jueves, 5 de julio de 2012

Temblor (Parte 27)


Fui a lavarme la cara al baño, y cuando aun me estaba secando las manos, Raisa tiró de mí, y me llevó fuera de la habitación. Noda y Nemu salieron corriendo para que no les encerrásemos en el cuarto. Fuimos a la planta principal y salimos al jardín. Sin darme cuenta miré al árbol bajo el que nos habíamos sentado Lavi y yo alguna vez. Allí estaba él, sentado, con la cabeza agachada, y Lenalee estaba a su lado. Raisa tiró de mí, y me llevó lejos de aquel árbol. Empezamos a pasear alrededor del cuartel, y nos paramos cuando llegamos a la parte de atrás. Apoyado en la pared estaba Kanda. Raisa le saludó con la mano, y nos acercamos a él.

-Hola

-Hola… Menuda caras traéis las dos, ¿qué os pasa?

-Nada, no te preocupes, será lo que ha pasado en la misión. Pero tu cara no es mucho mejor, ¿qué te pasa a ti?

-Supongo que lo mismo –dijo encogiéndose de hombros.

Estuvimos un rato en silencio, mirando al suelo, hasta que Noda lo rompió, con una llamada de Komui.

-Juvia, ¿sabes dónde está Raisa?

-Estoy aquí, supervisor –dijo ella, adelantándose a mi respuesta.

-Te necesito en el departamento de ciencias, ¿puedes venir?

-Ahora mismo voy.

La comunicación se cortó.

-Bueno, me voy, os dejo –se giró hacia mí-. Luego hablamos, ¿vale? –me dijo sonriendo.

Asentí. Kanda y yo vimos cómo daba la vuelta y se perdía al otro lado del edificio. Más silencio. Finalmente opté por sentarme en el césped, con la espalda apoyada en la pared, bajando con un resoplido. A Kanda le debió de parecer buena idea, porque me acompañó.

-Juvia, ¿seguro que es sólo eso lo que te preocupa?

-Sí, bueno, no sé qué otra cosa podría ser…

-Bueno, puedo imaginármelo, y como sea eso te juro que se lo voy a hacer pagar.

-¿De qué hablas?

-No te hagas la loca. Sé que hay algo entre tú y ese conejo.

-No hay nada… -dije agachando la cabeza, y escondiéndola entre mis rodillas.

-Bueno, por cómo os comportáis el uno con el otro no se podría decir que eso sea cierto. Entiendo que tú no quieras decirle nada, pero él es demasiado idiota como para hacer algo. Voy a tener que cruzar un par de palabras con él.

Noté un brillo en su mirada.

-Por cierto, Raisa y tú… -no sabía cómo formular la pregunta-. Esto… ¿desde cuándo…?

Él se encogió de hombros.

-Puede que desde que volvisteis del otro cuartel, o cuando empezamos a entrenar… O incluso cuando la vi por primera vez, cuando me curó aquella noche…

Se quedó en silencio, meditando aquellas palabras, seguramente para darme una respuesta clara. Yo me quedé mirándole. Después de un rato en silencio, se me escapó una risita, que le sacó de sus pensamientos.

-¿Qué pasa?

-Aun me acuerdo de aquella noche, de su cara cuando… te vio… Y de la mirada que me lanzó cuando le dije que se ocupara de ti.

Me volví a reir, con picardía. Kanda se me quedó mirando.

-Espera, ¿entonces comenzó en aquel momento…? Sí, probablemente, me gustó su mirada… Y pensar que iba dirigida a mí… -suspiró-. Entonces tú tienes parte de culpa.

-Puede…  -me reí.

-¿Y… ella te ayuda a ti con lo tuyo?

-¿Lo mío? ¿Te refieres a…? Sí, claro, ella me ayuda, pero no sé, estoy confusa, ni yo sé lo que quiero- agaché la cabeza. Los ojos me escocían.

Entonces algo se posó sobre mi cabeza. La fui levantando poco a poco, y me encontré con la mirada de Kanda. Tenía un brazo estirado hacia mí, y su mano estaba sobre mi cabeza. A pesar de ser un gesto muy simple, me reconfortó mucho. Las lágrimas comenzaron a fluir, y en pocos segundos tuve la cara cubierta de lágrimas. Kanda me miraba serio, pero se fue acercando lentamente, hasta quedar a mi lado. Dudó unos segundos, mientras miraba como intentaba frenar las lágrimas, y entonces me abrazó. Fue un abrazo cálido, y lleno de complicidad. Eso me hizo llorar aun más. Estuve un rato llorando sobre su hombro, hasta que estuve más tranquila, y pude separarme de él. Sonreí.

-Perdón, te he empapado todo el hombro.

-¿Mejor?

Asentí.

-Gracias…

Kanda se levantó, dispuesto a irse.

-Si me dejas, yo también quiero ayudar, por lo que has hecho por mí.

-En realidad yo no…

Kanda negó con la cabeza.

-Has hecho más de lo que crees. Desde el principio, desde que me llevaste a la enfermería a la fuerza esa noche.

Se colgó la katana a la espalda y se fue. Yo me quedé un rato mirando a la nada. Cuando ya las lágrimas dejaron de caer, me levanté y me dirigí a la parte delantera del jardín. Iba a entrar al cuartel cuando unos brazos me pararon. Miré hacia abajo, a los brazos, y vi unas manos enguantadas, con los dedos descubiertos, que se entrelazaban  por la parte delantera de mi cuerpo. Me giré y descubrí a Lavi, que me miraba con mirada cansada.

-Lavi…

-Juvia, lo siento… Perdóname. No sé que me ha pasado, pero sé que he estado un poco raro y, bueno…

Sonreí. Eso era lo que me faltaba para completar el día, poder hablar con Lavi.

-Tranquilo, no pasa nada. Respetaré lo que no me quieras contar, pero para lo que necesites…

No me dejó terminar. Me ahogó con un abrazo. Yo miré por encima de su hombro, y vi a Lenalee sentada bajo un árbol, que nos miraba sonriente. Entonces nos empezamos a separar lentamente, hasta quedarnos uno en frente de otro. Lavi pareció dudar unos segundos, pero finalmente habló.

-B-bueno, nos vemos después…

Y se fue. Entró al cuartel casi corriendo. Me quedé mirando la puerta con una sonrisa tonta en la cara. Lenalee se situó a mi lado con cara de fastidio.

-No, si le da igual lo que yo le diga… -se giró hacia mí-. Hola Juvia. Parece que ya estáis mejor.

-¿Lo sabías?

Asintió.

-Me ha contado algo, y he intentado ayudarle. Bueno, por lo menos algo he hecho.

Me sonrió, y se fue por donde Lavi se había ido. Me quedé sola de nuevo, con Noda revoloteando sobre mi cabeza. Le miré. Parecía contento.

-Noda, ¿y Nemu?

Él se situó a mi altura y empezó a girar la cabeza hasta dar una vuelta completa.

-Bueno, no creo que le haya pasado nada. Estará por ahí jugando. ¿Entramos?

Empecé a andar hacia la puerta, pero un temblor hizo que parara. Empecé a mirar por todos lados, alarmada. Pero el temblor se hizo más fuerte, tanto que me tiró al suelo. Noda bajó, y me miró preocupado. Me levanté como pude y corrí hacia el cuartel, pero una grieta se abrió a mis pies, haciéndome perder el equilibrio. Empecé a caer por aquel hueco que se había formado en medio del camino, hasta que una mano me paró. La mano comenzó a tirar de mí hacia la superficie, y cuando llegamos, tiró de mí, y me sentó detrás, en aquel palo que flotaba a modo de escoba de bruja. Parpadeé un par de veces, y entonces vi que Lavi estaba sentado delante de mí, y me llevaba de vuelta al cuartel. Nos bajamos en la entrada, y entramos corriendo, abriéndonos paso entre todos los residentes que se apelotonaban en la puerta. Cuando llegamos a un espacio más o menos despejado, Lavi me cogió por los hombros.

-¿Estás bien?

-Sí… ¿qué ha pasado?

-No lo sé…

-¡Juvia! Menos mal, estás bien –Lenalee había llegado a mi lado.

-¡¡LENALEE!!

-Estoy aquí, hermano, no vociferes más.

-¡Lenalee! Ah, estáis vosotros también. ¿Qué ha pasado?

-No lo sé… Estaba fuera, cuando de repente se han notado varios temblores…

-Está bien. Voy a poner orden en la puerta, no quiero a nadie cerca del jardín hasta que sepa qué está pasando -dijo Komui mientras se alejaba de nosotros y se iba abriendo paso por la multitud.

El resto nos quedamos mirándonos entre nosotros. Allen llegó al rato, preguntándonos también, pero no supimos qué decirle. Komui pasó por nuestro lado corriendo. Había hecho que cerrasen la puerta principal, y ahora iba hablando con Reever, que iba a su lado.

-Busca a Miranda, la necesito ya.

Me giré hacia los demás.

-¿Miranda?

-Ah, claro, aun no la conoces. Es otra exorcista, que se unió a nosotros cuando tú estabas fuera entrenando –me explico Lenalee-. La verdad es que su poder nos va a ser útil esta vez.

Komui había vuelto a aparecer a nuestro lado.

-Os quiero a todos en mi despacho. Voy a avisar a los demás exorcistas que estén en el cuartel.

No hay comentarios:

Publicar un comentario