domingo, 10 de junio de 2012

Lavi encontrado, pero... (Parte 6)


Sin ser consciente de lo que hacía, salí corriendo de allí, pero ¿dónde podía estar? Corriendo sin guiar mis pasos, acabé delante del departamento científico. Incluso desde fuera se escuchaba la voz de Komui, pero era seria. Nunca le había escuchado así. No pude evitar ponerme nerviosa. La risueña voz de Komui se había transformado en una voz dura, y no paraba de dar órdenes. Me asusté. ¿Era un ataque de demonios como el de la otra noche? No, no era posible. Komui parecía bastante agobiado. En ese momento atravesé la puerta del departamento. Allí estaban los científicos que vi en mi anterior visita, incluido Reever, que hablaba por un golem de manera apresurada. También estaban Allen y Lenalee formando un corro alrededor de Komui. Entre las sobras me pareció ver al chico de la katana que nos encontramos en la entrada, y detrás de Komui había alguien más… ¡Lavi! ¿Qué estaba haciendo? ¿Quería conocer la situación del cuartel? ¿O acaso…? No, imposible, eso no podía ser posible… Me fui acercando poco a poco al grupo que estaba alrededor de Komui escuchando sus instrucciones, y cuando estaba a unos pocos pasos, una mano me tomó del brazo y me impidió seguir avanzando. Me giré.

-¡Señor Reever!

-¿Tú no eres la enfermera del otro día? ¿Qué haces aquí? Deberías estar en el cuartel asiático.

Sin responder a las preguntas de Reever me giré en dirección a Lavi y me quedé mirándole. Él pareció darse cuenta, me sostuvo la mirada durante un rato y, cuando Komui dejó de hablar y disolvió el grupo, se acercó a mí.

-¿Qué haces aquí? ¿No te deberías haber ido con las demás?

-¿Por qué te has ido sin avisar? Estás a mi cuidado, si algo te pasa, la culpa será mía… y nunca lo soportaría… -el tono de mi voz fue bajando, hasta que quedó completamente ahogado por las demás voces del departamento.

-Vaya, lo siento, no lo había pensado así. Pensaba que si te lo decía, te sentirías responsable, y no querrías dejar el cuartel.

-¿Quién ha dicho que lo vaya a hacer? Aunque hayan ordenado evacuarlo, yo ya puedo tomar mis propias decisiones, y me puedo quedar aquí para proporcionar ayuda médica a los que vayan cayendo. Pero de todas formas, eso no es por lo que he venido. Eres tú quién debería ser evacuado. Estás herido y… -no pude terminar la frase. Lavi habló antes de dejarme terminar.

-Como bien has dicho, puedes tomar tus propias decisiones, y yo también, así que me quedo. Estamos faltos de exorcistas, y tampoco estoy tan mal, puedo pelear perfectamente.

-Supongo que lo que yo te diga te dará igual. Pero por favor, escucha a tus superiores, seguro que Komui no te deja pelear, ¿no es así?

Su cara cambió, reflejó disgusto, y la giró rápidamente en dirección a Komui. El supervisor parecía haber estado atento a nuestra conversación, porque tras escuchar su nombre se acercó a nosotros.

-Tienes razón, joven, he intentado disuadirle, pero no ha habido manera, y parece que tu tampoco has podido -dijo Komui señalando en la dirección en la que Lavi se alejaba.

Se había ido sin que me diese cuenta. Me adelanté rápidamente a él, y le tomé por el brazo. Tenía la cabeza agachada, porque sabía que si la levantaba y le miraba a los ojos, me temblaría la voz.

-Está bien, no seguiré intentando convencerte. Me voy a ganar una buena de la jefa…


Lavi intentó seguir avanzando, pero le apreté el brazo con más fuerza. Se giró y se quedó mirándome. Entonces sí levanté la  cabeza, y me encontré con su mirada verde.

-Sólo te voy a pedir una cosa… Te cuidado… ten cuidado, por favor –mi voz era un susurro, y lo siguiente lo dije tan bajo que no sé si lo escuchó, y creo que nunca lo sabré-. Y vuelve…

Mis fuerzas habían desaparecido. Le solté el brazo y agaché la cabeza. La sensación de después no me gustó nada. Sentí un vacío apoderándose de mí.  Las piernas me fallaron y estuve a punto de caerme, pero unos brazos seguros me sujetaron. Lavi me abrazó con fuerza, y una lágrima cayó de mis ojos.

-Tranquila –la voz de Lavi era suave, un susurro, pero tranquilizante, y reconfortante-. Cuando vuelva se lo explicaré todo a esa vieja bruja.

Iba a replicar, pero él me abrazó más fuerte. Poco a poco fui subiendo los brazos, y le devolví el abrazo. Entonces se alejó de mí. Se fue, dándome la espalda, y sin girarse. Me quedé petrificada. Sentí una mano cálida en el hombro, me giré y me encontré con la sonrisa de Allen.

-Tranquila, no dejaremos que le pase nada.

Allen se adelantó, y delante de mí apareció Lenalee. Me dio un abrazo. Luego ambos se alejaron, hacia la puerta del departamento, y antes de que desparecieran de mi vista les dije:

-Tened mucho cuidado.

Los dos me saludaron con la mano y desaparecieron como poco antes lo había hecho Lavi. Una silueta alta les seguía de cerca, era Kanda. Komui se situó a mi lado.

-Así que te quedas. Bueno, no puedo hacer nada, es tu decisión. Pero yo te voy a decir lo mismo. Ten cuidado, que te quedes en el cuartel no significa que estés a salvo. Y confía en ellos. A pesar de ser tan jóvenes, son buenos en lo que hacen -de repente su tono de voz cambió a uno más jovial, uno que me hizo sentir mejor-. Vaya, lo siento, pero no me he presentado como es debido. Es normal que me conozcas, pero a mí también me gusta conocer a todos los que tengo a mi cargo. Soy Komui -me dijo tendiéndome la mano.

-Ju-juvia -dije mientras me secaba las lágrimas con el dorso de una mano mientras le estrechaba la suya con la que me quedaba libre.

-Un placer, Juvia –me dijo Komui con una gran sonrisa, aunque en sus ojos se podía ver el miedo y preocupación.

Entonces me acordé del momento en que vi a Komui en el despacho unos días atrás. Ese día había dicho mi nombre, pero en esta ocasión había optado por preguntármelo. ¿Por qué? ¿Por cortesía? Seguramente, pero yo seguía sin saber de qué me conocía el supervisor general. Me giré hacia él.

-El otro día, sin embargo, usted utilizó mi nombre.

-Sí, bueno, la verdad es que yo sí te conocía. Me he dado cuenta de que has venido a todas mis charlas, a pesar de que eran para los exorcistas.

-Sí, bueno, la verdad es que me interesan. Me gusta conocer cosas, y más aun después de que mi amiga se convirtiera en uno de ellos.

-Es cierto, la joven Raisa. Habrá pasado mucho tiempo desde la última vez que la viste.

Komui se giró y se quedó mirándome. Me dirigió una ligera sonrisa, giró sobre sus talones y salió por dónde habían salido poco antes los jóvenes exorcistas.

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