Cuando
desperté era noche cerrada. Garuna estaba medio dormida sobre la única mesa de
la enfermería. Lavi seguía descansando en su cama, y su respiración era más
continuada que antes. Menos mal… Me di la vuelta para mirar por la ventana, y
vi a alguien mirando por la ventana. Le reconocí por el largo pelo, recogido en
una coleta.
-Kanda…
-dije mientras mi incorporaba y me frotaba los ojos.
-Juvia, ¿te
he despertado? –dijo mientras se giraba hacia mí.
-No,
tranquilo. ¿Qué tal?
-Bien…
Juvia… Gracias por lo del otro día.
-¿Por qué?
-Me ha dicho
Raisa que te ocupaste de nuestras heridas cuando nos atacaron los hermanos en
aquel laberinto.
-Bueno, no
tienes por qué darme las gracias. ¿Y Raisa, qué tal está?
-Bien,
durmiendo –hizo un movimiento con la cabeza hacia la cama que había detrás de
mí-. ¿Se ha despertado en algún momento?
-No… Por lo
menos cuando yo he estado despierta –agaché la cabeza. Kanda se acercó a mí, y
me puso la mano en la cabeza.
-Tranquila,
se pondrá bien. Es mucho más fuerte de lo que parece –levantó la mano, se alejó
de la ventana-. Duerme un poco más, por lo menos hasta que amanezca. Yo
intentaré hacer lo mismo.
Kanda
desapareció en la oscuridad de la habitación. Yo me recosté y cerré los ojos.
No pasó mucho tiempo hasta que volví a abrirlos. Un rayo de sol entraba por la
ventana y me daba en los ojos. Estaba amaneciendo, por lo que sería bastante
temprano. Pero no podía dormir más, así que me incorporé en la cama. Noda, que
había estado durmiendo a mi lado, se despertó y se situó entre mis manos. Le
hice un par de carantoñas, y me levanté, con él aun entre mis manos. Caminé
hasta la puerta, y antes de poner la mano sobre el pomo, me di la vuelta y eché
una última mirada a todos los que allí reposaban. Entonces, decidida a salir de
allí y despejarme un rato con la brisa del amanecer, me di la vuelta, y me topé
de bruces con un muro que se interpuso entre la puerta y yo. Levanté y mirada
y…
-¡¡Juvia!!
¿A dónde crees que vas?
-¡Jefa! Iba
a salir a que me diese un poco el aire…
-De eso
nada, vuelve a tu cama.
-Pero si estoy
bien…
-Nadie está
bien hasta que yo lo diga.
Ella me tomó
por los hombros y me empujó a mi cama. Se quedó con los brazos en jarras hasta
que me senté. Detrás de ella pude ver como una sombra se dirigía de manera
silenciosa a la puerta. Pero la jefa, con un brillo diabólico en los ojos, se
dio la vuelta, y le señaló con el dedo índice.
-¡TÚ! ¡A la
cama!
-Tsk…
Kanda abrió
la puerta rápidamente y salió corriendo. Pero la jefa salió escopetada detrás
de él. No sabía que pudiera correr tan rápido.
-No va a
llegar muy lejos –Garuna estaba aun sentada en la silla delante de la mesa
sobre la que había pasado la noche-. No hay paciente que se le escape a la
jefa.
-Buenos
días, ¿eh? Vaya enfermera, lo llevamos claro si nos tenemos que fiar de ti como
enfermera de guardia.
-Eh, no te
pases, que sólo han sido unos minutos –dijo con una sonrisa-. Además no ha
pasado nada, todos habéis pasado bien la noche.
Miré, de
manera inconsciente a Lavi.
-Sí, él
también, deja ya de preocuparte.
Entonces la
jefa llegó con Kanda cogido por la oreja. A pesar de ser más baja que él, Kanda
iba de puntillas para que no se la arrancara, ya que, con el brazo estirado,
era más alta. Tiró de él hasta su cama, y le hizo sentarse con un rápido giro
de muñeca.
-¡Au! Tú lo
que quieres es que me quede más tiempo, casi me arrancas la oreja de cuajo
–dijo Kanda con la mano en la oreja.
-A callar.
-Juvia,
podías haberla entretenido un poco más, así habría podido escapar. Luego te
habría ayudado a salir –me dijo Kanda.
Garuna se
rió.
-Jefa, esto no
es buena señal. Es como si fuese la trena, y tú el peor de los policías.
-Sois todos
unos exagerados… -la jefa, resignada, se alejó a la mesa para empezar su
trabajo.
Entonces
alguien llamó a la puerta, y asomó su pequeña cabeza por el hueco que había. Le
reconocí en cuanto vi su mechón gris de punta asomando a través de la puerta.
-¿S-se
puede…?
-Bookman…
-Juvia. ¿Tú
también aquí? ¿Está Lavi? Komui me ha dicho que estaba aquí.
Asentí, y él entró en la habitación. Le vio
descansando en la cama de al lado de la mía, y se acercó temeroso. La jefa se
acercó también a la cama de Lavi, y se dirigió al anciano señor.
-Tiene
varias quemaduras en el cuerpo, y algunas zonas heladas, hemos hecho lo que
hemos podido, pero nos costará curarle por completo.
Garuna se
aclaró la garganta.
-Jefa, en
realidad, ayer mejoramos bastante su condición, bueno, Juvia lo hizo.
-B-bueno, yo
en realidad…
Garuna se
adelantó a la cama, y destapó con suavidad a Lavi, dejando al descubierto su
cuerpo. La jefa vio sorprendida como sus heridas estaban casi sanadas por
completo.
-Juvia, es
increíble. ¿Cómo…?
-Su
Inocencia, es muy útil, y la verdad es que tiene bastante imaginación a la hora
de utilizarla. Jugó con la temperatura del agua, y ahí tienes los resultados.
-Gracias
–dijo Bookman en un susurro-. Lo has vuelto a hacer.
Kanda asomó
entonces su cabeza por un hueco libre que había en el círculo.
-Creo que
esto no es lo mejor para él.
Sin darnos
cuenta, nos habíamos acercado todos en torno a Lavi, casi sin dejarle un poco
de espacio libre. La jefa y Garuna se alejaron hacia la mesa para seguir
trabajando, yo me senté en mi cama, Kanda volvió a la suya, y Bookman se quedó
al lado de su nieto. Yo me quedé un rato mirándole, pero finalmente me levanté
para acercarle una silla en la que sentarse, y me volví a sentar en mi cama.
Bookman se sentó y se quedó mirando a su nieto. Preferí no molestarle, así que
me levanté y me fui a ver Raisa. Kanda estaba sentado a su lado, y me miró
cuando me acerqué.
-¿Se ha
despertado?
-Bueno, ha
estado consciente un par de veces, pero en seguida se volvía a dormir.
-Pareces
bastante tranquilo.
-Y lo estoy,
sé que es muy fuerte, y además no corre peligro. Es el tuyo el que peor lo ha
pasado.
-¿E-el mío?
–me puse roja hasta las orejas.
Kanda se rió
suavemente.
-Está bien,
no te pongas así. Por culpa de todo esto, no he podido hablar con él aun, pero
no te preocupes, lo tengo en mi lista de tareas pendientes –me mostró una media
sonrisa, que seguro que a Raisa le habría vuelto loca.
-Kanda, en
serio, no hace falta que…
-Lo voy a
hacer de todas formas, quiero ayudarte de alguna manera.
En ese
momento la puerta de la enfermería se volvió a abrir y por ella aparecieron
Krory y Miranda. Miranda había pasado parte del día anterior descansando en la
enfermería, pero seguramente la jefa la habría dejado irse, al fin y al cabo,
era solo fatiga por utilizar su Inocencia demasiado tiempo. Los dos se fueron
acercando a las camas en las que reposaban sus compañeros, empezando por la de
Raisa, que era la que más cerca estaba de la puerta, y terminando por Lavi, en
la otra punta del cuarto, al lado de la ventana. Miranda nos iba preguntando a
todos por nuestro estado, con gesto preocupado.
-Ella
siempre está así después de usar su Inocencia. En parte se siente culpable por
lo que nos pasa, ya que si ella no tuviera activada la Inocencia, nosotros
controlaríamos el daño que hemos recibido, y no llegaríamos a estos extremos
–me explicó Kanda mientras miraba a Miranda y a Krory en su ronda por la
enfermería.
Poco después
llegaron también Allen y Lenalee, que hicieron lo mismo que ellos, pero la
jefa, al ver a tanta gente allí metida, se puso de los nervios e intentó
echarlos. Entonces Garuna entró en acción.
-Vamos,
jefa, no sea así, que no están haciendo nada, ni un solo ruido. Deje que se
queden aquí, es normal que estén preocupados por sus compañeros.
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