lunes, 11 de junio de 2012

Raisa (Parte 8)


-Hola Juvia, ha pasado mucho tiempo, ¿verdad?

No la dije nada, ni siquiera me moví. Esperé a que se acercara más. Entonces ella se sentó a mi lado, y me cogió un mechón de pelo.

-Te lo has vuelto a cortar… Nunca te ha gustado tu pelo, a pesar de que tiene un color precioso. ¿Toda esa agua era tuya? –ante mi silencio, su mirada cambió. Se hizo más triste, y finalmente agachó la cabeza-. Lo siento, puedo imaginar cómo te sientes. Habría venido a verte, pero no me dejaban. Decían que podía ponerte en peligro. Lo siento…

Entonces levanté la mirada, y me encontré con la suya. Parecía sincera. Además, ¿no estaba yo esperando ese momento? Raisa se acercó un poco más, y cuando estuvo pegada a mí, me abrazó con fuerza. Tras dudar unos segundos, le devolví el abrazo con el brazo que me quedaba libre. Ya no pude controlar más las lágrimas. Llevaba tanto tiempo esperando esto… Cuando Raisa se separó, descubrí que ella también tenía los ojos llorosos. Nos quedamos así un rato, llorando en silencio, mientras Lavi descansaba en mis brazos. Cuando ya nos hubimos tranquilizado, un hombre joven y rubio se nos acercó. Tenía el pelo corto, y el flequillo más o menos largo, y llevaba una boina blanca.

-Vaya, esto sí que es sorprendente. No creía que te fuese a ver así nunca, Raisa. Quién lo iba a decir, con los humos que te gastas –dijo con gesto divertido.

-Cállate, Bak –dijo Raisa, secándose las lágrimas. Aunque su voz intentó sonar enfadada, su sonrisa la delató-. Es una larga historia.

-Bueno, pues si es tan larga, ya me la contarás en otro momento. Ahora tenemos que ayudar con este desastre -tras decir esto último se giró y se fue por dónde había venido.

-Ese –dijo Raisa, mirándome- es Bak, el jefe del cuartel de Asia, donde he estado entrenándome. Es un buen hombre, aunque un poco raro. Nunca sabes por dónde te puede salir.

-Me recuerda a alguien… -en mi mente apareció la imagen de Komui, primero llorando, gritando el nombre de Lenalee, y después serio, en alguna de sus charlas.

Como si Raisa hubiese leído mi mente, me miró, y nos reímos a la vez. Echaba de menos esos momentos con Raisa. Las dos hemos estado muy unidas, incluso antes de unirnos a la orden. Me moría de ganas de preguntarle un montón de cosas, pero eso tendría que esperar. La miré con intriga, y la pregunté:

-¿Qué haces aquí?

-Jo, no me esperaba ese tipo de reacción –dijo aun sonriendo.

-No, es sólo que habéis llegado en el mejor momento. ¿Cómo lo habéis sabido?

-Todos los miembros que evacuasteis fueron mandados a nuestro cuartel. Nos pareció una mala señal, y decidimos venir. Hemos venido todos los exorcistas que hemos podido. No hemos vencido, pero nos ha dado un poco de tiempo, hasta que el Conde planee otra estrategia.

El Conde… Era increíble lo que ese hombre podía hacer él solo. Nos estábamos apañando bien con los demonios, hasta que llegó él. Mirase donde mirase, había cuerpos de mis compañeros caídos. Algunos ya estaban siendo llevados a dentro por los que se podían mover, y por las enfermeras que iban llegando, acompañadas de camillas. Garuna no tardó en aparecer. Vino corriendo, tirando de una camilla, a donde nos encontrábamos con Lavi. Entre las tres pudimos levantarle y tumbarle. Entonces Garuna me miró, entre preocupada y enfadada.

-¿¡Estás loca!? ¿Cómo se te ocurre hacer eso? –dijo mientras levantaba la mano y me daba un capón.

-¡Ay! ¿Qué haces?  -me llevé una mano a la cabeza, y fue a replicar, pero me encontré con sus ojos llorosos-. Lo siento.

-Eres tonta –me dijo, y me abrazó con fuerza. Luego se giró a Raisa-. ¡Raisa! ¡Cuánto tiempo! Ya era hora de que te dejases ver. Nos tienes que poner al día de todo lo que te ha pasado, nosotras también tenemos cosas que contarte.

-Chicas –dije yo-, siento cortaros, pero eso va a tener que esperar a que la situación se calme un poco.

Sin esperar su respuesta, me di la vuelta y arrastré la camilla en dirección a la puerta principal. Cuando llegamos a la enfermería me encontré con la seria mirada de la jefa, pero se controló y siguió con su trabajo. Yo trasladé a Lavi, con ayuda de Raisa, a su cama habitual. Una vez tumbado, me dispuse a tratarle las heridas. Raisa se quedó conmigo para ayudarme, ya que, como antigua enfermera, estaba capacitada para ello. Garuna se llevó la camilla para traer más gente. Por suerte, Lavi estaba bien, todo lo bien que se puede estar tras un ataque así. La herida de la cabeza se le había vuelto a abrir, pero gracias a lo que antes había hecho (aun me preguntaba cómo), ya no sangraba. La herida del costado, por el contrario, sí sangraba, no demasiado, pero el esfuerzo hecho por Lavi durante la batalla había abierto esa herida también. Todo el reposo para nada.

-No le va a gustar la idea de empezarlo de nuevo –pensé en voz alta.

Aparte de esas antiguas heridas, no había mucho más, algún corte y golpe, pero nada por lo que preocuparse. Pronto terminé con él. Le dirigí una última mirada, y me alejé de la cama. Raisa me tomó por el brazo.

-¿Tú estás bien? ¿No tienes ninguna herida?

-No, estoy bien. ¿Y tú?

-También bien, es raro, después de ver cómo han terminado algunos.

Agaché la cabeza, y en ese momento me acordé Allen y los demás. ¿Estarían bien? Salí corriendo, seguida Raisa. Justo en la salida de la enfermería me encontré con Allen, que llevaba a Lenalee en brazos.

-¡Allen! ¡Lenalee! ¿Estáis bien? Pasad rápido, yo me encargo de vosotros.

Me había asustado al ver a Lenalee en sus brazos, pero estaba consciente. La tumbamos en una cama cercana a la de Lavi, y empecé a revisarla. Las piernas eran las que más daño habían sufrido, tenían golpes, y algún arañazo. Me giré a Raisa.

-¿Te puedes encargar de Allen?

-Claro –incluso antes de decírselo, ya había empezado a revisar las heridas del chico.

Poco después se hallaban Lenalee con las piernas vendadas, y Allen con tiritas por la cara y poco más. Solo echaba en falta a uno más. Hacía tiempo que no veía esa mirada agria.

-¿Y Kanda?

-Estaba fuera, con Komui –Allen fue el primero en responder.

-Ese cabezón –dijo Lenalee-, seguro que se ha quedado fuera para aparentar, a pesar de estar herido.

-Voy a buscarle. Raisa, ¿te quedas aquí? Ahora vuelvo.

Tras un leve asentimiento de Raisa, salí escopetada por la puerta. Al llegar a la principal, me quedé mirando, intentando divisar a Kanda. No muy lejos había un grupo de personas. Me acerqué a ellos, y descubrí que eran Komui y Bak y, camuflado entre las sombras, Kanda. Los dos jefes de cuartel estaban cambiando unas palabras sobre la situación en la que nos encontrábamos, mientras Kanda escuchaba todo con los ojos cerrados. En seguida me descubrieron.

-H-hola, ¿está algunos de ustedes herido?

-Vaya, si es la jovencita de antes –dijo Bak, sonriéndome.

-Es Juvia, de nuestro cuerpo de enfermeras –dijo mirando a Bak, luego se giró en mi dirección-. Estamos bien, gracias Juvia.

-¿Kanda? –le miré esperando su respuesta.

-Tsk – fue lo único que obtuve como respuesta, y un rápido giro de cabeza. Pero un hilito de sangre asomando por debajo de su manga le descubrió.

-Vamos, acompáñame –me acerqué, dispuesta a tomarle del brazo que parecía tener bien, pero se apartó. Komui vio el movimiento, y se acercó para ayudarme.

-Vamos Kanda, deja a Juvia hacer su trabajo –entre él y Bak consiguieron cogerle, y me tendieron a mí uno de sus brazos, el cuál tomé y tiré de él. Pero nada, ni un movimiento. 

Finalmente, Komui le dio un empujón, que yo aproveché para salir medio corriendo de allí, y llegar lo más lejos posible hasta que Kanda se volviese a frenar. Para mi sorpresa, no opuso demasiada resistencia. Cuando estábamos a punto de llegar a la enfermería me paré, me giré, y le dije:

-Gracias… -ante su silencio, continué-. Gracias a ti, pude llegar hasta Lavi. No sé qué habría pasado si no hubieses hecho lo que has hecho -Kanda siguió en silencio, pero su expresión se relajó un poco.

Aprovechando ese momento de confusión, tiré de Kanda un poco más, hasta llegar a la puerta de la enfermería. Raisa estaba dónde la había dejado, hablando con Allen y Lenalee, pero cuando aparecí, se quedó callada. Sus ojos se abrieron como platos y apuntaban en dirección a… Kanda.
Ya había pasado el tiempo suficiente con ella como para saber lo que eso significaba. Sonreí y la miré con tranquilidad.

-Raisa, ¿te puedes ocupar de Kanda? Tengo que ayudar a la jefa, que parece estar bastante atareada.

Al segundo se puso roja hasta las orejas. Me acerqué a ella, tirando de Kanda y, tras sentarlo en una cama, Raisa se puso manos a la obra. Entonces, tras guiñarle el ojo a Raisa, me alejé de allí y fui a buscar a la jefa. La encontré rodeada de enfermeras y pacientes. Me hice un hueco entre todos ellos, y me situé a su lado. Ella notó mi presencia sin ni siquiera girarse.

-Eres una temeraria, y debería castigarte por ello. ¿No llegaste a pensar en que te convertirías en un estorbo? –ante mi silencio, continuó-. Por suerte todo acabó bien y, además –se giró, y me miró directamente a los ojos-, le salvaste la vida a ese chico.

Yo seguí callada. No sabía que decir. Lo único que se me ocurrió fue:

-Lo siento…

-Qué tonta, no tienes que disculparte. Ya te he dicho que acabó todo bien. Pero para otra vez tienes que pensar más las cosas. Pensar antes de actuar. Sé que es difícil -me miró con los ojos brillantes, y con una sonrisilla llena de picardía-, y más siendo ese chico. Seguro que si hubiese sido otro, no habrías actuado así. Divina juventud.

Me puse roja hasta la raíz del pelo. Puede que se me notase más de lo que quería…

-Imagino que Komui vendrá a buscarte pronto. Descansa mientras tanto. Vete con los demás, y relájate. Nos vemos luego.

5 comentarios: