Garuna, tras
decir esto, se alejó de nosotras, y siguió con su trabajo. Me volví a Raisa, y
noté un pequeño tirón de uno de los guantes. Me giré para ver quién requería mi
atención.
-Perdona, no
he podido evitar oír la conversación –comenzó Bookman-, pero creo que yo
también puedo ser de ayuda. Creo que una cabeza bien asentada influirá mucho
más que la opinión de unas jóvenes, por lo menos para ella.
-¿Lo harías?
¿Pero no estás de acuerdo con ella en que se debe guardar reposo hasta que se
haya sanado por completo?
-Sólo en
parte. También estoy de acuerdo con Kanda en algunas cosas, por eso quiero
mostrárselas a ella, y hacer que las razone. Entonces, si estás de acuerdo,
hablaré con ella en cuanto se me presente la ocasión.
-Gracias
Bookman.
Él levantó
una mano en señal de despedida, y se alejó por la puerta. Raisa entonces se aclaró
la garganta, llamando mi atención.
-Bueeeeno,
¿y qué tal con tu chico? –ante mi silencio, continuó-. Vamos, que Kanda en
parte organizó esto para que estuvieseis a solas un rato.
-¿En serio?
-Sí, bueno,
él quería salir, pero en un principio pensó en llevarme a mí solamente, pero
luego se le ocurrió avisaros también a vosotros, porque te dijo que te
ayudaría.
Sonreí. Qué
manera más sutil tiene Kanda de ayudar, pero está bien, discreta, y efectiva,
aunque sea una manera lenta de progresar, pero es segura. Chico listo.
-Cuando le
vea, cruzaré un par de palabras con él.
-Pero no te
le encares mucho, se está esforzando. Parece que realmente le importa este
tema.
-Bueno, me
ha dicho, más o menos, que se siente obligado, ya que yo os ayudé a vosotros
dos.
-¿Eso te ha
dicho? No le hagas caso, no se está obligando, es más, está disfrutando con
ello. No sabes lo que se está riendo de Lavi por su torpeza. Y muchas veces le
pone de los nervios porque no hace nada.
Nos reímos
las dos a la vez. A Raisa le había sentado bien esa escapada, a pesar de la
bronca entre Kanda y la jefa, pero se la veía mucho mejor, y más animada. Eso
era bueno.
-Bueno, pues
no te entretengo más, que si Kanda se entera de que os estoy robando tiempo
para estar juntos, seguro que me dice algo –levantó las manos y las movió
rápidamente en dirección a Lavi.
Me levanté
tras dudar un par de segundos, y me encaminé a la cama en la que estaba sentado
Lavi. Él miraba distraído por la ventana, pero cuando llegué a su lado giró la
cabeza y me miró.
-Hola
–saludé.
Por
respuesta obtuve una sonrisa.
-¿Qué tal?
¿Te ha regañado mucho Bookman?
-Bueno, un
poco, pero estaba bastante suave el Panda, mejor.
-¿Y no te
preocupas?
-No es
serio, ha estado peor. Seguramente era algo que le rondaba la cabeza. Nada
grave.
-¿Te ha
dicho algo la jefa en el rato en que no he estado?
Negó.
-En cuanto
llegamos, nos soltó a Kanda y a mí, y le hizo dejar a Raisa en la cama. Empezó
a mirarle las heridas, y entonces llegaste tú.
-Bueno,
entonces creo que te salvarás de su bronca. Me tocará a mí comérmela.
-Encima de
que la idea ha sido de Kanda…
-Bueno, él
ya ha recibido su parte.
-Por cierto,
¿te acuerdas de que te dije que quería aprender algo de primeros auxilios?
–asentí ante su pregunta-. ¿Sería un buen momento?
-¿Ahora
mismo?
-Bueno, sí,
ahora no tenemos nada mejor que hacer, hasta que la bruja nos deje salir.
Entrecerré
los ojos ante la mención de “la bruja”. Lavi me mostró una media sonrisa.
-Bueno,
venga vale.
Me levanté
en dirección a los utensilios médicos, pero Lavi me tomó de la muñeca.
-¿No te
importa?
-Claro que
no me importa. Además es cierto que es un buen momento.
Llevé
vendas, esparadrapo, agua oxigenada, entre otras cosas para empezar. Lo básico
para unos primeros auxilios. Le expliqué rápidamente cómo funcionaba todo, y
luego cambié mi sitio, de una silla que había al lado de la cama, a la propia
cama, al lado de Lavi. Una vez a su lado le miré y le tendí uno de mis brazos.
-Adelante,
tu primer cambio de vendas.
-¿E-estás
segura? –me dijo mirando mi brazo, dudoso.
-Claro que
sí. Ya me curaste una vez algunas heridas. Esto es más sencillo, es simplemente
cambiar el vendaje.
-Bueno, pero
en aquella ocasión fueron unos arañazos. Esta vez la herida es…
-Venga –le
corté, y levanté mi brazo un poco más, hacia él.
Dudó un
rato, pero finalmente me cogió el brazo con suavidad y empezó a bajarme el
guante hasta la muñeca. La herida era un corte en el brazo, no muy profundo,
pero aun no se había cerrado por completo y sangraba de vez en cuando. Lavi al
encontrarse la herida así, se paró un momento, y luego echó mano de lo
necesario para limpiarla. Cuando hubo terminado, procedió a vendarla. Sus
movimientos eran lentos y temerosos, pero suaves y delicados. Terminó de
vendarme el brazo y lo depositó suavemente sobre mis rodillas. Se quedó
mirándolo con la cabeza agachada.
-¡Eh! Lo has
hecho muy bien, mucho mejor que Garuna.
-¡Oye! Que
te he oído. ¿Cómo lo va a hacer mejor que yo?
-¿Dudas de mis
palabras? No te estoy engañando. Tú a veces eres un poco brusca a la hora de
vendar, pero él lo ha hecho suavemente, ha sido como un masaje.
-Bueno, pero
eso es porque normalmente tengo prisa. Tengo muchos pacientes a los que
atender, y no puedo tirarme mucho tiempo con uno solo. Pero déjame ver el
vendaje, que ahora me ha picado la curiosidad.
Garuna se
acercó y empezó a mirar mi brazo. Se fue acercando cada vez hasta quedarse casi
rozándolo con la punta de la nariz. Luego se fue alejando poco a poco, hasta
quedarse derecha de nuevo. Levantó una mano y se la puso a Lavi en la cabeza.
-Pues sí que
está bien. Pero que no lo vea la jefa, que es capaz de hacer que te quedes por
aquí como ayuda, últimamente andamos un poco justas de personal.
Lavi levantó
la cabeza y sonrió. Garuna le sonrió también y le tiró del pañuelo que llevaba
en el pelo hacia abajo, tapándole los ojos. Lavi se bajó el pañuelo del todo,
dejándoselo en el cuello. Su pelo le cayó por ambos lados de la cara y miró a
Garuna mientras se lo colocaba. Ella le sacó la lengua.
-Se me había
ocurrido que ayudase por aquí, si él quiere, claro –dije yo mientras miraba
como Lavi se arreglaba el pelo.
-Por mí no
hay problema, imagino que por la jefa tampoco.
Las dos nos
giramos hacia él, esperando su respuesta.
-¿En serio
me dejaríais estar en la enfermería?
-¿Te gusta
la idea? –le pregunté.
-Claro,
vamos, es lo que quiero, y si mientras aprendo puedo ser de utilidad, mejor.
Además creo que es mejor aprender con casos prácticos y reales.
-Bueno, pues
no se hable más, queda consultárselo a la jefa, pero no creo que ella diga
nada.
Tras esto,
Garuna se alejó de nosotros, y se fue de la enfermería.
No hay comentarios:
Publicar un comentario