-Hola Juvia,
ha pasado mucho tiempo, ¿verdad?
No la dije
nada, ni siquiera me moví. Esperé a que se acercara más. Entonces ella se sentó
a mi lado, y me cogió un mechón de pelo.
-Te lo has
vuelto a cortar… Nunca te ha gustado tu pelo, a pesar de que tiene un color
precioso. ¿Toda esa agua era tuya? –ante mi silencio, su mirada cambió. Se hizo
más triste, y finalmente agachó la cabeza-. Lo siento, puedo imaginar cómo te
sientes. Habría venido a verte, pero no me dejaban. Decían que podía ponerte en
peligro. Lo siento…
Entonces
levanté la mirada, y me encontré con la suya. Parecía sincera. Además, ¿no
estaba yo esperando ese momento? Raisa se acercó un poco más, y cuando estuvo
pegada a mí, me abrazó con fuerza. Tras dudar unos segundos, le devolví el
abrazo con el brazo que me quedaba libre. Ya no pude controlar más las
lágrimas. Llevaba tanto tiempo esperando esto… Cuando Raisa se separó, descubrí
que ella también tenía los ojos llorosos. Nos quedamos así un rato, llorando en
silencio, mientras Lavi descansaba en mis brazos. Cuando ya nos hubimos
tranquilizado, un hombre joven y rubio se nos acercó. Tenía el pelo corto, y el
flequillo más o menos largo, y llevaba una boina blanca.
-Vaya, esto
sí que es sorprendente. No creía que te fuese a ver así nunca, Raisa. Quién lo
iba a decir, con los humos que te gastas –dijo con gesto divertido.
-Cállate,
Bak –dijo Raisa, secándose las lágrimas. Aunque su voz intentó sonar enfadada,
su sonrisa la delató-. Es una larga historia.
-Bueno, pues
si es tan larga, ya me la contarás en otro momento. Ahora tenemos que ayudar
con este desastre -tras decir esto último se giró y se fue por dónde había
venido.
-Ese –dijo
Raisa, mirándome- es Bak, el jefe del cuartel de Asia, donde he estado
entrenándome. Es un buen hombre, aunque un poco raro. Nunca sabes por dónde te
puede salir.
-Me recuerda
a alguien… -en mi mente apareció la imagen de Komui, primero llorando, gritando
el nombre de Lenalee, y después serio, en alguna de sus charlas.
Como si
Raisa hubiese leído mi mente, me miró, y nos reímos a la vez. Echaba de menos
esos momentos con Raisa. Las dos hemos estado muy unidas, incluso antes de
unirnos a la orden. Me moría de ganas de preguntarle un montón de cosas, pero
eso tendría que esperar. La miré con intriga, y la pregunté:
-¿Qué haces
aquí?
-Jo, no me
esperaba ese tipo de reacción –dijo aun sonriendo.
-No, es sólo
que habéis llegado en el mejor momento. ¿Cómo lo habéis sabido?
-Todos los
miembros que evacuasteis fueron mandados a nuestro cuartel. Nos pareció una
mala señal, y decidimos venir. Hemos venido todos los exorcistas que hemos
podido. No hemos vencido, pero nos ha dado un poco de tiempo, hasta que el
Conde planee otra estrategia.
El Conde…
Era increíble lo que ese hombre podía hacer él solo. Nos estábamos apañando
bien con los demonios, hasta que llegó él. Mirase donde mirase, había cuerpos
de mis compañeros caídos. Algunos ya estaban siendo llevados a dentro por los
que se podían mover, y por las enfermeras que iban llegando, acompañadas de
camillas. Garuna no tardó en aparecer. Vino corriendo, tirando de una camilla,
a donde nos encontrábamos con Lavi. Entre las tres pudimos levantarle y
tumbarle. Entonces Garuna me miró, entre preocupada y enfadada.
-¿¡Estás
loca!? ¿Cómo se te ocurre hacer eso? –dijo mientras levantaba la mano y me daba
un capón.
-¡Ay! ¿Qué
haces? -me llevé una mano a la cabeza, y
fue a replicar, pero me encontré con sus ojos llorosos-. Lo siento.
-Eres tonta
–me dijo, y me abrazó con fuerza. Luego se giró a Raisa-. ¡Raisa! ¡Cuánto
tiempo! Ya era hora de que te dejases ver. Nos tienes que poner al día de todo
lo que te ha pasado, nosotras también tenemos cosas que contarte.
-Chicas
–dije yo-, siento cortaros, pero eso va a tener que esperar a que la situación
se calme un poco.
Sin esperar
su respuesta, me di la vuelta y arrastré la camilla en dirección a la puerta
principal. Cuando llegamos a la enfermería me encontré con la seria mirada de
la jefa, pero se controló y siguió con su trabajo. Yo trasladé a Lavi, con
ayuda de Raisa, a su cama habitual. Una vez tumbado, me dispuse a tratarle las
heridas. Raisa se quedó conmigo para ayudarme, ya que, como antigua enfermera,
estaba capacitada para ello. Garuna se llevó la camilla para traer más gente.
Por suerte, Lavi estaba bien, todo lo bien que se puede estar tras un ataque
así. La herida de la cabeza se le había vuelto a abrir, pero gracias a lo que
antes había hecho (aun me preguntaba cómo), ya no sangraba. La herida del
costado, por el contrario, sí sangraba, no demasiado, pero el esfuerzo hecho
por Lavi durante la batalla había abierto esa herida también. Todo el reposo
para nada.
-No le va a
gustar la idea de empezarlo de nuevo –pensé en voz alta.
Aparte de
esas antiguas heridas, no había mucho más, algún corte y golpe, pero nada por
lo que preocuparse. Pronto terminé con él. Le dirigí una última mirada, y me
alejé de la cama. Raisa me tomó por el brazo.
-¿Tú estás
bien? ¿No tienes ninguna herida?
-No, estoy
bien. ¿Y tú?
-También
bien, es raro, después de ver cómo han terminado algunos.
Agaché la
cabeza, y en ese momento me acordé Allen y los demás. ¿Estarían bien? Salí
corriendo, seguida Raisa. Justo en la salida de la enfermería me encontré con
Allen, que llevaba a Lenalee en brazos.
-¡Allen!
¡Lenalee! ¿Estáis bien? Pasad rápido, yo me encargo de vosotros.
Me había
asustado al ver a Lenalee en sus brazos, pero estaba consciente. La tumbamos en
una cama cercana a la de Lavi, y empecé a revisarla. Las piernas eran las que
más daño habían sufrido, tenían golpes, y algún arañazo. Me giré a Raisa.
-¿Te puedes
encargar de Allen?
-Claro
–incluso antes de decírselo, ya había empezado a revisar las heridas del chico.
Poco después
se hallaban Lenalee con las piernas vendadas, y Allen con tiritas por la cara y
poco más. Solo echaba en falta a uno más. Hacía tiempo que no veía esa mirada
agria.
-¿Y Kanda?
-Estaba
fuera, con Komui –Allen fue el primero en responder.
-Ese cabezón
–dijo Lenalee-, seguro que se ha quedado fuera para aparentar, a pesar de estar
herido.
-Voy a
buscarle. Raisa, ¿te quedas aquí? Ahora vuelvo.
Tras un leve
asentimiento de Raisa, salí escopetada por la puerta. Al llegar a la principal,
me quedé mirando, intentando divisar a Kanda. No muy lejos había un grupo de
personas. Me acerqué a ellos, y descubrí que eran Komui y Bak y, camuflado
entre las sombras, Kanda. Los dos jefes de cuartel estaban cambiando unas
palabras sobre la situación en la que nos encontrábamos, mientras Kanda
escuchaba todo con los ojos cerrados. En seguida me descubrieron.
-H-hola,
¿está algunos de ustedes herido?
-Vaya, si es
la jovencita de antes –dijo Bak, sonriéndome.
-Es Juvia,
de nuestro cuerpo de enfermeras –dijo mirando a Bak, luego se giró en mi
dirección-. Estamos bien, gracias Juvia.
-¿Kanda? –le
miré esperando su respuesta.
-Tsk – fue
lo único que obtuve como respuesta, y un rápido giro de cabeza. Pero un hilito
de sangre asomando por debajo de su manga le descubrió.
-Vamos,
acompáñame –me acerqué, dispuesta a tomarle del brazo que parecía tener bien,
pero se apartó. Komui vio el movimiento, y se acercó para ayudarme.
-Vamos
Kanda, deja a Juvia hacer su trabajo –entre él y Bak consiguieron cogerle, y me
tendieron a mí uno de sus brazos, el cuál tomé y tiré de él. Pero nada, ni un
movimiento.
Finalmente, Komui le dio un empujón, que yo aproveché para salir
medio corriendo de allí, y llegar lo más lejos posible hasta que Kanda se
volviese a frenar. Para mi sorpresa, no opuso demasiada resistencia. Cuando
estábamos a punto de llegar a la enfermería me paré, me giré, y le dije:
-Gracias… -ante
su silencio, continué-. Gracias a ti, pude llegar hasta Lavi. No sé qué habría
pasado si no hubieses hecho lo que has hecho -Kanda siguió en silencio, pero su
expresión se relajó un poco.
Aprovechando
ese momento de confusión, tiré de Kanda un poco más, hasta llegar a la puerta
de la enfermería. Raisa estaba dónde la había dejado, hablando con Allen y
Lenalee, pero cuando aparecí, se quedó callada. Sus ojos se abrieron como
platos y apuntaban en dirección a… Kanda.
Ya había
pasado el tiempo suficiente con ella como para saber lo que eso significaba.
Sonreí y la miré con tranquilidad.
-Raisa, ¿te
puedes ocupar de Kanda? Tengo que ayudar a la jefa, que parece estar bastante
atareada.
Al segundo
se puso roja hasta las orejas. Me acerqué a ella, tirando de Kanda y, tras
sentarlo en una cama, Raisa se puso manos a la obra. Entonces, tras guiñarle el
ojo a Raisa, me alejé de allí y fui a buscar a la jefa. La encontré rodeada de
enfermeras y pacientes. Me hice un hueco entre todos ellos, y me situé a su
lado. Ella notó mi presencia sin ni siquiera girarse.
-Eres una
temeraria, y debería castigarte por ello. ¿No llegaste a pensar en que te
convertirías en un estorbo? –ante mi silencio, continuó-. Por suerte todo acabó
bien y, además –se giró, y me miró directamente a los ojos-, le salvaste la
vida a ese chico.
Yo seguí
callada. No sabía que decir. Lo único que se me ocurrió fue:
-Lo siento…
-Qué tonta,
no tienes que disculparte. Ya te he dicho que acabó todo bien. Pero para otra
vez tienes que pensar más las cosas. Pensar antes de actuar. Sé que es difícil
-me miró con los ojos brillantes, y con una sonrisilla llena de picardía-, y
más siendo ese chico. Seguro que si hubiese sido otro, no habrías actuado así.
Divina juventud.
Me puse roja
hasta la raíz del pelo. Puede que se me notase más de lo que quería…
-Imagino que
Komui vendrá a buscarte pronto. Descansa mientras tanto. Vete con los demás, y
relájate. Nos vemos luego.
me encanta ♥♥♥
ResponderEliminarMe encanta que te encante :P
Eliminarno se cuantas veces habré leído tu historia... no creo que pueda contarlas con los dedos de una mano
EliminarTe la vas a acabar sabiendo mejor que yo xDDD
Eliminarseguro jejeXD
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