Las voces
llegaban a mi cabeza de manera apagada, y muy lejana. Poco a poco las voces se
fueron haciendo más claras, y sonaban en un susurro. Empecé a abrir los ojos
lentamente, y fue después de un rato de haberlos abierto cuando empecé a ver
con claridad. Me hallaba tumbada boca arriba. Giré un poco la cabeza para ver
dónde me encontraba. Era la habitación en la que habíamos pasado la noche. Yo
estaba recostada en uno de los sofás. Entonces se escuchó el sonido de una
puerta al abrirse.
-Parece que
ya podemos salir de aquí, ha desaparecido el efecto ese de círculo cerrado que
había –dijo Kanda.
-Sí, hemos
conseguido salir a la calle, y no hemos tenido ningún problema –la voz de Allen
sonó un poco más alta que la de Kanda.
-¿Y qué
creéis que debemos hacer? –dijo Lenalee-. ¿Irnos, o quedarnos hasta que
despierten?
Me empecé a
mover en el sillón, hasta quedarme de lado. Así pude mirar el sofá que había
enfrente de mí. Lavi dormía en él, con Krory sentado en el suelo a su lado.
Pero la visión quedó tapada por Raisa, que se levantó del sofá en el que estaba
sentada, el mismo en el que yo estaba tumbada, ya que se había hecho un hueco
entre mis piernas. Raisa se puso delante de mí, y me miró entre asustada y
aliviada.
-¡Juvia!
¿Cómo estás?
-Bien, creo…
-dije mientras me incorporaba.
Miré a Lavi,
y Raisa negó con la cabeza.
-Aun no ha
despertado…
Entonces una
mano se puso sobre mi cabeza.
-Pero está
bien, y todo gracias a Krory. Ahora sólo está descansando.
Levanté la
cabeza y vi a Kanda detrás del sofá en el que estaba sentada, con su mano sobre
mi cabeza.
-¿Estás
bien? ¿Puedes andar? –me preguntó mientras le miraba.
Asentí. Me
acerqué al borde del sofá y bajé las piernas. Luego empecé a levantarme
lentamente. Cuando hube apoyado todo mi peso en las piernas, me tambaleé
ligeramente, pero Raisa me sujetó, mientras me dirigía una sonrisa.
-Bien,
entonces lo mejor será volver al cuartel, para que traten a Lavi allí –dijo
Kanda mientras rodeaba el sofá y se dirigía hacia en el que descansaba Lavi.
Entre él y Krory le levantaron, lo cargaron sobre sus hombros, y se dirigieron
lentamente hacia la puerta.
Lenalee se
acercó por mi espalda, me puso la mano en el hombro, y siguió a los chicos.
Raisa empezó a caminar lentamente, aun sujetándome. La luz anaranjada del
atardecer entraba por las ventanas de las habitaciones, e iluminaba levemente
el pasillo por el que avanzábamos de manera lenta pero segura. Finalmente
salimos de aquel lugar sin problemas, bajamos por el camino que nos llevaba al
bosque, lo atravesamos, y finalmente llegamos al pueblo cuando la noche
empezaba a echársenos encima. Fue en ese momento, cuando caminábamos por las
calles desiertas de aquel pueblo, cuando Noda empezó a sonar como loco. Alguien
nos estaba llamando a través de él. Lenalee contesto a la insistente llamada de
Noda.
-¡POR FIN!
¿Me oye alguien?
-¿Hermano,
eres tú? –preguntó Lenalee mirando a Noda.
-¡¡¿¿LENALEE??!!
Sonreí al
escuchar el sollozo de Komui.
-¿Estáis
todos bien? –preguntó. Su voz sonaba nerviosa y un poco histérica.
-Sí, bueno,
más o menos… -dijo Lenalee mirando a Lavi.
-¿Más o
menos…? Bueno, sabiendo cómo es el Conde… Imagino que era inevitable que
salierais ilesos…
-¿El Conde?
–Kanda había intervenido en la conversación.
-Sí… Me
llegó una carta poco después de que el grupo de Allen saliera del cuartel. Era
del Conde, decía que había preparado un juego para vosotros… Todo ha sido cosa
suya, lo del fantasma del castillo, lo del carro que perseguían Kanda y las
chicas… Aun la tengo por aquí, pero sólo de recordar lo que pone…
-Lo mejor
será que volvamos al cuartel y lo hablemos todo allí –intervino Allen.
-Bueno,
tened cuidado, no sé si el Conde habrá terminado con sus juegos ya, o si lo
volverá a intentar. Estaré esperando vuestra vuelta –dijo Komui antes de cortar
la comunicación.
Nos miramos
los unos a los otros. El Conde… Todo lo que había pasado había sido obra suya.
Lo tenía planeado desde el principio. Juntar al mayor número de exorcistas y
terminar con todos en el castillo, utilizando a los Noé… Seguimos avanzando por
las calles, hasta llegar a la estación. Nos subimos al tren en cuanto llegó, en
absoluto silencio. Kanda y Krory tumbaron a Lavi en uno de los bancos, y Raisa
me acompañó hasta el banco de en frente. Nos sentamos las dos, y Nemu se subió
a mis rodillas, mientras que Noda revoloteaba alrededor de Lavi. Krory, Kanda,
Allen y Lenalee se sentaron en los bancos de al lado, enfrentados dos a dos,
Allen y Lenalee en uno y Kanda y Krory en el de enfrente. Cuando el tren empezó
a moverse, Noda se alejó de Lavi un poco triste, y se tumbó entre las patas de
Nemu, en mis piernas. Poco después me quedé dormida.
Fue Raisa la
que me tuvo que despertar cuando llegamos a nuestra parada. En poco tiempo
llegamos al cuartel, y Komui, en cuanto nos vio, vino corriendo a recibirnos.
Ayudó a Kanda y a Krory a cargar con Lavi, hasta que Garuna llegó tirando de
una camilla. Entre los tres le subieron y ella se lo llevó al interior del
cuartel. Komui nos acompañó a la enfermería mientras hablaba con Allen y Kanda.
Parecía que estaban discutiendo, pero simplemente estaban hablando de lo que
nos había ocurrido en el castillo. Todos estaban muy cabreados, y en la
conversación pude escuchar que nombraban al Conde y a los Noé. Pero no iba
prestando atención. Iba sumida en mis pensamientos, mientras Raisa tiraba de
mí. Llegamos a la enfermería. Una maraña de enfermeras se apelotonaba en torno
a una cama.
-¡Basta!
Fuera todas de aquí –la voz de la jefa había sonado desde el centro de aquel
tumulto-. Volved a vuestro trabajo. Garuna, tú quédate aquí.
Entonces las
enfermeras empezaron a apartarse, dejando a la jefa a la vista, y a Garuna que se
encargaba del paciente que tenían tendido en la cama. La jefa me dirigió una
mirada antes de empezar su trabajo. Algunas enfermeras empezaron a acercarse a
nosotros y a conducirnos hacia las camas para tratar las heridas. Terminaron
pronto con las mías, y en poco tiempo estuve tumbada en la cama, descansando y
mirando a la jefa y Garuna, que se encargaban de Lavi. Pudieron pasar casi dos
horas hasta que terminaron con él. Entonces Garuna se acercó a mí.
-¿Se puede
saber qué os ha pasado?
-Es largo de
explicar –dije cansada, y con la cabeza agachada.
-Bueno, está
bien, no quieres hablar de ello… Me lo puedo imaginar, ya le preguntaré a la
jefa. Pero, ¿y a él? ¿Qué le ha pasado? Ha perdido muchísima sangre…
Miré a
Krory, que descansaba en la cama de al lado. Él se dio cuenta y se llevó una
mano a la cabeza mientras sonreía, enseñando los colmillos.
-Un momento…
No puede ser, aunque eso explicaría las marcas del cuello… -Garuna se rió,
parecía que era la primera vez que se reía en mucho tiempo-. Madre mía, si lo
que no os pase a vosotros…
Yo sonreí,
pero triste. Garuna se agachó, para poder mirarme a los ojos, que se mantenían
ocultos entre mi pelo.
-No te
preocupes tanto. En pocos días podrás volver a corretear con él por los
jardines del cuartel –dijo mientras me sacaba la lengua.
Sonreí, un
poco más animada, y un pelín colorada. Entonces Garuna se levantó y me abrazó.
Las lágrimas que se habían estado acumulando durante todo aquel tiempo,
empezaron a surgir debido a la calidez del abrazo. Fue un abrazo lleno de complicidad,
que me hizo sentir mucho mejor.
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