domingo, 17 de junio de 2012

Bookman (Parte 16)


Cuando desperté a la mañana siguiente Noda revolotea feliz sobre mi cabeza. Estiré las manos y le pillé de la cola antes de que se me escapase entre los dedos, y me lo acerqué a la cara.

-¡Qué buen despertar tienes! ¿Eso significa que has dormido bien?

Noda asintió rápidamente y me enseñó una sonrisa llena de dientes afilados. Le solté y dejé que siguiera volando mientras yo me arreglaba para salir. Me puse el traje de exorcista, me arreglé el pelo, y me puse la diadema de Lenalee. Me dirigí a la puerta, y llamé a Noda cuando ya estuve fuera del cuarto. Él me siguió, y espero paciente a que cerrara la puerta. Estuve un rato dudando, ¿qué debía hacer? Podía pasarme por la enfermería a ver cómo iban las cosas, y hablar más tranquilamente con la jefa. Puse rumbo a la enfermería mientras seguía pensando. La seguía llamando jefa, a pesar de que ya no lo era. En fin, las viejas costumbres no cambian. Cuando ya estuve cerca de la enfermería pude comprobar que la puerta estaba abierta, y se oía a la jefa desde fuera.

-Vale, no te obligo a quedarte, pero a cambio tienes que venir cada día, para ver cómo vas avanzando.

-Vamos jefa, no sea tan estricta –la voz de Garuna provenía también de la enfermería.

-No, como paciente mío, debo encargarme de su bienestar.

-Bueno, es su paciente desde hace poco tiempo, más o menos… ¡Pero mire lo que está haciendo!

-¡Ay! –el quejido no fue demasiado alto, seguramente se contuvo, conociendo el genio de la jefa…

-Madre mía, casi le corta la circulación del brazo. Anda, deje, que ya le vendo yo.

En ese momento me asomé a la habitación. Garuna estaba cerca de una cama, tratando a un paciente, que se hallaba sentado, mientras que la jefa se alejaba de la pareja con la cara arrugada.

-Hola –dije asomándome por un lado de la puerta, y levanto una mano. Conocía perfectamente el carácter de la jefa y en estas ocasiones lo mejor es no acercarse demasiado. Pero cuando me vio, su expresión se relajó, y se fue hacia su mesa de trabajo. Garuna se dio la vuelta, dirigiéndome una amplia sonrisa, y dejando al descubierto al paciente.

-¡Lavi! ¿Qué haces aquí?

Lavi sonrió, cerrando los ojos, llevándose el brazo izquierdo a la cabeza, y enseñándome el derecho. Tenía una venda en el antebrazo, desde el codo hasta el hombro.

-Una pequeña herida de guerra, no tiene importancia.

-No le quites importancia. No nos sirves de nada haciéndote el héroe, y no intentes dejarme sin trabajo –la jefa había levantado la cabeza de la mesa y miraba a Lavi seria. 

Lavi se encogió en la cama.

-¿Tan serio es? –pregunté mientras me acercaba a Garuna.

-No es más que un rasguño, ya sabes cómo se pone la jefa –dijo Garuna mientras le lanzaba una mirada acusadora-. Juvia, me vienes de perlas. ¿Te puedes encargar de esto? Es simplemente cambiar el vendaje, yo tengo otro paciente que también necesita cambio de vendas, así que échame una mano.

Antes de que pudiese decir nada, Garuna me dio un empujón hacia la cama dónde estaba sentado Lavi, me guiñó un ojo y se alejó al otro extremo de la habitación, llevándose a la jefa del brazo.

-Esta chica no cambia… -dije en voz baja.

-¿Has dicho algo? –Lavi me miraba.

-No es nada. A ver… -empecé a quitarle la venda del brazo. Como esperaba, un simple corte-. ¡Jefa! –dije alzando un poco la voz-. ¡Eres una melodramática!

-Te prefería a ti de enfermera –dijo Lavi mientras miraba a la jefa. Ella debió de escucharlo, porque se giró hacia Lavi con los ojos casi cerrados y los labios apretados. 

Pude notar cómo Lavi daba un pequeño bote en la cama.

-Bueno, esto ya está –dije, ignorando el comentario de Lavi.

Me alejé un poco para dejarle bajar, pero él se quedó sentado, mirándose el brazo vendado.

-Lo has vuelto a hacer.

-¿Hacer…?

-Siempre eres tú la que se acaba encargando de mí. Y no digas que es tu responsabilidad, porque ahora no lo es.

-Bueno, puede que ahora sea exorcista, pero sigo teniendo los conocimientos de enfermera, y el impulso de ayudar. No sé, es algo que se lleva siempre, no creo que sea capaz de evitarlo por mucho que lo intente.

Lavi seguía mirándose el vendaje.

-¿Qué pasa? ¿Hay algo mal?

-¿Cómo? Ah, perdona. No, no eso. Es que voy a tener que aprender mucho de ti, si quieres enseñarme, claro.

-¿Quieres aprender algo de primeros auxilios?

-Bueno, es mi deber.

-¿Deber? –cada vez estaba más perdida.

-Sí, claro, como Bookman Junior debo saber de todo, y una parte bastante importante es la medicina.

-¿Bookman? –el término me sonaba, pero no estaba segura. No era posible que Lavi fuese del legendario clan de los Bookmen… ¿o sí?

-¿No te lo he dicho? Bueno, no me gusta hablar demasiado de ello, pero sí, soy el futuro Bookman, el viejo es el actual y…

-¿¿¡¡Bookman!!?? Espera, ¿eres el sucesor de Bookman, y lo dices tan tranquilo?

-Sí, bueno, ya te he dicho que no me gusta hablar de ello… -Lavi agachó la cabeza.

-Perdona, es que me pilla por sorpresa.

-Ya… De todas formas, esa no es la reacción que suele tener la gente. La mayoría ni siquiera sabe a qué nos referimos.

-Bueno, suelo ir a las charlas de Komui, y siempre me ha llamado la atención. Si quieres dejar el tema…

Lavi se bajó de la cama, y aprovechando que Garuna estaba entreteniendo a la jefa, me cogió de la mano, y salimos corriendo de allí. Seguimos corriendo hasta la puerta principal. Noda llegó poco después, y se posó en mi cabeza a recobrar el aliento. Lavi levantó la cabeza, y miró a Noda.

-No tiene muy buena resistencia el bicho este.

-Bueno, le ha pillado por sorpresa, no esperaría que saliéramos corriendo tan de repente –dije mientras levantaba las manos y tomaba a Noda, hasta ponerlo a la altura de mis ojos. Luego le acaricié un poco con los pulgares hasta que estuvo más tranquilo y le puse sobre mi hombro. Entonces Lavi comenzó a andar, hasta situarse al lado del árbol bajo el que nos habíamos sentado varias veces antes. Me miró, y sentó apoyando la espalda en el tronco. Yo me quedé de pie a su lado. Él me miró desde el suelo de arriba a abajo. Sentí cómo me ponía colorada.

-No me había fijado antes en tu traje de exorcista. No es como los que suelo ver. Es distinto, y mantienes tu estilo.

Me llevé las manos delante y las junté, intentando tapar el vestido. Lavi me las tomó, y las separó. Luego levantó la cabeza y me sonrió.

-¿Por qué siempre malinterpretas mis palabras? Si te queda muy bien –Lavi seguía sujetando mis manos, y tiró de ellas para que me sentase junto a él bajo el árbol. Luego giró la cabeza, y se quedó mirando al horizonte. Estuvo un rato callado, hasta que comenzó a hablar, sin girarse-. Cuando era pequeño me ofrecieron ser Bookman, y yo acepté. Pero en ese momento no sabía lo que hacía, era un crio, y quería saber de la historia, pero si para ello debía entregar mi propia vida…

Yo permanecí en silencio, casi sin respirar, temiendo romper sus pensamientos.

-El viejo me avisó, pero no quise creerle, no del todo al menos. La tarea de ser Bookman es dura, pero más que nada porque eres un simple observador de los hechos, y no puedes introducirte en la historia, no puedes tomar un bando, y mucho menos relacionarte con gente que forme parte de los hechos –se giró hacia mí-. ¿Sabes lo que eso significa?

Noté el dolor en sus palabras, en su expresión, en su mirada. No quise que siguiera hablando, eso le estaba haciendo daño.

-Lavi… -con las manos temblorosas, le levanté la cara para que me mirase directamente.

No hizo falta más. Lavi interpretó mis movimientos, y me abrazó con fuerza.

-Juvia, lo estoy haciendo mal… Estoy decepcionando al viejo. Todo se estropeó en el momento en que empecé a ser exorcista…

-Lavi…

-No sirvo para esto, creía que era más fuerte pero…

-¡Lavi! Basta, por favor. ¿Te crees que es más fuerte el que aguanta más tiempo solo? Eso no es cierto. Y me juego lo que quieras a que tu abuelo no está decepcionado. Además es imposible estar toda la vida solo registrando los hechos de la historia y… -a medida que avanzaba en mis palabras, fui siendo consciente de lo que había vivido Lavi durante toda su vida. Nunca me había planteado que la vida de los Bookmen fuera así… No se les permitía tener contacto humano para registrar la historia lo más fiel posible a la realidad, sin que quedase afectada por los sentimientos de la persona…-. No puedes aguantar esa carga tú solo, necesitas amigos cerca, como Allen, Lenalee, e incluso Kanda.

Lavi levantó la mirada, pero la situación fue un poco extraña ya que era yo quién estaba llorando. Él sonrió, y me secó las lágrimas.

-Esto no tiene sentido. ¿Eres tú la que lloras?

Me reí.

-Ya lo sé, soy así de incomprensible.


Entonces Lavi empezó a reir. Al final terminamos los dos riendo a la sombra de aquel árbol que de tantos buenos momentos había sido testigo.



Después de dejar a Lavi hablando con Lenalee y Allen bajo el árbol, ya que pasaban por allí cerca, me fui a ver a quién más veía. Cerca del departamento de ciencias vi al anciano señor de manchas negras alrededor de los ojos que amparó a Lavi en la noche en la que se convirtió en mi paciente. Era el abuelo de Lavi, por lo tanto el Bookman actual. Me acerqué a él.

-Hola, perdone, creo que no nos han presentado como es debido…

-Vaya, si es la jovencita que cuidó de Lavi –me miró de arriba abajo-. ¿Traje de exorcista? Tú eras enfermera, ¿verdad?

 -Sí, pero apareció una Inocencia con la que era compatible. De todas formas, aun se acuerda de mí. Eso me halaga.

-Bueno, yo nunca olvido una cara. Soy Bookman, llámeme así, simplemente Bookman.

-Un placer, soy Juvia –le tendí la mano, y él me la estrechó.

-Gracias por encargarse de Lavi en todas estas ocasiones. Seguro que él no se lo ha agradecido ni una sola vez.

-En realidad sí que lo ha hecho. Verá, he estado hablando con él, y parecía, no sé, ¿triste? No sé cómo decirlo exactamente, pero no estaba  muy satisfecho con su labor como Bookman. Sé que no es de mi incumbencia, pero sólo quiero ayudarle.

-Bueno, es cierto que algunas veces he tenido que llamarle la atención porque no actúa como debería actuar un Bookman, pero no creo que se lo deba tomar tan mal, aun es joven y yo tengo que dar aun un poco de guerra.

-Llegó a decir que le había decepcionado…

-¿A quién? ¿A mí? Este chico… Y el problema es que este carácter ha salido desde que es exorcista… Al diablo, verás joven, Lavi antes era un joven que no se relacionaba con nadie, sólo vivía para ser Bookman. Pero nunca sonreía. Simplemente iba conmigo tomando nota de cómo debe actuar cuando yo no esté. Pero eso cambió cuando empezamos con esta vida. Cuando se convirtió en exorcista empezó a relacionarse con más gente, incluso hizo amigos, y empezó a sonreír. Ha sido en estos últimos años cuando le he visto sonreír por primera vez. Yo reconozco que esta no es vida para un joven como él, pero alguien se tiene que encargar de la labor de Bookman. Además fue él mismo quien lo eligió hace muchos años. Como Bookman quiero que siga como lo ha estado haciendo estos años pasados, pero como abuelo de ese crio, sólo quiero que sonría, y que viva su juventud con amigos, con gente en la que confiar. La vida de adulto, y más la de Bookman, es muy dura, y yo quiero retrasársela lo más posible.

Todo esto lo escuché con mirada crítica, pero a medida que fue avanzando en su discurso, la sonrisa se fue haciendo más visible en mi cara.

-Bueno, lo mejor será que le diga todo eso a él mismo en persona, seguro que le gustará.

-Pero eso no se lo puedo soltar sin más. Tiene que ser en el momento adecuado.

-¿Y qué mejor momento que ahora, que ha sido cuando ha empezado a darle vueltas a todo este asunto?

El anciano señor me miró desde abajo, con una mirada divertida.

-Joven, me da la sensación de que va a cambiar muchas cosas con su forma de ver la vida.

-Bueno, me lo tomaré como algo bueno, si eso sirve para que Lavi vuelva a ser feliz.

-Tienes un interés especial en mi nieto, ¿no es así?

Hala, otra vez roja… Al parecer era evidente para todos menos para el interesado, claro que eso es mejor, probablemente.
Por el otro lado del pasillo se empezaron a oír unos pasos que se acercaban a donde nos encontrábamos. Era Lavi, que pronto llegó a nuestro lado, y se quedó mirándonos, como si se imaginara que tramábamos algo. Me dispuse a irme para dejarles a los dos solos, no sin antes guiñarle un ojo a Bookman. Giré en el primer pasillo que encontré, y me quedé ahí unos segundos. Lo primero que se escuchó fue un capón.

-¡Ay! –se quejó Lavi.

-¿De verdad crees que me has decepcionado? No vuelvas a decir esas cosas nunca más.

Después se quedaron en silencio, y yo opté por irme. Sonreí. Bookman tiene una manera peculiar de demostrar su preocupación, pero es una buena manera… Me parece especial.

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