miércoles, 27 de junio de 2012

Ataque, y algo más... (Parte 22)


Empezamos a correr en la dirección del grito, cuando se volvió a escuchar, esta vez más cercano.

-Mierda, así no vamos a llegar nunca... Sólo se me ocurre una cosa –dijo Lavi volviendo a sacar el martillo. Me tendió una mano.

-Pero es peligroso, ya has visto lo que ha pasado antes…

-Bueno, lo haremos muy rápido. Subimos, miramos y saltamos. No puede ser muy difícil encontrarlos, el grito se ha escuchado muy cerca.

Le di la mano, y ambos subimos en el martillo, pero a medida que el martillo iba creciendo, las plantas se iban acercando más y más, y mucho más rápido que antes. Lavi también se había dado cuenta. Pero justo entonces vimos un estallido de luz verde a un par de arbustos de allí. Lavi volvió a estirar el martillo todo lo que pudo hasta que vio que ya las ramas nos tenían atrapados por completo. Entonces agarramos los dos con fuerza el martillo, y saltamos. Debido a nuestro peso, las plantas se soltaron, y empezamos a caer cerca de la luz verde.

-Ozuchi kozuchi –Lavi apuntó con su martillo a la zona a la que íbamos a caer, para que nos agarráramos antes de caer, pero no nos dio tiempo. En el último segundo puse mis manos delante de mí, y apareció un montón de agua sobre el suelo que frenó nuestra  caída. 
Cuando ya estuvimos en el suelo, el agua se fue extendiendo por todo el terreno. Lavi levantó la cabeza y me miró.

-¡Qué rápida! Menos mal, casi nos la pegamos.

-Sí, pero ahora estamos empapados.

-Mejor así que aplastados, ¿no crees?

Noda apareció por detrás de mi cuello, también empapado y me sacó la lengua.

-Parece que él no opina lo mismo.

-Qué gracioso, que hubiese volado.

Noda miró a Lavi y guardó la lengua.

-Bueno, vamos a ver que ha sido eso. Puede que fuese Kanda el que ha activado su Inocencia.

Otro grito. Esta vez a nuestra espalda. Justo detrás. Nos dimos la vuelta…

-¡Raisa!

Estaba casi metida por completo entre los arbustos. Las ramas la tenían agarrada por los brazos y las piernas, e iban tirando de ella. Estaba casi inconsciente, mantenía los ojos abiertos a duras penas.

-¿Y el idiota de Yu? ¿Cómo se ha atrevido a dejarla sola?

-N-no… Kanda no… -el susurro de Raisa era casi inaudible.

-Da igual, vamos a sacarla de ahí. Juvia intenta tirar de ella un poco, voy a utilizar unos sellos.

Lavi se elevó en el aire, y a su alrededor salieron unos círculos verdes. Utilizó su martillo para empujar uno de esos sellos contra el suelo, y de repente salió fuego del suelo. Pero el fuego se dirigió sabiamente hacia las ramas que tenían prisionera a Raisa. Lavi volvió a utilizar otro sello. Esta vez un muro de madera se interpuso entre las ramas que el fuego iba separando de Raisa. Después de un rato pudimos sacar a Raisa de aquel infierno. La tumbamos sobre el suelo, y empezamos a preguntarle cosas, pero no nos escuchó. Respiraba entrecortadamente, y tenía los ojos cerrados. Poco a poco su pulso se fue normalizando, pero en ese momento, unos demonios aparecieron volando sobre nuestras cabezas, sorteando las paredes de arbustos. Tres de ellos se desviaron del grupo y se acercaron a donde estábamos nosotros tres. Noda huyó de mi hombro y se fue con Raisa, mientras Lavi y yo nos poníamos a su alrededor, en un intento por protegerlos.

-En cuanto vea a Yu me lo cargo.

-Bueno, no pienses eso ahora. Ya lo matarás cuando aparezca.

-¿A quién quieres matar, conejito?

-Yu, cabrón, ¿dónde estabas? ¿Cómo has dejado a Raisa sola?

-¡No me levantes la voz mocoso! Tú no sabes lo que ha pasado.

-¿A no? Pues si me lo explicaras…

-¡Callaos los dos de una vez! –ya me habían cansado-. ¿Os creéis que es el mejor momento para hablar de eso?

-Tsk…

Entonces Kanda se lanzó sobre el demonio que tenía enfrente y comenzó la batalla. Martillo, katana y agua por todos lados, destrozando demonios que iban llegando sin parar. Estábamos tan absortos peleando con los demonios que se nos ponían enfrente, que no nos dimos cuenta de que uno de ellos se había alejado del grupo y se dirigía a Raisa. El demonio comenzó a preparar su ataque y lo descargó sobre ella.
Una katana apareció interponiéndose entre ella y la vara del demonio.

-¡Raisa!

-¡Yu!

Kanda se encargó del último demonio, el que había atacado a Raisa, y entonces se sentó en el suelo, resoplando. Lavi se acercó a él con el martillo a medio encoger y apoyado sobre el hombro. Cuando llegó a su lado, le dio con él en la cabeza.

-¿Qué crees que haces, idiota? –dijo Kanda molesto con la mano en la zona golpeada.

-Eso debería decirlo yo. ¿Por qué has dejado a Raisa sola?

Mientras tanto, yo me acerqué a Raisa y me senté a su lado. Ya estaba empezando a abrir los ojos, y parecía más tranquila.

-Todo tiene una explicación.

-¿Y a qué esperas para decirla?

-Tsk –Kanda giró la cabeza rápidamente, evitando el contacto visual con Lavi.

Lavi se sentó delante de Kanda con un largo resoplido, y esperó.

-¿No os ha pasado algo extraño? ¿Cómo que los arbustos tienen vida propia, o algo parecido?

-Bueno, es cierto que las ramas nos han tirado un par de veces del martillo, y juraría que hemos pasado varias veces por el mismo sitio… -enumeró Lavi.

-Y además está lo de Raisa –recordé yo.

Nos giramos a Kanda.

-Pues eso lo explica. Estábamos andando, cuando un muro salió de la nada, interponiéndose entre los dos.


-Pero eso sólo ha podido pasar si ibais muy separados -apuntó Lavi.

-¿Y qué querías? ¿Qué fuésemos cogidos de la mano?

Me imaginé la situación. Kanda y Raisa de la mano. Kanda se la debió de imaginar también, porque se puso un poco rojo.

-Bueno, ya te lo he contado. ¿Ahora cómo vas a recompensarme el martillazo?

-Vamos, no te quejes tanto Yu, que no ha sido para tanto, jejeje… -rió Lavi lentamente.

-Con que no, ¿eh? ¡Ven aquí, maldito conejo!

Lavi se levantó de un salto y empezó a correr por los alrededores. Kanda, katana en mano, iba detrás suya.

-¡No huyas cobarde, como te pille, te arranco las orejas!

-¡Yu, la violencia no lleva a ningún sitio!

Entonces Raisa empezó a levantarse. Parpadeó un par de veces, y se quedó mirando el espectáculo.

-¿Qué me he perdido?

-¡Raisa! –me lancé a sus brazos-. Si yo te contara…  -me giré hacia los payasos que teníamos delante-. ¡¿Queréis dejar de hacer el gamba y venir aquí?!

-Sí señora –Lavi apareció de la nada sentado delante de nosotras. Kanda se nos quedó mirando, y finalmente optó por guardar la katana, y acercarse un poco a Raisa.

-¿Estás bien? -preguntó Lavi.

Raisa asintió.

-Lo siento… -Kanda se había arrodillado junto a ella-. Si no te hubiese dejado sola…

Raisa levantó una mano, y le tapó los labios con un par de dedos. Negó con la cabeza.

-No tienes porqué disculparte. Sabíamos a lo que veníamos aquí, y que estaríamos en peligro. Además, tú no tienes nada de culpa de lo que ha pasado.

-Por lo menos lo ha arreglado parando aquel golpe… -Lavi habló y yo le agradecí interiormente aquel comentario. Gracias a ese comentario, Raisa se enteraría de lo que había pasado, y de cómo Kanda había frenado el golpe que iba dirigido a ella.

Cogí a Lavi del brazo, llamé a Noda, y nos alejamos de allí, lo suficiente para dejarles intimidad, pero aun a la vista, por si volvía a pasar algo parecido. Me senté, con la espalda apoyada en los arbustos y dejé que Noda se acurrucara en mis piernas. Desde allí se podía ver cómo hablaban, sus gestos, sus movimientos. Sé que lo más apropiado sería ignorarlos, pero no quería perderme las caras de Raisa. Kanda estaba muy cerca suya, y se iba acercando cada vez más mientras le decía algo. Raisa ni parpadeaba. Finalmente Kanda empezó a levantar un brazo, puso su mano bajo la barbilla de Raisa, la acercó hacia él, y… la besó. Un momento, ¿LA BESÓ? Los ojos se me abrieron como platos. Intenté memorizar aquel momento, grabarlo en mi retina. Fue tan tierno, y las caras de los dos eran… no tengo, bueno, no existen palabras para describir sus expresiones. Kanda tenía los ojos cerrados, y mantuvo la mano bajo la barbilla de Raisa. Ella fue cerrando los ojos poco a poco, y levantó la mano, hasta llevarla a su cara. Se quedaron así un rato. Entonces pude apartar la mirada. Me giré a Lavi… Tuve que aguantar la risa. Tenía la boca tan abierta que parecía que se le iba a desencajar la mandíbula. Poco a poco se fue girando hacia mí, sin cerrar la boca ni un milímetro, señalándoles con el dedo. Asentí en silencio, y sin pensarlo le abracé, pero era de felicidad, por Raisa. Luego me di cuenta de lo que había hecho, y me separé de Lavi. Él me miraba con los ojos casi desorbitados. Yo me limité a encogerme de hombros.

-Llevaba mucho tiempo esperando esto.

-Espera, ¿lo sabías?

-Sí claro, Raisa y yo nos contamos todo.

Lavi se quedó en silencio, pensando seguramente en lo que cotorreamos las chicas sobre nuestras cosas.  Puso un par de caras raras, intentando llegar a alguna conclusión, pero finalmente se dio por vencido, y resopló agachando la cabeza. Al rato llegaron Kanda y Raisa, ella con un brazo sobre sus hombros, y él con una mano en su cintura para ayudarla a caminar. La sentó a mi lado, y se agachó mirando a Lavi.

-¡Qué callado te lo tenías! –dijo Lavi.

-Tsk. Cállate, no empieces ya, conejo pesado.

-Pero Yu…

-Ahora no es el momento. Esto aun no ha terminado. Todavía no sabemos qué hacían aquí esos demonios. Y creo que no voy muy desencaminado si digo que la causa es la Inocencia. Debe haber un pedazo de ella por aquí escondido… -continuó Kanda.

-¿Inocencia en un laberinto? –pregunté yo.

-Podría ser –me dijo Kanda.

Nos quedamos un rato en silencio, pensando en las probabilidades de eso. Después de un rato, Lavi y Kanda empezaron a hablar sobre cuáles serían nuestros próximos movimientos. Yo aproveché ese momento para girarme hacia Raisa. Estaba con la cabeza agachada, oculta por su largo pelo rosa. Ella debió notar mi mirada, porque levantó la cabeza, y se me quedó mirando con un leve rubor en los carrillos. La sonreí.

-Vaya, vaya. ¿Se puede saber qué ha pasado hace un momento?

-B-bueno, lo que has visto… ¿Pero ha pasado de verdad?

Raisa se llevó una mano a los labios y los palpó suavemente. Yo me reí.

-Claro que ha pasado. Pregúntaselo a Lavi. Si hubieses visto su cara…

Miramos las dos a Lavi a la vez. Seguía hablando con Kanda sobre qué deberíamos hacer después. Entonces el cielo se oscureció. Bueno, no exactamente, se oscureció la zona en la que estábamos nosotras. Una gran sombra se proyectó desde detrás nuestra, y Raisa y yo nos dimos la vuelta a la vez. No era una sola persona la que estaba detrás, eran dos. Parecían dos jóvenes, más o menos de la misma altura, pero uno de ellos iba un poco encorvado, el que llevaba el pelo largo y rubio. El otro lo tenía corto y negro. Ambos tenían unas marcadas ojeras, y la piel gris, con unas marcas extrañas en la frente. Llevaban una pistola dorada cada uno y se apuntaban mutuamente. Nos miraron, riéndose.

-Vaya, vaya, que suerte hermano, hemos cazado cuatro de golpe esta vez.

-Pero es un poco extraño, ¿no había por aquí algunos demonios merodeando?

-Bueno, ¿qué más da? Vamos a acabar con esto -dijo el rubio mientras levantaba el arma y nos apuntaba.

2 comentarios: