miércoles, 18 de julio de 2012

Presos en la enfermería (Parte 30)


Cuando desperté era noche cerrada. Garuna estaba medio dormida sobre la única mesa de la enfermería. Lavi seguía descansando en su cama, y su respiración era más continuada que antes. Menos mal… Me di la vuelta para mirar por la ventana, y vi a alguien mirando por la ventana. Le reconocí por el largo pelo, recogido en una coleta.

-Kanda… -dije mientras mi incorporaba y me frotaba los ojos.

-Juvia, ¿te he despertado? –dijo mientras se giraba hacia mí.

-No, tranquilo. ¿Qué tal?

-Bien… Juvia… Gracias por lo del otro día.

-¿Por qué?

-Me ha dicho Raisa que te ocupaste de nuestras heridas cuando nos atacaron los hermanos en aquel laberinto.

-Bueno, no tienes por qué darme las gracias. ¿Y Raisa, qué tal está?

-Bien, durmiendo –hizo un movimiento con la cabeza hacia la cama que había detrás de mí-. ¿Se ha despertado en algún momento?

-No… Por lo menos cuando yo he estado despierta –agaché la cabeza. Kanda se acercó a mí, y me puso la mano en la cabeza.

-Tranquila, se pondrá bien. Es mucho más fuerte de lo que parece –levantó la mano, se alejó de la ventana-. Duerme un poco más, por lo menos hasta que amanezca. Yo intentaré hacer lo mismo.

Kanda desapareció en la oscuridad de la habitación. Yo me recosté y cerré los ojos. No pasó mucho tiempo hasta que volví a abrirlos. Un rayo de sol entraba por la ventana y me daba en los ojos. Estaba amaneciendo, por lo que sería bastante temprano. Pero no podía dormir más, así que me incorporé en la cama. Noda, que había estado durmiendo a mi lado, se despertó y se situó entre mis manos. Le hice un par de carantoñas, y me levanté, con él aun entre mis manos. Caminé hasta la puerta, y antes de poner la mano sobre el pomo, me di la vuelta y eché una última mirada a todos los que allí reposaban. Entonces, decidida a salir de allí y despejarme un rato con la brisa del amanecer, me di la vuelta, y me topé de bruces con un muro que se interpuso entre la puerta y yo. Levanté y mirada y…

-¡¡Juvia!! ¿A dónde crees que vas?

-¡Jefa! Iba a salir a que me diese un poco el aire…

-De eso nada, vuelve a tu cama.

-Pero si estoy bien…

-Nadie está bien hasta que yo lo diga.

Ella me tomó por los hombros y me empujó a mi cama. Se quedó con los brazos en jarras hasta que me senté. Detrás de ella pude ver como una sombra se dirigía de manera silenciosa a la puerta. Pero la jefa, con un brillo diabólico en los ojos, se dio la vuelta, y le señaló con el dedo índice.

-¡TÚ! ¡A la cama!

-Tsk…

Kanda abrió la puerta rápidamente y salió corriendo. Pero la jefa salió escopetada detrás de él. No sabía que pudiera correr tan rápido.

-No va a llegar muy lejos –Garuna estaba aun sentada en la silla delante de la mesa sobre la que había pasado la noche-. No hay paciente que se le escape a la jefa.

-Buenos días, ¿eh? Vaya enfermera, lo llevamos claro si nos tenemos que fiar de ti como enfermera de guardia.

-Eh, no te pases, que sólo han sido unos minutos –dijo con una sonrisa-. Además no ha pasado nada, todos habéis pasado bien la noche.

Miré, de manera inconsciente a Lavi.

-Sí, él también, deja ya de preocuparte.

Entonces la jefa llegó con Kanda cogido por la oreja. A pesar de ser más baja que él, Kanda iba de puntillas para que no se la arrancara, ya que, con el brazo estirado, era más alta. Tiró de él hasta su cama, y le hizo sentarse con un rápido giro de muñeca.

-¡Au! Tú lo que quieres es que me quede más tiempo, casi me arrancas la oreja de cuajo –dijo Kanda con la mano en la oreja.

-A callar.

-Juvia, podías haberla entretenido un poco más, así habría podido escapar. Luego te habría ayudado a salir –me dijo Kanda.

Garuna se rió.

-Jefa, esto no es buena señal. Es como si fuese la trena, y tú el peor de los policías.

-Sois todos unos exagerados… -la jefa, resignada, se alejó a la mesa para empezar su trabajo.

Entonces alguien llamó a la puerta, y asomó su pequeña cabeza por el hueco que había. Le reconocí en cuanto vi su mechón gris de punta asomando a través de la puerta.

-¿S-se puede…?

-Bookman…

-Juvia. ¿Tú también aquí? ¿Está Lavi? Komui me ha dicho que estaba aquí.

Asentí,  y él entró en la habitación. Le vio descansando en la cama de al lado de la mía, y se acercó temeroso. La jefa se acercó también a la cama de Lavi, y se dirigió al anciano señor.

-Tiene varias quemaduras en el cuerpo, y algunas zonas heladas, hemos hecho lo que hemos podido, pero nos costará curarle por completo.

Garuna se aclaró la garganta.

-Jefa, en realidad, ayer mejoramos bastante su condición, bueno, Juvia lo hizo.

-B-bueno, yo en realidad…

Garuna se adelantó a la cama, y destapó con suavidad a Lavi, dejando al descubierto su cuerpo. La jefa vio sorprendida como sus heridas estaban casi sanadas por completo.

-Juvia, es increíble. ¿Cómo…?

-Su Inocencia, es muy útil, y la verdad es que tiene bastante imaginación a la hora de utilizarla. Jugó con la temperatura del agua, y ahí tienes los resultados.

-Gracias –dijo Bookman en un susurro-. Lo has vuelto a hacer.

Kanda asomó entonces su cabeza por un hueco libre que había en el círculo.

-Creo que esto no es lo mejor para él.

Sin darnos cuenta, nos habíamos acercado todos en torno a Lavi, casi sin dejarle un poco de espacio libre. La jefa y Garuna se alejaron hacia la mesa para seguir trabajando, yo me senté en mi cama, Kanda volvió a la suya, y Bookman se quedó al lado de su nieto. Yo me quedé un rato mirándole, pero finalmente me levanté para acercarle una silla en la que sentarse, y me volví a sentar en mi cama. Bookman se sentó y se quedó mirando a su nieto. Preferí no molestarle, así que me levanté y me fui a ver Raisa. Kanda estaba sentado a su lado, y me miró cuando me acerqué.

-¿Se ha despertado?

-Bueno, ha estado consciente un par de veces, pero en seguida se volvía a dormir.

-Pareces bastante tranquilo.

-Y lo estoy, sé que es muy fuerte, y además no corre peligro. Es el tuyo el que peor lo ha pasado.

-¿E-el mío? –me puse roja hasta las orejas.

Kanda se rió suavemente.

-Está bien, no te pongas así. Por culpa de todo esto, no he podido hablar con él aun, pero no te preocupes, lo tengo en mi lista de tareas pendientes –me mostró una media sonrisa, que seguro que a Raisa le habría vuelto loca.

-Kanda, en serio, no hace falta que…

-Lo voy a hacer de todas formas, quiero ayudarte de alguna manera.

En ese momento la puerta de la enfermería se volvió a abrir y por ella aparecieron Krory y Miranda. Miranda había pasado parte del día anterior descansando en la enfermería, pero seguramente la jefa la habría dejado irse, al fin y al cabo, era solo fatiga por utilizar su Inocencia demasiado tiempo. Los dos se fueron acercando a las camas en las que reposaban sus compañeros, empezando por la de Raisa, que era la que más cerca estaba de la puerta, y terminando por Lavi, en la otra punta del cuarto, al lado de la ventana. Miranda nos iba preguntando a todos por nuestro estado, con gesto preocupado.

-Ella siempre está así después de usar su Inocencia. En parte se siente culpable por lo que nos pasa, ya que si ella no tuviera activada la Inocencia, nosotros controlaríamos el daño que hemos recibido, y no llegaríamos a estos extremos –me explicó Kanda mientras miraba a Miranda y a Krory en su ronda por la enfermería.

Poco después llegaron también Allen y Lenalee, que hicieron lo mismo que ellos, pero la jefa, al ver a tanta gente allí metida, se puso de los nervios e intentó echarlos. Entonces Garuna entró en acción.

-Vamos, jefa, no sea así, que no están haciendo nada, ni un solo ruido. Deje que se queden aquí, es normal que estén preocupados por sus compañeros. 

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