Empezamos a
correr en la dirección del grito, cuando se volvió a escuchar, esta vez más
cercano.
-Mierda, así
no vamos a llegar nunca... Sólo se me ocurre una cosa –dijo Lavi volviendo a
sacar el martillo. Me tendió una mano.
-Pero es
peligroso, ya has visto lo que ha pasado antes…
-Bueno, lo
haremos muy rápido. Subimos, miramos y saltamos. No puede ser muy difícil
encontrarlos, el grito se ha escuchado muy cerca.
Le di la
mano, y ambos subimos en el martillo, pero a medida que el martillo iba
creciendo, las plantas se iban acercando más y más, y mucho más rápido que
antes. Lavi también se había dado cuenta. Pero justo entonces vimos un
estallido de luz verde a un par de arbustos de allí. Lavi volvió a estirar el
martillo todo lo que pudo hasta que vio que ya las ramas nos tenían atrapados por
completo. Entonces agarramos los dos con fuerza el martillo, y saltamos. Debido
a nuestro peso, las plantas se soltaron, y empezamos a caer cerca de la luz
verde.
-Ozuchi
kozuchi –Lavi apuntó con su martillo a la zona a la que íbamos a caer, para que
nos agarráramos antes de caer, pero no nos dio tiempo. En el último segundo
puse mis manos delante de mí, y apareció un montón de agua sobre el suelo que
frenó nuestra caída.
Cuando ya estuvimos
en el suelo, el agua se fue extendiendo por todo el terreno. Lavi levantó la
cabeza y me miró.
-¡Qué
rápida! Menos mal, casi nos la pegamos.
-Sí, pero
ahora estamos empapados.
-Mejor así
que aplastados, ¿no crees?
Noda
apareció por detrás de mi cuello, también empapado y me sacó la lengua.
-Parece que
él no opina lo mismo.
-Qué
gracioso, que hubiese volado.
Noda miró a
Lavi y guardó la lengua.
-Bueno,
vamos a ver que ha sido eso. Puede que fuese Kanda el que ha activado su
Inocencia.
Otro grito.
Esta vez a nuestra espalda. Justo detrás. Nos dimos la vuelta…
-¡Raisa!
Estaba casi
metida por completo entre los arbustos. Las ramas la tenían agarrada por los
brazos y las piernas, e iban tirando de ella. Estaba casi inconsciente,
mantenía los ojos abiertos a duras penas.
-¿Y el
idiota de Yu? ¿Cómo se ha atrevido a dejarla sola?
-N-no… Kanda
no… -el susurro de Raisa era casi inaudible.
-Da igual,
vamos a sacarla de ahí. Juvia intenta tirar de ella un poco, voy a utilizar
unos sellos.
Lavi se
elevó en el aire, y a su alrededor salieron unos círculos verdes. Utilizó su
martillo para empujar uno de esos sellos contra el suelo, y de repente salió
fuego del suelo. Pero el fuego se dirigió sabiamente hacia las ramas que tenían
prisionera a Raisa. Lavi volvió a utilizar otro sello. Esta vez un muro de
madera se interpuso entre las ramas que el fuego iba separando de Raisa.
Después de un rato pudimos sacar a Raisa de aquel infierno. La tumbamos sobre
el suelo, y empezamos a preguntarle cosas, pero no nos escuchó. Respiraba
entrecortadamente, y tenía los ojos cerrados. Poco a poco su pulso se fue
normalizando, pero en ese momento, unos demonios aparecieron volando sobre
nuestras cabezas, sorteando las paredes de arbustos. Tres de ellos se desviaron
del grupo y se acercaron a donde estábamos nosotros tres. Noda huyó de mi
hombro y se fue con Raisa, mientras Lavi y yo nos poníamos a su alrededor, en
un intento por protegerlos.
-En cuanto
vea a Yu me lo cargo.
-Bueno, no
pienses eso ahora. Ya lo matarás cuando aparezca.
-¿A quién
quieres matar, conejito?
-Yu, cabrón,
¿dónde estabas? ¿Cómo has dejado a Raisa sola?
-¡No me
levantes la voz mocoso! Tú no sabes lo que ha pasado.
-¿A no? Pues
si me lo explicaras…
-¡Callaos
los dos de una vez! –ya me habían cansado-. ¿Os creéis que es el mejor momento
para hablar de eso?
-Tsk…
Entonces
Kanda se lanzó sobre el demonio que tenía enfrente y comenzó la batalla.
Martillo, katana y agua por todos lados, destrozando demonios que iban llegando
sin parar. Estábamos tan absortos peleando con los demonios que se nos ponían
enfrente, que no nos dimos cuenta de que uno de ellos se había alejado del
grupo y se dirigía a Raisa. El demonio comenzó a preparar su ataque y lo
descargó sobre ella.
Una katana apareció interponiéndose entre ella y la vara del demonio.
Una katana apareció interponiéndose entre ella y la vara del demonio.
-¡Raisa!
-¡Yu!
Kanda se
encargó del último demonio, el que había atacado a Raisa, y entonces se sentó
en el suelo, resoplando. Lavi se acercó a él con el martillo a medio encoger y
apoyado sobre el hombro. Cuando llegó a su lado, le dio con él en la cabeza.
-¿Qué crees
que haces, idiota? –dijo Kanda molesto con la mano en la zona golpeada.
-Eso debería
decirlo yo. ¿Por qué has dejado a Raisa sola?
Mientras
tanto, yo me acerqué a Raisa y me senté a su lado. Ya estaba empezando a abrir
los ojos, y parecía más tranquila.
-Todo tiene
una explicación.
-¿Y a qué esperas
para decirla?
-Tsk –Kanda
giró la cabeza rápidamente, evitando el contacto visual con Lavi.
Lavi se
sentó delante de Kanda con un largo resoplido, y esperó.
-¿No os ha
pasado algo extraño? ¿Cómo que los arbustos tienen vida propia, o algo
parecido?
-Bueno, es
cierto que las ramas nos han tirado un par de veces del martillo, y juraría que
hemos pasado varias veces por el mismo sitio… -enumeró Lavi.
-Y además
está lo de Raisa –recordé yo.
Nos giramos
a Kanda.
-Pues eso lo
explica. Estábamos andando, cuando un muro salió de la nada, interponiéndose
entre los dos.
-Pero eso
sólo ha podido pasar si ibais muy separados -apuntó Lavi.
-¿Y qué
querías? ¿Qué fuésemos cogidos de la mano?
Me imaginé
la situación. Kanda y Raisa de la mano. Kanda se la debió de imaginar también,
porque se puso un poco rojo.
-Bueno, ya
te lo he contado. ¿Ahora cómo vas a recompensarme el martillazo?
-Vamos, no
te quejes tanto Yu, que no ha sido para tanto, jejeje… -rió Lavi lentamente.
-Con que no,
¿eh? ¡Ven aquí, maldito conejo!
Lavi se
levantó de un salto y empezó a correr por los alrededores. Kanda, katana en
mano, iba detrás suya.
-¡No huyas
cobarde, como te pille, te arranco las orejas!
-¡Yu, la
violencia no lleva a ningún sitio!
Entonces
Raisa empezó a levantarse. Parpadeó un par de veces, y se quedó mirando el
espectáculo.
-¿Qué me he
perdido?
-¡Raisa! –me
lancé a sus brazos-. Si yo te contara… -me
giré hacia los payasos que teníamos delante-. ¡¿Queréis dejar de hacer el gamba
y venir aquí?!
-Sí señora
–Lavi apareció de la nada sentado delante de nosotras. Kanda se nos quedó
mirando, y finalmente optó por guardar la katana, y acercarse un poco a Raisa.
-¿Estás
bien? -preguntó Lavi.
Raisa
asintió.
-Lo siento…
-Kanda se había arrodillado junto a ella-. Si no te hubiese dejado sola…
Raisa
levantó una mano, y le tapó los labios con un par de dedos. Negó con la cabeza.
-No tienes
porqué disculparte. Sabíamos a lo que veníamos aquí, y que estaríamos en
peligro. Además, tú no tienes nada de culpa de lo que ha pasado.
-Por lo
menos lo ha arreglado parando aquel golpe… -Lavi habló y yo le agradecí
interiormente aquel comentario. Gracias a ese comentario, Raisa se enteraría de
lo que había pasado, y de cómo Kanda había frenado el golpe que iba dirigido a
ella.
Cogí a Lavi
del brazo, llamé a Noda, y nos alejamos de allí, lo suficiente para dejarles
intimidad, pero aun a la vista, por si volvía a pasar algo parecido. Me senté,
con la espalda apoyada en los arbustos y dejé que Noda se acurrucara en mis
piernas. Desde allí se podía ver cómo hablaban, sus gestos, sus movimientos. Sé
que lo más apropiado sería ignorarlos, pero no quería perderme las caras de
Raisa. Kanda estaba muy cerca suya, y se iba acercando cada vez más mientras le
decía algo. Raisa ni parpadeaba. Finalmente Kanda empezó a levantar un brazo,
puso su mano bajo la barbilla de Raisa, la acercó hacia él, y… la besó. Un
momento, ¿LA BESÓ? Los ojos se me abrieron como platos. Intenté memorizar aquel
momento, grabarlo en mi retina. Fue tan tierno, y las caras de los dos eran… no
tengo, bueno, no existen palabras para describir sus expresiones. Kanda tenía
los ojos cerrados, y mantuvo la mano bajo la barbilla de Raisa. Ella fue
cerrando los ojos poco a poco, y levantó la mano, hasta llevarla a su cara. Se
quedaron así un rato. Entonces pude apartar la mirada. Me giré a Lavi… Tuve que
aguantar la risa. Tenía la boca tan abierta que parecía que se le iba a
desencajar la mandíbula. Poco a poco se fue girando hacia mí, sin cerrar la
boca ni un milímetro, señalándoles con el dedo. Asentí en silencio, y sin
pensarlo le abracé, pero era de felicidad, por Raisa. Luego me di cuenta de lo
que había hecho, y me separé de Lavi. Él me miraba con los ojos casi
desorbitados. Yo me limité a encogerme de hombros.
-Llevaba
mucho tiempo esperando esto.
-Espera, ¿lo
sabías?
-Sí claro,
Raisa y yo nos contamos todo.
Lavi se
quedó en silencio, pensando seguramente en lo que cotorreamos las chicas sobre
nuestras cosas. Puso un par de caras
raras, intentando llegar a alguna conclusión, pero finalmente se dio por
vencido, y resopló agachando la cabeza. Al rato llegaron Kanda y Raisa, ella
con un brazo sobre sus hombros, y él con una mano en su cintura para ayudarla a
caminar. La sentó a mi lado, y se agachó mirando a Lavi.
-¡Qué
callado te lo tenías! –dijo Lavi.
-Tsk.
Cállate, no empieces ya, conejo pesado.
-Pero Yu…
-Ahora no es
el momento. Esto aun no ha terminado. Todavía no sabemos qué hacían aquí esos
demonios. Y creo que no voy muy desencaminado si digo que la causa es la
Inocencia. Debe haber un pedazo de ella por aquí escondido… -continuó Kanda.
-¿Inocencia
en un laberinto? –pregunté yo.
-Podría ser
–me dijo Kanda.
Nos quedamos
un rato en silencio, pensando en las probabilidades de eso. Después de un rato,
Lavi y Kanda empezaron a hablar sobre cuáles serían nuestros próximos
movimientos. Yo aproveché ese momento para girarme hacia Raisa. Estaba con la
cabeza agachada, oculta por su largo pelo rosa. Ella debió notar mi mirada,
porque levantó la cabeza, y se me quedó mirando con un leve rubor en los
carrillos. La sonreí.
-Vaya, vaya.
¿Se puede saber qué ha pasado hace un momento?
-B-bueno, lo
que has visto… ¿Pero ha pasado de verdad?
Raisa se
llevó una mano a los labios y los palpó suavemente. Yo me reí.
-Claro que
ha pasado. Pregúntaselo a Lavi. Si hubieses visto su cara…
Miramos las
dos a Lavi a la vez. Seguía hablando con Kanda sobre qué deberíamos hacer
después. Entonces el cielo se oscureció. Bueno, no exactamente, se oscureció la
zona en la que estábamos nosotras. Una gran sombra se proyectó desde detrás
nuestra, y Raisa y yo nos dimos la vuelta a la vez. No era una sola persona la
que estaba detrás, eran dos. Parecían dos jóvenes, más o menos de la misma
altura, pero uno de ellos iba un poco encorvado, el que llevaba el pelo largo y
rubio. El otro lo tenía corto y negro. Ambos tenían unas marcadas ojeras, y la
piel gris, con unas marcas extrañas en la frente. Llevaban una pistola dorada
cada uno y se apuntaban mutuamente. Nos miraron, riéndose.
-Vaya, vaya,
que suerte hermano, hemos cazado cuatro de golpe esta vez.
-Pero es un
poco extraño, ¿no había por aquí algunos demonios merodeando?
-Bueno, ¿qué
más da? Vamos a acabar con esto -dijo el rubio mientras levantaba el arma y nos
apuntaba.
♥♥♥♥♥♥♥ me encanta esta parte
ResponderEliminarMe lo imagino xDD :3
Eliminar