Cuando
llegamos a la cafetería nos la encontramos abarrotada de rastreadores. Se
respiraba buen humor en el ambiente. Todos bromeaban con todos, y en uno de los
mayores grupos pudimos ver a Allen en el centro, siendo el centro de atención
de todos los rastreadores que allí estaban. Nos acercamos a la barra. Un hombre
alto, negro de piel y con un extraño peinado rosa nos sonreía al otro lado.
-Hola Jerry
–saludó Lavi.
-Hola
cariño. Vaya, te veo bien acompañado –dijo, dirigiéndome una amplia sonrisa.
-Es Juvia,
exorcista, aunque antes era enfermera de este cuartel. ¿Cómo es posible que no
os conocierais?
-Bueno, no solía pasar mucho por la cafetería, y
cuando lo hacía, era otro hombre el que estaba en la barra.
-Es cierto,
hasta hace unos meses no he empezado a atender aquí arriba. Antes siempre estaba
abajo, en la cocina. Pero ahora prefiero estar aquí arriba, y ver la cara a
todo el que pasa por mi cafetería –dijo mirando a Allen con ojitos tiernos.
-Esto…
Jerry…
No
contestaba. Lavi le pasó las manos rápidamente por delante de los ojos, pero
nada. Después de un rato pareció volver en sí. Le pedimos algo de comer y nos
sentamos en una de las mesas más alejadas, huyendo del revuelo de la cafetería.
Cuando terminamos, nos levantamos y salimos de allí. Por uno de los pasillos
cercanos vimos a Bookman paseando. Cuando nos vio, se acercó a nosotros.
-¿Volvéis a
las andadas?
-¿Qué? No,
calla, Panda, ella misma nos ha dejado salir, no nos hemos escapado.
-Vaya, qué
rápido...
-¿Por qué lo
dices? –pregunté yo-. ¿Ya has hablado con ella?
-Sí, pero
creí que le llevaría unos días pensarlo. No pensaba que se decidiese tan
rápido.
-Bueno, creo
que él ha influido en su decisión –dije señalando a Lavi.
Bookman se
quedó en silencio, mientras Lavi se llevaba la mano a la parte posterior de la
cabeza.
-Bueno, es
que Lavi nos ha estado ayudando en la enfermería, y nos ha dicho que nos
perdonaba si le llevaba más por allí para ayudar –aclaré yo.
-Así que por
fin has decidido aprender algo de medicina…
-Sí, es que
eras tan pesado, que no me ha quedado más remedio…
-¿Y tú eres
el futuro Bookman? Qué cruz me ha caído contigo… Y encima ahora se lo paso a
esta pobre señorita.
-No te
preocupes. Además lo está haciendo bien, y aprende muy rápido.
-Bueno, eso
será porque tiene una buena profesora…
Me puse un
poco roja.
-Como lo
había supuesto, Juvia, tú eres la que le estás enseñando, ¿verdad?
Asentí.
-Bueno, os
dejo, jóvenes, que Komui me ha llamado a su despacho. Ya nos veremos.
Bookman se
alejó, ocultándose entre las sombras de los pasillos. La noche se acercaba, y
Lavi y yo nos dirigimos rápidamente a la enfermería. Cuando llegamos, la jefa
nos tapaba la puerta con los brazos en jarras.
-Casi no
llegáis. A dentro los dos. ¡Ya!
Nos colamos
los dos por debajo de sus brazos, y fuimos al lado de Kanda y Raisa. Ella
dormía plácidamente entre los brazos de Kanda, y él la miraba como si no
existiese nada más en el mundo. Sólo ellos dos. Me quedé mirándoles, hasta que
Lavi tiró de mí y me llevó hasta nuestras camas, al lado de la ventana. Nos
sentamos uno en frente del otro y nos quedamos en silencio. Por detrás de Lavi
pude ver cómo la jefa se acercaba a Kanda y le susurraba un par de cosas al
oído. Luego le ayudó a levantarse sin despertar a Raisa, la volvieron a tumbar,
y la arroparon. Kanda se la quedó mirando, aun de pie. La jefa le puso la mano
en el hombro y le señaló la cama de al lado. Él, tras inclinar la cabeza como
muestra de agradecimiento, se sentó mirando aun a Raisa. Yo sonreí, y Lavi se
dio la vuelta para ver qué era lo que miraba. Entonces me tumbé en la cama, y
antes de que la jefa apagase las luces pude ver como Lavi se giraba hacia mí
para mirarme antes de quedarse todo a oscuras.
Cuando me
levanté a la mañana siguiente, Lavi ya estaba trabajando con la jefa, Garuna y
otras enfermeras. Kanda y Raisa habían dejado sus camas, pero la jefa estaba
tranquila, e incluso parecía contenta. Me senté en la cama mientras me
estiraba. Nadie se había dado cuenta de que me había despertado de lo
concentrados que estaban en su trabajo. Me levanté y me acerqué al grupo que
Lavi formaba con la jefa y otras enfermeras. Ella les daba instrucciones a
todos ellos para que empezasen el trabajo del día. Yo me asomé por detrás de
Lavi y me la quedé mirando.
-Y por
último, tú, Lavi. Quiero que te encargues de las heridas que necesiten sutura.
A Lavi le
cambió la cara por completo.
-Pero aun no
puedo hacer eso…
-Tranquilo,
lo harás bien –le dije yo desde su espalda.
-Seguro que
sí, y Juvia va a estar contigo en todo momento –la jefa le puso la mano en el
hombro como muestra de apoyo-. Buenos días Juvia.
-Hola jefa.
Lavi se
alejó a coger el material necesario mientras yo me quedaba hablando con la
jefa.
-Pareces de
buen humor. Por cierto, ¿y Raisa y Kanda? –pregunté.
-Han salido
a que les diera el aire. Kanda ha salido llevando a Raisa en la espalda. No tardarán
el volver.
Sonreí. Lavi
se acercó a mí temeroso, con el material en las manos. La jefa se alejó de
nosotros, y se sentó a su mesa para rellenar unos documentos. Garuna aprovechó
ese momento para acercarse a nosotros.
-Ha estado
un poco rara toda la mañana… Pero para bien, me refiero. Es que ha dejado salir
a Kanda y a Raisa sin que ellos se lo pidieran… Es muy extraño.
-A lo mejor
es un demonio, que ha tomado su cuerpo. ¡Rápido, avisa a Allen! –dijo Lavi
levantando un dedo al cielo.
La jefa
escuchó aquel comentario y le miró con un pequeño destello en los ojos.
-No, no hace
falta avisar a Allen, sigue siendo la misma de siempre –dijo mientras un
escalofrío le recorría el cuerpo.
Garuna y yo
nos reímos.
-Bueno, os
dejo un momento mientras voy a cambiarme. Ahora mismo vuelvo –dije,
despidiéndome de ellos con la mano.
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