalee, y ya estaba empezando a chillar, como si fuera ella la que se fuese a ir.

-Vale, vale, no lloro, pero suéltame, anda, hermano…

-Bueno –Allen se giró hacia mí, ignorando a Komui-, espero que te vaya bien, y que sepamos de ti.

-Ah, eso me recuerda… -Komui metió la mano en uno de los bolsillos de su bata y sacó una pequeña bolita negra-. Esto es para ti, Juvia, tu golem, para que te puedas comunicar con los demás exorcistas.

El pequeño golem abrió las alas, y en la parte delantera había dibujada una gota de color azul que destacaba sobre el fondo negro.

-Es un nuevo prototipo. Lo he hecho yo mismo. Yo tengo otro parecido. No creo que te de problemas, pero si necesitas algo no dudes en preguntarme. Es distinto a los demás ya que, mientras que ellos solo se reducen a aparatos de comunicación, este es más personal. Se parece más al de Allen, pero no hay tiempo para explicaciones, tendrás que ir descubriéndolo tú poco a poco. Y ahora, si me acompañas por aquí…
Rápidamente, antes de que Komui me tomase del brazo, le di un abrazo a Lenalee, a Allen, y otro a Lavi, pero rápido, para que no se me subiera el color a las mejillas. Antes de alejarme de ellos, vi a Kanda en una esquina, y le dediqué una rápida despedida con la mano. Para mi sorpresa, me devolvió la despedida con un leve cabezazo. Mientras Komui me llevaba a través de la multitud, pude ver a Garuna y a la jefa, que se acercaron rápidamente a mí. Cuando Komui me soltó al lado de la puerta, pude dar un abrazo a Garuna. Me quedé mirando a mi jefa, y ella se lanzó a mis brazos y empezó a llorar. Me costó deshacerme de ella, cuanto más intentaba separarla, más fuerte me cogía. Finalmente me dejó, y pude unirme  a Bak y Raisa, que llevaban un rato observando en silencio. Ellos entraron primero. Yo me quedé delante de la puerta, y antes de entrar, me giré y miré por última vez en mucho tiempo a Lavi. Pude apreciar un cambio en su mirada, pero en aquél momento no supe que era. Sería tiempo después cuando descubriría el significado de esa mirada. Entonces me di la vuelta y me adentré en aquella cegadora luz. Al otro lado me esperaba una ciudad cuyo color predominante era el blanco. Raisa y Bak me esperaban cerca de allí, al pie de otra grieta de tonos morados. Me acerqué a ellos, y la atravesamos. Al otro lado había mucha gente esperándonos en un cuartel bastante parecido al que acabábamos de abandonar. Me acordé de lo que acababa de dejar allí, y me dieron ganas de volver, pero Raisa me dio la mano, y me dirigió una mirada reconfortante. Por lo menos la tenía a ella. Rápidamente Bak se deshizo de aquella multitud, y se dirigió a nosotras.

-Raisa, lo mejor será que lleves a Juvia a que conozca su habitación –luego me miró a mí-. Tómate el tiempo que necesites. Cuando estés lista, Raisa te dará una vuelta para que vayas conociendo todo esto.

Asentí. Raisa seguía tomándome de la mano, y con la que le quedaba libre, tomó mi equipaje.

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