Sin ser
consciente de lo que hacía, salí corriendo de allí, pero ¿dónde podía estar?
Corriendo sin guiar mis pasos, acabé delante del departamento científico.
Incluso desde fuera se escuchaba la voz de Komui, pero era seria. Nunca le
había escuchado así. No pude evitar ponerme nerviosa. La risueña voz de Komui
se había transformado en una voz dura, y no paraba de dar órdenes. Me asusté.
¿Era un ataque de demonios como el de la otra noche? No, no era posible. Komui
parecía bastante agobiado. En ese momento atravesé la puerta del departamento.
Allí estaban los científicos que vi en mi anterior visita, incluido Reever, que
hablaba por un golem de manera apresurada. También estaban Allen y Lenalee
formando un corro alrededor de Komui. Entre las sobras me pareció ver al chico
de la katana que nos encontramos en la entrada, y detrás de Komui había alguien
más… ¡Lavi! ¿Qué estaba haciendo? ¿Quería conocer la situación del cuartel? ¿O
acaso…? No, imposible, eso no podía ser posible… Me fui acercando poco a poco
al grupo que estaba alrededor de Komui escuchando sus instrucciones, y cuando
estaba a unos pocos pasos, una mano me tomó del brazo y me impidió seguir
avanzando. Me giré.
-¡Señor
Reever!
-¿Tú no eres
la enfermera del otro día? ¿Qué haces aquí? Deberías estar en el cuartel
asiático.
Sin
responder a las preguntas de Reever me giré en dirección a Lavi y me quedé
mirándole. Él pareció darse cuenta, me sostuvo la mirada durante un rato y,
cuando Komui dejó de hablar y disolvió el grupo, se acercó a mí.
-¿Qué haces
aquí? ¿No te deberías haber ido con las demás?
-¿Por qué te
has ido sin avisar? Estás a mi cuidado, si algo te pasa, la culpa será mía… y
nunca lo soportaría… -el tono de mi voz fue bajando, hasta que quedó
completamente ahogado por las demás voces del departamento.
-Vaya, lo
siento, no lo había pensado así. Pensaba que si te lo decía, te sentirías
responsable, y no querrías dejar el cuartel.
-¿Quién ha
dicho que lo vaya a hacer? Aunque hayan ordenado evacuarlo, yo ya puedo tomar
mis propias decisiones, y me puedo quedar aquí para proporcionar ayuda médica a
los que vayan cayendo. Pero de todas formas, eso no es por lo que he venido.
Eres tú quién debería ser evacuado. Estás herido y… -no pude terminar la frase.
Lavi habló antes de dejarme terminar.
-Como bien
has dicho, puedes tomar tus propias decisiones, y yo también, así que me quedo.
Estamos faltos de exorcistas, y tampoco estoy tan mal, puedo pelear
perfectamente.
-Supongo que
lo que yo te diga te dará igual. Pero por favor, escucha a tus superiores,
seguro que Komui no te deja pelear, ¿no es así?
Su cara
cambió, reflejó disgusto, y la giró rápidamente en dirección a Komui. El
supervisor parecía haber estado atento a nuestra conversación, porque tras
escuchar su nombre se acercó a nosotros.
-Tienes
razón, joven, he intentado disuadirle, pero no ha habido manera, y parece que
tu tampoco has podido -dijo Komui señalando en la dirección en la que Lavi se
alejaba.
Se había ido
sin que me diese cuenta. Me adelanté rápidamente a él, y le tomé por el brazo.
Tenía la cabeza agachada, porque sabía que si la levantaba y le miraba a los
ojos, me temblaría la voz.
-Está bien,
no seguiré intentando convencerte. Me voy a ganar una buena de la jefa…
Lavi intentó seguir avanzando, pero le apreté el brazo con más fuerza. Se giró y se quedó mirándome. Entonces sí levanté la cabeza, y me encontré con su mirada verde.
-Sólo te voy
a pedir una cosa… Te cuidado… ten cuidado, por favor –mi voz era un susurro, y
lo siguiente lo dije tan bajo que no sé si lo escuchó, y creo que nunca lo
sabré-. Y vuelve…
Mis fuerzas habían
desaparecido. Le solté el brazo y agaché la cabeza. La sensación de después no
me gustó nada. Sentí un vacío apoderándose de mí. Las piernas me fallaron y estuve a punto de
caerme, pero unos brazos seguros me sujetaron. Lavi me abrazó con fuerza, y una
lágrima cayó de mis ojos.
-Tranquila
–la voz de Lavi era suave, un susurro, pero tranquilizante, y reconfortante-.
Cuando vuelva se lo explicaré todo a esa vieja bruja.
Iba a
replicar, pero él me abrazó más fuerte. Poco a poco fui subiendo los brazos, y
le devolví el abrazo. Entonces se alejó de mí. Se fue, dándome la espalda, y
sin girarse. Me quedé petrificada. Sentí una mano cálida en el hombro, me giré
y me encontré con la sonrisa de Allen.
-Tranquila,
no dejaremos que le pase nada.
Allen se
adelantó, y delante de mí apareció Lenalee. Me dio un abrazo. Luego ambos se
alejaron, hacia la puerta del departamento, y antes de que desparecieran de mi
vista les dije:
-Tened mucho
cuidado.
Los dos me
saludaron con la mano y desaparecieron como poco antes lo había hecho Lavi. Una
silueta alta les seguía de cerca, era Kanda. Komui se situó a mi lado.
-Así que te
quedas. Bueno, no puedo hacer nada, es tu decisión. Pero yo te voy a decir lo
mismo. Ten cuidado, que te quedes en el cuartel no significa que estés a salvo.
Y confía en ellos. A pesar de ser tan jóvenes, son buenos en lo que hacen -de
repente su tono de voz cambió a uno más jovial, uno que me hizo sentir mejor-.
Vaya, lo siento, pero no me he presentado como es debido. Es normal que me
conozcas, pero a mí también me gusta conocer a todos los que tengo a mi cargo.
Soy Komui -me dijo tendiéndome la mano.
-Ju-juvia
-dije mientras me secaba las lágrimas con el dorso de una mano mientras le
estrechaba la suya con la que me quedaba libre.
-Un placer,
Juvia –me dijo Komui con una gran sonrisa, aunque en sus ojos se podía ver el
miedo y preocupación.
Entonces me
acordé del momento en que vi a Komui en el despacho unos días atrás. Ese día
había dicho mi nombre, pero en esta ocasión había optado por preguntármelo.
¿Por qué? ¿Por cortesía? Seguramente, pero yo seguía sin saber de qué me
conocía el supervisor general. Me giré hacia él.
-El otro
día, sin embargo, usted utilizó mi nombre.
-Sí, bueno,
la verdad es que yo sí te conocía. Me he dado cuenta de que has venido a todas
mis charlas, a pesar de que eran para los exorcistas.
-Sí, bueno,
la verdad es que me interesan. Me gusta conocer cosas, y más aun después de que
mi amiga se convirtiera en uno de ellos.
-Es cierto,
la joven Raisa. Habrá pasado mucho tiempo desde la última vez que la viste.
Komui se
giró y se quedó mirándome. Me dirigió una ligera sonrisa, giró sobre sus
talones y salió por dónde habían salido poco antes los jóvenes exorcistas.
Hombre Raisa, XDXD
ResponderEliminarSí, ya te he nombrado, en breve aparecerás en la historia :P
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