Fui a
lavarme la cara al baño, y cuando aun me estaba secando las manos, Raisa tiró
de mí, y me llevó fuera de la habitación. Noda y Nemu salieron corriendo para
que no les encerrásemos en el cuarto. Fuimos a la planta principal y salimos al
jardín. Sin darme cuenta miré al árbol bajo el que nos habíamos sentado Lavi y
yo alguna vez. Allí estaba él, sentado, con la cabeza agachada, y Lenalee
estaba a su lado. Raisa tiró de mí, y me llevó lejos de aquel árbol. Empezamos
a pasear alrededor del cuartel, y nos paramos cuando llegamos a la parte de
atrás. Apoyado en la pared estaba Kanda. Raisa le saludó con la mano, y nos
acercamos a él.
-Hola
-Hola…
Menuda caras traéis las dos, ¿qué os pasa?
-Nada, no te
preocupes, será lo que ha pasado en la misión. Pero tu cara no es mucho mejor,
¿qué te pasa a ti?
-Supongo que
lo mismo –dijo encogiéndose de hombros.
Estuvimos un
rato en silencio, mirando al suelo, hasta que Noda lo rompió, con una llamada
de Komui.
-Juvia,
¿sabes dónde está Raisa?
-Estoy aquí,
supervisor –dijo ella, adelantándose a mi respuesta.
-Te necesito
en el departamento de ciencias, ¿puedes venir?
-Ahora mismo
voy.
La
comunicación se cortó.
-Bueno, me
voy, os dejo –se giró hacia mí-. Luego hablamos, ¿vale? –me dijo sonriendo.
Asentí.
Kanda y yo vimos cómo daba la vuelta y se perdía al otro lado del edificio. Más
silencio. Finalmente opté por sentarme en el césped, con la espalda apoyada en
la pared, bajando con un resoplido. A Kanda le debió de parecer buena idea,
porque me acompañó.
-Juvia,
¿seguro que es sólo eso lo que te preocupa?
-Sí, bueno,
no sé qué otra cosa podría ser…
-Bueno, puedo
imaginármelo, y como sea eso te juro que se lo voy a hacer pagar.
-¿De qué
hablas?
-No te hagas
la loca. Sé que hay algo entre tú y ese conejo.
-No hay
nada… -dije agachando la cabeza, y escondiéndola entre mis rodillas.
-Bueno, por
cómo os comportáis el uno con el otro no se podría decir que eso sea cierto.
Entiendo que tú no quieras decirle nada, pero él es demasiado idiota como para
hacer algo. Voy a tener que cruzar un par de palabras con él.
Noté un
brillo en su mirada.
-Por cierto,
Raisa y tú… -no sabía cómo formular la pregunta-. Esto… ¿desde cuándo…?
Él se
encogió de hombros.
-Puede que
desde que volvisteis del otro cuartel, o cuando empezamos a entrenar… O incluso
cuando la vi por primera vez, cuando me curó aquella noche…
Se quedó en
silencio, meditando aquellas palabras, seguramente para darme una respuesta
clara. Yo me quedé mirándole. Después de un rato en silencio, se me escapó una
risita, que le sacó de sus pensamientos.
-¿Qué pasa?
-Aun me
acuerdo de aquella noche, de su cara cuando… te vio… Y de la mirada que me
lanzó cuando le dije que se ocupara de ti.
Me volví a
reir, con picardía. Kanda se me quedó mirando.
-Espera,
¿entonces comenzó en aquel momento…? Sí, probablemente, me gustó su mirada… Y
pensar que iba dirigida a mí… -suspiró-. Entonces tú tienes parte de culpa.
-Puede… -me reí.
-¿Y… ella te
ayuda a ti con lo tuyo?
-¿Lo mío?
¿Te refieres a…? Sí, claro, ella me ayuda, pero no sé, estoy confusa, ni yo sé
lo que quiero- agaché la cabeza. Los ojos me escocían.
Entonces
algo se posó sobre mi cabeza. La fui levantando poco a poco, y me encontré con
la mirada de Kanda. Tenía un brazo estirado hacia mí, y su mano estaba sobre mi
cabeza. A pesar de ser un gesto muy simple, me reconfortó mucho. Las
lágrimas comenzaron a fluir, y en pocos segundos tuve la cara cubierta de
lágrimas. Kanda me miraba serio, pero se fue acercando lentamente, hasta quedar
a mi lado. Dudó unos segundos, mientras miraba como intentaba frenar las
lágrimas, y entonces me abrazó. Fue un abrazo cálido, y lleno de complicidad.
Eso me hizo llorar aun más. Estuve un rato llorando sobre su hombro, hasta que
estuve más tranquila, y pude separarme de él. Sonreí.
-Perdón, te
he empapado todo el hombro.
-¿Mejor?
Asentí.
-Gracias…
Kanda se
levantó, dispuesto a irse.
-Si me
dejas, yo también quiero ayudar, por lo que has hecho por mí.
-En realidad
yo no…
Kanda negó
con la cabeza.
-Has hecho
más de lo que crees. Desde el principio, desde que me llevaste a la enfermería
a la fuerza esa noche.
Se colgó la
katana a la espalda y se fue. Yo me quedé un rato mirando a la nada. Cuando ya
las lágrimas dejaron de caer, me levanté y me dirigí a la parte delantera del
jardín. Iba a entrar al cuartel cuando unos brazos me pararon. Miré hacia
abajo, a los brazos, y vi unas manos enguantadas, con los dedos descubiertos,
que se entrelazaban por la parte
delantera de mi cuerpo. Me giré y descubrí a Lavi, que me miraba con mirada
cansada.
-Lavi…
-Juvia, lo
siento… Perdóname. No sé que me ha pasado, pero sé que he estado un poco raro
y, bueno…
Sonreí. Eso
era lo que me faltaba para completar el día, poder hablar con Lavi.
-Tranquilo,
no pasa nada. Respetaré lo que no me quieras contar, pero para lo que
necesites…
No me dejó
terminar. Me ahogó con un abrazo. Yo miré por encima de su hombro, y vi a
Lenalee sentada bajo un árbol, que nos miraba sonriente. Entonces nos empezamos
a separar lentamente, hasta quedarnos uno en frente de otro. Lavi pareció dudar
unos segundos, pero finalmente habló.
-B-bueno,
nos vemos después…
Y se fue.
Entró al cuartel casi corriendo. Me quedé mirando la puerta con una sonrisa
tonta en la cara. Lenalee se situó a mi lado con cara de fastidio.
-No, si le
da igual lo que yo le diga… -se giró hacia mí-. Hola Juvia. Parece que ya
estáis mejor.
-¿Lo sabías?
Asintió.
-Me ha contado
algo, y he intentado ayudarle. Bueno, por lo menos algo he hecho.
Me sonrió, y
se fue por donde Lavi se había ido. Me quedé sola de nuevo, con Noda
revoloteando sobre mi cabeza. Le miré. Parecía contento.
-Noda, ¿y
Nemu?
Él se situó
a mi altura y empezó a girar la cabeza hasta dar una vuelta completa.
-Bueno, no
creo que le haya pasado nada. Estará por ahí jugando. ¿Entramos?
Empecé a
andar hacia la puerta, pero un temblor hizo que parara. Empecé a mirar por
todos lados, alarmada. Pero el temblor se hizo más fuerte, tanto que me tiró al
suelo. Noda bajó, y me miró preocupado. Me levanté como pude y corrí hacia el
cuartel, pero una grieta se abrió a mis pies, haciéndome perder el equilibrio.
Empecé a caer por aquel hueco que se había formado en medio del camino, hasta
que una mano me paró. La mano comenzó a tirar de mí hacia la superficie, y
cuando llegamos, tiró de mí, y me sentó detrás, en aquel palo que flotaba a
modo de escoba de bruja. Parpadeé un par de veces, y entonces vi que Lavi
estaba sentado delante de mí, y me llevaba de vuelta al cuartel. Nos bajamos en
la entrada, y entramos corriendo, abriéndonos paso entre todos los residentes
que se apelotonaban en la puerta. Cuando llegamos a un espacio más o menos
despejado, Lavi me cogió por los hombros.
-¿Estás
bien?
-Sí… ¿qué ha
pasado?
-No lo sé…
-¡Juvia!
Menos mal, estás bien –Lenalee había llegado a mi lado.
-¡¡LENALEE!!
-Estoy aquí,
hermano, no vociferes más.
-¡Lenalee!
Ah, estáis vosotros también. ¿Qué ha pasado?
-No lo sé…
Estaba fuera, cuando de repente se han notado varios temblores…
-Está bien.
Voy a poner orden en la puerta, no quiero a nadie cerca del jardín hasta que
sepa qué está pasando -dijo Komui mientras se alejaba de nosotros y se iba
abriendo paso por la multitud.
El resto nos
quedamos mirándonos entre nosotros. Allen llegó al rato, preguntándonos
también, pero no supimos qué decirle. Komui pasó por nuestro lado corriendo.
Había hecho que cerrasen la puerta principal, y ahora iba hablando con Reever,
que iba a su lado.
-Busca a Miranda,
la necesito ya.
Me giré
hacia los demás.
-¿Miranda?
-Ah, claro,
aun no la conoces. Es otra exorcista, que se unió a nosotros cuando tú estabas
fuera entrenando –me explico Lenalee-. La verdad es que su poder nos va a ser
útil esta vez.
Komui había
vuelto a aparecer a nuestro lado.
-Os quiero a
todos en mi despacho. Voy a avisar a los demás exorcistas que estén en el
cuartel.
No hay comentarios:
Publicar un comentario