domingo, 29 de julio de 2012

Prácticas (Parte 34)


Garuna, tras decir esto, se alejó de nosotras, y siguió con su trabajo. Me volví a Raisa, y noté un pequeño tirón de uno de los guantes. Me giré para ver quién requería mi atención.

-Perdona, no he podido evitar oír la conversación –comenzó Bookman-, pero creo que yo también puedo ser de ayuda. Creo que una cabeza bien asentada influirá mucho más que la opinión de unas jóvenes, por lo menos para ella.

-¿Lo harías? ¿Pero no estás de acuerdo con ella en que se debe guardar reposo hasta que se haya sanado por completo?

-Sólo en parte. También estoy de acuerdo con Kanda en algunas cosas, por eso quiero mostrárselas a ella, y hacer que las razone. Entonces, si estás de acuerdo, hablaré con ella en cuanto se me presente la ocasión.

-Gracias Bookman.

Él levantó una mano en señal de despedida, y se alejó por la puerta. Raisa entonces se aclaró la garganta, llamando mi atención.

-Bueeeeno, ¿y qué tal con tu chico? –ante mi silencio, continuó-. Vamos, que Kanda en parte organizó esto para que estuvieseis a solas un rato.

-¿En serio?

-Sí, bueno, él quería salir, pero en un principio pensó en llevarme a mí solamente, pero luego se le ocurrió avisaros también a vosotros, porque te dijo que te ayudaría.

Sonreí. Qué manera más sutil tiene Kanda de ayudar, pero está bien, discreta, y efectiva, aunque sea una manera lenta de progresar, pero es segura. Chico listo.

-Cuando le vea, cruzaré un par de palabras con él.

-Pero no te le encares mucho, se está esforzando. Parece que realmente le importa este tema.

-Bueno, me ha dicho, más o menos, que se siente obligado, ya que yo os ayudé a vosotros dos.

-¿Eso te ha dicho? No le hagas caso, no se está obligando, es más, está disfrutando con ello. No sabes lo que se está riendo de Lavi por su torpeza. Y muchas veces le pone de los nervios porque no hace nada.

Nos reímos las dos a la vez. A Raisa le había sentado bien esa escapada, a pesar de la bronca entre Kanda y la jefa, pero se la veía mucho mejor, y más animada. Eso era bueno.

-Bueno, pues no te entretengo más, que si Kanda se entera de que os estoy robando tiempo para estar juntos, seguro que me dice algo –levantó las manos y las movió rápidamente en dirección a Lavi.

Me levanté tras dudar un par de segundos, y me encaminé a la cama en la que estaba sentado Lavi. Él miraba distraído por la ventana, pero cuando llegué a su lado giró la cabeza y me miró.

-Hola –saludé.

Por respuesta obtuve una sonrisa.

-¿Qué tal? ¿Te ha regañado mucho Bookman?

-Bueno, un poco, pero estaba bastante suave el Panda, mejor.

-¿Y no te preocupas?

-No es serio, ha estado peor. Seguramente era algo que le rondaba la cabeza. Nada grave.

-¿Te ha dicho algo la jefa en el rato en que no he estado?

Negó.

-En cuanto llegamos, nos soltó a Kanda y a mí, y le hizo dejar a Raisa en la cama. Empezó a mirarle las heridas, y entonces llegaste tú.

-Bueno, entonces creo que te salvarás de su bronca. Me tocará a mí comérmela.

-Encima de que la idea ha sido de Kanda…

-Bueno, él ya ha recibido su parte.

-Por cierto, ¿te acuerdas de que te dije que quería aprender algo de primeros auxilios? –asentí ante su pregunta-. ¿Sería un buen momento?

-¿Ahora mismo?

-Bueno, sí, ahora no tenemos nada mejor que hacer, hasta que la bruja nos deje salir.
Entrecerré los ojos ante la mención de “la bruja”. Lavi me mostró una media sonrisa.

-Bueno, venga vale.

Me levanté en dirección a los utensilios médicos, pero Lavi me tomó de la muñeca.

-¿No te importa?

-Claro que no me importa. Además es cierto que es un buen momento.

Llevé vendas, esparadrapo, agua oxigenada, entre otras cosas para empezar. Lo básico para unos primeros auxilios. Le expliqué rápidamente cómo funcionaba todo, y luego cambié mi sitio, de una silla que había al lado de la cama, a la propia cama, al lado de Lavi. Una vez a su lado le miré y le tendí uno de mis brazos.

-Adelante, tu primer cambio de vendas.

-¿E-estás segura? –me dijo mirando mi brazo, dudoso.

-Claro que sí. Ya me curaste una vez algunas heridas. Esto es más sencillo, es simplemente cambiar el vendaje.

-Bueno, pero en aquella ocasión fueron unos arañazos. Esta vez la herida es…

-Venga –le corté, y levanté mi brazo un poco más, hacia él.

Dudó un rato, pero finalmente me cogió el brazo con suavidad y empezó a bajarme el guante hasta la muñeca. La herida era un corte en el brazo, no muy profundo, pero aun no se había cerrado por completo y sangraba de vez en cuando. Lavi al encontrarse la herida así, se paró un momento, y luego echó mano de lo necesario para limpiarla. Cuando hubo terminado, procedió a vendarla. Sus movimientos eran lentos y temerosos, pero suaves y delicados. Terminó de vendarme el brazo y lo depositó suavemente sobre mis rodillas. Se quedó mirándolo con la cabeza agachada.

-¡Eh! Lo has hecho muy bien, mucho mejor que Garuna.

-¡Oye! Que te he oído. ¿Cómo lo va a hacer mejor que yo?

-¿Dudas de mis palabras? No te estoy engañando. Tú a veces eres un poco brusca a la hora de vendar, pero él lo ha hecho suavemente, ha sido como un masaje.

-Bueno, pero eso es porque normalmente tengo prisa. Tengo muchos pacientes a los que atender, y no puedo tirarme mucho tiempo con uno solo. Pero déjame ver el vendaje, que ahora me ha picado la curiosidad.

Garuna se acercó y empezó a mirar mi brazo. Se fue acercando cada vez hasta quedarse casi rozándolo con la punta de la nariz. Luego se fue alejando poco a poco, hasta quedarse derecha de nuevo. Levantó una mano y se la puso a  Lavi en la cabeza.

-Pues sí que está bien. Pero que no lo vea la jefa, que es capaz de hacer que te quedes por aquí como ayuda, últimamente andamos un poco justas de personal.

Lavi levantó la cabeza y sonrió. Garuna le sonrió también y le tiró del pañuelo que llevaba en el pelo hacia abajo, tapándole los ojos. Lavi se bajó el pañuelo del todo, dejándoselo en el cuello. Su pelo le cayó por ambos lados de la cara y miró a Garuna mientras se lo colocaba. Ella le sacó la lengua.

-Se me había ocurrido que ayudase por aquí, si él quiere, claro –dije yo mientras miraba como Lavi se arreglaba el pelo.

-Por mí no hay problema, imagino que por la jefa tampoco.

Las dos nos giramos hacia él, esperando su respuesta.

-¿En serio me dejaríais estar en la enfermería?

-¿Te gusta la idea? –le pregunté.

-Claro, vamos, es lo que quiero, y si mientras aprendo puedo ser de utilidad, mejor. Además creo que es mejor aprender con casos prácticos y reales.

-Bueno, pues no se hable más, queda consultárselo a la jefa, pero no creo que ella diga nada.

Tras esto, Garuna se alejó de nosotros, y se fue de la enfermería.

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