-Hablaré con
la jefa para que te cambien de cama, no creo que ponga ninguna pega –dijo
mientras se alejaba con una sonrisa en los labios.
Sin darme
cuenta, ya casi había finalizado el día. El sol se había empezado a poner, y
pude observarlo desde la cama de al lado de la ventana. Garuna había cumplido,
y había hecho que me cambiaran de cama. Ahora tenía a Lavi al lado mía,
descansando. Había perdido color debido a toda la sangre que Krory le había
sustraído, pero eso no le había hecho perder la sonrisa. Dormía plácidamente,
con una ligera sonrisa. Estaba tumbado boca arriba, pero la cabeza la tenía
ligeramente ladeada hacia mí, con lo que le podía ver con facilidad.
Pasaron un
par de días hasta que la jefa me dejó salir de allí. Kanda y Allen dejaron la
enfermería un día antes, y estuvieron explicándole a Komui con pelos y señales
todo lo que nos había pasado. Cuando me preparaba para salir de allí, para
pasar por mi habitación a arreglarme y luego a la cafetería tomar algo con
Raisa, Garuna me asaltó.
-Ya me he
enterado de todo… -dijo con la cabeza agachada.
Sonreí, y la
levanté la cabeza, tomándola por la barbilla.
-Lo siento…
Lo has debido pasar muy mal.
-Bueno, no
te preocupes por eso –dije-. ¿Quieres venir luego a tomar algo con Raisa y
conmigo?
Garuna
asintió, sonriendo. Después de despedirme de ella, me dirigí a la puerta, pero
antes de abrirla, me giré y miré a Lavi. Me habría quedado allí con él de no
ser porque la jefa me había echado, literalmente. Me había dicho que saliese a
tomar el aire. No sé qué le diría Bookman, pero ahora no es tan estricta, claro
que depende de la situación también. Me giré, puse la mano en el pomo y abrí la
puerta, pero me choqué con algo. Agaché la cabeza, y vi a Bookman, que me
miraba desde abajo.
-Juvia, ¿ya
te han dejado salir?
Asentí.
-¿Vienes a…?
–pregunté, mirando a mi espalda.
-Sí, así que
vete tranquila. Despéjate un rato, yo me quedo con él.
Sonreí, y me
alejé de la enfermería. Me fui a mi cuarto, entré y cerré la puerta. Dirigí una
rápida mirada a la habitación, entonces apoyé la espalda en la puerta, y me
dejé caer. Una vez en el suelo, empecé a llorar. Lo necesitaba. Durante esos
días había tenido un nudo en la garganta, pero no podía llorar en la
enfermería, no delante de él. Nemu se sentó delante de mí, en silencio, y Noda
se apoyó en su cabeza. Permanecimos durante un rato así, yo sentada con la
espalda apoyada en la puerta, abrazándome las piernas con los brazos y con la
cabeza escondida entre ellos, y Noda y Nemu mirándome sin apenas moverse.
Después de un rato, cuando el llanto fue apagándose, Nemu se acercó y me dio un
lengüetazo cariñoso en las manos. Yo levanté la cabeza y me le quedé mirando.
Entonces me sequé las lágrimas, y me levanté.
-Perdón
chicos… -dije mirándoles desde arriba con la cabeza agachada.
Noda empezó
a volar, se situó delante de mí y me dio un golpe en la nariz. Sonreí, pero
esta vez pareció desaparecer, aunque fuese por un segundo, todo rastro de
tristeza de mi rostro. Salí decidida de la habitación y me dirigí a la
cafetería, donde Raisa me esperaba. Garuna llegó poco después, y entramos.
Jerry nos recibió, sonriente como de costumbre. Nos sentamos en una mesa
apartada, y estuvimos hablando durante horas, hasta noche cerrada. Fue una
conversación que me hizo olvidar todo lo ocurrido. Hablamos de cuando éramos
jóvenes, y aun no habíamos entrado en la Orden. En aquel momento, ninguna de
nosotras queríamos hablar de nada relacionado con el cuartel. Cuando en la
cafetería sólo quedaron un par de personas, y el ruido típico de aquel lugar se
fue reduciendo, fuimos conscientes de la hora que era. Nos despedimos de Jerry,
y nos dirigimos a las habitaciones. Yo fui la primera en despedirme de ellas,
delante de mi puerta. Entré y cerré. Me cambié de ropa y me tendí sobre la
cama, con la mirada perdida en el techo. Alargué la mano a la mesa que había al
lado de la cama y cogí la foto en la que salían todos ellos, sonrientes. Me
perdí en la imagen de Lavi, y fue así cómo me dormí, mirando la foto, y con una
lágrima cayendo por mi mejilla.
A la mañana siguiente
me desperté aun con la foto aferrada con fuerza, y la lágrima seca, que se
había quedado a medias en su caída. Fui al baño y me lavé la cara. Noda y Nemu
aun dormían en mi cama. Me arreglé y fui a salir, pero se despertaron, y se
vinieron conmigo. Ese día se pareció bastante a los siguientes. Fueron cuatro
días de ayuda en la enfermería, rellenando papeleo. Lavi iba mejorando, pero
muy lentamente. Casi no necesitaba atención, y Bookman se pasaba casi todo el
día sentado a su lado. Tras esos cuatro días, yo bajé como de costumbre a la
enfermería, pero la jefa no me dejó hacer nada. Intentó echarme de allí, pero
yo no quise irme. Me cogí una silla y me senté al lado de Lavi. Bookman ese día
no apareció por allí. Pero porque entre la jefa y yo le convencimos para que
saliese un poco de aquel lugar, y se despejase. Yo miraba distraída por la
ventana, sumida en mis pensamientos, recordando aquel lugar, aquella batalla…
Una lágrima cayó y me giré a mirar a Lavi. Le encontré mirándome, sonriendo… Me
quedé mirándole con la boca medio abierta. La lágrima seguía cayendo, pero él
levantó el brazo y frenó su caída, quitándomela con sus dedos.
-Hola –dijo
ante mi silencio.
-¿C-cuánto
llevas despierto? –pude preguntar.
-Un ratito…
Es que parecías tan metida en tus pensamientos, que no me apetecía distraerte.
Me lancé a
él, dándole un abrazo, fuerte, muy fuerte, como si temiese que me lo fuesen a
arrebatar de nuevo.
-Eres
idiota…
-Perdón
–dijo devolviéndome el abrazo.
A partir de
ese día, la jefa empezó a estar más tiempo encima de él. Casi no le dejaba
moverse, y durante los días que estuvo allí recibió visitas de todos: Allen,
Lenalee, Kanda, Raisa, Krory, Miranda, e incluso Komui, que se escapaba del
departamento cuando Reever bajaba la guardia, y sin contar con Bookman y
conmigo, que pasábamos la mayor parte del día con él.
No hay comentarios:
Publicar un comentario