Fui
corriendo a mi cuarto, y en pocos minutos me encontraba corriendo de vuelta a
la enfermería. Cuando llegué, algo se arrojó sobre mi cara. Le aparté con mis
manos, y le miré fijamente.
-¡Noda! ¿Se
puede saber qué te pasa?
-Se ha
asustado cuando no te ha visto, y eso que le he dicho que no tardarías en
llegar –me explicó Lavi.
Le di un
golpe a Noda mientras lanzaba un suspiro.
-Anda, ve
con Nemu, que seguro que se está aburriendo –le dije mientras le empujaba hacia
la esquina en la que dormitaba el gato. Luego, mirando a Lavi, continué-.
¿Empezamos?
Miré la
lista de pacientes y los cuidados que requerían cada uno de ellos. Comenzamos
por uno que necesitaba cambio de vendas. Lo mejor era empezar por algo con lo
que Lavi estuviese familiarizado, para que fuese ganando confianza a lo largo
de la mañana. Después de habernos encargado de las vendas de cuatro pacientes,
nos dirigimos a un rastreador que tenía una pequeña herida en la cabeza. Según
el informe, era necesario coser la herida. Situé a Lavi de un pequeño empujón
frente al hombre y le puse la aguja en la mano. El pulso le temblaba, pero
después de dudar unos momentos, comenzó su trabajo. Era la primera vez que lo
hacía en una herida real. Según Bookman me había dicho en alguna de nuestras
conversaciones, Lavi ya había practicado la sutura de heridas entre otras
cosas, pero nunca se había atrevido a hacerlo en un persona. Pero por algún
motivo, esa mañana pudo hacerlo. El
resto de la mañana pasó sin percances. Al igual que los días siguientes.
Durante cuatro días más, Lavi y yo seguimos ayudando en la enfermería. Antes de
que nosotros terminásemos nuestras prácticas, la jefa ya había dejado salir a Raisa,
y en un par de ocasiones, Lavi y yo les
observamos a través de la ventana practicar con las katanas.
Fue una
mañana como otra cualquiera cuando recibí una llamada de Komui. Lavi y yo nos
dirigimos allí tras avisar a la jefa. En su despacho nos encontramos con Allen
y Krory. Entonces Reever apareció de detrás de la montaña de papeles que había
en la mesa.
-Vamos
supervisor, que ya están aquí. ¡Espabile, hombre!
Se oyó un
lloriqueo al otro lado del muro de papel. Komui apareció desde el otro lado con
un pañuelo en la nariz y los ojos llorosos. Cuando nos vio a todos delante
suya, se aclaró la garganta, y tiró el pañuelo hacia atrás, con tan mala suerte
de caerle a Reever en la cabeza.
-¡Supervisor!
–dijo cogiendo el pañuelo con dos dedos y lazándoselo a su dueño.
Komui se dio
la vuelta en el momento justo y el pañuelo le dio de lleno en la cara.
-¡¡Aaagg!!
¡Reever, no haga guarradas!
-Pero si ha
empezado usted –dijo limpiándose los dedos en la bata.
Entonces
recogió sus cosas y se internó en la oscuridad del departamento. Komui se
volvió a aclarar la garganta.
-Hemos
recibido noticias de un grupo de rastreadores. Parece que hay algo en un
castillo que aterroriza a todo el que se acerca por allí. Según dicen, hay un
fantasma, y ha sido comprobado por nuestro grupo de rastreadores. Puede que sea
cosa de la Inocencia.
Reever
volvió a aparecer entre las sombras.
-Komui,
¿piensa mandar a estos exorcistas a buscar el fantasma? Son los únicos que
quedan en el cuartel, y no nos podemos quedar desprotegidos.
-Tranquilo
Reever, antes de que se vayan habrán llegado los generales Froi Tiedoll y Cross
Marian.
-Aaa… ¡Un
momento! ¿Los generales? ¿Para qué vienen?
-Parece que
se les ha convocado en una junta a ellos dos, que son los que más cerca están.
-¿Mi
maestro? ¿Va a venir? –dijo Allen temblando. Se agachó, y se agarró las piernas
con los brazos.
Lavi se
acercó a Allen, y le puso una mano en el hombro, mientras yo le miraba
dubitativa. Krory siguió mirando a Komui y le preguntó:
-¿Los
únicos? ¿Y los demás?
-Kanda, Raisa
y Lenalee están persiguiendo a un carromato que se mueve solo y lleva varios
días tomando a la fuerza a los demás carros que se encuentra en los caminos. Y
Miranda aun está aquí, pero se irá en cuanto lleguen los generales, ya que
tiene una misión asignada con dos de los alumnos de Tiedoll, Noise Marie y
Chaoji.
Los tres,
Krory, Lavi y yo, nos quedamos pensativos mientras Allen seguía agachado en el
suelo.
-Bueno, pues
ir preparando vuestras cosas, que saldréis dentro de poco, en cuanto llegue el
primer general –nos dijo Komui mientras nos empujaba fuera del departamento.
Los cuatro
nos quedamos en silencio en la puerta, ya cerrada, del departamento. Lavi tiró
de Allen, que seguía en el suelo, para que se pusiera de pie.
-Bueno, pues
quedamos en un rato en la puerta principal. Imagino que Komui estará por allí
para recibir a los generales –dijo Lavi.
Krory y yo
asentimos, y todos nos encaminamos hacia las habitaciones. Yo fui la primera en
llegar a mi planta, y me despedí de Lavi y Krory con un rápido movimiento de la
mano. Allen seguía casi inconsciente apoyado en el hombro de Lavi. Fui
corriendo a mi cuarto, cogí todo lo necesario, y salí corriendo, con Nemu a mis
pies, y Noda agarrado a mi pelo. Pronto llegué a la entrada. Era la primera sin
contar con Komui y Miranda, que esperaban la llegada de los generales. Me
dirigí rápidamente a Miranda, que miraba nerviosa la puerta principal.
-Hola
Miranda.
-Hola Juvia.
-¿Qué te
pasa? –pregunté.
-Nada, es
solo que es la primera misión que tengo con los que están a punto de llegar. Ya
he estado con ellos en otras ocasiones, pero nunca en una misión.
-Tranquila,
lo harás bien –dije, poniéndole una mano en el hombro.
Ella me
dirigió una sonrisa agradecida. Entonces me di la vuelta para mirar la puerta
por la que llegarían algunos de los hombres más importantes para la Orden. Komui
se había adelantado a la puerta, y le tendía la mano a un hombre alto, con
gafas y pelo canoso, rizado y largo recogido en una coleta.
-Ese es el
general Tiedoll. A pesar de su apariencia bondadosa, es uno de los hombres más
fuertes de la Orden –me aclaró Miranda-. Aunque es un poco difícil tratarle,
más que nada porque a veces parece un niño pequeño.
-¿Por qué
todos los jefazos tienen mentalidad de crío? –me pregunté.
Miranda se
me quedó mirando, pero yo moví las manos rápidamente, para que ignorase lo que
acababa de decir. Detrás de aquel hombre llegaron otros dos, uno muy grande,
con los ojos cerrados, y con cascos en los oídos, y otro, más joven, con el
pelo recogido en una coleta corta.
-Son Marie y
Chaoji, con los que voy a ir a hacer la misión –prosiguió Miranda-. El joven,
Chaoji, hace muy poco que empezó a ser exorcista.
Tras
terminar de decir esto, se alejó de mí y se fue a hablar con los chicos. Krory,
Lavi y Allen llegaron en ese momento, Lavi aun tirando de Allen.
-Bueno, ya
estáis todos. Como el general Tiedoll ya ha llegado, no hay porqué esperar más.
Podéis salir ya si queréis –nos dijo Komui.
Allen
pareció animarse.
-¡Sí!
Vámonos ya –dijo levantándose de repente y recuperando la vitalidad.
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