jueves, 19 de julio de 2012

Escapada (Parte 31)


Raisa se despertó después de un rato, y todos nos apelotonamos en torno a ella. La jefa no tardó en llegar y hacer hueco entre nosotros, para que le llegase algo de aire. Debía ser un poco agobiante despertarte y encontrarte con seis miradas y un golem mirándote fijamente. La jefa nos apartó a todos, menos a Kanda, que se quedó sentado en un hueco de su cama, hablando con ella. Cuando hubo terminado su tarea, me cogió por el brazo y me llevó al lado de su mesa. Allí tenía una cuna de recién nacido en la que descansaba Nemu.

-Le he tenido que tratar la pata, que la tenía torcida, pero por lo demás está bien. Estaba consciente cuando me lo trajeron, y ahora solo está durmiendo.

La jefa se alejó, dejándome con Nemu. Noda bajó de mi cabeza, y se situó al lado del gato. Nemu, como si lo hubiese notado, abrió los ojos.

-¡Juvia!

-¡Nemu! ¿Cómo estás?

-Bien, no es nada. El problema es que esa mujer no me deja moverme –dijo mirando detrás de mí.

No me hizo falta darme la vuelta para saber a quién se refería.

-No te preocupes, es siempre así. Yo antes he intentado irme, pero no me ha dejado, y lo mismo con Kanda.

Nemu arrugó el morro. Yo le acaricié por detrás de las orejas y empezó a ronronear.

-¡Lavi!

Me giré en cuanto lo oí. Bookman se había levantado de la silla, y sostenía la mano de Lavi. Fui corriendo a su lado. Bookman estaba llorando, y Lavi le sonreía tiernamente.

-Lavi… Eres un idiota… ¿Por qué siempre tú? Eres un descuidado, y un temerario…

-Viejo… lo siento…

-Siempre igual, “lo siento”, pero a ver cuánto tarda en volver a pasar…

Lavi agachó la mirada.

-Lo siento, no quería decir eso –Bookman notó el dolor en la mirada de su nieto-. Pero te arriesgas demasiado. Prométeme que serás más prudente.

-Pero viejo…

-Tranquilo, yo le vigilaré. Me encargaré de que no vuelva a ser tan temerario –intervine yo, ya que veía que por dónde iba la conversación era más que probable que terminasen discutiendo.

Bookman me miró, y Lavi levantó la mirada.

-Gracias joven, pero no quiero que pierdas tu tiempo estando siempre encima de este mocoso…

-No te preocupes, ella lo hace encantada, ¿verdad Juvia?

-¡¡Raisa!!

Raisa había llegado por mi espalda y se había apoyado en mi cabeza, haciendo que me agachase a la fuerza para asomarse por encima de mí.

-Hola Lavi, menuda batalla –dijo sonriente.

-¡Raisa! ¡Vuelve a tu cama ahora mismo! –la jefa miraba a Raisa seria.

Kanda se acercó por detrás a Raisa, y la tomó del brazo para llevársela a su cama.

-Será mejor que no hagas enfadar a la vieja bruja –susurró Kanda mientras se alejaban.

-¡Kanda! –le dije en bajo.

-¿Ves? Él opina lo mismo que yo –dijo Lavi con una sonrisa, la cual se le borró al segundo, debido a la mirada que nos había echado la jefa.

Lavi se escondió entre las sábanas, y Kanda desapareció sin dejar rastro, tirando de Raisa en su huída. La jefa salió corriendo detrás de ellos, y reapareció con Kanda cogido de la oreja, y con Raisa de la mano.

-¿Te parece apropiado, irte con una señorita que necesita reposo?

La jefa soltó a Kanda a la altura de la cama de Raisa, dejándole encorvado y agarrándose la oreja con cara de dolor, y  haciendo sentarse a Raisa en la cama. Entonces procedió a observar el avance de sus heridas.

-No vas a parar hasta arrancarme la oreja –dijo Kanda mientras se incorporaba.

-Te lo has buscado tú solo –dijo ella sin apartar la mirada de su tarea-. Ahora ya te puedes ir, pero ella pasará esta noche aquí.

-Tsk.

Pero Kanda no se fue, se sentó al lado de Raisa y esperó hasta que la jefa hubo terminado. Entonces ella se levantó, y les dirigió una sonrisa a los dos mientras se alejaba, dejándoles a los dos solos. Yo había estado observando aquella escena en silencio, sentada en mi cama, en la otra esquina de la habitación. Lavi seguía hablando con su abuelo,  Miranda, y Lenalee jugaban con Nemu, y Krory y Allen hablaban al lado de la ventana. La noche llegó antes de que nos diésemos cuenta, y la jefa procedió a echar a todos de la enfermería. Allen, Krory, Miranda y Lenalee se fueron tras habernos deseado buenas noches a todos. Bookman se despidió de mí y de su nieto, y se fue con la cabeza gacha. Mientras, la jefa se peleaba con Kanda para que dejase la habitación, pero cuando vio que las palabras no surtían efecto, se decantó por la fuerza bruta, y empezó a tirar de él, pero Kanda permaneció sentado en la silla, al lado de la cama de Raisa, mientras ella miraba la escena con la boca medio abierta.

-Será mejor que desista, no hay quien gane a Yu a cabezonería –dijo Lavi sonriente.

-Tsk. Cállate baka usagi. No me busques las cosquillas.

La mirada que Kanda le echó a Lavi fue tal que este último se encogió y se volvió a esconder entre las sábanas.

-Jefa, ¿por qué no le deja quedarse? Hay camas de sobra, y no creo que arme mucho alboroto. Una de las características de Kanda es pasar desapercibido -intervine yo.

La jefa suspiró, y finalmente optó por soltar a Kanda, y alejarse hacia la puerta.

-Está bien, vosotros ganáis.

Procedió a cerrar la puerta, apagar las luces, y dirigirse de nuevo al escritorio que había en una de las esquinas de la habitación.

-Pero a cambio no quiero oír un murmullo. A dormir todo el mundo ya.

Dicho y hecho. Hasta la mañana siguiente no volví a abrir los ojos. La enfermería estaba un poco revolucionada. Kanda se movía de un lado a otro, desde la cama de Raisa a la de Lavi. Intercambiaba un par de palabras con uno, y se volvía a hablar con el otro. Cuando me desperté, me incorporé en la cama, Kanda se dio cuenta, y se acercó a mí.

-¿Cómo estás? ¿Puedes andar?

-Kanda, ¿qué pasa?

-Habla más bajo –dijo señalando con un dedo a su espalda. La jefa dormía plácidamente sobre el escritorio.

-Espera, no estaréis planeando…

-Sí, venga, antes de que despierte.

-¿Y qué cara crees que se le va a quedar cuando se despierte?

-Me gustaría verla, pero creo que me la voy a perder yo también –dijo Lavi incorporándose en la cama.

-¿Lavi? ¿Tú también? Si casi no puedes moverte.

-Bueno, eso es lo de menos, Kanda me va a ayudar, ¿verdad?

-¿Qué te crees que soy, una mula de carga?

-Eh, bajad el volumen –dije yo interponiendo mis manos entre los dos.

-¿Eso significa que vienes?

-Qué remedio… Le dije a tu abuelo que me encargaría de ti.

Lavi me sonrió, y Kanda se alejó hacia la cama de Raisa. La cargó a su espalda, y se dirigió a la puerta. Allí se dio la vuelta, y se nos quedó mirando.

-Venga, deprisa.

-Madre mía, que tensión, me siento como si estuviera escapando de la cárcel… -dije mientras ayudaba a Lavi a levantarse de la cama.

Con su brazo sobre mis hombros, y uno de los míos alrededor de su cintura, nos dirigimos a la puerta, la abrimos, lo más silenciosamente que pudimos, y salimos. Tras una pequeña carrera, llegamos a la puerta principal. Nos paramos de golpe, a observar el paisaje. La luz del sol nos daba en la cara, y los cuatro suspiramos a la vez.

-Ya echaba esto de menos –empezó Lavi.

-Llevábamos demasiados días ahí encerrados, y todo por culpa de esa vieja bruja –añadió Kanda.

-Vamos, dejad de llamarla bruja… -intervine yo.

-Cierto, bruja se queda corto, creo que le viene mejor el de ogro –dijo Lavi con la mirada perdida en el horizonte.

-Ogro amargado –añadió Kanda.

Kanda, mirando también al horizonte en la misma dirección que Lavi, levantó una mano y la puso paralela y a la altura de su cabeza. Lavi, aun con la mirada perdida al frente, se la chocó.

-Sois unos críos. 

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