Cuando
desperté a la mañana siguiente Noda revolotea feliz sobre mi cabeza. Estiré las
manos y le pillé de la cola antes de que se me escapase entre los dedos, y me
lo acerqué a la cara.
-¡Qué buen
despertar tienes! ¿Eso significa que has dormido bien?
Noda asintió
rápidamente y me enseñó una sonrisa llena de dientes afilados. Le solté y dejé
que siguiera volando mientras yo me arreglaba para salir. Me puse el traje de
exorcista, me arreglé el pelo, y me puse la diadema de Lenalee. Me dirigí a la
puerta, y llamé a Noda cuando ya estuve fuera del cuarto. Él me siguió, y
espero paciente a que cerrara la puerta. Estuve un rato dudando, ¿qué debía
hacer? Podía pasarme por la enfermería a ver cómo iban las cosas, y hablar más
tranquilamente con la jefa. Puse rumbo a la enfermería mientras seguía
pensando. La seguía llamando jefa, a pesar de que ya no lo era. En fin, las
viejas costumbres no cambian. Cuando ya estuve cerca de la enfermería pude
comprobar que la puerta estaba abierta, y se oía a la jefa desde fuera.
-Vale, no te
obligo a quedarte, pero a cambio tienes que venir cada día, para ver cómo vas
avanzando.
-Vamos jefa,
no sea tan estricta –la voz de Garuna provenía también de la enfermería.
-No, como paciente
mío, debo encargarme de su bienestar.
-Bueno, es
su paciente desde hace poco tiempo, más o menos… ¡Pero mire lo que está
haciendo!
-¡Ay! –el
quejido no fue demasiado alto, seguramente se contuvo, conociendo el genio de
la jefa…
-Madre mía,
casi le corta la circulación del brazo. Anda, deje, que ya le vendo yo.
En ese
momento me asomé a la habitación. Garuna estaba cerca de una cama, tratando a
un paciente, que se hallaba sentado, mientras que la jefa se alejaba de la
pareja con la cara arrugada.
-Hola –dije
asomándome por un lado de la puerta, y levanto una mano. Conocía perfectamente
el carácter de la jefa y en estas ocasiones lo mejor es no acercarse demasiado.
Pero cuando me vio, su expresión se relajó, y se fue hacia su mesa de trabajo.
Garuna se dio la vuelta, dirigiéndome una amplia sonrisa, y dejando al
descubierto al paciente.
-¡Lavi! ¿Qué
haces aquí?
Lavi sonrió,
cerrando los ojos, llevándose el brazo izquierdo a la cabeza, y enseñándome el
derecho. Tenía una venda en el antebrazo, desde el codo hasta el hombro.
-Una pequeña
herida de guerra, no tiene importancia.
-No le
quites importancia. No nos sirves de nada haciéndote el héroe, y no intentes
dejarme sin trabajo –la jefa había levantado la cabeza de la mesa y miraba a
Lavi seria.
Lavi se encogió en la cama.
-¿Tan serio
es? –pregunté mientras me acercaba a Garuna.
-No es más
que un rasguño, ya sabes cómo se pone la jefa –dijo Garuna mientras le lanzaba
una mirada acusadora-. Juvia, me vienes de perlas. ¿Te puedes encargar de esto?
Es simplemente cambiar el vendaje, yo tengo otro paciente que también necesita
cambio de vendas, así que échame una mano.
Antes de que
pudiese decir nada, Garuna me dio un empujón hacia la cama dónde estaba sentado
Lavi, me guiñó un ojo y se alejó al otro extremo de la habitación, llevándose a
la jefa del brazo.
-Esta chica
no cambia… -dije en voz baja.
-¿Has dicho
algo? –Lavi me miraba.
-No es nada.
A ver… -empecé a quitarle la venda del brazo. Como esperaba, un simple corte-.
¡Jefa! –dije alzando un poco la voz-. ¡Eres una melodramática!
-Te prefería
a ti de enfermera –dijo Lavi mientras miraba a la jefa. Ella debió de
escucharlo, porque se giró hacia Lavi con los ojos casi cerrados y los labios
apretados.
Pude notar cómo Lavi daba un pequeño bote en la cama.
-Bueno, esto
ya está –dije, ignorando el comentario de Lavi.
Me alejé un
poco para dejarle bajar, pero él se quedó sentado, mirándose el brazo vendado.
-Lo has
vuelto a hacer.
-¿Hacer…?
-Siempre
eres tú la que se acaba encargando de mí. Y no digas que es tu responsabilidad, porque ahora no lo es.
-Bueno,
puede que ahora sea exorcista, pero sigo teniendo los conocimientos de
enfermera, y el impulso de ayudar. No sé, es algo que se lleva siempre, no creo
que sea capaz de evitarlo por mucho que lo intente.
Lavi seguía
mirándose el vendaje.
-¿Qué pasa?
¿Hay algo mal?
-¿Cómo? Ah,
perdona. No, no eso. Es que voy a tener que aprender mucho de ti, si quieres
enseñarme, claro.
-¿Quieres
aprender algo de primeros auxilios?
-Bueno, es
mi deber.
-¿Deber?
–cada vez estaba más perdida.
-Sí, claro,
como Bookman Junior debo saber de todo, y una parte bastante importante es la
medicina.
-¿Bookman?
–el término me sonaba, pero no estaba segura. No era posible que Lavi fuese del
legendario clan de los Bookmen… ¿o sí?
-¿No te lo
he dicho? Bueno, no me gusta hablar demasiado de ello, pero sí, soy el futuro
Bookman, el viejo es el actual y…
-¿¿¡¡Bookman!!??
Espera, ¿eres el sucesor de Bookman, y lo dices tan tranquilo?
-Sí, bueno,
ya te he dicho que no me gusta hablar de ello… -Lavi agachó la cabeza.
-Perdona, es
que me pilla por sorpresa.
-Ya… De
todas formas, esa no es la reacción que suele tener la gente. La mayoría ni
siquiera sabe a qué nos referimos.
-Bueno,
suelo ir a las charlas de Komui, y siempre me ha llamado la atención. Si
quieres dejar el tema…
Lavi se bajó
de la cama, y aprovechando que Garuna estaba entreteniendo a la jefa, me cogió
de la mano, y salimos corriendo de allí. Seguimos corriendo hasta la puerta
principal. Noda llegó poco después, y se posó en mi cabeza a recobrar el
aliento. Lavi levantó la cabeza, y miró a Noda.
-No tiene
muy buena resistencia el bicho este.
-Bueno, le
ha pillado por sorpresa, no esperaría que saliéramos corriendo tan de repente
–dije mientras levantaba las manos y tomaba a Noda, hasta ponerlo a la altura
de mis ojos. Luego le acaricié un poco con los pulgares hasta que estuvo más
tranquilo y le puse sobre mi hombro. Entonces Lavi comenzó a andar, hasta
situarse al lado del árbol bajo el que nos habíamos sentado varias veces antes.
Me miró, y sentó apoyando la espalda en el tronco. Yo me quedé de pie a su
lado. Él me miró desde el suelo de arriba a abajo. Sentí cómo me ponía
colorada.
-No me había
fijado antes en tu traje de exorcista. No es como los que suelo ver. Es
distinto, y mantienes tu estilo.
Me llevé las
manos delante y las junté, intentando tapar el vestido. Lavi me las tomó, y las
separó. Luego levantó la cabeza y me sonrió.
-¿Por qué
siempre malinterpretas mis palabras? Si te queda muy bien –Lavi seguía
sujetando mis manos, y tiró de ellas para que me sentase junto a él bajo el
árbol. Luego giró la cabeza, y se quedó mirando al horizonte. Estuvo un rato
callado, hasta que comenzó a hablar, sin girarse-. Cuando era pequeño me
ofrecieron ser Bookman, y yo acepté. Pero en ese momento no sabía lo que hacía,
era un crio, y quería saber de la historia, pero si para ello debía entregar mi
propia vida…
Yo permanecí
en silencio, casi sin respirar, temiendo romper sus pensamientos.
-El viejo me
avisó, pero no quise creerle, no del todo al menos. La tarea de ser Bookman es
dura, pero más que nada porque eres un simple observador de los hechos, y no
puedes introducirte en la historia, no puedes tomar un bando, y mucho menos
relacionarte con gente que forme parte de los hechos –se giró hacia mí-. ¿Sabes
lo que eso significa?
Noté el
dolor en sus palabras, en su expresión, en su mirada. No quise que siguiera
hablando, eso le estaba haciendo daño.
-Lavi… -con
las manos temblorosas, le levanté la cara para que me mirase directamente.
No hizo
falta más. Lavi interpretó mis movimientos, y me abrazó con fuerza.
-Juvia, lo
estoy haciendo mal… Estoy decepcionando al viejo. Todo se estropeó en el
momento en que empecé a ser exorcista…
-Lavi…
-No sirvo
para esto, creía que era más fuerte pero…
-¡Lavi!
Basta, por favor. ¿Te crees que es más fuerte el que aguanta más tiempo solo?
Eso no es cierto. Y me juego lo que quieras a que tu abuelo no está
decepcionado. Además es imposible estar toda la vida solo registrando los
hechos de la historia y… -a medida que avanzaba en mis palabras, fui siendo
consciente de lo que había vivido Lavi durante toda su vida. Nunca me había
planteado que la vida de los Bookmen fuera así… No se les permitía tener
contacto humano para registrar la historia lo más fiel posible a la realidad,
sin que quedase afectada por los sentimientos de la persona…-. No puedes
aguantar esa carga tú solo, necesitas amigos cerca, como Allen, Lenalee, e
incluso Kanda.
Lavi levantó
la mirada, pero la situación fue un poco extraña ya que era yo quién estaba llorando.
Él sonrió, y me secó las lágrimas.
-Esto no
tiene sentido. ¿Eres tú la que lloras?
Me reí.
-Ya lo sé,
soy así de incomprensible.
Entonces Lavi empezó a reir. Al final terminamos los dos riendo a la sombra de aquel árbol que de tantos buenos momentos había sido testigo.
Después de
dejar a Lavi hablando con Lenalee y Allen bajo el árbol, ya que pasaban por
allí cerca, me fui a ver a quién más veía. Cerca del departamento de ciencias
vi al anciano señor de manchas negras alrededor de los ojos que amparó a Lavi
en la noche en la que se convirtió en mi paciente. Era el abuelo de Lavi, por
lo tanto el Bookman actual. Me acerqué a él.
-Hola,
perdone, creo que no nos han presentado como es debido…
-Vaya, si es
la jovencita que cuidó de Lavi –me miró de arriba abajo-. ¿Traje de exorcista? Tú eras enfermera, ¿verdad?
-Sí, pero apareció una Inocencia con la que
era compatible. De todas formas, aun se acuerda de mí. Eso me halaga.
-Bueno, yo
nunca olvido una cara. Soy Bookman, llámeme así, simplemente Bookman.
-Un placer,
soy Juvia –le tendí la mano, y él me la estrechó.
-Gracias por
encargarse de Lavi en todas estas ocasiones. Seguro que él no se lo ha
agradecido ni una sola vez.
-En realidad
sí que lo ha hecho. Verá, he estado hablando con él, y parecía, no sé, ¿triste?
No sé cómo decirlo exactamente, pero no estaba
muy satisfecho con su labor como Bookman. Sé que no es de mi
incumbencia, pero sólo quiero ayudarle.
-Bueno, es
cierto que algunas veces he tenido que llamarle la atención porque no actúa
como debería actuar un Bookman, pero no creo que se lo deba tomar tan mal, aun
es joven y yo tengo que dar aun un poco de guerra.
-Llegó a
decir que le había decepcionado…
-¿A quién? ¿A
mí? Este chico… Y el problema es que este carácter ha salido desde que es exorcista…
Al diablo, verás joven, Lavi antes era un joven que no se relacionaba con
nadie, sólo vivía para ser Bookman. Pero nunca sonreía. Simplemente iba conmigo
tomando nota de cómo debe actuar cuando yo no esté. Pero eso cambió cuando
empezamos con esta vida. Cuando se convirtió en exorcista empezó a relacionarse
con más gente, incluso hizo amigos, y empezó a sonreír. Ha sido en estos
últimos años cuando le he visto sonreír por primera vez. Yo reconozco que esta
no es vida para un joven como él, pero alguien se tiene que encargar de la
labor de Bookman. Además fue él mismo quien lo eligió hace muchos años. Como
Bookman quiero que siga como lo ha estado haciendo estos años pasados, pero
como abuelo de ese crio, sólo quiero que sonría, y que viva su juventud con
amigos, con gente en la que confiar. La vida de adulto, y más la de Bookman, es
muy dura, y yo quiero retrasársela lo más posible.
Todo esto lo
escuché con mirada crítica, pero a medida que fue avanzando en su discurso, la
sonrisa se fue haciendo más visible en mi cara.
-Bueno, lo
mejor será que le diga todo eso a él mismo en persona, seguro que le gustará.
-Pero eso no
se lo puedo soltar sin más. Tiene que ser en el momento adecuado.
-¿Y qué
mejor momento que ahora, que ha sido cuando ha empezado a darle vueltas a todo
este asunto?
El anciano
señor me miró desde abajo, con una mirada divertida.
-Joven, me
da la sensación de que va a cambiar muchas cosas con su forma de ver la vida.
-Bueno, me
lo tomaré como algo bueno, si eso sirve para que Lavi vuelva a ser feliz.
-Tienes un
interés especial en mi nieto, ¿no es así?
Hala, otra
vez roja… Al parecer era evidente para todos menos para el interesado, claro
que eso es mejor, probablemente.
Por el otro
lado del pasillo se empezaron a oír unos pasos que se acercaban a donde nos
encontrábamos. Era Lavi, que pronto llegó a nuestro lado, y se quedó
mirándonos, como si se imaginara que tramábamos algo. Me dispuse a irme para
dejarles a los dos solos, no sin antes guiñarle un ojo a Bookman. Giré en el
primer pasillo que encontré, y me quedé ahí unos segundos. Lo primero que se
escuchó fue un capón.
-¡Ay! –se
quejó Lavi.
-¿De verdad
crees que me has decepcionado? No vuelvas a decir esas cosas nunca más.
Después se
quedaron en silencio, y yo opté por irme. Sonreí. Bookman tiene una manera
peculiar de demostrar su preocupación, pero es una buena manera… Me parece
especial.
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